jueves, 21 de septiembre de 2017

De quién casi fue mi amigo...

A veces pienso, sí, y en ese pensar hoy pensé en ti.
Me preguntaba si alguna vez fuimos algo, incluso amigos. Yo te siento cercano o me gusta pensar que es así, pero en ésta tu forma de mantenerme a raya me pregunto si en realidad lo somos.
Te quiero, eso sí, porque para quererte no necesito que seamos cercanos o no, ni siquiera amigos. Recuerdo cuando me preguntaba qué habría pasado si me hubiera quedado allá, ahora sé que no habría pasado nada, o que de haber sido distinto quizás no habría llegado a quererte como te quiero.
Supongo que la distancia catalizó el cariño y aminoró tú "empujarme".

Curioso, eres muy curioso, y sin embargo, te quiero, diría Sabina.

De aquellos que siento...

Estoy cerrando capítulos. Dejando de jalar para mi orilla.
Me estoy despidiendo, agradecida eso sí, de personas que han estado y formado parte de mi vida.
Me siento nostálgica, me siento triste; me siento agradecida y llena de amor, me siento mejor conmigo y más libre. Me siento que a veces me hace falta compañía, me siento.. Me siento..
Quisiera bajarle el volumen a lo que siento, nada más un ratito, para dejar de llorar.

lunes, 11 de septiembre de 2017

De las chicas fáciles...

Ser una "chica fácil" es bastante complicado.
Se necesita balancear la agenda para cumplir con las responsabilidades
laborales y sexuales.
Se deben tener ganas de aceptar "una cerveza" aún que no se tengan ganas ni de cerveza.
Saber mantener una conversación casual; nada intenso ni profundo, nada que lleve al otro a preguntarse sobre quién es o sobre su vida.
Se debe también saber dar sin esperar recibir; aplica en tiempo y en placer. Todo es parte de mantener la "buena reputación".
Se debe aprender a volverse accesorio secundario, e irse olvidando (por fortuna o por desgracia) cómo se siente ser prioridad.
¿Enojarse? Ni pensarlo. Si por eso se les busca, porque son fáciles, no reprochan ni reclaman, ni demandan tiempo ni escogen el lugar.
Se debe aprender a perderse el respeto, a llorar a solas, a sentir vacío, a maquillarse las partes faltantes, a ahogar las esperanzas y a enterrar la fe.
Ser una chica fácil es bastante complicado, porque debajo de todo eso "fácil" solo hay un cuerpo y un alma buscando ese amor que una misma no es capaz de darse.

miércoles, 30 de agosto de 2017

... Yo también.

Antes
           me ponías a escribir,
Ahora
           me dejaste con nostalgia y en silencio.

"Te extraño" dijiste,
"Yo también" respondí.

lunes, 28 de agosto de 2017

De esos "ya'merito"...

Necesito darme el tiempo de escribir.
Me asusta un poco todo lo que se ha estado moviendo pero me entusiasma pensar en qué se irá a transformar y cómo se terminará plasmando mediante letras.
He estado tomando cursos, en contacto con la comunidad lectora, asistiendo a eventos culturales, tomando café con personas que nutren mi inspiración, y al final de todo eso me siento feliz, más llena, tranquila, orgullosa de retomar esa parte de mi vida y sobre todo temerosa de sentarme a escribir.
Abel me enseñó una cosa "no te sientes a escribir preguntándote si es bueno o malo, escribe porque no puedes vivir si no lo haces".
Que cosa maravillosa es la vida y más cuando te acompañas de las personas correctas.

miércoles, 23 de agosto de 2017

De los sueños.. (Parte XVIII)

¿A los cuántos sueños uno olvida?
El de hoy fue gracioso: una ceremonia religiosa en la que tú participabas como organizador interrumpida por mi perra y por mí.

Me desperté sonriendo hasta que me di cuenta que solo fue un sueño.


jueves, 17 de agosto de 2017

De lo que julio me dejó...

Y entonces me pregunté: ¿qué pasaría si pudiera?

Julio fue un gran mes, para encontrarme detrás de mis miedos y pretextos. Para darme cuenta que sí puedo, para decirme
 ¡SÍ, me lo merezco!

Retomar mi fuerza y apoyarme en esas personas que me demuestran con acciones que desean mi bienestar.

Que maravilla de mes.. Que maravilla de vida..

Que maravilla verme al espejo y dudar por un momento si esa que veo soy yo.. Y responderme sonriendo "que alegría encontrarme después de 10 años".


lunes, 31 de julio de 2017

De los sueños que no te cuento..

Me despierto de  un sobresalto.
El reloj marca las 5:50.
Tomo mi teléfono y aún un tanto dormida comienzo a buscar tu conversación para contarte mi sueño, asi, como si fuera lo más natural y parte de una costumbre.
No encuentro la conversación. Poco a poco voy despertando mientras la canción que cantaba en mi sueño sigue sonando en mi cabeza:
"¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?, ¿es que no te haz dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amiga?.."
Poco a poco voy despertando y la canción va apagando su melodía y yo voy recordando por qué no encuentro tu conversación.
Abro el blog para dejar aquí mi tristeza y poder volver a dormir.
Borro ese mensaje en mí cabeza que decía:
"Buen día, día.  Empecé bien la semana. Soñaba contigo..."

viernes, 14 de julio de 2017

De lo que duele tu tardanza...

Me iré a dormir hoy con el dolor de saber que es probable que la próxima vez que te vea sólo pueda decirte: es demasiado tarde.

Tarde para un café, tarde para ser amigos, tarde para contarte mis días, mis altas, mis idas y mis subidas.

Demasiado tarde para compartir la mesa de cualquier lugar, para hacer como si no hubieran sido semanas o meses desde la última vez.

Tarde para justificarte y justificar que aún sabiendo como me sentía decidiste no estar.

Cuanto duele saber que no te he quedado debiendo nada, que las cuentas están saldadas y que éste tren se va sin ti porque has llegado tarde.

De las promesas y recordatorios...

Me habría gustado tanto que fuéramos valientes para querernos.
Habríamos sido una muy bonita historia. Pero no lo somos ni lo seremos.

Me he cansado de que me digan que soy "muy libre" o "muy independiente" y de sentirme mal por eso. De sentir que de alguna forma es mi culpa que los demás no se animen a darme o pedirme por ser libre.

Me fastidia que usen mi libertad como un pretexto que justifique su cobardía, porque aquellos que lo hacen no pueden ser otra cosa sino cobardes.

Me duele darme cuenta que por años yo acepté no recibir porque creía que las personas como yo estábamos obligadas a dar, no a recibir.

Escribo sintiendo que las lágrimas asoman a mis ojos, dejando este texto como promesa y recordatorio de que habré de permitirme recibir de aquellos valientes a los que mi libertad no les estorbe.

De ese "ya no te espero"...

Si alguien me dijera que para tenerte debía esperar 10 años, yo, esperaría.
Esperaría sin reproches ni reclamos, esperaría porque vales eso y quizás más.
Trabajaría para convertirme en la persona que te mereces hoy y siempre.
Aprendería todo lo que deseo compartirte porque compartirlo contigo es disfrutarlo doble.
Sin embargo, hoy mientras te esperaba y no llegaste me di cuenta que quizás nunca llegues.
Me di cuenta que esperarte es esperarme a avanzar y quizás dejarte atrás.
Me di cuenta que me duele decirme que no a mí por la posibilidad de tu me digas que sí.

¿Cuánto puede esperar uno lo que bien puede no llegar jamás?

Voy a seguir avanzando. Estas siempre invitado a acompañarme. La diferencia es que a partir de hoy, ya no te espero.

jueves, 29 de junio de 2017

De mis dos opciones...

Tengo dos opciones...
1. Decirte que te quiero lo suficiente como para quedarme a tu lado sin juzgar como te destruyes.
2. Decirte que me quiero lo suficiente como para no pasar por eso otra vez.


De la autocompasión...

Sangrante
- Yo también siento culpa, pero no de esa que me hace querer autoagredirme, sino de esa que me hace sentir autocompasión.
He estado buscando abrazos ¿sabes?, de esos abrazos desnudos, inocentes, desprovistos de palabras y apariencias, de esos que descubren el mundo por vez primera, y me he refugiado en mi misma y mis palabras y apariencias.
Por más que las buscara, nunca iba a encontrar las respuestas que necesito en su cuerpo.

Del temor a volver a verte..

Osadía, valentía, valiente,
vencerme a mí misma, a la de antes,
a la de siempre.
Saberte cerca y temerte,
y temerme a mí al verte.

Por qué la vida que se ordenaba,
tan de repente se desordena,
por qué tú, ausente, tan lejos,
de pronto llegas.

De la magia de la noche...

Hay algo de mágico en la noche
diría yo, algo que nos vuelve valientes,
osados,
quizás sea aquello de sentirnos cobijados por la oscuridad,
quizás, no sé, sea solo querer terminar lo que empezamos antes del amanecer,
quizás al disolverse la noche dejamos atrás lo que hemos dicho, o hecho,
quizás sea solo la costumbre de procrastinar.
Por lo que sea,
te imagino de noche,
me imagino valiente,
diciéndote de frente:
"Que alegría volver a verte".

viernes, 7 de abril de 2017

De nuevo...

Me desperté después de soñarte.
Más tarde, cuando tenga valor escribiré sobre ti... de nuevo.

lunes, 26 de diciembre de 2016

De los aciertos...

Debe haber cientos de historias sobre dos seres que se cruzan, haciendo esa mezcla de dos bocas que recorren caminos llenos de espacio y de historias, hasta llegar la una a la otra para reiniciar el tiempo.
¿Cómo tu boca encontró a la mía?
Caminamos a des-tiempo, a des-pasos, a des-todo, concebidos en diferentes puntos geográficos, históricos, en circunstancias distintas pero quizá con la convergencia de esa ilusión de dos seres que reciben con ingenua esperanza a una nueva vida.
Tú, verano después de mí, yo siete primaveras antes que tú, como si contando las estaciones todo tuviera más sentido o menos distancia.
Si tuviera que contarte las esquinas que doblé hasta llegar a éste espacio, o los senderos mellados de alabastros que laceraron mis pasos, si pudiera trascribir aquellas charlas con el universo en dónde le rogaba por alguien que quisiera quedarse, sin ilusión que llegara; si pudiera conocer las justas que libraste en cada palestra vital de tu existencia.
Si hubiera decidido irme antes de que tú llegaras.
Entonces, jamás habría contemplado tus ojos cargados de tanto, o escuchado tu voz trémula ante la defensa de algo, o tocado tu tez como armadura de cada ilusión, de cada deseo, de cada esperanza; jamás habría cerrado los ojos esperando que me besaras.
Pero no me fui y tú llegaste, y llegaste queriendo quedarte, asumiendo el riesgo de pedirme que no me marchara, haciendo lo que ciertos otros intentaron sin mucho acierto:
Darme un beso de buenas noches mientras me quedo dormida entre tus brazos.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Del estar roto...

Desgajarse, romperse, quebrarse,
mudar la piel, el pensamiento,
dejar de ser uno, de caber en uno mismo,
estar distante, extraño, desconocido.
Sentir la piel propia como ajena,
verse en el espejo siendo otro,
sentirse otro, saberse otro,
pedirle al del reflejo que se presente con uno,
que nos explique en dónde hemos quedado,
a dónde vamos.
Romperse y perder las piezas,
armarse y quedar con huecos,
sentir vacíos, palpar espacios,
querer llenarse con partes ajenas,
volver a verse y saberse roto,
sentirse roto.
Porque entre los espacios se alberga el futuro,
las piezas rotas invitan al cambio,
uno ya no puede armarse como ha sido,
uno siempre será lo desconocido.



viernes, 2 de septiembre de 2016

De las historias de tu cuerpo...

Sentí tus caderas aprisionando las mías, respiré tu aliento, la humedad de tu boca en mi oído empañaba mi pensamiento; me convenciste con una mirada y cuando quise escapar fueron tus brazos los que detuvieron mis movimientos.
Rindiéndome me despojaste de todos mis tapujos y te pedí que me contaras todas las historias que sabías, con tu boca, con tus manos, con tu cuerpo.
Que delicia tus palabras resbalando por mi piel, que placenteras todas tus fantasías haciendo eco en mis movimientos; me sentí frotando mi entrepierna entre las sábanas de tu cama de pequeño, acaricié la tierra del cañón con mis dedos entre tu pelo, me llevaste en un viaje al universo lleno de explosiones y de cuadrículas en el firmamento; vi la silueta de la luna nueva en el contorno de tu espalda, conversé con Dios mientras sentía que moría de a poco, despacio.
Olías a salvia, sabías a vino, sonabas a eso que suena la inocencia cuando descubre el erotismo, reconocí la culpa que sentías de niño y toqué la rebeldía en cada una de tus cicatrices, acaricié tus ganas de saludar a tu padre mientras pasaba de largo, me acomodé contigo; besé el espacio que habita entre nuestras soledades concurridas.
Dejé que me abrazaras, que plasmaras marcas sobre mi piel, que oscilaras entre la ternura y lo violento, te pedí que me dejaras escuchar como tu esencia se consumía en un espasmo y terminar lo que sería ese recorrido por los recodos de tu vida y de tu cuerpo.
 

De mis malos pensamientos...

Ay! mijito.. si yo te contara...
Si yo te contara todo lo que quiero hacer contigo
no debo ni pensarlo, me digo
pero aquí estoy pensando en lo prohibido

Me miras y desvío la mirada
te acercas y yo hago como si nada
me preguntas y respondo con desgano
a veces evito hasta darte la mano

Y es que es así
tu y yo no vamos a ningún lado
ni verticales ni horizontales
podemos tocarnos

Y mis rimas son infantiles
y mis tácticas adolescentes
y mis deseos un poco más maduros
de llevarte allá a lo oscuro





De eso que no lleva a ningún lado...

Hoy decidí convencerme de que no me hace falta nada
que lo que soy, tengo o he vivido es suficiente
decidí pensar que habré de morir en un rato
y sentí que moría de verdad
y en ese vacío, sentada en la orilla, encontré paz.
Por supuesto no morí,
por el contrario, me sentí más viva
más cómoda, más agradecida.
Y es que siempre anda uno corriendo
pensando y pensando
buscando eso que no está en ningún lado
recorriendo ese camino que no lleva a ningún lado.

sábado, 6 de agosto de 2016

De escribir sin arrebato...

¿Cómo se escribe sin volcar lo que se siente? yo escribo porque siento un arrebato.
¿Cómo se seleccionan las palabras ante aquello que se me escurre por dedos? si quisiera ser como Zorba y cortarme las yemas para que salieran a chorros las palabras.
¿Cómo acomodar las oraciones, o los verbos, o los adjetivos, cómo le das forma al sentimiento con sinónimos, aumentativos o gerundios?
Yo solo puedo sentarme a escribir, cuando después de tanto silencio, se me encoge la panza y se me estrujan las tripas y siento como si vomitara pero no sale nada más que aliento. Cuando las lágrimas no corren, cuando la sonrisa no sale, cuando la cabeza da vueltas, cuando no queda nada más que levantar los pedazos de aquello que se ha destruido, desde adentro.
Yo no sé cómo escribir si no es de corrido, de un solo golpe, al hilo.

Es probable que nunca pueda vivir de escribir, pero es gracias a que escribo que estoy viva.

De lo que leía...

Ayer leía que las olas de la mar eran como la lengua del mundo acariciando la arena, que la lluvia es la forma como el cielo le hace el amor a la tierra, que el hombre es desdichado porque solo expresa lo que siente con palabras porque se ha olvidado de cómo bailar; ayer leía que la mujer es un pecado y una invitación a pecar, ayer leía que uno solo puede hacer lo que hace en ese momento si lo que se quiere es vivir pleno; leía que no somos solo nuestra mente, que las emociones son la forma que tiene nuestro pensamiento de hablar a través del cuerpo, que el amor, la paz y la alegría no son emociones porque no nos alteran ni perturban, que todo lo que está fuera de esas tres cosas es parte del sufrimiento; ayer leía que soy de mí y también de los que han pasado, que tu sonrisa puede ser el arcoiris que hace tu boca después de la tormenta de tu llanto, que desde que tu rostro mira hacia otro lado yo vivo en una soledad muy concurrida; que se vive dentro de una trampa y que esa trampa somos nosotros mismos; leía que el novio de un amigo va a ser papá del hijo de una mujer, que a una gran amiga le harán un ritual de desahogo sobre todos los contras de ser mamá, que el novio de una amiga ha terminado con ella porque él no quiere tener hijos y ella sí, que el papá de una amiga se va a Cuba para ver si así no se muere de Dios sabe qué cosa, que un amigo está saliendo con un chico por fin de su edad, que mi hermana decía que ella no es responsable de la felicidad de mi madre; ayer leía de todo, y todo es siempre parte de lo mismo: nacimientos, vidas y muertes.
Ayer leía de todo y de lo mismo, pero no pude leer nada sobre ti, así que aquí estoy porque he nacido, viviendo en tus ausencias y muriendo un poco cada vez.

De las manos...

Solo quiero una mano
Ya recorrí demasiados cuerpos
rocé demasiados rostros
probé demasiadas lenguas
ya me enredé en demasiados brazos

Solo quiero una mano
que me tome
que me calme
que me toque
que me ame

viernes, 22 de julio de 2016

De las conversaciones con Dios...

Bebé: "Y le gritaba a Dios, pero no me respondía... porque no existe. O bueno, no existe de la forma que nos han contado".
Sakura: "Y que curioso no, debemos ser muy egocéntricos para esperar que Dios obedezca nuestras súplicas; algo así como "tú, Todopoderoso, haz lo que te pido A-HO-RA".
Bebé: "Y después que me fui a descansar, me puse a agradecer, a mi madre, a la tierra, casi beso la tierra".
Skura: "Y fue en ese momento dónde por fin pudiste hablar con Dios".


De los bochornos...

Tu claridad me deslumbra, me atonta, me ciega... Eres tan claro como un resplandor. Hoy por ejemplo elegiste "bochorno", con tus palabras precisas, como siempre. 
Escuchar esa palabra de tu boca, esa que a veces veo de reojo mientras me describes la música o te cuento sobre poesía, fue desgarrador. Me gustaría pensar que no supiste lo que dijiste porque prefiero eso a saberte uno de tantos. 
Que curiosa la forma y los momentos en los que nos rompemos, ya eran 471 días de devoción profunda, de ensalzarte, de engrandecerte, bajo el estandarte (o el pretexto), de tus buenas intenciones, de tu honorabilidad, y así, de pronto, tu dijiste "bochorno" y algo se rompió muy profundo en mi. 
Por fin eres humano, un humano común más no corriente. 
Y hasta aquí, porque de momento, todas las palabras que quisiera usar para describirte lo que siento deshonran aquellas cosas tan bonitas que nacieron en mi, por aquello que alguna vez fuiste; alguna vez, hasta el día de hoy. 

miércoles, 29 de junio de 2016

martes, 28 de junio de 2016

De los noviazgos (I)...

Recuerdo el día (hace ya por lo menos 15 años) en el que mi hermana me dijo: no me gusta que te pongas de novia porque ya no me pones atención.
Hoy un muy querido amigo me dijo: Espero que cuando tengas noviesito me sigas queriendo mucho y me sigas platicando cómo va tu vida.

Me pregunto varias cosas:
- ¿Qué clase de persona soy cuando me pongo de novia?
- ¿Qué clase de persona creen los demás que soy cuando me pongo de novia?
- ¿Es esa una forma muy rara para decirme que me quieren y se alegran por mi?
- ¿Por qué ponerme de novia les genera temor o inconformidad a los demás?
- ¿Qué clase de relaciones afectivas fomento?

He estado pensando mucho en este temor que tengo de "recibir" y su consecuencia lógica de levantar murallas, así como recordando aquello que dice "¿cómo amar sin poseer?


sábado, 4 de junio de 2016

De mi miedo...

Me han golpeado tanto, tan profundo y tantas veces... he olvidado cuantas...
Repito en mi cabeza "dejame en paz" cada vez que alguno de esos golpes regresa disfrazado de recuerdo para golpear la puerta del presente... DEJAME EN PAZ... no pienso abrir la puerta, sin embargo, sé que estás ahí detrás y siento miedo. Ese miedo que aparece cuando escucho un ruido ligero, cuando siento a alguien muy de cerca, cuando veo que me miran y no quiero ser mirada, cuando anticipo el dolor de una pérdida, de una partida, de un adiós.
Vivo con miedo desde que aprendí que la vida te golpea sin aviso y que la gente que dice quererte siempre se quiere más a ella misma, con miedo de repetir los errores de días pasados y pisar las mismas huellas por temor a plasmar nuevas, repitiendo lo conocido por temor y temiendo repetir lo ya vivido. Todo es una ilusión.
No sé cómo quitarme el miedo, quizá perdonando y perdonándome, quizás aprendiendo, quizás entendiendo que el miedo será siempre parte de mi vida, quizás dejando de querer dejar el miedo, como Alan Watts decía "la ley del esfuerzo invertido", quizás sea momento de aceptar y de abrazar mi miedo y dejar de decirle "dejame en paz", abrirle la puerta, sentarme a la mesa y hacer las cuentas, pagar saldos y después, después no sé.

viernes, 27 de mayo de 2016

De lo que no puedo...

Quiero leer y no puedo...
Quiero escribir y no puedo...
Quiero hacer origami y no puedo...
De pronto me encuentro estática, como viendo la vida pasar, aprendiendo sí, pero congelada.
No contacto, no siento, sólo observo.
Con deseos de gritar pero con ausencia de palabras o sonidos, cansada pero sin saber de qué.

lunes, 16 de mayo de 2016

Del sexo y algo más...

Quise decirle: Elige un libro. El que quieras. Elige un libro para leérmelo después de tener sexo. Para que después de irrumpir en mi cuerpo, irrumpas en mi alma.

lunes, 9 de mayo de 2016

De mis 30 años...

En 30 años he aprendido que todo lo que creía saber no sirve de nada. 

Bueno, aquello que sabía a los 5 es posible que sirva un poquito. 

Que para el dolor no hay mejor cura que un abrazo,
que el amor se siente más bonito con acciones que con palabras,
que los ojos tienen mente propia y saben mejor que la cabeza cuando llorar, 
que no hay que saber muchas palabras para decir lo que se quiere, 
que las mentiras complican las cosas y después da vergüenza decir la verdad, 
que las manos y la mente necesitan ser libres para crear, 
que puedes ser amigo de cualquiera pero que no todos son tus amigos, 
que el dinero se gasta en cosas solo si se van a compartir, 
que el miedo existe para sabernos valientes al superarlo, 
que jugar solo está bien, pero que también está bien jugar acompañado, 
que la fantasía es otro nombre para la fe y la esperanza, 
que con la ropa limpia nunca te pasan cosas interesantes, 
que las palabras cortitas son las más poderosas, 
que todo el mundo es un instrumento y todo el sonido parte de una canción, 
que se envejece por fuera y se crece por dentro, 
que si te quedas callado escuchas al universo.



De las lealtades...

Dejaré de ser leal con la tristeza, que no he venido al mundo a expiar culpas de nadie.
Me fue entregada la vida, sin pedirla y quizás sin merecerla, siendo apenas un esbozo.
Y con la vida me fueron entregadas cargas de las cuales nunca me enteré.
No reniego de la vida, reniego de vivirla por aquellos otros que un día estuvieron ahí.
Nada puedo hacer para reparar los daños causados en mi ausencia.
Nada puedo decir que valga lo que no se dijo.
No puedo vivir una vida con miedo a lo que otros temieron.
No he venido solo a morir, sino a vivir aprendiendo.
Y quiero aprender a ser leal en el amor no en el sufrimiento, en el dolor, en el miedo.
Les honraré con mi vida, con mi presencia en el mundo,
Les honraré sanando mis propias heridas,
Les honraré descubriendo mis propios caminos,
Les honraré cometiendo mis propios errores,
Les honraré siendo yo.

De las respuestas que no puedes darme...

Era la primera vez que me enamoraba. Fuiste la primera vez que me enamoré. Fuiste amor, te amé y casi creo que nos amamos. 
Me fui cuando ya no quedó nada de ese amor, cuando lo que quedaba por dentro mío me carcomía, me destruía; me fui cuando hice todo y más de lo que pensé que podía, me fui cuando lo único que hacía falta para que te quedaras era soltarte y que eligieras regresar. Pero no volviste. 

Recuerdo el día en el que las cosas cambiaron, cuando tu te despedazaste entre mis brazos, cuando el llanto te ahogó y yo no supe como sacarte ni como armarte. No era algo que estuviera en mis manos. Solo te vi y te acompañé desde mi confusión. Y me tomó diez meses salir de ese torbellino y ver con claridad que ese día te había perdido. Y me tomó siente años entender que sigo esperando una respuesta. 

Solo el enojo, un enojo tan grande con el que casi me arranco la vida, podía darme el valor para sacarte, solo el enojo podía hacerme decirte "vete" y dejarte partir. Y te fuiste pidiéndome ser mi amigo después de tantas mentiras. 
Sé que fui yo la que permaneció, sé que todo ese dolor fue a causa mía, que cada día que pasaba a tu lado sin ti era una decisión que tomaba justificada por la esperanza de que volvieras, sin darme cuente que cada día volvías, sin ser aquel que yo quería. 

Nunca volveríamos a ser lo que fuimos, eso que yo buscaba era un imposible. Nunca me tomarías entre tus brazos y me harías sentir que en tus brazos se encontraba el universo. Nunca volvería a perderme en tu mirada ni a besarte la sonrisa. Nunca volvería a tejer en el presente un manto que me protegiera en el futuro. Nunca volvería a tener esos silencios, silencios como ninguno. 

Perdóname por haber pretendido obligarte a que me amaras, por creer que tenía el derecho de quererte por los dos, que con mi amor alcanzaba. Perdóname por haber tenido miedo de seguir mi vida sin ti y dejar que ese temor me dejara ciega de lo que tu necesitabas. Me tardé demasiado, Te pedí demasiado. Te herí demasiado. 

Soñé contigo hace unas noches, y en ese sueño te veía como antes, con tu sonrisa llena, con tu andar desenfadado, con tu voz que llevaba nota a nota hacia la calma. Y en ese sueño me abrazabas, no como antes, sino mejor. Me rodeabas entre tus brazos y me hablabas al oído, contándome cosas que yo no entendía, cosas que jurabas que habían pasado y me era imposible recordar, y yo solo disfrutaba de tu abrazo y me preguntaba "por qué hasta ahora", por qué me decías todo eso después de tanto tiempo, sin enojo, sin reproches, sin distancias, solo sin saber por qué. 
Y entendía que así me siento, aquel enojo no vive en mi presente, aquel enojo se quedó allá lleno de dudas, y aunque el enojo ha pasado aún tengo mil preguntas, y son esas dudas las que me atan a ti. 

Quisiera decirte que hay algo que pudieras decirme que me hiciera soltarte, pero sería mentira, nada de lo que puedas decir o hacer podría responder aquello que hace años necesitaba escuchar, porque de haberlo dicho entonces no habría entendido, y ahora que puedo entenderlo no tendría lugar en mi vida. 

No se trataba de tus razones, sino de las mías, no era cosa de saber por qué no te quedabas o te ibas, sino de saber por qué no te soltaba. Saber por qué mentías no aclararía por que decidía creerte, saber por qué te alejabas no sanaría todas las veces que mendigaba tu compañía. Y todas las palabras escritas o pronunciadas no habrían podido sustituir la única verdad que había detrás de todo eso: Tu ya no me querías. 

Saber por qué dejaste de quererme tampoco serviría, me es más útil tratar de buscar dentro de mi la respuesta que podría llevarme a soltarte y a crecer, esa que solo puedo responderme yo misma, esa que de verdad importa: por qué decidí quedarme con alguien que no me quería. 
Todo lo demás sobra, estorba, empaña el pensamiento y acalla al corazón. 

Así que te libero mi querido amigo, mi querido amor, dejaré de usarte de pretexto para seguir teniendo miedo, para seguir teniendo dudas, para justificar mi falta de apego, mi falta de entrega, mi falta amor. 
Y es que fue tanto lo que te quise que terminé convirtiéndome en ti sin darme cuenta, te fui leal hasta el día de hoy, distante, ajena, temerosa, y lo único que puedo hacer para honrar mi amor es soltarte de nuevo, ahora con el corazón. 
Que mi amor te llegue un día, sin lastres y sin reproches, sencillo, y que así habite en mí. 

De las aclaraciones...

Quizás no era necesario que dijeras tantas y tantas cosas. Tal vez solo tenías que decir "ven" y yo iría.

jueves, 14 de abril de 2016

De los regalos de bienvenida...

Me contaste una historia que hablaba de amor. Y llevo todo el día pensando en sus distintas formas.

Fue un día de septiembre, miércoles al parecer, de esos que solo se dieron hace casi 22 años, y fue hasta hace unas semanas que supiste en realidad la historia de tu nacimiento.

"Cuándo ibas a nacer, estaba muy emocionado por tu llegada. A mi me había recibido mi hermano mayor en el hospital con un carrito y tu llegabas ese día y yo no tenía nada que regalarte. Y es que uno de niño no piensa mucho esas cosas. Yo sabía que quería que llegaras, que quería conocerte y que estaba emocionado porque iba a ser hermano mayor de alguien yo también, pero no tenía nada que regalarte.
Pero llegaste igual, sin regalo de mi parte, y yo supe de inmediato que mi vida cambiaba y que quería enseñarte mi mundo y compartir contigo toda la sabiduría de un hermano mayor. Pero todos a mi al rededor decían que era probable que yo sintiera celos, que podría resentir ya no ser el más chico de la familia; todos decían que tenían que ponerme atención para que no me afectara tu llegada, y yo no comprendía, ¿cómo podía afectarme que llegaras si estaba tan feliz de tener por fin un hermanito a quien cuidar?
Todo pasó tan rápido que no supe en qué momento sentí celos y comencé a alejarme, al final, eso era lo que pasaba en esos casos. Y me alejé de ti sin darme cuenta por algunos años. Pero nunca dejé de quererte ni de preocuparme por ti.
De verdad me habría gustado recibirte con algo, de verdad me habría gustado no creer en los adultos, de verdad me habría gustado ser un mejor hermano mayor, pero ahora estas aquí recostado en mi pecho sintiendo mi corazón acelerado por todas las cosas que nunca te dije y que llevo dentro, y yo tengo la dicha de recibirte en este momento en el que te abres a mi, y de nuevo no tengo nada que regalarte, solo tengo este abrazo para decirte: te amo, pase lo que pase vas a estar bien y yo voy a estar a tu lado".


jueves, 7 de abril de 2016

...

Salí a jugar en la lluvia con mi perrita y su pelota.
Me sentía bastante confundida. De pronto comencé a llorar y recordé lo que César me había dicho "tal vez solo necesitas soltar".
Aún quedan cosas por soltar. Muchas. Pero ya no deseo resistirme.
Que permanezca quien quiera, que se vaya quien lo necesite y que llegue aquel con quién compartir un pedacito de mi vida.
Agradecer. Siempre agradecer. Aún aquello que no comprendo. Aún.

sábado, 6 de febrero de 2016

De los dolores placenteros...

Digamos que disfruto del dolor, que disfruto sentir como mi cuerpo produce sustancias para tolerarlo y aliviarlo; digamos que en este momento tengo los labios ajados por una gripe que parece llegar como respuesta a algo más que ambiental, emocional; digamos que de pronto tuve la necesidad de algo salado, aún cuando no suelo gustar ni disfrutar de las cosas saladas; digamos que esto de comer y saborear lo que como me llevó a elegir algo salado de mi cocina y no solo tragarlo sino paladearlo; digamos que el escozor en mis labios me produjo una sensación tan placentera que me estremeció por completo; digamos que no bastó con un bocado, que necesite de unos momentos para dejar que mis entrañas se sacudieran, que la excitación pasara de mi boca a mi cuerpo por completo; digamos que recordé algunos cuerpos, algunos placeres, algunos encuentros; digamos que mientras recordaba mi espalda se erizó y se arqueó ligeramente como reflejo; digamos que mientras mi cuerpo sentía mi mente trajo a mi Dicitencello vuje y sonreí; digamos que el dolor es dolor, aún que venga del cuerpo o del alma.

martes, 2 de febrero de 2016

Acostada... En el suelo... Envuelta en cobijas...
Hace tres horas atropellaron a kokoro. El veterinario dijo que la vigile esta noche porque mañana tendrá que suturarla.
He estado tratando de que duerma y darle calor pero no deja de temblar y ocasionalmente sangra por la nariz.
No quiero cerrar los ojos porque cada que los cierro la veo a ella debajo del coche y me siento culpable por no haber cerrado la reja antes de que corriera. Estaba apurada. No tenía tiempo de bajar las cosas del coche y cerrar la reja. Estaba apurada. Y ahora estoy en el suelo tratando de que deje de temblar.
No va a pasarle nada. No puede pasarle nada.
Solo quiero que sea mañana.

viernes, 29 de enero de 2016

De la cautela...

Lo mejor que me pudo pasar fue conocerte tan cauto
y así darme el tiempo de frenar mis arrebatos
no hubo promesas ni te quiero ni delirios
no hubo palabras entregadas incumplidas
no fui con mi hambre devorando sin degustar
no fuiste con tu sed un bebedor vertiginoso
no me permitiste desbordarme
no me permití arrastrarte en mi caudal
nos cuidamos hasta el cansancio
fuimos cancerberos de nuestros pecados
centinelas más de uno mismo que del otro
precavidos recelosos
fuimos los mundos posibles que no serán.


Del amor en los umbrales...

En un principio, era fácil amarte, conveniente diría.
Yo tras el postigo, resguardando todo, temerosa,
tu tras el umbral, yerto o estoico, da igual.
En un principio, bastaba con mirarte a la distancia.
Como cuando uno ve la tormenta desde la ventana,
o deja sus fantasmas por fuera de las sábanas.
En un principio, despabilaste lo gélido,
fuiste el claro del alba,
y yo caía como rocío por tu madrugada.
Hoy ya no quiero amor de postigos ni de umbrales,
ni de tormentas en la distancia.


Del abrir puertas...

Hace tiempo alguien me preguntó si querría estar con alguien a quién hubiera que convencer de que se quedara.
En ese momento no lo entendí. Ahora lo entiendo. 
Nada está en mis manos más allá de abrir las puertas para que los demás entren, pero el paso hacia la entrada depende de ellos. 
He mantenido la puerta abierta y tu te has quedado en el umbral. 
La puerta seguirá abierta, pero ya no espero que pases. 

martes, 19 de enero de 2016

Del ser poesía...

"Eres tu" me dijo, y me dejó pensando quién soy...

Soy unos versos mal aprendidos.
Una canción desafinada.
Soy ese bocado que necesita saborearse lentamente.
La escena de una película, con los diálogos y la iluminación exacta.
Soy la fantasía de las pinceladas del ocaso en la playa.
Soy un abrazo que termina en llanto.
La caricia que termina en beso.
La risa que se comparte.
El rubor en las mejillas.
La mirada perdida.
El miedo.
Ese te quiero entregado con retraso.
La osadía.
Los tropiezos por orgullo.
El orgullo de ser íntegro.
La historia de sueños rotos.
Las despedidas.
Soy un vaso de agua fría.
Las estrellas que se ven con los ojos enamorados.
La duda.
La ventolera.
El cuerpo mojado por la lluvia.
El temor a la oscuridad.
El deseo.
Soy el fuego que arde sin saber que se quema.

Así que claro, también puedo ser poesía.

lunes, 4 de enero de 2016

Del espejo hacia el futuro...

Si yo hubiera sabido que para encontrarte tenía que perderme, habría tenido menos miedo.
Si yo hubiera sabido que el encontrarte me acercaría a mí misma, me habría resistido menos.
Si yo hubiera sabido que tus palabras eran las piezas perdidas de mi rompecabezas, habría escuchado con más atención.
Si yo hubiera sabido que lo que tu ves es sólo una pequeña parte de todo lo que soy, me habría visto con más detalle.
Si yo hubiera sabido que eras un profeta del futuro, habría tomado notas de tus vaticinios.
Si yo hubiera sabido que tu ejemplo es mi espejo hacia el futuro, te habría invitado a que te perdieras, te hablaras, te vieras y encontraras tu futuro, encontrándome a mi de paso.

De las cartas: Carta a la niña que no entendió nada...

Tranquila, todo esta bien. Déjame abrazarte, explicarte paso a paso todo esto que sucede, no tienes por que saberlo aún, son cosas de grandes, pero hay cosas que aún tu, siendo pequeña necesitas aprender.
Los adultos olvidan las cosas sencillas y se vuelven complicados, enredan sus sentimientos y emociones, los adultos tienen miedo, se confunden, sienten dolor, a veces también sufren, y nada de eso tiene que ver contigo, nada es tu culpa. Lo que ellos necesitan, al igual que tu, es amor.
A veces no tendrán tiempo de escucharte, no porque no les importes, sino porque estarán demasiado enredados con su propio tiempo, porque pensarán que tus problemas, por ser chiquita, son también chiquitos. Pero habla fuerte o bajito, como tu quieras, pero habla. Alguien en algún momento habrá de escucharte, háblate a ti misma, dibuja, escribe, encuentra una forma de expresarte, nunca dejes adentro es que lastima o te asusta. Todo lo que te pasa es importante y mereces ser escuchada.
A veces no podrán cuidarte como a ti te gustaría que lo hicieran, porque quizás no sepan bien como cuidar de ellos mismos. A veces te hablaran de miedos y tratarán de hacerte temer a ti también, a veces te pedirán que te cuides a ti misma porque ellos no podrán estar ahí para cuidarte. Nada de eso significa que no te amen, o que no merezcas ser cuidada, es solo que a veces, en ciertos momentos, uno debe cuidarse y en otros, pedir ayuda y dejar que lo ayuden. Nada de malo hay en pedir ayuda, todos la necesitamos, incluso los adultos, solo que ellos han olvidado cómo pedirla.
A veces no sabrán que creces, porque ellos necesitan verte pequeña, porque tu desarrollo puede asustarlos, porque tus problemas podrían volverse más complicados. Pero no te asustes ni te enojes, tu crecimientos es natural, pregunta siempre lo que no sepas, no dejes de aprender, ninguna duda debe causar vergüenza, nadie lo sabe todo, opina, lo que tu sientes o piensas es tan importante como lo de los demás, no te quedes callada por miedo, aquellos que te aman entenderán siempre, aún que se tarden un poco en entender.
A veces te dirán cosas que podrían lastimarte, pero es posible que lo que digan sea producto de sus propias historias e inseguridades, nada tiene que ver contigo aquello que lastima, perdónalos por no saber hablarte, por no entender que aquello que te dicen duele. Eres un ser valioso y mereces que te digan que te quieren, pero aprende a descifrar el lenguaje de los adultos, ellos no hablan como tu, ellos dicen "te quiero" de varias maneras, con pequeños actos, con la ropa limpia, con la comida caliente, con el paseo del domingo, con ese libro que te leyeron, con ayudarte con tu tarea, y quizás seas tu la que pueda ayudarles a recordar a decir "te quiero" no solo con tus actos sino con palabras, porque también importan.
Nada de lo que ahora te lastima es tu culpa, estas aprendiendo, como todos, y como todos deberás equivocarte, perdonarte a ti misma como perdonas a los demás, respetarte como respetas a los otros, todos aquí somos importantes, y todos aquí merecemos amor, y tu pequeña mía, eres amada, yo te amo y tu necesitas amarte cada día porque eres un milagro, tu presencia y tu vida son un milagro, como cada cosa que pasa en el mundo, como cada amanecer, como cada ola que llega a la playa, como la lluvia.
No dejes nunca de ponerte atención, no dejes nunca de conocerte y saber lo que te causa emoción, lo que te desagrada, cultiva todo aquello en lo que eres buena, practica si quieres ser mejor, haz lo que te hace sentir bien, porque a medida que tu te conozcas podrás conocer a otros, a medida que tu te perdones podrás perdonar a otros, a medida que tu confíes en ti podrás confiar en otros, cuando aprendas a pedir ayuda podrás también ayudar, pero sobre todo, ámate, porque nadie aquí puede amarte más que tu misma, y con ese amor podrás también amar a los demás.

De las cartas: Carta al miedo...

¿Cómo te llamo, querido miedo, estimado miedo, amigo miedo, maldito miedo, pinche miedo?
De la forma que sea este es mi mensaje.
No tengo idea de lo que quiero hacer contigo, me has ayudado tanto, fuiste mi fiel compañero durante todos estos años, pero he crecido y siento que tu debes crecer conmigo. Y no hablo de crecer en tamaño, tal vez lo más apropiado sería pedirte que madures conmigo.
Ya no tengo nueve años, ya no me asusta la oscuridad ni las sombras que se mueven a contraluz, ya no me asusta tomar un micrófono frente a la gente, aprendía a cantar en público, a defender lo que creo es correcto, a decir que no, a hacer amigos fieles, a entender que soy un producto en construcción, a maravillarme, a pararme derecha sin importar las circunstancias, a perdonarme, a ser precavida, a asumir las consecuencias de mis actos, a pedir perdón. A muchas cosas que quizás tu no has notado, y siento que tu debes madurar también, dejar de cuidarme como si fuera una niña y a dejarme enfrentar aquello para lo que estoy preparada.
Necesito que aprendas conmigo, que me veas como ahora soy, no como una vez fui, cuando necesité de ti con desesperación porque no sabía a quién más acudir. Ahora necesito que mantengas tu distancia, ahí donde me puedas seguir cuidando pero que también permitas que me caiga, sé que pedirte que confíes en mi va en contra de tu naturaleza, por lo que prefiero pedirte que tengas miedo de no dejarme crecer, de no permitirme conocerme y conocer de lo que soy capaz, ten miedo de cuidarme a tal grado que nada me pase jamás.

De lo que pido en mi derrota...

Me desperté, y sin ser novedad, pensé en ti.

Ya no puedo soportarlo, ya no puedo contenerlo, estoy cansada de llevar dentro todo esto que no entiendo cómo apagar.
Pensé que con darme cuenta por qué siento lo que siento por ti sería suficiente, y lo entendí, pero nada cambió.

Un día tu me compartiste algo muy tuyo, de hace años atrás, cuando eras un niño, cuando escribiste una oración para pedirle a Dios que te permitiera ser el mejor en todo lo que hicieras, como te lo decía tu abuelo. Las lágrimas asomaron por mis ojos cuando me compartías eso, y fue por dos razones. La primera te la dije en ese instante, mi padre, un hombre un poco complicado y ausente emocionalmente, siempre me pidió que fuera la mejor en todo lo que hiciera, y me lo repetía gustoso cada vez que yo tenía algún logro, era mi forma de hacerlo sentir orgulloso de mi, de que me viera, de sentir que estaba haciendo lo que él quería y que así iba a amarme. Con los años, eso me trajo más desdichas que alegrías, con el tiempo he tenido que alejarme de él porque eso que cargo, esa responsabilidad, pesa demasiado y me desvía de lo que creo que quiero o de saber qué es lo que quiero.
La segunda razón no te la dije, porque de esas cosas no hablamos tu y yo. La segunda razón es que hace meses, cansada de sentir que por más que lo intentara no podía amar a nadie, pensando que quizás había perdido esa capacidad, de asombrarme, de intimidarme, de quedarme inmóvil contemplando a alguien, de temblar ante el tacto de otro, de enmudecer, de poder escuchar mi corazón palpitar, de soñar despierta, que todo eso ya lo había perdido, que me había cerrado de tal forma que no le permitía a nadie más entrar, y fue entonces, cuando en un momento de desesperación pedí al universo (tal vez tu puedas llamarlo Dios), pedí con todo lo que vibra dentro de mi, con todos mis deseos y mi necesidad de amar, pedí que me permitiera enamorarme, así sin más "universo, quiero enamorarme", y fue entonces, que apareciste tu.

Llegaste en el momento preciso que abría mi corazón, con todas esas palabras y cualidades, con todas esas preguntas de las cuales, en su mayoría, no conozco la respuesta, llegaste con tu porte y tu presencia, con ese carisma, con la profundidad de tu mensaje cubierto y encubierto de solemnidad y diplomacia. Llegaste y hablar contigo fue un descanso, no sentí que el tiempo pasaba, no quería irme sin pronunciar cada palabra que conociera y, aprender de ti otras cuantas.
Convivir contigo minutos, horas, días, cada momento era valioso porque, aún que al principio no sabía qué pasaba, fui descubriendo que todos esos sentimientos que tenía tenían un solo nombre, y que ese nombre era lo que había pedido, te amaba, cada día más, cada momento más profundo, con cada historia, con cada sonrisa. No puedo negar que la poesía hizo gran parte del trabajo, pero no era eso por lo que te amaba y hasta hace poco no había podido comprender por qué.

Apareciste cuando necesitaba enamorarme, pero no de ti, sino de mi misma, me hiciste verme a través de ti, y dicen que para eso sirve el amor, para vernos a través de los ojos del que amamos, y yo veía con tus palabras, lo que había intentado ocultar durante gran parte de mi vida, que soy apasionada, romántica, que veo la vida color de rosa, que me duele todo prufundamente porque profundamente siento todo, que amo la poesía porque define lo que en mi incapacidad producida por el miedo no puedo ver, porque leer lo que otros han sentido le da sentido a lo que vivo, porque a través de cada verso yo siento un poco de lo que me afano en lapidar. Me vi siendo idealista y orgullosa de serlo, defendiendo al amor, a los principios, a la vida misma, y fue a través de ti que entendí que era momento de empezar a conocerme. Me diste la oportunidad con cada plática de acercarme a lo que quería negar, y de ver, muy gentilmente, que era necesario que lo viera, que era un desperdicio no verlo, que tu lo veías y que era posible que otros también lo vieran, me animaste a dejar que fuera visto por otros, lentamente lo puse ahí afuera, en el escaparate donde muestro a los que quiero aquello que me da temor mostrar.

Creí que una vez que entendiera todo eso podría darte las gracias por haber llegado a mi vida y despedirte, pero no fue así. Aquí sigues cada mañana cuando me despierto, aquí sigues tras cada linea que leo y pienso que podría gustarte, tras cada canción que me ilumina y pienso que podrías apreciarla, tras cada idea que quisiera que escucharas y me dieras tu opinión, tras cada momento en el que...

Me imaginé sentada, cuando por fin pudiéramos vernos de nuevo, en ese café, en esa mesa, con esas flores pequeñas, con ese mesero lento para atender, y tu dejando que el teléfono sonara, a veces sin contestar. Me vi en frente tuyo, con el estómago hecho nudo, con la garganta y la boca secas, con mi corazón galopando y con mis ojos a punto de dejar salir el llanto. Ahí sentada frente a ti, me vi diciéndote: "Gracias. No pido más, ya no necesito más, pedirte más sería injusto para ambos y me alejaría de disfrutarte". Lloraría quizá, con una sonrisa a penas esbozada, pero lo que diría sería profundamente verdadero, ya no pido más. Saber que vibras en una frecuencia en la que puedo sentirte, saber que cantas en ese tono perfecto para mi segunda voz, saber que tus palabras son afinadas, como cuando un novato busca desesperadamente esa nota para afinar su guitarra y de pronto la encuentra...

Quise tomarte la mano, a lo que no me atrevo por respeto, ese maldito respeto, besarte, a lo que no me atrevo por miedo, ese maldito miedo, quise abrazarte largo a lo que no me atrevo por cobarde y por mi incapacidad de mostrarme vulnerable.

Ya no sé ni lo que escribo, nada tiene ilación, nada sirve, debería acostumbrarme a tenerte cerca de mis pensamientos, a que me rondes y encontrarte al doblar una esquina o pasar una página, a tenerte en el recuerdo, a ya no poder más con todo esto y rendirme aceptando que uno no elije de quién enamorarse y tampoco cuando dejar de amar. A llenarme de todo lo que me diste y sentir que me elevo escribiendo porque de cierta forma escribo gracias a ti.

Me rindo, ya no puedo más. Amarte será un ejercicio para acercarme a mi misma,

Solo una cuenta pendiente tendría contigo, tocarte. Y con Yann Tiersen sonando al fondo escucho al cello que aviva la melodía y siento que es mi pecho desbocado al escribir esto que escribo. Necesito ser capaz de irrumpir en tu cuerpo, de tenerte cerca y no distraerme recordándole al mío que debe mantener el equilibro, tenerte a mi lado sin medir mentalmente tu distancia de la mía, la cual debe ser prudente, sin estar tan lejos que no pueda sentirte y tampoco tan cerca como para que sientas mi ansiedad de ti. Sin anticipar la despedida a media conversación y negociar conmigo la forma y prolongación del abrazo. No pido cuerpos desnudos, sin atavíos, de nuevo sería pedir demasiado, pido poder servir el té sin cuidar de rozar tu mano, evitando así derramarlo.

Que mis palabras no te alejen nunca, que no sean una barrera, que sirvan para crear puentes indestructibles. Que cuando me leas puedas entender mi mensaje:
Déjame amarte, sin pedirte nada, solo déjame amarte, en la distancia, en tu silencio, con mis palabras y tus ausencias. Permíteme acercarme a mi a través de ti. No me prives nunca de tu presencia ni de la inspiración que ésta conlleva. Se mi numen, mi vena, mi poesía.

viernes, 11 de diciembre de 2015

De las cartas: Carta a un amigo casual...

Vamos a jugar un juego, te invito.
Juguemos a que tu actúas como si yo te importara y yo, yo haré como que creo que te importo de verdad. Me he dado cuenta que ambos necesitamos, de momento, un par de mentiras para aligerar nuestras vidas. Cada vez que me llames yo haré como que no sé para qué me buscas y creeré realmente que quieres invitarme al cine o por un café.
Yo por mi parte, prometo titubear cada vez que dentro de las opciones me ofrezcas discretamente compartir unas horas en la intimidad. Tus mensajes de buenos días, prometo tomarlos como un deseo sincero de que mi día vaya bien, y yo responderé con la misma cortesía. Mis mensajes contándote mis penas, serán un intento de extender la intimidad que compartimos dentro de una habitación.
Prometo también, fingir aflicción por no poder sentarnos a tomar un desayuno o compartir un momento con los seres queridos. Nada importa, mientras pretendamos que estamos ahí el uno para el otro.
Pero no te sientas obligado, no exageres, te aprecio, en el fondo sé que eres una buena persona, pero no busco en ti nada más que lo que tu buscas en mí, compañía, un buen rato, descansar de las pretensiones, de aparentar frente a otros, de buscar agradar, de la conquista.
Te elegí a ti porque buscamos lo mismo, porque ambos padecemos por otros brazos, anhelamos otros besos, sufrimos las desilusiones de las fantasías que hacemos con otros, porque tanto como tu y como yo deseamos el amor que alguien más no puede darnos.
Agradezco sinceramente que sigas ahí, haciendo un esfuerzo por no hacerme sentir como un objeto, yo me recuerdo diariamente de preguntarte cómo te fue con ese problema que tenías, agradezco que tomes mi mano y que a veces no preguntes qué me pasa, porque sabes que eso que me pasa, tiene que ver con esa persona por la que sin pensarlo, te cambiaría.

De los escritos pendientes...

He venido pensando por qué me enamoré de ti.
Las respuestas, por más que quiera adornarlas con pomposos adjetivos, no me gustan.
Dejo esto pendiente, en construcción... Hasta que encuentre una forma de explicarlo mejor.

lunes, 7 de diciembre de 2015

De ser alguien más...

Si fuera otra persona me llamaría José como mi abuelo y andaría a caballo,  tomaría bacanora en una fogata, trabajaría la tierra, tendría muchos hijos y los enseñaría a tocar la guitarra para cantar por las noches, tendría ganado y viviría de él, envejecería visitando a mis seres queridos, desafiaría a los ladrones a que jalaran el gatillo de su pistola y me mataran ahí mismo, nada de amenazas.


Si fuera otra persona me llamaría María como mi abuela, trabajaría toda mi vida, para mi esposo, para mis hijos, para mí misma, tendría siempre espíritu aventurero, incluso cuando no pudiera caminar sin mi bastón, pondría una caseta en medio del pueblo para dar de comer a la gente y tener siempre alguien con quien platicar y poder sentar a mis nietos en mis piernas y cantarles “el espíritu de Dios se mueve, se mueve, dentro de mi corazón”.