Lo mejor que me pudo pasar fue conocerte tan cauto
y así darme el tiempo de frenar mis arrebatos
no hubo promesas ni te quiero ni delirios
no hubo palabras entregadas incumplidas
no fui con mi hambre devorando sin degustar
no fuiste con tu sed un bebedor vertiginoso
no me permitiste desbordarme
no me permití arrastrarte en mi caudal
nos cuidamos hasta el cansancio
fuimos cancerberos de nuestros pecados
centinelas más de uno mismo que del otro
precavidos recelosos
fuimos los mundos posibles que no serán.
viernes, 29 de enero de 2016
Del amor en los umbrales...
En un principio, era fácil amarte, conveniente diría.
Yo tras el postigo, resguardando todo, temerosa,
tu tras el umbral, yerto o estoico, da igual.
En un principio, bastaba con mirarte a la distancia.
Como cuando uno ve la tormenta desde la ventana,
o deja sus fantasmas por fuera de las sábanas.
En un principio, despabilaste lo gélido,
fuiste el claro del alba,
y yo caía como rocío por tu madrugada.
Hoy ya no quiero amor de postigos ni de umbrales,
ni de tormentas en la distancia.
Yo tras el postigo, resguardando todo, temerosa,
tu tras el umbral, yerto o estoico, da igual.
En un principio, bastaba con mirarte a la distancia.
Como cuando uno ve la tormenta desde la ventana,
o deja sus fantasmas por fuera de las sábanas.
En un principio, despabilaste lo gélido,
fuiste el claro del alba,
y yo caía como rocío por tu madrugada.
Hoy ya no quiero amor de postigos ni de umbrales,
ni de tormentas en la distancia.
Del abrir puertas...
Hace tiempo alguien me preguntó si querría estar con alguien a quién hubiera que convencer de que se quedara.
En ese momento no lo entendí. Ahora lo entiendo.
Nada está en mis manos más allá de abrir las puertas para que los demás entren, pero el paso hacia la entrada depende de ellos.
He mantenido la puerta abierta y tu te has quedado en el umbral.
La puerta seguirá abierta, pero ya no espero que pases.
martes, 19 de enero de 2016
Del ser poesía...
"Eres tu" me dijo, y me dejó pensando quién soy...
Soy unos versos mal aprendidos.
Una canción desafinada.
Soy ese bocado que necesita saborearse lentamente.
La escena de una película, con los diálogos y la iluminación exacta.
Soy la fantasía de las pinceladas del ocaso en la playa.
Soy un abrazo que termina en llanto.
La caricia que termina en beso.
La risa que se comparte.
El rubor en las mejillas.
La mirada perdida.
El miedo.
Ese te quiero entregado con retraso.
La osadía.
Los tropiezos por orgullo.
El orgullo de ser íntegro.
La historia de sueños rotos.
Las despedidas.
Soy un vaso de agua fría.
Las estrellas que se ven con los ojos enamorados.
La duda.
La ventolera.
El cuerpo mojado por la lluvia.
El temor a la oscuridad.
El deseo.
Soy el fuego que arde sin saber que se quema.
Así que claro, también puedo ser poesía.
Soy unos versos mal aprendidos.
Una canción desafinada.
Soy ese bocado que necesita saborearse lentamente.
La escena de una película, con los diálogos y la iluminación exacta.
Soy la fantasía de las pinceladas del ocaso en la playa.
Soy un abrazo que termina en llanto.
La caricia que termina en beso.
La risa que se comparte.
El rubor en las mejillas.
La mirada perdida.
El miedo.
Ese te quiero entregado con retraso.
La osadía.
Los tropiezos por orgullo.
El orgullo de ser íntegro.
La historia de sueños rotos.
Las despedidas.
Soy un vaso de agua fría.
Las estrellas que se ven con los ojos enamorados.
La duda.
La ventolera.
El cuerpo mojado por la lluvia.
El temor a la oscuridad.
El deseo.
Soy el fuego que arde sin saber que se quema.
Así que claro, también puedo ser poesía.
lunes, 4 de enero de 2016
Del espejo hacia el futuro...
Si yo hubiera sabido que para encontrarte tenía que perderme, habría tenido menos miedo.
Si yo hubiera sabido que el encontrarte me acercaría a mí misma, me habría resistido menos.
Si yo hubiera sabido que tus palabras eran las piezas perdidas de mi rompecabezas, habría escuchado con más atención.
Si yo hubiera sabido que lo que tu ves es sólo una pequeña parte de todo lo que soy, me habría visto con más detalle.
Si yo hubiera sabido que eras un profeta del futuro, habría tomado notas de tus vaticinios.
Si yo hubiera sabido que tu ejemplo es mi espejo hacia el futuro, te habría invitado a que te perdieras, te hablaras, te vieras y encontraras tu futuro, encontrándome a mi de paso.
Si yo hubiera sabido que el encontrarte me acercaría a mí misma, me habría resistido menos.
Si yo hubiera sabido que tus palabras eran las piezas perdidas de mi rompecabezas, habría escuchado con más atención.
Si yo hubiera sabido que lo que tu ves es sólo una pequeña parte de todo lo que soy, me habría visto con más detalle.
Si yo hubiera sabido que eras un profeta del futuro, habría tomado notas de tus vaticinios.
Si yo hubiera sabido que tu ejemplo es mi espejo hacia el futuro, te habría invitado a que te perdieras, te hablaras, te vieras y encontraras tu futuro, encontrándome a mi de paso.
De las cartas: Carta a la niña que no entendió nada...
Tranquila, todo esta bien. Déjame abrazarte, explicarte paso a paso todo esto que sucede, no tienes por que saberlo aún, son cosas de grandes, pero hay cosas que aún tu, siendo pequeña necesitas aprender.
Los adultos olvidan las cosas sencillas y se vuelven complicados, enredan sus sentimientos y emociones, los adultos tienen miedo, se confunden, sienten dolor, a veces también sufren, y nada de eso tiene que ver contigo, nada es tu culpa. Lo que ellos necesitan, al igual que tu, es amor.
A veces no tendrán tiempo de escucharte, no porque no les importes, sino porque estarán demasiado enredados con su propio tiempo, porque pensarán que tus problemas, por ser chiquita, son también chiquitos. Pero habla fuerte o bajito, como tu quieras, pero habla. Alguien en algún momento habrá de escucharte, háblate a ti misma, dibuja, escribe, encuentra una forma de expresarte, nunca dejes adentro es que lastima o te asusta. Todo lo que te pasa es importante y mereces ser escuchada.
A veces no podrán cuidarte como a ti te gustaría que lo hicieran, porque quizás no sepan bien como cuidar de ellos mismos. A veces te hablaran de miedos y tratarán de hacerte temer a ti también, a veces te pedirán que te cuides a ti misma porque ellos no podrán estar ahí para cuidarte. Nada de eso significa que no te amen, o que no merezcas ser cuidada, es solo que a veces, en ciertos momentos, uno debe cuidarse y en otros, pedir ayuda y dejar que lo ayuden. Nada de malo hay en pedir ayuda, todos la necesitamos, incluso los adultos, solo que ellos han olvidado cómo pedirla.
A veces no sabrán que creces, porque ellos necesitan verte pequeña, porque tu desarrollo puede asustarlos, porque tus problemas podrían volverse más complicados. Pero no te asustes ni te enojes, tu crecimientos es natural, pregunta siempre lo que no sepas, no dejes de aprender, ninguna duda debe causar vergüenza, nadie lo sabe todo, opina, lo que tu sientes o piensas es tan importante como lo de los demás, no te quedes callada por miedo, aquellos que te aman entenderán siempre, aún que se tarden un poco en entender.
A veces te dirán cosas que podrían lastimarte, pero es posible que lo que digan sea producto de sus propias historias e inseguridades, nada tiene que ver contigo aquello que lastima, perdónalos por no saber hablarte, por no entender que aquello que te dicen duele. Eres un ser valioso y mereces que te digan que te quieren, pero aprende a descifrar el lenguaje de los adultos, ellos no hablan como tu, ellos dicen "te quiero" de varias maneras, con pequeños actos, con la ropa limpia, con la comida caliente, con el paseo del domingo, con ese libro que te leyeron, con ayudarte con tu tarea, y quizás seas tu la que pueda ayudarles a recordar a decir "te quiero" no solo con tus actos sino con palabras, porque también importan.
Nada de lo que ahora te lastima es tu culpa, estas aprendiendo, como todos, y como todos deberás equivocarte, perdonarte a ti misma como perdonas a los demás, respetarte como respetas a los otros, todos aquí somos importantes, y todos aquí merecemos amor, y tu pequeña mía, eres amada, yo te amo y tu necesitas amarte cada día porque eres un milagro, tu presencia y tu vida son un milagro, como cada cosa que pasa en el mundo, como cada amanecer, como cada ola que llega a la playa, como la lluvia.
No dejes nunca de ponerte atención, no dejes nunca de conocerte y saber lo que te causa emoción, lo que te desagrada, cultiva todo aquello en lo que eres buena, practica si quieres ser mejor, haz lo que te hace sentir bien, porque a medida que tu te conozcas podrás conocer a otros, a medida que tu te perdones podrás perdonar a otros, a medida que tu confíes en ti podrás confiar en otros, cuando aprendas a pedir ayuda podrás también ayudar, pero sobre todo, ámate, porque nadie aquí puede amarte más que tu misma, y con ese amor podrás también amar a los demás.
Los adultos olvidan las cosas sencillas y se vuelven complicados, enredan sus sentimientos y emociones, los adultos tienen miedo, se confunden, sienten dolor, a veces también sufren, y nada de eso tiene que ver contigo, nada es tu culpa. Lo que ellos necesitan, al igual que tu, es amor.
A veces no tendrán tiempo de escucharte, no porque no les importes, sino porque estarán demasiado enredados con su propio tiempo, porque pensarán que tus problemas, por ser chiquita, son también chiquitos. Pero habla fuerte o bajito, como tu quieras, pero habla. Alguien en algún momento habrá de escucharte, háblate a ti misma, dibuja, escribe, encuentra una forma de expresarte, nunca dejes adentro es que lastima o te asusta. Todo lo que te pasa es importante y mereces ser escuchada.
A veces no podrán cuidarte como a ti te gustaría que lo hicieran, porque quizás no sepan bien como cuidar de ellos mismos. A veces te hablaran de miedos y tratarán de hacerte temer a ti también, a veces te pedirán que te cuides a ti misma porque ellos no podrán estar ahí para cuidarte. Nada de eso significa que no te amen, o que no merezcas ser cuidada, es solo que a veces, en ciertos momentos, uno debe cuidarse y en otros, pedir ayuda y dejar que lo ayuden. Nada de malo hay en pedir ayuda, todos la necesitamos, incluso los adultos, solo que ellos han olvidado cómo pedirla.
A veces no sabrán que creces, porque ellos necesitan verte pequeña, porque tu desarrollo puede asustarlos, porque tus problemas podrían volverse más complicados. Pero no te asustes ni te enojes, tu crecimientos es natural, pregunta siempre lo que no sepas, no dejes de aprender, ninguna duda debe causar vergüenza, nadie lo sabe todo, opina, lo que tu sientes o piensas es tan importante como lo de los demás, no te quedes callada por miedo, aquellos que te aman entenderán siempre, aún que se tarden un poco en entender.
A veces te dirán cosas que podrían lastimarte, pero es posible que lo que digan sea producto de sus propias historias e inseguridades, nada tiene que ver contigo aquello que lastima, perdónalos por no saber hablarte, por no entender que aquello que te dicen duele. Eres un ser valioso y mereces que te digan que te quieren, pero aprende a descifrar el lenguaje de los adultos, ellos no hablan como tu, ellos dicen "te quiero" de varias maneras, con pequeños actos, con la ropa limpia, con la comida caliente, con el paseo del domingo, con ese libro que te leyeron, con ayudarte con tu tarea, y quizás seas tu la que pueda ayudarles a recordar a decir "te quiero" no solo con tus actos sino con palabras, porque también importan.
Nada de lo que ahora te lastima es tu culpa, estas aprendiendo, como todos, y como todos deberás equivocarte, perdonarte a ti misma como perdonas a los demás, respetarte como respetas a los otros, todos aquí somos importantes, y todos aquí merecemos amor, y tu pequeña mía, eres amada, yo te amo y tu necesitas amarte cada día porque eres un milagro, tu presencia y tu vida son un milagro, como cada cosa que pasa en el mundo, como cada amanecer, como cada ola que llega a la playa, como la lluvia.
No dejes nunca de ponerte atención, no dejes nunca de conocerte y saber lo que te causa emoción, lo que te desagrada, cultiva todo aquello en lo que eres buena, practica si quieres ser mejor, haz lo que te hace sentir bien, porque a medida que tu te conozcas podrás conocer a otros, a medida que tu te perdones podrás perdonar a otros, a medida que tu confíes en ti podrás confiar en otros, cuando aprendas a pedir ayuda podrás también ayudar, pero sobre todo, ámate, porque nadie aquí puede amarte más que tu misma, y con ese amor podrás también amar a los demás.
De las cartas: Carta al miedo...
¿Cómo te llamo, querido miedo, estimado miedo, amigo miedo, maldito miedo, pinche miedo?
De la forma que sea este es mi mensaje.
No tengo idea de lo que quiero hacer contigo, me has ayudado tanto, fuiste mi fiel compañero durante todos estos años, pero he crecido y siento que tu debes crecer conmigo. Y no hablo de crecer en tamaño, tal vez lo más apropiado sería pedirte que madures conmigo.
Ya no tengo nueve años, ya no me asusta la oscuridad ni las sombras que se mueven a contraluz, ya no me asusta tomar un micrófono frente a la gente, aprendía a cantar en público, a defender lo que creo es correcto, a decir que no, a hacer amigos fieles, a entender que soy un producto en construcción, a maravillarme, a pararme derecha sin importar las circunstancias, a perdonarme, a ser precavida, a asumir las consecuencias de mis actos, a pedir perdón. A muchas cosas que quizás tu no has notado, y siento que tu debes madurar también, dejar de cuidarme como si fuera una niña y a dejarme enfrentar aquello para lo que estoy preparada.
Necesito que aprendas conmigo, que me veas como ahora soy, no como una vez fui, cuando necesité de ti con desesperación porque no sabía a quién más acudir. Ahora necesito que mantengas tu distancia, ahí donde me puedas seguir cuidando pero que también permitas que me caiga, sé que pedirte que confíes en mi va en contra de tu naturaleza, por lo que prefiero pedirte que tengas miedo de no dejarme crecer, de no permitirme conocerme y conocer de lo que soy capaz, ten miedo de cuidarme a tal grado que nada me pase jamás.
De la forma que sea este es mi mensaje.
No tengo idea de lo que quiero hacer contigo, me has ayudado tanto, fuiste mi fiel compañero durante todos estos años, pero he crecido y siento que tu debes crecer conmigo. Y no hablo de crecer en tamaño, tal vez lo más apropiado sería pedirte que madures conmigo.
Ya no tengo nueve años, ya no me asusta la oscuridad ni las sombras que se mueven a contraluz, ya no me asusta tomar un micrófono frente a la gente, aprendía a cantar en público, a defender lo que creo es correcto, a decir que no, a hacer amigos fieles, a entender que soy un producto en construcción, a maravillarme, a pararme derecha sin importar las circunstancias, a perdonarme, a ser precavida, a asumir las consecuencias de mis actos, a pedir perdón. A muchas cosas que quizás tu no has notado, y siento que tu debes madurar también, dejar de cuidarme como si fuera una niña y a dejarme enfrentar aquello para lo que estoy preparada.
Necesito que aprendas conmigo, que me veas como ahora soy, no como una vez fui, cuando necesité de ti con desesperación porque no sabía a quién más acudir. Ahora necesito que mantengas tu distancia, ahí donde me puedas seguir cuidando pero que también permitas que me caiga, sé que pedirte que confíes en mi va en contra de tu naturaleza, por lo que prefiero pedirte que tengas miedo de no dejarme crecer, de no permitirme conocerme y conocer de lo que soy capaz, ten miedo de cuidarme a tal grado que nada me pase jamás.
De lo que pido en mi derrota...
Me desperté, y sin ser novedad, pensé en ti.
Ya no puedo soportarlo, ya no puedo contenerlo, estoy cansada de llevar dentro todo esto que no entiendo cómo apagar.
Pensé que con darme cuenta por qué siento lo que siento por ti sería suficiente, y lo entendí, pero nada cambió.
Un día tu me compartiste algo muy tuyo, de hace años atrás, cuando eras un niño, cuando escribiste una oración para pedirle a Dios que te permitiera ser el mejor en todo lo que hicieras, como te lo decía tu abuelo. Las lágrimas asomaron por mis ojos cuando me compartías eso, y fue por dos razones. La primera te la dije en ese instante, mi padre, un hombre un poco complicado y ausente emocionalmente, siempre me pidió que fuera la mejor en todo lo que hiciera, y me lo repetía gustoso cada vez que yo tenía algún logro, era mi forma de hacerlo sentir orgulloso de mi, de que me viera, de sentir que estaba haciendo lo que él quería y que así iba a amarme. Con los años, eso me trajo más desdichas que alegrías, con el tiempo he tenido que alejarme de él porque eso que cargo, esa responsabilidad, pesa demasiado y me desvía de lo que creo que quiero o de saber qué es lo que quiero.
La segunda razón no te la dije, porque de esas cosas no hablamos tu y yo. La segunda razón es que hace meses, cansada de sentir que por más que lo intentara no podía amar a nadie, pensando que quizás había perdido esa capacidad, de asombrarme, de intimidarme, de quedarme inmóvil contemplando a alguien, de temblar ante el tacto de otro, de enmudecer, de poder escuchar mi corazón palpitar, de soñar despierta, que todo eso ya lo había perdido, que me había cerrado de tal forma que no le permitía a nadie más entrar, y fue entonces, cuando en un momento de desesperación pedí al universo (tal vez tu puedas llamarlo Dios), pedí con todo lo que vibra dentro de mi, con todos mis deseos y mi necesidad de amar, pedí que me permitiera enamorarme, así sin más "universo, quiero enamorarme", y fue entonces, que apareciste tu.
Llegaste en el momento preciso que abría mi corazón, con todas esas palabras y cualidades, con todas esas preguntas de las cuales, en su mayoría, no conozco la respuesta, llegaste con tu porte y tu presencia, con ese carisma, con la profundidad de tu mensaje cubierto y encubierto de solemnidad y diplomacia. Llegaste y hablar contigo fue un descanso, no sentí que el tiempo pasaba, no quería irme sin pronunciar cada palabra que conociera y, aprender de ti otras cuantas.
Convivir contigo minutos, horas, días, cada momento era valioso porque, aún que al principio no sabía qué pasaba, fui descubriendo que todos esos sentimientos que tenía tenían un solo nombre, y que ese nombre era lo que había pedido, te amaba, cada día más, cada momento más profundo, con cada historia, con cada sonrisa. No puedo negar que la poesía hizo gran parte del trabajo, pero no era eso por lo que te amaba y hasta hace poco no había podido comprender por qué.
Apareciste cuando necesitaba enamorarme, pero no de ti, sino de mi misma, me hiciste verme a través de ti, y dicen que para eso sirve el amor, para vernos a través de los ojos del que amamos, y yo veía con tus palabras, lo que había intentado ocultar durante gran parte de mi vida, que soy apasionada, romántica, que veo la vida color de rosa, que me duele todo prufundamente porque profundamente siento todo, que amo la poesía porque define lo que en mi incapacidad producida por el miedo no puedo ver, porque leer lo que otros han sentido le da sentido a lo que vivo, porque a través de cada verso yo siento un poco de lo que me afano en lapidar. Me vi siendo idealista y orgullosa de serlo, defendiendo al amor, a los principios, a la vida misma, y fue a través de ti que entendí que era momento de empezar a conocerme. Me diste la oportunidad con cada plática de acercarme a lo que quería negar, y de ver, muy gentilmente, que era necesario que lo viera, que era un desperdicio no verlo, que tu lo veías y que era posible que otros también lo vieran, me animaste a dejar que fuera visto por otros, lentamente lo puse ahí afuera, en el escaparate donde muestro a los que quiero aquello que me da temor mostrar.
Creí que una vez que entendiera todo eso podría darte las gracias por haber llegado a mi vida y despedirte, pero no fue así. Aquí sigues cada mañana cuando me despierto, aquí sigues tras cada linea que leo y pienso que podría gustarte, tras cada canción que me ilumina y pienso que podrías apreciarla, tras cada idea que quisiera que escucharas y me dieras tu opinión, tras cada momento en el que...
Me imaginé sentada, cuando por fin pudiéramos vernos de nuevo, en ese café, en esa mesa, con esas flores pequeñas, con ese mesero lento para atender, y tu dejando que el teléfono sonara, a veces sin contestar. Me vi en frente tuyo, con el estómago hecho nudo, con la garganta y la boca secas, con mi corazón galopando y con mis ojos a punto de dejar salir el llanto. Ahí sentada frente a ti, me vi diciéndote: "Gracias. No pido más, ya no necesito más, pedirte más sería injusto para ambos y me alejaría de disfrutarte". Lloraría quizá, con una sonrisa a penas esbozada, pero lo que diría sería profundamente verdadero, ya no pido más. Saber que vibras en una frecuencia en la que puedo sentirte, saber que cantas en ese tono perfecto para mi segunda voz, saber que tus palabras son afinadas, como cuando un novato busca desesperadamente esa nota para afinar su guitarra y de pronto la encuentra...
Quise tomarte la mano, a lo que no me atrevo por respeto, ese maldito respeto, besarte, a lo que no me atrevo por miedo, ese maldito miedo, quise abrazarte largo a lo que no me atrevo por cobarde y por mi incapacidad de mostrarme vulnerable.
Ya no sé ni lo que escribo, nada tiene ilación, nada sirve, debería acostumbrarme a tenerte cerca de mis pensamientos, a que me rondes y encontrarte al doblar una esquina o pasar una página, a tenerte en el recuerdo, a ya no poder más con todo esto y rendirme aceptando que uno no elije de quién enamorarse y tampoco cuando dejar de amar. A llenarme de todo lo que me diste y sentir que me elevo escribiendo porque de cierta forma escribo gracias a ti.
Me rindo, ya no puedo más. Amarte será un ejercicio para acercarme a mi misma,
Solo una cuenta pendiente tendría contigo, tocarte. Y con Yann Tiersen sonando al fondo escucho al cello que aviva la melodía y siento que es mi pecho desbocado al escribir esto que escribo. Necesito ser capaz de irrumpir en tu cuerpo, de tenerte cerca y no distraerme recordándole al mío que debe mantener el equilibro, tenerte a mi lado sin medir mentalmente tu distancia de la mía, la cual debe ser prudente, sin estar tan lejos que no pueda sentirte y tampoco tan cerca como para que sientas mi ansiedad de ti. Sin anticipar la despedida a media conversación y negociar conmigo la forma y prolongación del abrazo. No pido cuerpos desnudos, sin atavíos, de nuevo sería pedir demasiado, pido poder servir el té sin cuidar de rozar tu mano, evitando así derramarlo.
Que mis palabras no te alejen nunca, que no sean una barrera, que sirvan para crear puentes indestructibles. Que cuando me leas puedas entender mi mensaje:
Déjame amarte, sin pedirte nada, solo déjame amarte, en la distancia, en tu silencio, con mis palabras y tus ausencias. Permíteme acercarme a mi a través de ti. No me prives nunca de tu presencia ni de la inspiración que ésta conlleva. Se mi numen, mi vena, mi poesía.
Ya no puedo soportarlo, ya no puedo contenerlo, estoy cansada de llevar dentro todo esto que no entiendo cómo apagar.
Pensé que con darme cuenta por qué siento lo que siento por ti sería suficiente, y lo entendí, pero nada cambió.
Un día tu me compartiste algo muy tuyo, de hace años atrás, cuando eras un niño, cuando escribiste una oración para pedirle a Dios que te permitiera ser el mejor en todo lo que hicieras, como te lo decía tu abuelo. Las lágrimas asomaron por mis ojos cuando me compartías eso, y fue por dos razones. La primera te la dije en ese instante, mi padre, un hombre un poco complicado y ausente emocionalmente, siempre me pidió que fuera la mejor en todo lo que hiciera, y me lo repetía gustoso cada vez que yo tenía algún logro, era mi forma de hacerlo sentir orgulloso de mi, de que me viera, de sentir que estaba haciendo lo que él quería y que así iba a amarme. Con los años, eso me trajo más desdichas que alegrías, con el tiempo he tenido que alejarme de él porque eso que cargo, esa responsabilidad, pesa demasiado y me desvía de lo que creo que quiero o de saber qué es lo que quiero.
La segunda razón no te la dije, porque de esas cosas no hablamos tu y yo. La segunda razón es que hace meses, cansada de sentir que por más que lo intentara no podía amar a nadie, pensando que quizás había perdido esa capacidad, de asombrarme, de intimidarme, de quedarme inmóvil contemplando a alguien, de temblar ante el tacto de otro, de enmudecer, de poder escuchar mi corazón palpitar, de soñar despierta, que todo eso ya lo había perdido, que me había cerrado de tal forma que no le permitía a nadie más entrar, y fue entonces, cuando en un momento de desesperación pedí al universo (tal vez tu puedas llamarlo Dios), pedí con todo lo que vibra dentro de mi, con todos mis deseos y mi necesidad de amar, pedí que me permitiera enamorarme, así sin más "universo, quiero enamorarme", y fue entonces, que apareciste tu.
Llegaste en el momento preciso que abría mi corazón, con todas esas palabras y cualidades, con todas esas preguntas de las cuales, en su mayoría, no conozco la respuesta, llegaste con tu porte y tu presencia, con ese carisma, con la profundidad de tu mensaje cubierto y encubierto de solemnidad y diplomacia. Llegaste y hablar contigo fue un descanso, no sentí que el tiempo pasaba, no quería irme sin pronunciar cada palabra que conociera y, aprender de ti otras cuantas.
Convivir contigo minutos, horas, días, cada momento era valioso porque, aún que al principio no sabía qué pasaba, fui descubriendo que todos esos sentimientos que tenía tenían un solo nombre, y que ese nombre era lo que había pedido, te amaba, cada día más, cada momento más profundo, con cada historia, con cada sonrisa. No puedo negar que la poesía hizo gran parte del trabajo, pero no era eso por lo que te amaba y hasta hace poco no había podido comprender por qué.
Apareciste cuando necesitaba enamorarme, pero no de ti, sino de mi misma, me hiciste verme a través de ti, y dicen que para eso sirve el amor, para vernos a través de los ojos del que amamos, y yo veía con tus palabras, lo que había intentado ocultar durante gran parte de mi vida, que soy apasionada, romántica, que veo la vida color de rosa, que me duele todo prufundamente porque profundamente siento todo, que amo la poesía porque define lo que en mi incapacidad producida por el miedo no puedo ver, porque leer lo que otros han sentido le da sentido a lo que vivo, porque a través de cada verso yo siento un poco de lo que me afano en lapidar. Me vi siendo idealista y orgullosa de serlo, defendiendo al amor, a los principios, a la vida misma, y fue a través de ti que entendí que era momento de empezar a conocerme. Me diste la oportunidad con cada plática de acercarme a lo que quería negar, y de ver, muy gentilmente, que era necesario que lo viera, que era un desperdicio no verlo, que tu lo veías y que era posible que otros también lo vieran, me animaste a dejar que fuera visto por otros, lentamente lo puse ahí afuera, en el escaparate donde muestro a los que quiero aquello que me da temor mostrar.
Creí que una vez que entendiera todo eso podría darte las gracias por haber llegado a mi vida y despedirte, pero no fue así. Aquí sigues cada mañana cuando me despierto, aquí sigues tras cada linea que leo y pienso que podría gustarte, tras cada canción que me ilumina y pienso que podrías apreciarla, tras cada idea que quisiera que escucharas y me dieras tu opinión, tras cada momento en el que...
Me imaginé sentada, cuando por fin pudiéramos vernos de nuevo, en ese café, en esa mesa, con esas flores pequeñas, con ese mesero lento para atender, y tu dejando que el teléfono sonara, a veces sin contestar. Me vi en frente tuyo, con el estómago hecho nudo, con la garganta y la boca secas, con mi corazón galopando y con mis ojos a punto de dejar salir el llanto. Ahí sentada frente a ti, me vi diciéndote: "Gracias. No pido más, ya no necesito más, pedirte más sería injusto para ambos y me alejaría de disfrutarte". Lloraría quizá, con una sonrisa a penas esbozada, pero lo que diría sería profundamente verdadero, ya no pido más. Saber que vibras en una frecuencia en la que puedo sentirte, saber que cantas en ese tono perfecto para mi segunda voz, saber que tus palabras son afinadas, como cuando un novato busca desesperadamente esa nota para afinar su guitarra y de pronto la encuentra...
Quise tomarte la mano, a lo que no me atrevo por respeto, ese maldito respeto, besarte, a lo que no me atrevo por miedo, ese maldito miedo, quise abrazarte largo a lo que no me atrevo por cobarde y por mi incapacidad de mostrarme vulnerable.
Ya no sé ni lo que escribo, nada tiene ilación, nada sirve, debería acostumbrarme a tenerte cerca de mis pensamientos, a que me rondes y encontrarte al doblar una esquina o pasar una página, a tenerte en el recuerdo, a ya no poder más con todo esto y rendirme aceptando que uno no elije de quién enamorarse y tampoco cuando dejar de amar. A llenarme de todo lo que me diste y sentir que me elevo escribiendo porque de cierta forma escribo gracias a ti.
Me rindo, ya no puedo más. Amarte será un ejercicio para acercarme a mi misma,
Solo una cuenta pendiente tendría contigo, tocarte. Y con Yann Tiersen sonando al fondo escucho al cello que aviva la melodía y siento que es mi pecho desbocado al escribir esto que escribo. Necesito ser capaz de irrumpir en tu cuerpo, de tenerte cerca y no distraerme recordándole al mío que debe mantener el equilibro, tenerte a mi lado sin medir mentalmente tu distancia de la mía, la cual debe ser prudente, sin estar tan lejos que no pueda sentirte y tampoco tan cerca como para que sientas mi ansiedad de ti. Sin anticipar la despedida a media conversación y negociar conmigo la forma y prolongación del abrazo. No pido cuerpos desnudos, sin atavíos, de nuevo sería pedir demasiado, pido poder servir el té sin cuidar de rozar tu mano, evitando así derramarlo.
Que mis palabras no te alejen nunca, que no sean una barrera, que sirvan para crear puentes indestructibles. Que cuando me leas puedas entender mi mensaje:
Déjame amarte, sin pedirte nada, solo déjame amarte, en la distancia, en tu silencio, con mis palabras y tus ausencias. Permíteme acercarme a mi a través de ti. No me prives nunca de tu presencia ni de la inspiración que ésta conlleva. Se mi numen, mi vena, mi poesía.
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