Vamos a jugar un juego, te invito.
Juguemos a que tu actúas como si yo te importara y yo, yo haré como que creo que te importo de verdad. Me he dado cuenta que ambos necesitamos, de momento, un par de mentiras para aligerar nuestras vidas. Cada vez que me llames yo haré como que no sé para qué me buscas y creeré realmente que quieres invitarme al cine o por un café.
Yo por mi parte, prometo titubear cada vez que dentro de las opciones me ofrezcas discretamente compartir unas horas en la intimidad. Tus mensajes de buenos días, prometo tomarlos como un deseo sincero de que mi día vaya bien, y yo responderé con la misma cortesía. Mis mensajes contándote mis penas, serán un intento de extender la intimidad que compartimos dentro de una habitación.
Prometo también, fingir aflicción por no poder sentarnos a tomar un desayuno o compartir un momento con los seres queridos. Nada importa, mientras pretendamos que estamos ahí el uno para el otro.
Pero no te sientas obligado, no exageres, te aprecio, en el fondo sé que eres una buena persona, pero no busco en ti nada más que lo que tu buscas en mí, compañía, un buen rato, descansar de las pretensiones, de aparentar frente a otros, de buscar agradar, de la conquista.
Te elegí a ti porque buscamos lo mismo, porque ambos padecemos por otros brazos, anhelamos otros besos, sufrimos las desilusiones de las fantasías que hacemos con otros, porque tanto como tu y como yo deseamos el amor que alguien más no puede darnos.
Agradezco sinceramente que sigas ahí, haciendo un esfuerzo por no hacerme sentir como un objeto, yo me recuerdo diariamente de preguntarte cómo te fue con ese problema que tenías, agradezco que tomes mi mano y que a veces no preguntes qué me pasa, porque sabes que eso que me pasa, tiene que ver con esa persona por la que sin pensarlo, te cambiaría.
viernes, 11 de diciembre de 2015
lunes, 7 de diciembre de 2015
De ser alguien más...
Si fuera otra persona me llamaría José como mi abuelo y andaría
a caballo, tomaría bacanora en una
fogata, trabajaría la tierra, tendría muchos hijos y los enseñaría a tocar la
guitarra para cantar por las noches, tendría ganado y viviría de él,
envejecería visitando a mis seres queridos, desafiaría a los ladrones
a que jalaran el gatillo de su pistola y me mataran ahí mismo, nada de
amenazas.
Si fuera otra persona me llamaría María como mi abuela,
trabajaría toda mi vida, para mi esposo, para mis hijos, para mí misma, tendría
siempre espíritu aventurero, incluso cuando no pudiera caminar sin mi bastón,
pondría una caseta en medio del pueblo para dar de comer a la gente y tener
siempre alguien con quien platicar y poder sentar a mis nietos en mis piernas y
cantarles “el espíritu de Dios se mueve, se mueve, dentro de mi corazón”.
De las expectativas a futuro...
No he podido hacer mis propósitos para año nuevo, pero sí logré enlistar lo que quiero de mí y de aquellos que quiero...
Qué quiero de mí:
1.- Ver el alba o el ocaso de mi cumpleaños en un lugar lindo.
2.- Visitar a mi familia.
3.- Pasar tiempo con mis amigos.
4.- Ir a conciertos.
5.- Ver un monólogo.
6.- Recorrer una galería.
7.- Hacer una figura de papel.
8.- Regresar a trotar, diariamente.
9.- Leer poesía.
10.- Escribir cada día, aún que sea la fecha y la hora.
11.- Conocer alguna maravilla de la naturaleza.
Qué quiero de los demás:
1.- Abrazos cálidos.
2.- Risas descontroladas.
3.- Buena bebida y comida.
4.- Caminatas.
5.- Una aventura.
6.- Romper una regla.
7.- Viajar por carretera.
8.- Ver las estrellas.
Qué quiero de mí:
1.- Ver el alba o el ocaso de mi cumpleaños en un lugar lindo.
2.- Visitar a mi familia.
3.- Pasar tiempo con mis amigos.
4.- Ir a conciertos.
5.- Ver un monólogo.
6.- Recorrer una galería.
7.- Hacer una figura de papel.
8.- Regresar a trotar, diariamente.
9.- Leer poesía.
10.- Escribir cada día, aún que sea la fecha y la hora.
11.- Conocer alguna maravilla de la naturaleza.
Qué quiero de los demás:
1.- Abrazos cálidos.
2.- Risas descontroladas.
3.- Buena bebida y comida.
4.- Caminatas.
5.- Una aventura.
6.- Romper una regla.
7.- Viajar por carretera.
8.- Ver las estrellas.
domingo, 6 de diciembre de 2015
De la piel...
Me molesta la piel, me mortifica
esta ajada, marchita,
la doblo y parece quebrarse,
dejé de caber hace tiempo
y aquí sigo dentro, acomodada.
Con cuanto esfuerzo trato de moverme, me asfixia,
me oprime el pecho, me cansa, me tiene jorobada,
quisiera quitármela e ir más desnuda que mi desnudez
intento romperla y me lastimo, rompo todo por dentro
nada nuevo entra jamás, nada muda, nada cambia.
Intento sacarme a pedazos,
primero lo ojos, necesito verme,
después los brazos y mis manos,
mi pecho y la espalda
no logro sentir un abrazo,
Necesito palpar debajo de todo esto mi corazón latiendo,
darle espacio a mis ideas, dejarlas que crezcan,
aflojar las piernas, mover mis pies, plantarme firme,
y lloro y me retuerzo y me pregunto de qué está hecha
por qué no estira, porque se raja, por qué lastima.
esta ajada, marchita,
la doblo y parece quebrarse,
dejé de caber hace tiempo
y aquí sigo dentro, acomodada.
Con cuanto esfuerzo trato de moverme, me asfixia,
me oprime el pecho, me cansa, me tiene jorobada,
quisiera quitármela e ir más desnuda que mi desnudez
intento romperla y me lastimo, rompo todo por dentro
nada nuevo entra jamás, nada muda, nada cambia.
Intento sacarme a pedazos,
primero lo ojos, necesito verme,
después los brazos y mis manos,
mi pecho y la espalda
no logro sentir un abrazo,
Necesito palpar debajo de todo esto mi corazón latiendo,
darle espacio a mis ideas, dejarlas que crezcan,
aflojar las piernas, mover mis pies, plantarme firme,
y lloro y me retuerzo y me pregunto de qué está hecha
por qué no estira, porque se raja, por qué lastima.
jueves, 3 de diciembre de 2015
Del compartirse en el silencio...
Fuimos más que cuerpos, fuimos una conjunción de silencios.
Tu a mi lado o yo al tuyo, no importa, era cosa más bien de compañía.
Me desnudaste o te desnudé, sabiendo de antemano nuestras expectativas desnudábamos la piel, tu con más equipaje de lo necesario y yo intentando encontrar en ti lo que había abandonado.
"No te enamores de mí" dijiste, y yo pensando que todo ese amor que buscabas pidiéndolo a la inversa no podía dártelo, porque yo buscaba el amor en otro lado.
Y tratando de poner cada quien las sombras de su lado recurrimos al silencio. Al principio preguntabas más por educación que por verdadero interés en qué pensaba, y yo pensando que deseaba no me preguntaras nada. No estábamos para contarnos nuestras vida, ambos sabíamos los pasos y pesares que llevábamos cargando, estábamos para sentirnos, tocarnos, besarnos, mordernos, estábamos, tu recorriendo mis formas y yo deseando que las embonaras con las tuyas, empalmando frentes y costados, mientras jugaba a correr de ti ahí a tu lado para que me alcanzaras, mientras tu sudor recorría mi cuerpo y yo trataba de beberme la vida con tu aliento.
Estábamos para demostrarnos cada quien un punto, embotados, para no herirnos con nuestras historias, y fue entonces qué te pregunté como parte de un reflejo por qué habías tardado veinticuatro horas en aceptarme, y fue entonces que tu respondiste que a pesar de ser un cabrón tenías sentimientos. Y quién no los tiene, pensé, agradeciendo que me dijeras algo que parecía asemejarse a la verdad pero evitando caer en el viejo hábito de preocuparme por el otro más que por mi misma.
Volvimos a caer en un silencio, esta vez más profundo y significativo, volviste a llevarme al límite del placer y del cansancio, saturando mi cuerpo de estímulos, obligándome a pedirte que te detuvieras, a reconocer que mi cuerpo tenía el límite del desuso, del abandono, de ese olvido al que lo había llevado por mera autopreservación.
Quería morderte, clavarte las uñas, amalgamarnos, encontrar tu ritmo y seguirlo, quería pedirte perdón por buscar tu cuerpo y agradecerte por cada atención brindada. Quería acariciar tu piel hasta que sintieras como se sanaba la mía.
Y así estuvimos, entreverando silencios, pasiones, historias, cuerpos, miradas, de una forma tan precisa y tan exacta que al final olvidé preguntarte cómo estabas.
Ahora, no solo agradezco tu experiencia y tus destrezas en placeres y lisonjas, agradezco todo aquello que no me dijiste y aquello por lo que no preguntaste, agradezco tus años, y que seas un cabrón que sabe compartir y compartirse con el cuerpo y que sabe también quedarse callado.
martes, 1 de diciembre de 2015
Del ser fuerte...
Estuvo en el escaparate toda la vida, siempre en exhibición...
"Yo no quiero ser fuerte" pensé.
No quiero tener que aguantarme el llanto, ni tener que aparentar que las cosas no duelen, que puedo cargar mi mundo y el de los otros, que no necesito ayuda, que no lloro por las noches porque me siento perdida, que las personas no me lastiman, que a veces no entiendo ni un carajo qué es lo que pasa, que las ausencias o los silencios no me lastiman, que las enfermedades no me dan miedo, que a veces sólo necesito un abrazo.
Ser fuerte, a como entiendo que entiende la gente, tiene un precio muy alto.
Yo no quiero llegar al punto en el que no se me permita ser vulnerable sólo para probar un punto, ese punto estúpido de que puedo hacerlo sola, de que soy autosuficiente, de que las heridas no son tan profundas de mi lado. No quiero llegar a ese momento donde la gente no perciba, porque yo no los dejo, mi necesidad de afecto, de compañía, de palabras de aliento.
Claro que puedo sola, claro que soy suficiente, claro que puedo superar cualquier cosa, pero también está claro que soy una persona, una persona que ya no quiere ser fuerte.
"Yo no quiero ser fuerte" pensé.
No quiero tener que aguantarme el llanto, ni tener que aparentar que las cosas no duelen, que puedo cargar mi mundo y el de los otros, que no necesito ayuda, que no lloro por las noches porque me siento perdida, que las personas no me lastiman, que a veces no entiendo ni un carajo qué es lo que pasa, que las ausencias o los silencios no me lastiman, que las enfermedades no me dan miedo, que a veces sólo necesito un abrazo.
Ser fuerte, a como entiendo que entiende la gente, tiene un precio muy alto.
Yo no quiero llegar al punto en el que no se me permita ser vulnerable sólo para probar un punto, ese punto estúpido de que puedo hacerlo sola, de que soy autosuficiente, de que las heridas no son tan profundas de mi lado. No quiero llegar a ese momento donde la gente no perciba, porque yo no los dejo, mi necesidad de afecto, de compañía, de palabras de aliento.
Claro que puedo sola, claro que soy suficiente, claro que puedo superar cualquier cosa, pero también está claro que soy una persona, una persona que ya no quiere ser fuerte.
De las llaves de mi vida...
- ¿Con qué llave abrirías mi puerta?
- Con la del equilibrio. Y tu ¿con cuál abrirías la mía?
- Libertad.
Hace casi quince años me regalaron una llave pequeña que venía con explicación:
- No sabía qué regalarte. Eres muy complicada. Mi madre me dijo que te comprara flores y yo sabía que no te gustarían si no eran margaritas. Mi padre me dijo que te comprara un muñeco de peluche y yo pensaba que tu querías un caballo. Pensé en regalarte una cadena pero mi madre insistía que fuera de oro y yo sabía que no te gustaba el oro, así que sin saber qué hacer vi esta llave. Es de oro. Te la compré con una cadena de plata. Sabía que no querrías llevar un corazón, así que el corazón es mío y decido darte la llave.
A la fecha la uso, no creo habérmela quitado muchas veces y cuando me preguntan qué abre yo sólo sonrío. Un día un viejo amigo me dijo:
- No sólo marcó tu vida, hasta te puso llave.
Me gustan las llaves y su simbolismo. Me gusta que me dieran la llave de ese corazón que sigue a mi lado como mi mejor amigo. Me gusta que aquel que hizo campaña para que me quitara la llave ya no esté en mi vida. Me gusta que si me dieran una nueva tendría escrita la palabra equilibrio.
Me gusta recordar cosas que no tienen mucho sentido.
- Con la del equilibrio. Y tu ¿con cuál abrirías la mía?
- Libertad.
Hace casi quince años me regalaron una llave pequeña que venía con explicación:
- No sabía qué regalarte. Eres muy complicada. Mi madre me dijo que te comprara flores y yo sabía que no te gustarían si no eran margaritas. Mi padre me dijo que te comprara un muñeco de peluche y yo pensaba que tu querías un caballo. Pensé en regalarte una cadena pero mi madre insistía que fuera de oro y yo sabía que no te gustaba el oro, así que sin saber qué hacer vi esta llave. Es de oro. Te la compré con una cadena de plata. Sabía que no querrías llevar un corazón, así que el corazón es mío y decido darte la llave.
A la fecha la uso, no creo habérmela quitado muchas veces y cuando me preguntan qué abre yo sólo sonrío. Un día un viejo amigo me dijo:
- No sólo marcó tu vida, hasta te puso llave.
Me gustan las llaves y su simbolismo. Me gusta que me dieran la llave de ese corazón que sigue a mi lado como mi mejor amigo. Me gusta que aquel que hizo campaña para que me quitara la llave ya no esté en mi vida. Me gusta que si me dieran una nueva tendría escrita la palabra equilibrio.
Me gusta recordar cosas que no tienen mucho sentido.
De ti, tan permanente...
Quizás debería comenzar a aceptar que eres lo más lindo que hay un martes por la mañana.
Que desde que te conozco no has dejado de sorprenderme con tu forma tan extraña de ver el mundo, con las preguntas que haces, con tus opiniones, con tu fe ciega en cada proyecto que emprendes.
Que tienes años llenando mi vida con poesía, con detalles, con nuevas formas de recordar los recuerdos.
Eres diez o doce o treinta y dos personas en una sola, te imagino cada mañana con una nueva ilusión o un nuevo proyecto.
Nunca te lo he dicho, porque soy demasiado orgullosa para decirlo, pero formas parte de mi vida, tan adentro, que no hay palabra que no lleve algo de ti cuando la pienso.
Eres, de todo y de todos, lo que más he visto crecer y cambiar, hasta las estaciones se repiten pero tu nunca.
Quizás debería decirte que hasta hoy eres el único cambio que ha sido en mí, permanente.
Que desde que te conozco no has dejado de sorprenderme con tu forma tan extraña de ver el mundo, con las preguntas que haces, con tus opiniones, con tu fe ciega en cada proyecto que emprendes.
Que tienes años llenando mi vida con poesía, con detalles, con nuevas formas de recordar los recuerdos.
Eres diez o doce o treinta y dos personas en una sola, te imagino cada mañana con una nueva ilusión o un nuevo proyecto.
Nunca te lo he dicho, porque soy demasiado orgullosa para decirlo, pero formas parte de mi vida, tan adentro, que no hay palabra que no lleve algo de ti cuando la pienso.
Eres, de todo y de todos, lo que más he visto crecer y cambiar, hasta las estaciones se repiten pero tu nunca.
Quizás debería decirte que hasta hoy eres el único cambio que ha sido en mí, permanente.
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