Se puede ser feliz sin creer en Dios.
El amor no duele.
Una persona feliz no puede desear lastimar a otros.
Tres ideas que pintan mi mundo de rosa.
Como cuando dejé de forzarme a creer y a sentir algo en lo que no creía ni sentía y comencé a creer y a sentir lo que me nacía, esa plenitud de compartir con los seres amados, la dicha de cielo pintado de rojo, la frescura de la lluvia, la paz de ayudar al otro, la satisfacción de ser íntegro aún cuando nadie vea, las olas del mar, no se necesita un Dios para sentir que la vida es un milagro.
Como cuando dejé de querer que el amor fuera como yo necesitaba y me dediqué a amar, a tomar lo que viniera como llegara y a soltar lo que necesitaba marcharse, sin doble moral.
Cuando experimenté en carne propia que el hacerle daño al otro, si bien genera placer, no da felicidad. Porque el placer es momentáneo y la felicidad es perenne. Que las personas felices generan, construyen, no destruyen. Que cuando soy feliz deseo que los demás sean felices. Que la felicidad es producto del amor y que el amor no duele.
Que tal vez Dios no sea nada más que amor y que el amor no sea nada más que el comulgar con todo en busca de bienestar.
jueves, 29 de octubre de 2015
De lo que habría que hacer contigo...
Habría que hacerte una escultura, hacer uso de las bellas artes y moldear tu barro, tallar tu piedra a punta de cincel, fundir tus metales y mezclarlo todo hasta que no se sepa dónde empieza uno y termina el otro.
Habría que adornar habitaciones contigo, exhibirte en un pedestal a la vista de todos aquellos ávidos de inspiración y de milagros.
Habría que convertir tu mirada en un faro y que tu luz alumbrara a los navíos errantes.
Habría que tomar tu voz y embotellarla para aquellos que se han quedado sin palabras, para entreverarla con los mejores sonidos de la naturaleza y crear así una meliflua conjunción sinfónica de comunión universal.
Habría que convertir tus palabras en dulces melindrosos que brindaran la sabiduría de lo que no puede ser comprado más que con tiempo, la experiencia.
Habría que documentar tus movimientos y crear con ellos un nuevo sistema de educación física basado en la sobriedad y la templanza.
Habría que observarte todo el día y cada noche, para no perder detalle de esta enfermedad que padeces, de ese hábito tan tuyo que habrá de llevarte a la tumba, de esa tu manera de vivir la vida.
Habría que adornar habitaciones contigo, exhibirte en un pedestal a la vista de todos aquellos ávidos de inspiración y de milagros.
Habría que convertir tu mirada en un faro y que tu luz alumbrara a los navíos errantes.
Habría que tomar tu voz y embotellarla para aquellos que se han quedado sin palabras, para entreverarla con los mejores sonidos de la naturaleza y crear así una meliflua conjunción sinfónica de comunión universal.
Habría que convertir tus palabras en dulces melindrosos que brindaran la sabiduría de lo que no puede ser comprado más que con tiempo, la experiencia.
Habría que documentar tus movimientos y crear con ellos un nuevo sistema de educación física basado en la sobriedad y la templanza.
Habría que observarte todo el día y cada noche, para no perder detalle de esta enfermedad que padeces, de ese hábito tan tuyo que habrá de llevarte a la tumba, de esa tu manera de vivir la vida.
De la normalidad...
"Pues que soy mala", pensó. Y era verdad.
Había pasado todos los años de toda su vida sintiéndose diferente del resto del mundo, comparada con aquellos que ella sentía era "buenos" o "ideales", pero esa noche se dio cuenta que era solo cuestión de tiempo y oportunidad para que su verdadera naturaleza asomara la mirada.
No es justificable, pero ese día había sido una hecatombe de ilusiones y esperanzas, un efecto dominó de injusticias y una gran nada de bondad por todos lados.
Cada hora transcurrida iba cargada de actos sin sentido, y ella se sintió golpear hasta lo más profundo de su moral y su ética. Se sintió como en aquella cámara que había leído en uno de esos libros donde se buscaba la modificación de la conducta por medio de la aplicación de reforzadores y castigos; cada vez que se atreviera a sentir esperanza sería azotada, cada vez que sus pensamientos albergaran bondad sería sometida a toda clase de vejaciones, cada vez que sintiera compasión por otros el dolor físico y la tortura mental llegarían para apagar los conatos de piedad que aún existieran.
De pronto tuvo la oportunidad en sus manos, y sosteniendo un diálogo interno de venganza disfrazada de justicia y envalentonada por la ira buscó que cualquiera pagara por los males sufridos.
Tomó el arma, meditó por un momento para justificar sus actos y decidió hundir una y otra vez la navaja con la que dibujó seis líneas que se pintaron con la sangre de un, hasta cierto punto, inocente.
Había liberado la mayor de las pulsiones, el deseo de someter al otro, de sentirse Dios por un momento, había jugando un volado entre la vida y la muerte, vivido la fantasía de poder, había cruzado la linea hacia el otro lado, ese del que jamás se regresa sin haberse manchado.
Y fue justo cuando terminó de dibujar la sexta linea que sintió como si su alma abandonara su cuerpo, se vio a sí misma y sintió asco, como cuando Eva descubrió su desnudez y sintió vergüenza, vergüenza de su cuerpo, vergüenza de su humanidad, vergüenza de su existencia. Pero ella no podía correr a cubrir su pecado, el cuerpo del delito estaba ahí, frente a todos, expuesto como pintura en exhibición.
Se sintió perdida, se sintió animal, se había descubierto humana y eso la colocó de golpe en el nivel más común y más corriente de todos, la normalidad.
Había pasado todos los años de toda su vida sintiéndose diferente del resto del mundo, comparada con aquellos que ella sentía era "buenos" o "ideales", pero esa noche se dio cuenta que era solo cuestión de tiempo y oportunidad para que su verdadera naturaleza asomara la mirada.
No es justificable, pero ese día había sido una hecatombe de ilusiones y esperanzas, un efecto dominó de injusticias y una gran nada de bondad por todos lados.
Cada hora transcurrida iba cargada de actos sin sentido, y ella se sintió golpear hasta lo más profundo de su moral y su ética. Se sintió como en aquella cámara que había leído en uno de esos libros donde se buscaba la modificación de la conducta por medio de la aplicación de reforzadores y castigos; cada vez que se atreviera a sentir esperanza sería azotada, cada vez que sus pensamientos albergaran bondad sería sometida a toda clase de vejaciones, cada vez que sintiera compasión por otros el dolor físico y la tortura mental llegarían para apagar los conatos de piedad que aún existieran.
De pronto tuvo la oportunidad en sus manos, y sosteniendo un diálogo interno de venganza disfrazada de justicia y envalentonada por la ira buscó que cualquiera pagara por los males sufridos.
Tomó el arma, meditó por un momento para justificar sus actos y decidió hundir una y otra vez la navaja con la que dibujó seis líneas que se pintaron con la sangre de un, hasta cierto punto, inocente.
Había liberado la mayor de las pulsiones, el deseo de someter al otro, de sentirse Dios por un momento, había jugando un volado entre la vida y la muerte, vivido la fantasía de poder, había cruzado la linea hacia el otro lado, ese del que jamás se regresa sin haberse manchado.
Y fue justo cuando terminó de dibujar la sexta linea que sintió como si su alma abandonara su cuerpo, se vio a sí misma y sintió asco, como cuando Eva descubrió su desnudez y sintió vergüenza, vergüenza de su cuerpo, vergüenza de su humanidad, vergüenza de su existencia. Pero ella no podía correr a cubrir su pecado, el cuerpo del delito estaba ahí, frente a todos, expuesto como pintura en exhibición.
Se sintió perdida, se sintió animal, se había descubierto humana y eso la colocó de golpe en el nivel más común y más corriente de todos, la normalidad.
viernes, 23 de octubre de 2015
De las bonitas y de mi...
No me digas bonita.
Habiendo tantos adjetivos en el mundo, tantas palabras para describir algo o alguien, tantas formas, incluidas las miradas, el tacto y el silencio, habiendo tantos gustos y placeres, siendo tanto de tantas cosas, habiendo hablado sobre los mejores poetas, sobre los grandes autores, habiendo recorrido la historia a través de la música, saboreado cada bocado de cosas nuevas.
No mal gastes las palabras, algunas se sienten vacías, me colocan a mí entre tantas otras que son bonitas, bonitas solamente, cuyo único regalo es su belleza, aquellas que se definen con su fachada, aquellas que sonríen y se sonrojan ante los halagos de su apariencia, aquellas que hoy están y mañana quien sabe.
No me digas bonita, porque suena a compromiso, a algo automático, improvisado, a algo que se dice porque no se tiene nada más que decir, lo mismo da decírselo a tus camisas que a cualquiera.
Bonita no describe, no delinea, no figura, no profundiza, bonita es el análogo de bien, lo que se responde cuando no se quiere pensar ni tocar lo verdadero, lo oculto, lo real, bonita es un halago común y corriente, vano, plano, es lo que le dices a alguien intrascendental y ajeno, aquello que demuestra desgano o desenfado.
No me digas bonita, no me dirijas palabras, háblame con tu silencio, con tus miradas, no intentes seducirme con lo trivial, no me conquistes con lo pueril, no quieras envolverme con tus lisonjas fútiles, no me lleves al nivel insustancial, no me trates como a cualquiera.
Pero si pese a todo no puedes evitarlo, entonces, no me digas nada.
Habiendo tantos adjetivos en el mundo, tantas palabras para describir algo o alguien, tantas formas, incluidas las miradas, el tacto y el silencio, habiendo tantos gustos y placeres, siendo tanto de tantas cosas, habiendo hablado sobre los mejores poetas, sobre los grandes autores, habiendo recorrido la historia a través de la música, saboreado cada bocado de cosas nuevas.
No mal gastes las palabras, algunas se sienten vacías, me colocan a mí entre tantas otras que son bonitas, bonitas solamente, cuyo único regalo es su belleza, aquellas que se definen con su fachada, aquellas que sonríen y se sonrojan ante los halagos de su apariencia, aquellas que hoy están y mañana quien sabe.
No me digas bonita, porque suena a compromiso, a algo automático, improvisado, a algo que se dice porque no se tiene nada más que decir, lo mismo da decírselo a tus camisas que a cualquiera.
Bonita no describe, no delinea, no figura, no profundiza, bonita es el análogo de bien, lo que se responde cuando no se quiere pensar ni tocar lo verdadero, lo oculto, lo real, bonita es un halago común y corriente, vano, plano, es lo que le dices a alguien intrascendental y ajeno, aquello que demuestra desgano o desenfado.
No me digas bonita, no me dirijas palabras, háblame con tu silencio, con tus miradas, no intentes seducirme con lo trivial, no me conquistes con lo pueril, no quieras envolverme con tus lisonjas fútiles, no me lleves al nivel insustancial, no me trates como a cualquiera.
Pero si pese a todo no puedes evitarlo, entonces, no me digas nada.
De los días de mi vida...
Lunes. Hablemos de cosas inocentes, de las primeras miradas que sonrojan, del tocarte la mano y sentir que estas sudando, de los roces accidentales, del sentarme junto ti, del caminar juntos, de tu voz trémula, del llanto, del primer beso de ambos, de tu sonrisa tierna, de las despedidas dolorosas, de mi alejándome de ti.
Martes. Hablemos de los nervios al acercarme, de la idolatría que te profesaba, de tus ojos verdes o azules, del primer beso incómodo, de los abrazos prolongados, de los conatos de pasión, de mis inseguridades, del miedo de perderte, de tu distancia e indiferencia, de las despedidas dolorosas, de ti alejándote de mi.
Miércoles. Hablemos de tu galanura, de tu sonrisa cautivadora, de la forma de hacerme reír a carcajadas, de tus besos vehementes, de tu tacto huracanado, de las primeras veces, del bailar y perderme entre tus pasos, de tu inmadurez y la mía, de tu traición, de mi descaro, de las despedidas precipitadas, de nosotros alejándonos.
Jueves. Hablemos de tu delicadeza para acercarte, de la ternura en todos tus actos y palabras, de tu determinación, de tus flores de papel, de nuestras aventuras, de la poesía, de la distancia, de las estrellas, de tus ausencias y mi confusión, del tocarnos entre las sombras, de mi traición y desencanto, de las despedidas desalmadas, de mi corriendo hacia otro lado.
Viernes. Hablemos del golpe, de la ilusión, del sentirme en el edén, de los planes a futuro, de la dicha, de las risas interminables, de los silencios acogedores, de la música, de tu primera vez, de tu calmoso desvanecimiento, de las explicaciones innecesarias, de tu frialdad, de la falta de intimidad, de las despedidas desgarradoras, de mi alejada de mi.
Sábado. Hablemos de las causalidades, de nuestro converger, del dejarme quererte, del descanso en tu compañía, de la ilusión que despiertas, de la inspiración que despabilas, del reconciliarme con el pasado. del perdonarme y perdonar, del volver a sonreír como estúpida, del contemplarte, del saberte ajeno, de las futuras despedidas, de mi acercándome a mi a través de ti.
Domingo. Espero tu llegada.
Martes. Hablemos de los nervios al acercarme, de la idolatría que te profesaba, de tus ojos verdes o azules, del primer beso incómodo, de los abrazos prolongados, de los conatos de pasión, de mis inseguridades, del miedo de perderte, de tu distancia e indiferencia, de las despedidas dolorosas, de ti alejándote de mi.
Miércoles. Hablemos de tu galanura, de tu sonrisa cautivadora, de la forma de hacerme reír a carcajadas, de tus besos vehementes, de tu tacto huracanado, de las primeras veces, del bailar y perderme entre tus pasos, de tu inmadurez y la mía, de tu traición, de mi descaro, de las despedidas precipitadas, de nosotros alejándonos.
Jueves. Hablemos de tu delicadeza para acercarte, de la ternura en todos tus actos y palabras, de tu determinación, de tus flores de papel, de nuestras aventuras, de la poesía, de la distancia, de las estrellas, de tus ausencias y mi confusión, del tocarnos entre las sombras, de mi traición y desencanto, de las despedidas desalmadas, de mi corriendo hacia otro lado.
Viernes. Hablemos del golpe, de la ilusión, del sentirme en el edén, de los planes a futuro, de la dicha, de las risas interminables, de los silencios acogedores, de la música, de tu primera vez, de tu calmoso desvanecimiento, de las explicaciones innecesarias, de tu frialdad, de la falta de intimidad, de las despedidas desgarradoras, de mi alejada de mi.
Sábado. Hablemos de las causalidades, de nuestro converger, del dejarme quererte, del descanso en tu compañía, de la ilusión que despiertas, de la inspiración que despabilas, del reconciliarme con el pasado. del perdonarme y perdonar, del volver a sonreír como estúpida, del contemplarte, del saberte ajeno, de las futuras despedidas, de mi acercándome a mi a través de ti.
Domingo. Espero tu llegada.
viernes, 16 de octubre de 2015
De las conjugaciones...
Conjugar verbos es un arte, hay tantas posibilidades, pero me doy cuenta que no suelo conjugar en futuro o antefuturo, cuando escribo lo hago como sigue:
Escribir, como infinitivo, me resulta sencillo porque escribo, en presente, aún que a veces me sorprendo escribiendo, en gerundio, sobre mí o sobre los otros en otros tiempo, pero debo confesar que he escrito, en participio, más sobre lo propio que sobre lo ajeno.
Cuando escribía, en copretérito, lo hacía como dando una opinión siempre muy racional y pocas veces emocional, escribí, en pasado, sobre lo que pensaba y trataba de convencerme de que algún día escribiría, en pospretérito, más con el corazón que con la cabeza, y habría escrito, en antepospretérito, siempre de esa forma, de no ser porque la vida me puso de cabeza y me demostró que el pensamiento engaña, pero que el sentir jamás.
Desconozco cómo escribiré, en el futuro, sinceramente no me importa, aquí el chiste es seguir escrito, escribir, escribiendo.
Escribir, como infinitivo, me resulta sencillo porque escribo, en presente, aún que a veces me sorprendo escribiendo, en gerundio, sobre mí o sobre los otros en otros tiempo, pero debo confesar que he escrito, en participio, más sobre lo propio que sobre lo ajeno.
Cuando escribía, en copretérito, lo hacía como dando una opinión siempre muy racional y pocas veces emocional, escribí, en pasado, sobre lo que pensaba y trataba de convencerme de que algún día escribiría, en pospretérito, más con el corazón que con la cabeza, y habría escrito, en antepospretérito, siempre de esa forma, de no ser porque la vida me puso de cabeza y me demostró que el pensamiento engaña, pero que el sentir jamás.
Desconozco cómo escribiré, en el futuro, sinceramente no me importa, aquí el chiste es seguir escrito, escribir, escribiendo.
Del origen del presente...
Recuerdo muy bien la primera vez que escuché algo de un tal Mario Benedetti, quesque un escritor muy famoso de cuentos, ensayos y poesía. Estaba yo con la mirada perdida bebiéndome mis lágrimas mientras él comenzó a leer algo de un libro blanco de pasta blanda:
El sexo de los ángeles
Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.
Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas.
Así, cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.
Y si Ángel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Ángela, para atizarlo, responde: "Surco". El dice: "Alud" y ella, tiernamente: "Abismo".
Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.
Ángel dice: "Madero". Y Ángela: "Caverna".
Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un Ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.
Él dice: "Manantial". Y ella: "Cuenca".
Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.
Ángel dice: "Estoque", y Ángela, radiante: "Herida". El dice: "Tañido", y ella: "Rebato".
Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
FIN
Mario Benedetti
Quizá no sepa como describir lo que sentí cuando escuchaba aquello, pero fue como si mi cuerpo temblara por dentro y de un momento a otro todo ese temblor subiera a mi cabeza, estremeciera mis pensamientos y culminara en una explosión que me abrió para siempre las ideas.
Fue entender eso que había sabido desde muy pequeña, que las palabras tocan de forma distinta, que llegan más profundo y que cambian aquello que han tocado para siempre.
Después de ese cuento comprendí que quería aprender a tocar sin tacto, usar la palabra precisa, comprender el significado de cada cosa, buscar la forma de describir el mundo de manera que hasta un ciego pudiera imaginarlo. Mientras más leía más cosas sentía, mientras más sentía más quería leer, comprendí que leer no era sólo para aprender y que escribir no era solo para fines académicos.
Leía para sentir, escribía para sentir, sentía para tener algo qué escribir. Comencé a ver la vida como páginas, como historias, como capítulos de un libro, veía a los extraños e imaginaba cómo serían sus vidas, escuchaba a la gente y de inmediato recordaba un fragmento, un verso, una palabra que ya había leído en otro lado, dejé de saber si lo que decía era propio o ajeno, si la realidad era una copia de la fantasía o viceversa, me vi obligada a buscar con desesperación algún poema que explicara lo que estaba sintiendo, todo tenía que tener nombre para entenderlo.
Y fue así como terminé estudiando lo que estudié, trabajando en lo que trabajo y buscando aún la palabra exacta para cada cosa. Porque la palabra, ese código verbal o escrito, no sólo explica, define o transmite algo, la palabra también sana.
jueves, 15 de octubre de 2015
De los amores patológicos...
Recuerdo aquel día en el que te dije "estoy triste"y llegaste lo antes posible con un carro prestado que no cerraba bien de la puerta de tu lado.
Recuerdo haberte dicho que quería ver la estrellas y que me llevaras, corriendo todos los riesgos, al mejor lugar de la ciudad para ver el cielo estrellado.
Recuerdo que en tu afán para que dejara de llorar me llevaste a tu casa, me mostraste tu cuarto y me diste de tomar leche blanca, y yo por educación me la tomé sin que me gustara.
Recuerdo el esfuerzo que hacías trabajando como mesero en la semana para pagar tus estudios y todavía invitarme a salir absorbiendo tu los gastos.
Recuerdo esa chamarra de piel que hacía ruido cuando me abrazabas por las noches, en el patio de tu casa.
Recuerdo la almohada amarilla que me robé de tu cuarto.
Recuerdo que tu mamá nunca me quiso y que tu muy apenado tratabas de disculparla.
Recuerdo las historias que me contabas sobre tu padre y la admiración y el orgullo que transpiraban tus ojos con cada palabra.
Recuerdo haber caminado de mi casa a tu casa, como si la noche nos cuidara, como si nada pudiera pasarnos estando lado a lado.
Recuerdo como poco a poco tu semblante ensombrecía y te volvías huraño, como toda la energía se apagaba y te perdías en la distancia.
Recuerdo cuando te volvías tan ausente y tan lejano que no podía más que extrañarte aún teniéndote a mi lado.
Recuerdo que en tus ausencias me decías que no te llamara porque no tenías nada que contarme.
Recuerdo que me sacabas de tu vida, que no te reconocía en tus escritos, y que a veces era mejor no verte porque rechazabas mis abrazos.
Recuerdo el temor que me causaban tus palabras, tu forma tan oscura de verlo todo, hasta a nosotros.
Recuerdo que pensaba que un día no volverías, que te irías lejos buscando aquello que no sabías que te faltaba.
Recuerdo que con el paso de los días ibas volviendo, te ibas acercando y comenzabas de nuevo a hacerme reír, a abrazarme y a contarme fragmentos de tu día.
Recuerdo que llegabas sin aviso a mi casa con una sonrisa, que ibas primero a verme antes que a tu madre, sería por eso que no me quería.
Recuerdo que me leías poemas hasta quedarme dormida.
Recuerdo que un día no pude con tanta confusión y te mandé al carajo.
Recuerdo que en aquel entonces yo no sabía como se llamaba lo que te pasaba.
Recuerdo que cuando lo supe quise buscarte pero estabas lejos.
Recuerdo que dejé de buscarte.
Recuerdo como te fuiste convirtiendo en recuerdo.
Y ahora, estás aquí de nuevo, con tus noches de manía y tu depresión como mañana.
martes, 13 de octubre de 2015
De los pro-nombres...
Escuchó su nombre por fin de sus labios, los de él, a partir de ese momento para ella, aquella existía, era real. Lo que hasta ese momento había permanecido flotando en el silencio, en esa forma implícita de conocer su existencia se había vuelto de pronto tan explícita y presente que todo sonido pareció apagado mientras esas letras permanecían aún en el aire.
Ahora sabía que la quería, a aquella, que la cuidaba, que le decía "amor" cuando le llamaba; era cierto que habían construido una vida y que la compartirían por los días que seguían.
Era cosa de tiempo para que su boca, la de él, pronunciara esas seis letras que los apartaban más que seis continentes en el mundo, era cosa de tiempo para que se volviera ineludible algún tema en donde su presencia, la de aquella, fuera obligatoria.
Hasta aquí llegaron, hasta el punto en el que él sabía que ella sabía que aquella existía y donde ella sabía que él sabía que ella sabía que aquella existía, y aquella sin saber que ellos existieron fugazmente en alguna parte. Hasta aquí habían llegado, hasta donde su comodidad, la de él con ella, lo volvió descuidado y no pudo refrenar más su presencia, la de aquella, en todas las parcelas de su vida, la de él.
Aquella se coló por una veta entre ellos, inundó el momento y ahogó para siempre sus quimeras, las de ella. Se volvió como esa luz que ahogó a los niños en un mar de sueños, e iluminó lo único de lo que no habían hablado, su vida de pareja, la de aquella con él.
Ahora sabía que la quería, a aquella, que la cuidaba, que le decía "amor" cuando le llamaba; era cierto que habían construido una vida y que la compartirían por los días que seguían.
Era cosa de tiempo para que su boca, la de él, pronunciara esas seis letras que los apartaban más que seis continentes en el mundo, era cosa de tiempo para que se volviera ineludible algún tema en donde su presencia, la de aquella, fuera obligatoria.
Hasta aquí llegaron, hasta el punto en el que él sabía que ella sabía que aquella existía y donde ella sabía que él sabía que ella sabía que aquella existía, y aquella sin saber que ellos existieron fugazmente en alguna parte. Hasta aquí habían llegado, hasta donde su comodidad, la de él con ella, lo volvió descuidado y no pudo refrenar más su presencia, la de aquella, en todas las parcelas de su vida, la de él.
Aquella se coló por una veta entre ellos, inundó el momento y ahogó para siempre sus quimeras, las de ella. Se volvió como esa luz que ahogó a los niños en un mar de sueños, e iluminó lo único de lo que no habían hablado, su vida de pareja, la de aquella con él.
De los balances generales..
Saldo de sensaciones y percepciones matutino:
Una idea en mi cabeza que me activa y que me aviva
un nudo siempre activo en mi garganta impulsiva
una opresión en mi activo pecho que me excita
un activo revoloteo en mi estómago esperanzado
los brazos activos, afanosos y anhelantes
la espalda poco activa tan yerta y tan cansada
las muy activas piernas doloridas y dobladas
Así el balance de mis activos después de cotejarlos contigo.
Y es que este capital se va haciendo menos por tantos pasivos:
Tus abrazos pasivos e indiferentes
tus consejos tan pasivos y neutrales
tu forma de tocarme paciente y tan pasiva
tus palabras pasivas e impasibles
tus labios tan pasivos y lejanos
tu conducta despreocupada y pasiva
tu proximidad y la mía tan pasivas
Tu y yo tan inertes y pasivos
Sabrá Dios cuál será el saldo hasta ahora, pero bien sé yo, mortal boreal, que si no activas tus pasivos este negocio se va a la quiebra.
Una idea en mi cabeza que me activa y que me aviva
un nudo siempre activo en mi garganta impulsiva
una opresión en mi activo pecho que me excita
un activo revoloteo en mi estómago esperanzado
los brazos activos, afanosos y anhelantes
la espalda poco activa tan yerta y tan cansada
las muy activas piernas doloridas y dobladas
Así el balance de mis activos después de cotejarlos contigo.
Y es que este capital se va haciendo menos por tantos pasivos:
Tus abrazos pasivos e indiferentes
tus consejos tan pasivos y neutrales
tu forma de tocarme paciente y tan pasiva
tus palabras pasivas e impasibles
tus labios tan pasivos y lejanos
tu conducta despreocupada y pasiva
tu proximidad y la mía tan pasivas
Tu y yo tan inertes y pasivos
Sabrá Dios cuál será el saldo hasta ahora, pero bien sé yo, mortal boreal, que si no activas tus pasivos este negocio se va a la quiebra.
sábado, 10 de octubre de 2015
De Extraordinario a Ordinario en un solo paso...
El día de ayer hablaba con una amiga y le decía que el único paso para hacer que un hombre pase de extraordinario a ordinario es que me diga "Ya no quiero a mi mujer, pero no me divorcio por mis hijos". Entonces ella me dice que eso le recordó a algo que leyó hace poco sobre las principales mentiras de los hombres casados y me envió el siguiente listado:
“Me estoy divorciando”
“Mi matrimonio está en crisis”
“Dame tiempo para separarme”
“La quiero, pero ya no la deseo como antes”
“Me casé por inmadurez”
“Tú eres lo que siempre busqué, si te hubiese conocido antes”
“Ella es muy interesada, sólo le importa el dinero”
“Mi matrimonio estaba destruido antes de que tú llegarás”
“No me he divorciado por mis hijos”
Me ha tocado escuchar casi todas en una misma conversación o escucharlas todas y otras más con diferentes personas. Que pena.
Puedo tener una conversación maravillosa o una excelente primera impresión de alguien y al momento en el que esa persona se empieza a quejar de su matrimonio, de su esposa o de que ya no es feliz.. en automático archivo a la persona en "Ordinario" y pienso con un dejo de tristeza que es una pena que con tanto potencial para ser extraordinario termine cayendo en el más común de los defectos de los hombres casados.
viernes, 9 de octubre de 2015
De las estocadas post mortem...
Hoy, durante la madrugada, falleció mi abuelo.
Estoy lejos de mi madre, y sólo pude llamarle y quedarme sin palabras de aliento.
Estoy tan dolida con las circunstancias que me rodean en éste momento que sólo pude decirle "te quiero", porque cualquier otra cosa me habría sonado falsa.
No puedo poner en palabras cómo me siento, no hay poemas para esto, y si los hubiera, me sonarían ajenos.
No puedo ver más allá de lo que sucede, no puedo ver el "para qué" de lo que pasa, no es momento de querer hacerlo ni de buscarlo.
Pero sí es momento de pedir ayuda.
Estoy lejos de mi madre, y sólo pude llamarle y quedarme sin palabras de aliento.
Estoy tan dolida con las circunstancias que me rodean en éste momento que sólo pude decirle "te quiero", porque cualquier otra cosa me habría sonado falsa.
No puedo poner en palabras cómo me siento, no hay poemas para esto, y si los hubiera, me sonarían ajenos.
No puedo ver más allá de lo que sucede, no puedo ver el "para qué" de lo que pasa, no es momento de querer hacerlo ni de buscarlo.
Pero sí es momento de pedir ayuda.
martes, 6 de octubre de 2015
Del sádico y la víctima...
La maravilla de ver a un ser humano caerse a pedazos frente a uno.
Sus maestros le habían dicho siempre que para ser bueno en ésta profesión tenía que ser uno un poco hijo de puta y un tanto sádico para disfrutar el dolor ajeno. Quizá nunca lo había entendiendo del todo como hasta hoy.
Llegó serio, pero su seriedad era distinta, era una seriedad que ahogaba un grito de dolor. Acercó la silla a la misma distancia que esa primera vez en la que intentaba retar con su presencia. Con la mirada baja viendo al suelo y con los antebrazos apoyados sobre sus muslos comenzó:
- Estoy triste.
- Vaya, tristeza, esa es una emoción nueva.
- Pues claro que estoy triste, cómo no voy a estarlo si la gente se aprovecha de mi, de nuevo me encuentro así, sufriendo porque confié en alguien y me traicionó.
- ¿Quieres contarme lo que pasó?
- De verdad quería que fuera ella, de verdad quería tener algo en serio con ella, pensé que valía la pena, pero no. Ayer me dijo que quería hablar conmigo y yo sólo pude pensar "no me vayas a salir con una pendejada" y pues sí, me salió con una pendejada. Me dijo que no quiere nada más que mi amistad. ¿Por qué la gente es así, por qué me ilusionó, por qué no me dijo las cosas claras desde el principio? Pues porque ¡claro! Es bien fácil, sí quería que tuviera atenciones con ella, sí quería que la sacara a pasear, sí quería que le dijera cosas bonitas, sí quería mi apoyo, pero ahora que le tocó a ella dar algo más, ahora sí, ¡solo quiere mi amistad! Por mi que desaparezca, que no me hablé, yo fui claro con ella y siempre le dije que no quería solo su amistad y ella lo aceptó, hasta que tomó lo que necesitaba y luego ya, nada más quiere ser mi amiga. Espero que no se arrepienta, porque una persona como yo no la va a encontrar jamás.
Y aquí estoy de nuevo, por eso no confío en la gente, por eso no creo en la amistad, porque confié en ella y me lastimó.
- ¿Por qué no confías en la gente?
- ¿Cómo voy a confiar si siempre me hacen esto?
- Pues si esperas que la gente no se equivoque o no te lastimen nunca, entonces no, no confíes. O podrías cambiar la idea que tienes sobre la gente y la confianza.
- Yo no necesito cambiar, estoy bien como estoy.
- Sí, se nota que estas bien. No cambies entonces. Pero mira, entiendo que te sientas mal, triste, devastado, traicionado, entiendo que tengas tu corazón roto, que sientas que te caes a pedazos y que una vez más alguien te lastimó, y tienes todo el derecho del mundo de sentirte así, es más yo te acompaño todo el tiempo que necesites, pero aquí adentro de estas cuatro paredes, conmigo, no puedes ser víctima.
- ¡Víctima! ¿Crees que soy víctima?
- Sí, y no puedo permitírtelo. El dolor que sientes es válido, es normal, natural y hasta cierto punto sano.
- ¿Cómo va a ser sano esto?, ¿cómo va a ser sano que me sienta de la chingada?
- Siempre es más sano eso que tratar de no sentir nada. Pero escucha, no eres una víctima de la vida ni de la gente, simplemente porque la vida no es justa, porque el hecho de que hagas cosas buenas y seas bueno con los demás no te garantiza que te pasen cosas buenas siempre, así tampoco los que hacen cosas malas reciben siempre cosas malas. Eso es lo que te produce dolor, tu idea de la justicia que no existe en el mundo.
No puedes ser una víctima, no eres el único con el corazón roto, no eres el único que sufre, no eres el único al que le pasan cosas malas, no eres el único bueno del cual se aprovechan. La gente es así, el mundo es así, y nada puedes hacer más que hacerte responsable de ti mismo.
- No quiero relacionarme con nadie, no quiero tener amigos, no quiero confiar en nadie.
- Muy bien, no tengas amigos, no te relaciones, no confíes, vete al bosque y no veas nunca a nadie, pero aún que hagas todo eso, el mundo va a seguir siendo injusto y la gente va a seguir siendo como eso. Puedes irte al bosque, o puedes aprender a relacionarte sin sufrir. Nos vemos la próxima semana.
Sus maestros le habían dicho siempre que para ser bueno en ésta profesión tenía que ser uno un poco hijo de puta y un tanto sádico para disfrutar el dolor ajeno. Quizá nunca lo había entendiendo del todo como hasta hoy.
Llegó serio, pero su seriedad era distinta, era una seriedad que ahogaba un grito de dolor. Acercó la silla a la misma distancia que esa primera vez en la que intentaba retar con su presencia. Con la mirada baja viendo al suelo y con los antebrazos apoyados sobre sus muslos comenzó:
- Estoy triste.
- Vaya, tristeza, esa es una emoción nueva.
- Pues claro que estoy triste, cómo no voy a estarlo si la gente se aprovecha de mi, de nuevo me encuentro así, sufriendo porque confié en alguien y me traicionó.
- ¿Quieres contarme lo que pasó?
- De verdad quería que fuera ella, de verdad quería tener algo en serio con ella, pensé que valía la pena, pero no. Ayer me dijo que quería hablar conmigo y yo sólo pude pensar "no me vayas a salir con una pendejada" y pues sí, me salió con una pendejada. Me dijo que no quiere nada más que mi amistad. ¿Por qué la gente es así, por qué me ilusionó, por qué no me dijo las cosas claras desde el principio? Pues porque ¡claro! Es bien fácil, sí quería que tuviera atenciones con ella, sí quería que la sacara a pasear, sí quería que le dijera cosas bonitas, sí quería mi apoyo, pero ahora que le tocó a ella dar algo más, ahora sí, ¡solo quiere mi amistad! Por mi que desaparezca, que no me hablé, yo fui claro con ella y siempre le dije que no quería solo su amistad y ella lo aceptó, hasta que tomó lo que necesitaba y luego ya, nada más quiere ser mi amiga. Espero que no se arrepienta, porque una persona como yo no la va a encontrar jamás.
Y aquí estoy de nuevo, por eso no confío en la gente, por eso no creo en la amistad, porque confié en ella y me lastimó.
- ¿Por qué no confías en la gente?
- ¿Cómo voy a confiar si siempre me hacen esto?
- Pues si esperas que la gente no se equivoque o no te lastimen nunca, entonces no, no confíes. O podrías cambiar la idea que tienes sobre la gente y la confianza.
- Yo no necesito cambiar, estoy bien como estoy.
- Sí, se nota que estas bien. No cambies entonces. Pero mira, entiendo que te sientas mal, triste, devastado, traicionado, entiendo que tengas tu corazón roto, que sientas que te caes a pedazos y que una vez más alguien te lastimó, y tienes todo el derecho del mundo de sentirte así, es más yo te acompaño todo el tiempo que necesites, pero aquí adentro de estas cuatro paredes, conmigo, no puedes ser víctima.
- ¡Víctima! ¿Crees que soy víctima?
- Sí, y no puedo permitírtelo. El dolor que sientes es válido, es normal, natural y hasta cierto punto sano.
- ¿Cómo va a ser sano esto?, ¿cómo va a ser sano que me sienta de la chingada?
- Siempre es más sano eso que tratar de no sentir nada. Pero escucha, no eres una víctima de la vida ni de la gente, simplemente porque la vida no es justa, porque el hecho de que hagas cosas buenas y seas bueno con los demás no te garantiza que te pasen cosas buenas siempre, así tampoco los que hacen cosas malas reciben siempre cosas malas. Eso es lo que te produce dolor, tu idea de la justicia que no existe en el mundo.
No puedes ser una víctima, no eres el único con el corazón roto, no eres el único que sufre, no eres el único al que le pasan cosas malas, no eres el único bueno del cual se aprovechan. La gente es así, el mundo es así, y nada puedes hacer más que hacerte responsable de ti mismo.
- No quiero relacionarme con nadie, no quiero tener amigos, no quiero confiar en nadie.
- Muy bien, no tengas amigos, no te relaciones, no confíes, vete al bosque y no veas nunca a nadie, pero aún que hagas todo eso, el mundo va a seguir siendo injusto y la gente va a seguir siendo como eso. Puedes irte al bosque, o puedes aprender a relacionarte sin sufrir. Nos vemos la próxima semana.
domingo, 4 de octubre de 2015
De las preguntas terapéuticas...
Se sentó en el sillón doble, en el extremo izquierdo, de frente a él y le leyó lo que llevaba arrugado en el bolsillo:
"Vengo con usted porque si no vengo me mato. Estoy convencido de que esto que tengo dentro tiene solución pero no la veo y ya no aguanto más. Ya no aguanto hablarme a solas para repetirme lo de todas las mañanas, tardes o noches cuando aparece sin aviso el recuerdo de no sé bien qué cosa. Ya no aguanto sentirme pesado, cansado, con ganas de casi no moverme ni para respirar. He llegado a creer que moriré pronto, espero yo de un accidente, porque alguien que vive de esta forma no está destinado a muchos años en la tierra. Me da asco el mundo, mejor dicho, me da asco el hombre. No creo en ningún Dios, en ninguno de todos esos que hay para escoger. Me preocupa haber vendido lo poco que tengo de idealista por unas cuantas comodidades. A lo más que llego es a hacer manifestante y rebelde de sillón. He perdido toda esperanza, o quizá sólo me queden dos: que usted pueda ayudarme o que al cruzar la calle algún camarada humano haga el favor de matarme".
El lo miró desde el otro lado de la habitación y le dijo:
"Curioso que no pueda yo preguntarle "usted ¿por qué no se suicida?" y en cambio deba preguntarle "usted ¿por qué no vive un poco?"
Esa fue la primera sesión de terapia más rápida de su vida.
"Vengo con usted porque si no vengo me mato. Estoy convencido de que esto que tengo dentro tiene solución pero no la veo y ya no aguanto más. Ya no aguanto hablarme a solas para repetirme lo de todas las mañanas, tardes o noches cuando aparece sin aviso el recuerdo de no sé bien qué cosa. Ya no aguanto sentirme pesado, cansado, con ganas de casi no moverme ni para respirar. He llegado a creer que moriré pronto, espero yo de un accidente, porque alguien que vive de esta forma no está destinado a muchos años en la tierra. Me da asco el mundo, mejor dicho, me da asco el hombre. No creo en ningún Dios, en ninguno de todos esos que hay para escoger. Me preocupa haber vendido lo poco que tengo de idealista por unas cuantas comodidades. A lo más que llego es a hacer manifestante y rebelde de sillón. He perdido toda esperanza, o quizá sólo me queden dos: que usted pueda ayudarme o que al cruzar la calle algún camarada humano haga el favor de matarme".
El lo miró desde el otro lado de la habitación y le dijo:
"Curioso que no pueda yo preguntarle "usted ¿por qué no se suicida?" y en cambio deba preguntarle "usted ¿por qué no vive un poco?"
Esa fue la primera sesión de terapia más rápida de su vida.
De la mitad de la historia...
Quería contar historias. Eso quería.
Se sentaba con todo en orden sobre la mesa y esperaba ese rayo fulminante de la inspiración.
Solo pensaba cosas tristes, ese era el problema.
Pensaba en "gato" y después se venía a su mente la palabra "callejero".
Pensaba en "barda" y no podía evitar pensar en "abandonada".
Pensaba en "campos" y siempre los veía "incendiados".
Pensaba en "arcoiris" pero sin olla de oro y con un duende "desolado"
Se levantaba con la molestia de esos pensamiento tristes que rondaban su cabeza y terminó por abandonar el oficio de escritor.
Nunca llegó a escribir sobre ese gato callejero que se metía a escondidas a una casa de noche para cobijarse, ni sobre esa barda que aún que abandonada guardaba en ella las promesas de permanencia de tantos ambulantes, ni mucho menos sobre esos campos que sólo florecen al reventar sus semillas con el calor del incendio, ni del duende que cambió de oficio al descubrir que esa olla de oro se la daban sólo como bono de comisión.
Se sentaba con todo en orden sobre la mesa y esperaba ese rayo fulminante de la inspiración.
Solo pensaba cosas tristes, ese era el problema.
Pensaba en "gato" y después se venía a su mente la palabra "callejero".
Pensaba en "barda" y no podía evitar pensar en "abandonada".
Pensaba en "campos" y siempre los veía "incendiados".
Pensaba en "arcoiris" pero sin olla de oro y con un duende "desolado"
Se levantaba con la molestia de esos pensamiento tristes que rondaban su cabeza y terminó por abandonar el oficio de escritor.
Nunca llegó a escribir sobre ese gato callejero que se metía a escondidas a una casa de noche para cobijarse, ni sobre esa barda que aún que abandonada guardaba en ella las promesas de permanencia de tantos ambulantes, ni mucho menos sobre esos campos que sólo florecen al reventar sus semillas con el calor del incendio, ni del duende que cambió de oficio al descubrir que esa olla de oro se la daban sólo como bono de comisión.
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