domingo, 28 de febrero de 2021

De las hijas favoritas..

Me senté al sol, rodeada de mis perros, con una taza de café y una mandarina. Me quedé escuchando las hojas al viento y los pájaros. Sentí paz y de pronto me pregunté desde dentro ¿quién soy? ¿por qué sufro? Y todo se me vino de golpe.


Pido perdón. A Dios, a la vida, al universo. 

Soy y siempre he sido una de las hijas favoritas de Dios. ¿Cómo lo sé? Es sencillo, me ha dado tanto. Tanto que me volví arrogante y caprichosa. 

Tengo más de lo que merezco. Explico:

Comenzaré por lo básico. Tengo un cuerpo sano a pesar de los malos tratos. Tengo salud a pesar de los descuidos; mi familia y seres queridos están sanos también. 

Tengo una familia que ha hecho todo lo humanamente posible por aceptarme y hacerme sentir amada; amigos que corren en mi auxilio y celebran mis logros como si fueran suyos. 

Me dedico a lo que amo; cada día soy testigo del milagro del cambio del ser humano. Y por si fuera poco, esa profesión me da para vivir mejor de lo que muchos podrían decir. 

Mi mente es ágil, para comprender, para pensar, para empatizar con el otro; mi corazón es noble y me permite tratar con amor a los que me buscan para acompañarlos en el camino. 


Y teniendo tanto me volví arrogante y caprichosa.

¿Qué cosa he deseado que no se me haya dado? Tan poco. 

Me es difícil pensar en algo que no tenga.

Desde hace años dejé de ser la favorita de mi padre, hoy en día no me habla. Y no he podido aceptar que no me quiera como yo quiero o que no me trate como yo quiero. No he podido aceptar que tiene derecho a no querer hablarme, no he podido aceptar el hecho de no ser su consentida, de que elija estar lejos y hacer su vida de nuevo, como le plazca. No me ha sido suficiente con lo que me dio, quiero más y en ese querer más sufro. 

Cuando las cosas no pasan cómo y cuándo yo quiero lo convierto en un problema. Me pregunto por qué y me genero dolor. No puedo aceptar un no como respuesta, porque creo que me lo merezco y que debería tenerlo. 

Vivo en un pasado que no fue como yo esperaba. Me hago tanto daño viendo lo que me faltó sin comprender que todo eso templó mi carácter, que me ha hecho ser quién soy. Lo digo en serio, con el corazón en las manos escribiendo esto, y ya no quiero vivir así. 


Quizás por eso siempre me ha molestado pedirle a Dios, cuánto más podría pedirle que no me haya dado ya. 

Pido y me pido perdón por hacerme eso. Quiero liberarme, y el único camino que veo es hacerme cargo.

"Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo y sabiduría para reconocer la diferencia".

martes, 2 de febrero de 2021

Hasta entonces..

Escribo con Claro de Luna de fondo, a veces regreso a Debussy como regreso a donde encuentro calma o me sentí feliz. Recibí tu mensaje, lo leí mientras preparaba mi café, ver tu nombre me llevó al suelo, y ahí sentada en el piso leí y releí cada palabra hasta que me di cuenta que temblaba y rompí en llanto. Le llame a Omar, le pedí que me ayudara a calmarme, de pronto estábamos en la llamada María, Omar y yo. No podía respirar, no entendía lo que me decían, hasta que poco a poco me fui calmando. Los quiero tanto, aún en ese momento, seguían sin hablar mal de ti. Solo me decían: tranquila, tu estas mejor, eres fuerte, no olvides cómo haz avanzado. Me dijeron que era la oportunidad para hacer lo que Paco me había pedido, que viviera mi enojo, que te dijera lo que sentía, que me defendiera. No pude. Borré la conversación para no responderte. Todavía no es tiempo. Aun teniendo las llaves para lastimarte, decidí no hacerlo. No estoy lista para responderte desde otro lugar que no sea mi dolor, y hacer eso sería seguramente hacerte daño. No quiero. Lastimarte a ti no hará que me sienta mejor, no sanará lo mío, solo traerá mas dolor a este mundo ya por demás jodido. Quisiera decirte tantas cosas, más no tengo la fuerza para enfrentarme a eso. No todavía. Me dio gusto leer que sigues en tu camino de crecimiento. No recuerdo claramente el resto de lo que escribiste, solo recuerdo eso porque me dio paz. Amarte es saberte lejos y desearte bienestar, amarte es tener la oportunidad de lastimarte y no hacerlo, amarte es alegrarme de que sigas en tu camino, amarte es cuidarte hasta de mi misma. Mientras venía de camino de Mexicali, manejando esa carretera que tantas veces me imaginé contigo, pensaba en ti. Me imaginé sentada en algún lugar agradable teniéndote de frente, sonreír al verte, sentirme afortunada de compartir ese momento contigo y darte las gracias; hablarte de mi vida después de todo lo que aprendí contigo y asegurarte que siempre siempre estarás en mi corazón, en ese lugar bonito donde guardo a las personas que me han hecho crecer. Si es verdad que tengo poderes, sé que ese día llegara, hasta entonces.

lunes, 1 de febrero de 2021

 Probablemente borre esta entrada, solo que no puedo dejar de sonreír cuando recuerdo lo que me dijeron este fin de semana:

“Y pues te arreglas, pero no te pones botox” 

Tengo muchas cosas que escribir, y tengo mucho trabajo, y muchas lecturas atrasadas de la maestría, y un viaje este jueves, y propuestas que enviar a algunas empresas, así que.. solo iré dejando ideas sueltas en lo que le doy forma en un momento de paz. 

Por ejemplo, mi cabello huele a chocolate de nuevo y eso no me puso triste. Poco a poco voy soltando mi tristeza, ya estoy más en melancolía, y eso me agrada.