En un principio, era fácil amarte, conveniente diría.
Yo tras el postigo, resguardando todo, temerosa,
tu tras el umbral, yerto o estoico, da igual.
En un principio, bastaba con mirarte a la distancia.
Como cuando uno ve la tormenta desde la ventana,
o deja sus fantasmas por fuera de las sábanas.
En un principio, despabilaste lo gélido,
fuiste el claro del alba,
y yo caía como rocío por tu madrugada.
Hoy ya no quiero amor de postigos ni de umbrales,
ni de tormentas en la distancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Uno qué sabe? pues sabe su verdad...