Aladdin dice:
- Un placer, no podrías ser otra cosa Sakurandra
- eso eres, un postre, un fragmento....lo que uno se come para sobornar la necesidad
- un postre no sirve, no nutre, pero es lo que mejor te hace sentir y sabes que es temporal, por eso aprisionas ese sabor...si eres un bocadín dulce.
(fragmento de una conversación vieja, ya documentada en este blog)
Tal vez, después de todo, sí sea un dulce. Quizá Aladdin fue el único que me lo dijo directo y de frente.
Y es que se me nota hasta en los signos de puntuación la influencia de los autores que leo. Como si necesitara más pesadumbre me pongo y leo a Onetti, aquel cuya única salvación de la amargura era la literatura misma.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
lunes, 28 de septiembre de 2015
Del Corazón de mi vida...
Un día Kokoro (corazón en japonés) llegó a mi vida.
Llegó llena de pulgas, flaca, sucia, con miedo y hambre. Me la regaló una amiga que sabía que estaba pensando adoptar un perro. No me dio mucha opción, me la llevó al trabajo y me vi forzada a llevarla conmigo a casa.
Una semana después me fui de vacaciones, y al regreso la encontré muy enferma. Me decían las personas que la habían cuidado, que había estado bien hasta ese día por la mañana que comenzó a vomitar. Yo la llevé a casa de nuevo e intenté que comiera algo, sin éxito. A la mañana siguiente la llevé al médico y le dieron tratamiento, todo ese día no comió y vomitaba sabrá Dios que cosas porque ya nada le quedaba dentro. Al día siguiente la llevé de nuevo al médico y me dieron muy mal pronóstico, dos días sin comer y sin mejoría por el tratamiento no eran buena señal, me dijeron que debía darle 3ml de suero cada hora por 24 horas, que debía darle de comer a fuerza después de que vomitara y que debía ponerle 3 inyecciones por la mañana, una al medio día y otra por la tarde por tres días, si para el tercer día no comenzaba a comer debía llevarla a que la sacrificaran.
Para el día martes ella llevaba tres días sin comer y yo llevaba poco menos de 10 horas siguiendo las instrucciones que me había dado el médico. Fue entonces que llegó la noche y puse la alarma cada hora para poder darle suero e intenté dormir. Cuando sonó la primera alarma no podía encontrarla, la busqué por todos lados y no aparecía, entonces decidí buscarla dentro del closet, recordando aquella película donde decían que los perros se aíslan cuando están a punto de morir.
Ahí estaba, acurrucada en el rincón oscuro debajo de mis chamarras, sin moverse. Yo la saqué con cuidado y le di el suero sin que ella pusiera mucha resistencia, no tenía ya fuerzas la pobre. Lloré desconsoladamente durante un rato, le prometí que iba a cuidarla y a quererla, que iba a hacer todo lo que pudiera por que viviera y que si ella confiaba en mí y hacía el esfuerzo, la iba a llevar a que conociera el mar, uno no puede irse de este mundo sin ver un atardecer sentado en la playa.
Al día dos del tratamiento se levantó, al día tres puso resistencia para las inyecciones de la mañana y aceptó la galleta de premio que le ofrecía el doctor. Yo no resistí y solté el llanto cual niño regañado, era un llanto incontenible, se me escurrían los sentimientos con cada lágrima y reía y lloraba confusamente mientras abrazaba a la sobreviviente.
Me dijeron que no podía sacarla durante mes y medio, que no podía tener contacto con otros perros, que debía llevarla cada 15 días a que le dieran medicamento y que después de todo eso " a ver que pasaba".
La cuidé, la bañé, le compré comida que parecía gustarle, la llevé al médico cada dos semanas y este sábado, por fin, la dieron de alta.
Lo primero que hice fue llevarla al mar, y todo valió la pena. Verla tan feliz saludando a todos, jugando con los niños, olfateando a los otros perros, corriendo tras su pelota, revolcada en la arena, brincar a mi lado como dándome las gracias. Sentada junto a mi al atardecer.
Se había reconciliado con la vida y me reconciliaba a mi con ella, a veces el amor puede salvarnos la vida.
Ella cumplió su promesa y yo cumplí la mía y desde entonces no hay día que llegue a casa y que no le agradezca que me haya enseñado cómo ser una guerrera.
domingo, 27 de septiembre de 2015
De pecados, fornicios y tentaciones...
Si hay momentos que atesoro, este debe ser uno de ellos.
Sentada en el suelo en la cochera de mi casa, con mi perrita entre mis piernas, tomando té, leyendo a Onetti y viendo el eclipse lunar.
Tantas maravillas juntas deben ser pecado. Y ese lugarcito en el infierno me lo tengo bien ganado.
Porque como mi buen Maestro Benedetti dijo "para no sucumbir a la tentación del precipicio el mejor tratamiento es el fornicio" y como mi buen consejero Oscar Wilde aseveró "la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella".
Así que noche de pecados y tentaciones, para hacer más cómodo mi lugarcito en el otro mundo.
Sentada en el suelo en la cochera de mi casa, con mi perrita entre mis piernas, tomando té, leyendo a Onetti y viendo el eclipse lunar.
Tantas maravillas juntas deben ser pecado. Y ese lugarcito en el infierno me lo tengo bien ganado.
Porque como mi buen Maestro Benedetti dijo "para no sucumbir a la tentación del precipicio el mejor tratamiento es el fornicio" y como mi buen consejero Oscar Wilde aseveró "la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella".
Así que noche de pecados y tentaciones, para hacer más cómodo mi lugarcito en el otro mundo.
Del cantor del dolor...
Se volvió en mi esa clase de amor o de dolor que nos atraviesa de golpe, que nos saca el aire, que nos congela, que nos detiene el corazón un momento, que nos alucina y nos presenta la fantasía en realidad. O, para ser más sincera, se volvió en mi todo lo antes dicho con su voz meliflua y su andar parsimonioso.
Él no sabía para qué cantaba, no sabía por qué y para qué había recibido ese talento y por supuesto, no sabía cómo compartirlo. Yo pensé decirle tantas veces que no era lo que cantara, ni cómo lo cantara, siempre que viniera de su necesidad de cantar. Solo así podría convertirse en la voz que da voz a la valentía, a esa voz que habla sobre los miedos de ser uno mismo y seguir al corazón.
Era un valiente, trasformado en político y diplomático, amoldado para parecer, un hábil casi prodigio en mimetizarse con los otros, pero su risa lo delataba. Cada sonora vibración producida por la alegría o la ironía dejaban entrever que su voz no estaba hecha para proferir las mismas mentiras o los mismos engaños que los demás endulzaban con palabras compasivas.
Lo conocí un día y me pareció tan normal, tan predecible y tan poco confiable como los otros que antes habían cruzado saludo conmigo, pero fueron sus silencios, lo que no decía con palabras lo que llamó mi atención. El dolor que expresaba su mirada, el enojo que exhalaba, la indignación sobre sus prójimos que se bebía en un te, la traición sobre él mismo mientras compartía con otros acciones y lugares inmerso en las notas de alguna canción.
Quería cantar con dolor, con desgarro, quería cantar como la voz de ese amor rechazado, sin saber que había dentro de él otros dolores igual de profundos, igual de puros, igual de humanos, y yo quise decirle que solo a través de tocar el dolor propio podría convertirse en una voz para los otros.
Quise decirle que no hacía falta show, que hacía falta el valor de mostrarse vulnerable, que muy pocas voces traían el mensaje del viaje profundo a esos sentimientos y esas dudas que nadie nos dice,que nadie nos explica, que nadie nos cuenta que existen, pero que se sienten y se lloran más reales. Quise pedirle que fuera un artista de su vida, que cantara para esos tantos otros que vamos por la vida incompletos y que nos llenara con su voz.
Quise pedirle que buscara el miedo más profundo y lo abrazara, y lo volviera su aliado, que tuviera el valor de ser lo que yo no era, que me contara con graves y agudos la historia de la vida, del terrenal que vuela cantando y se separa de los otros y se une con el universo.
Tal vez no necesitara saber para qué cantaba mientras cantara, mientras se volviera etéreo y contara historias entre armonías, mayores y sostenidos, mientras se volviera en otros lo que se volvió conmigo, esa clase de amor o de dolor que nos atraviesa de golpe, que nos saca el aire, que nos congela, que nos detiene el corazón un momento, que nos alucina y nos presenta la fantasía en realidad.
Nunca lo escuché cantar pero fue para mi las mejores notas, las que solo los niños pronuncian con su llanto y con su risa, y las que dicen suavecito "te quiero, te voy a extrañar".
Él no sabía para qué cantaba, no sabía por qué y para qué había recibido ese talento y por supuesto, no sabía cómo compartirlo. Yo pensé decirle tantas veces que no era lo que cantara, ni cómo lo cantara, siempre que viniera de su necesidad de cantar. Solo así podría convertirse en la voz que da voz a la valentía, a esa voz que habla sobre los miedos de ser uno mismo y seguir al corazón.
Era un valiente, trasformado en político y diplomático, amoldado para parecer, un hábil casi prodigio en mimetizarse con los otros, pero su risa lo delataba. Cada sonora vibración producida por la alegría o la ironía dejaban entrever que su voz no estaba hecha para proferir las mismas mentiras o los mismos engaños que los demás endulzaban con palabras compasivas.
Lo conocí un día y me pareció tan normal, tan predecible y tan poco confiable como los otros que antes habían cruzado saludo conmigo, pero fueron sus silencios, lo que no decía con palabras lo que llamó mi atención. El dolor que expresaba su mirada, el enojo que exhalaba, la indignación sobre sus prójimos que se bebía en un te, la traición sobre él mismo mientras compartía con otros acciones y lugares inmerso en las notas de alguna canción.
Quería cantar con dolor, con desgarro, quería cantar como la voz de ese amor rechazado, sin saber que había dentro de él otros dolores igual de profundos, igual de puros, igual de humanos, y yo quise decirle que solo a través de tocar el dolor propio podría convertirse en una voz para los otros.
Quise decirle que no hacía falta show, que hacía falta el valor de mostrarse vulnerable, que muy pocas voces traían el mensaje del viaje profundo a esos sentimientos y esas dudas que nadie nos dice,que nadie nos explica, que nadie nos cuenta que existen, pero que se sienten y se lloran más reales. Quise pedirle que fuera un artista de su vida, que cantara para esos tantos otros que vamos por la vida incompletos y que nos llenara con su voz.
Quise pedirle que buscara el miedo más profundo y lo abrazara, y lo volviera su aliado, que tuviera el valor de ser lo que yo no era, que me contara con graves y agudos la historia de la vida, del terrenal que vuela cantando y se separa de los otros y se une con el universo.
Tal vez no necesitara saber para qué cantaba mientras cantara, mientras se volviera etéreo y contara historias entre armonías, mayores y sostenidos, mientras se volviera en otros lo que se volvió conmigo, esa clase de amor o de dolor que nos atraviesa de golpe, que nos saca el aire, que nos congela, que nos detiene el corazón un momento, que nos alucina y nos presenta la fantasía en realidad.
Nunca lo escuché cantar pero fue para mi las mejores notas, las que solo los niños pronuncian con su llanto y con su risa, y las que dicen suavecito "te quiero, te voy a extrañar".
Del soltarte, amigo...
Considero, amigo, que estoy en ese punto, parada frente a la delgada linea entre seguirte pensando y escribiendo y dejarte en paz. Quizá lo piense más porque soy yo la que necesita paz, mucha, muchísima paz, en cada día, en cada respiro, en cada suspiro que te dedico cuando te recuerdo.
Considero, amigo, que me regalaste tantas cosas sin darte cuenta que pedirte más sería una exageración, una muestra del egoísmo y de las ansias de matarme con tu veneno.
Considero, amigo, que después de todo lo que pusiste en marcha en mí, ya no volveré a ser la misma, aquella que lloró cuando te pedía que no fueras un cobarde, mientras dentro, muy dentro, se lo pedía a muchos otros y también a mi.
Considero, amigo, que es un privilegio el haberte conocido de la forma en la que te compartiste conmigo, pero que no tengo yo nada que darte porque estoy vacía de eso que necesitas.
Considero, amigo, que verte y no permitirme darte un abrazo profundo, intenso, sereno, completo, abrazarte con todo mi ser, es una muestra de que no estoy lista para manejar el miedo que siento cuando te veo llegar.
Considero, amigo, que encontrarme cada tanto con personas como tu es el alimento que necesito para no perder la fe en el hombre, y que no solo yo, sino aquellos que me quieren, se alegran de que nos hayamos topado y tocado.
Considero, amigo, que se me nota tu presencia en mi vida, que no puedo negar que iluminaste, desempolvaste, activaste, sanaste y alimentaste partes de mí, volviéndote inmarcesible y haciéndome a mi consciente de que tengo mucho trabajo por hacer.
Considero, amigo, que el haberte escuchado decir aquellas palabras clave que ni sabías que decías, pusieron en marcha la locomotora de la destrucción de aquellas cuentas inconclusas y que desde que tu voz profunda penetró mis vejas barreras no puedo acallar el eco que me repite que yo merezco estar mejor.
Considero, amigo, que eres una bendición, un milagro, que te agradezco por cada minuto, por cada dolor causado en consecuencia, dolor que proviene de la sanación, del curarme, por gustarme tanto.
Considero, amigo, que después de tantas cosas bellas no puedo usarte para resolver lo que tengo pendiente, y que no podría jamas, a través de ti, compensar lo que en su momento me fue negado.
Considero, amigo, que la paz solo llega cuando uno armoniza lo que hace con lo que piensa y siente, y yo siento que si pudiera devolverte todo lo bueno que me has dado y que creo te mereces, lo haría, así que sólo puedo darte la libertad para conmigo y esperar ver en lo que te conviertes para seguir aprendiendo y tomando de ti en la distancia.
Considero, amigo, que esta solo es mi forma de decirte, te amo y que por mucho que arrecie el viento confío en ti y en mi para llegar a buen puerto.
Considero, amigo, que me regalaste tantas cosas sin darte cuenta que pedirte más sería una exageración, una muestra del egoísmo y de las ansias de matarme con tu veneno.
Considero, amigo, que después de todo lo que pusiste en marcha en mí, ya no volveré a ser la misma, aquella que lloró cuando te pedía que no fueras un cobarde, mientras dentro, muy dentro, se lo pedía a muchos otros y también a mi.
Considero, amigo, que es un privilegio el haberte conocido de la forma en la que te compartiste conmigo, pero que no tengo yo nada que darte porque estoy vacía de eso que necesitas.
Considero, amigo, que verte y no permitirme darte un abrazo profundo, intenso, sereno, completo, abrazarte con todo mi ser, es una muestra de que no estoy lista para manejar el miedo que siento cuando te veo llegar.
Considero, amigo, que encontrarme cada tanto con personas como tu es el alimento que necesito para no perder la fe en el hombre, y que no solo yo, sino aquellos que me quieren, se alegran de que nos hayamos topado y tocado.
Considero, amigo, que se me nota tu presencia en mi vida, que no puedo negar que iluminaste, desempolvaste, activaste, sanaste y alimentaste partes de mí, volviéndote inmarcesible y haciéndome a mi consciente de que tengo mucho trabajo por hacer.
Considero, amigo, que el haberte escuchado decir aquellas palabras clave que ni sabías que decías, pusieron en marcha la locomotora de la destrucción de aquellas cuentas inconclusas y que desde que tu voz profunda penetró mis vejas barreras no puedo acallar el eco que me repite que yo merezco estar mejor.
Considero, amigo, que eres una bendición, un milagro, que te agradezco por cada minuto, por cada dolor causado en consecuencia, dolor que proviene de la sanación, del curarme, por gustarme tanto.
Considero, amigo, que después de tantas cosas bellas no puedo usarte para resolver lo que tengo pendiente, y que no podría jamas, a través de ti, compensar lo que en su momento me fue negado.
Considero, amigo, que la paz solo llega cuando uno armoniza lo que hace con lo que piensa y siente, y yo siento que si pudiera devolverte todo lo bueno que me has dado y que creo te mereces, lo haría, así que sólo puedo darte la libertad para conmigo y esperar ver en lo que te conviertes para seguir aprendiendo y tomando de ti en la distancia.
Considero, amigo, que esta solo es mi forma de decirte, te amo y que por mucho que arrecie el viento confío en ti y en mi para llegar a buen puerto.
De los Maestros nuevos-viejos...
Si tuviera un galón de gasolina y un cerillo, no dudaría en usarlos.
Ando así, sin temor de llevarme a todos y a todo entre las patas camino al carajo.
Y además de lo anterior, estoy leyendo a Juan Carlos Onetti con mayor profundidad y me tiene atrapada.
Ya había escrito antes que para decir que "leo o he leído" a alguien necesito conocer por lo menos tres de sus obras y con Onetti no me había dado el tiempo o la oportunidad. Así que aquí estoy, leyéndolo e incrementando mis ganas de poder viajar algún día a Uruguay.
Dejo a continuación, el inicio de un cuento que me ha dejado mareada...
Ando así, sin temor de llevarme a todos y a todo entre las patas camino al carajo.
Y además de lo anterior, estoy leyendo a Juan Carlos Onetti con mayor profundidad y me tiene atrapada.
Ya había escrito antes que para decir que "leo o he leído" a alguien necesito conocer por lo menos tres de sus obras y con Onetti no me había dado el tiempo o la oportunidad. Así que aquí estoy, leyéndolo e incrementando mis ganas de poder viajar algún día a Uruguay.
Dejo a continuación, el inicio de un cuento que me ha dejado mareada...
TAN TRISTE COMO ELLA
Para M. C.
Querida Tan Triste:
Comprendo, a pesar de ligaduras
indecibles e innumerables, que llegó el momento de agradecernos la intimidad de
los últimos meses y decirnos adiós. Todas las ventajas serán tuyas. Creo que
nunca nos entendimos de veras; acepto mi culpa, la responsabilidad y el
fracaso. Intento excusarme —sólo para nosotros, claro— invocando la dificultad
que impone navegar entre dos aguas durante X páginas.
Acepto también, como merecidos, los momentos dichosos. En todo caso, perdón.
Nunca miré de frente tu cara, nunca te mostré la mía.
J.C.O.
De los consejos de los grandes...
Decálogo más uno, para escritores principiantes
I. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.
II. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
III. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.
IV. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
V. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
VI. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
VII. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.
VIII. No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?
IX. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.
X. Mientan siempre.
XI. No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."
Juan Carlos Onetti.
viernes, 25 de septiembre de 2015
De la vocación...
Me cansé de ser una triste con vocación de alegre,
de ser alegre por esfuerzo,
de esforzarme hasta el cansancio,
de cansarme de estar triste,
de estar triste por nada,
de hacer nada con mi vida,
de que la vida pese,
de que todo pese y no pase,
de que pase lo de siempre,
de que lo de siempre me harte,
de que me harte de tanto,
de que tanto no alcance,
de que no alcance la alegría,
de que la alegría sea leve,
de que lo leve no dure,
de que dure lo duro,
de que lo duro sea costumbre,
de que la costumbre sea hábito,
de que el hábito sea vocación...
Me cansé de ser una triste con vocación de alegre.
de ser alegre por esfuerzo,
de esforzarme hasta el cansancio,
de cansarme de estar triste,
de estar triste por nada,
de hacer nada con mi vida,
de que la vida pese,
de que todo pese y no pase,
de que pase lo de siempre,
de que lo de siempre me harte,
de que me harte de tanto,
de que tanto no alcance,
de que no alcance la alegría,
de que la alegría sea leve,
de que lo leve no dure,
de que dure lo duro,
de que lo duro sea costumbre,
de que la costumbre sea hábito,
de que el hábito sea vocación...
Me cansé de ser una triste con vocación de alegre.
martes, 22 de septiembre de 2015
De todo lo que sobreviví...
Nadie nunca supo de mis amigos imaginarios.
Nadie nunca supo por qué no me gustaba jugar con muñecas.
Nadie nunca supo que contaba las piezas de mis juguetes antes y después de usarlos.
Nadie nunca supo qué hacía todo el día con un paquete de plastilina.
Nadie nunca supo cuánto deseaba tener una amiga pequeña, del tamaño de mi mano.
Nadie nunca supo que me aterraba la oscuridad aún que me hiciera la valiente.
Nadie nunca supo que nunca sabía qué comprar con mis ahorros.
Nadie nunca supo que le decía "buenas noches" a todos mis muñecos.
Nadie nunca supo que les pedí perdón a mis juguetes cuando nos cambiamos de casa.
Nadie nunca supo que lloré con el primer libro que leí completo.
Nadie nunca supo que prefería pasar los recreos debajo de un árbol que con los otros niños.
Nadie nunca supo que escribí mi primer poema a los 9 años.
Nadie nunca supo que me pasaba las horas libres en la biblioteca.
Nadie nunca supo que mi mejor amigo en la secundaria era el director.
Nadie nunca supo que me desmayé varias veces en los ensayos de mis concursos.
Nadie nunca supo que me quisieron golpear varias veces camino a casa.
Nadie nunca supo que di mi primer beso a los 15 años.
Nadie nunca supo que caminaba sola de noche desde el centro a mi casa.
Nadie nunca supo que fue gracias a eso y a pesar de todo eso que... sobreviví.
Nadie nunca supo por qué no me gustaba jugar con muñecas.
Nadie nunca supo que contaba las piezas de mis juguetes antes y después de usarlos.
Nadie nunca supo qué hacía todo el día con un paquete de plastilina.
Nadie nunca supo cuánto deseaba tener una amiga pequeña, del tamaño de mi mano.
Nadie nunca supo que me aterraba la oscuridad aún que me hiciera la valiente.
Nadie nunca supo que nunca sabía qué comprar con mis ahorros.
Nadie nunca supo que le decía "buenas noches" a todos mis muñecos.
Nadie nunca supo que les pedí perdón a mis juguetes cuando nos cambiamos de casa.
Nadie nunca supo que lloré con el primer libro que leí completo.
Nadie nunca supo que prefería pasar los recreos debajo de un árbol que con los otros niños.
Nadie nunca supo que escribí mi primer poema a los 9 años.
Nadie nunca supo que me pasaba las horas libres en la biblioteca.
Nadie nunca supo que mi mejor amigo en la secundaria era el director.
Nadie nunca supo que me desmayé varias veces en los ensayos de mis concursos.
Nadie nunca supo que me quisieron golpear varias veces camino a casa.
Nadie nunca supo que di mi primer beso a los 15 años.
Nadie nunca supo que caminaba sola de noche desde el centro a mi casa.
Nadie nunca supo que fue gracias a eso y a pesar de todo eso que... sobreviví.
De los olvidos...
Pobre bicicleta abandonada. A veces me preguntó a dónde habrás parado.
La última vez que te vi estabas vieja y oxidada, te faltaban varias piezas.
Que injusto que no sepa dónde estás, después de tantos momentos, de tantas historias.
Recuerdo que eras roja, que no tenías pedales, que frenabas hacia atrás.
Sabrás tú que te recuerdo. Sabrás todo lo que aprendí contigo.
Quién sabe si todos los recuerdos que tengo sean reales, a estas alturas no lo creo.
Sólo sé que estuviste ahí cuando quise escapar, alejarme.
Que me ayudaste a sentirme grande enseñando a otros a usarte.
Que podía manejarte con un pie, o parada o sin manos,
Recuerdo abrir mis brazos y cerrar mis ojos,
Dejar que el olor a tierra mojada me regara.
Recuerdo aprender a ponerte la cadena cuando se aflojaba.
Recuerdo que te fuiste rompiendo y despedazando.
Yo misma tomé partes de ti, te las arranqué sin pensar en lo que hacía.
Recuerdo arrancar tus calcomanías, los plásticos de tus manubrios,
Recuerdo romper tu asiento con tantas caídas.
Recuerdo que te golpeé contra la tierra y el pavimento.
Recuerdo que te dejé bajo la lluvia, en el sol, en verano y en invierno.
Recuerdo que un día tuve bicicleta nueva porque tu me quedabas pequeña
Y me olvidé de ti.
La última vez que te vi estabas vieja y oxidada, te faltaban varias piezas.
Que injusto que no sepa dónde estás, después de tantos momentos, de tantas historias.
Recuerdo que eras roja, que no tenías pedales, que frenabas hacia atrás.
Sabrás tú que te recuerdo. Sabrás todo lo que aprendí contigo.
Quién sabe si todos los recuerdos que tengo sean reales, a estas alturas no lo creo.
Sólo sé que estuviste ahí cuando quise escapar, alejarme.
Que me ayudaste a sentirme grande enseñando a otros a usarte.
Que podía manejarte con un pie, o parada o sin manos,
Recuerdo abrir mis brazos y cerrar mis ojos,
Dejar que el olor a tierra mojada me regara.
Recuerdo aprender a ponerte la cadena cuando se aflojaba.
Recuerdo que te fuiste rompiendo y despedazando.
Yo misma tomé partes de ti, te las arranqué sin pensar en lo que hacía.
Recuerdo arrancar tus calcomanías, los plásticos de tus manubrios,
Recuerdo romper tu asiento con tantas caídas.
Recuerdo que te golpeé contra la tierra y el pavimento.
Recuerdo que te dejé bajo la lluvia, en el sol, en verano y en invierno.
Recuerdo que un día tuve bicicleta nueva porque tu me quedabas pequeña
Y me olvidé de ti.
jueves, 17 de septiembre de 2015
De los músculos que se atrofian...
Ayer por la noche, preferí quedarme ha hablar con un amigo que irme a mi casa a descansar. Valió el esfuerzo. Le dije muchas cosas, pero recuerdo que le dije algo como lo siguiente:
"El querer es como un músculo. Si no lo usas, se atrofia. Mientras uno más quiere más fácil es".
Tuve unos años en los que me negaba a decir "te quiero" o "te amo", esperando esos momentos mágicos, a las personas "indicadas", hasta que me di cuenta que cualquier momento puede valer un te quiero y que los te amo van más allá de la familia o la pareja. Y también le comentaba:
"Querer es un acto de egoísmo. Mientras más queremos más sentimos, más damos y disfrutamos, y también, más recibimos. Y lo mejor de todo es que lo compartimos con los otros. Sí, cualquiera puede venir a lastimarte, sí, cualquiera así como llega se va, pero ah! que bonito se siente cuando se siente bonito".
Y de pronto llega otro amigo y me dice una de las mejores frases que he escuchado cuando le dije "me alegra el día verte", me dijo:
"Verme es como necesitar 5 pesos para el camión y encontrártelos tirados en la calle".
Así, llega lo que necesitamos cuando nos atrevernos a darnos, a compartirnos, a entregarnos y sobre todo, cuando nos atrevemos a querer.
Amar es un acto de egoísmo. Amar a los otros, es amarse a uno mismo.
"El querer es como un músculo. Si no lo usas, se atrofia. Mientras uno más quiere más fácil es".
Tuve unos años en los que me negaba a decir "te quiero" o "te amo", esperando esos momentos mágicos, a las personas "indicadas", hasta que me di cuenta que cualquier momento puede valer un te quiero y que los te amo van más allá de la familia o la pareja. Y también le comentaba:
"Querer es un acto de egoísmo. Mientras más queremos más sentimos, más damos y disfrutamos, y también, más recibimos. Y lo mejor de todo es que lo compartimos con los otros. Sí, cualquiera puede venir a lastimarte, sí, cualquiera así como llega se va, pero ah! que bonito se siente cuando se siente bonito".
Y de pronto llega otro amigo y me dice una de las mejores frases que he escuchado cuando le dije "me alegra el día verte", me dijo:
"Verme es como necesitar 5 pesos para el camión y encontrártelos tirados en la calle".
Así, llega lo que necesitamos cuando nos atrevernos a darnos, a compartirnos, a entregarnos y sobre todo, cuando nos atrevemos a querer.
Amar es un acto de egoísmo. Amar a los otros, es amarse a uno mismo.
De las flores de papel...
- Después de 10 años de ser amigos, ¿Cómo te sientes?
- Agradecido, ¿y tu?
- Y ¿por qué paniqueaste ayer?
- Porque ya no somos tan jóvenes y aún queda mucho por hacer. Exigencias del ego. ¿Tu cómo te sientes?
- Me siento como si fueran 10 minutos y no 10 años.
- Exacto, eso da miedo.
- Así es el tiempo de relativo. Eres el único que me dijo "así tenga que mandarle flores cada día..."
- Y sólo tuve que hacer una con una servilleta. Me la rifo.
- Me debes flores.
- No tengo con qué pagarte. Aparte, quería que fueras mi novia. Ahora estas lejos.
- Que triste es crecer y que ya no se puedan mandar flores de servilletas.
- No es triste.
- Sí lo es.
- Ahora se pueden hacer viajes en aviones. Antes no.
- Yo guardé esa flor por años. Hasta que se metieron a robar a la casa de mi mamá y ella limpiando el desorden, me tiró muchas cosas por error.
- Yo aún tengo las bolas chinas. En mi casa no han robado. Esas bolas chinas han tenido 5 hogares y un viaje al hospital.
- Que bonitos somos. Deberían hacernos una historia.
- Ya la tenemos, hay que dejar que siga.
- Bueno, sabes a lo que me refiero. Hay cosas que son dignas de una historia.
- Sakurandra. Ojos de caricatura japonesa. Cadera hipersensible.
- Me gusta Sakurandra. Es un lindo alterego.
- Sí, yo batallé mucho para construirme un alterego. Todo para abandonarlo. Me da gusto que lo conserves porque así siempre podré encontrarte en cualquier red social que inventen.
- Yo abandonaré a Sakurandra el día que se vuelva más grande que yo, y termine en el psiquiátrico. Ahí también podrás encontrarme.
- Hoy pasé por tu casa. Me gusta tu casa de la Tabasco. No sé por qué es tan linda.
- No eres el único que piensa así. Si pudiera repetir algo contigo, sería que me enseñes las constelaciones. He sido mala alumna, así puedo repetir el curso.
- Sí, yo repetiría el curso de abrazos. Fuiste mi maestra en ese rubro.
- Aprendiste bien.
- Será como releer un clásico. En código braile.
- Que bonitos 10 años. Salud!
- Salud. Podemos elegir cómo seguir, cómo contar la historia.
- ¿Cómo se te ocurre?
- Un viaje sería un gran capítulo.
- Un viaje sería épico.
(Tengo los mejores amigos, tengo a la mejor de la gente, tengo las más lindas de las conversaciones).
- Agradecido, ¿y tu?
- Y ¿por qué paniqueaste ayer?
- Porque ya no somos tan jóvenes y aún queda mucho por hacer. Exigencias del ego. ¿Tu cómo te sientes?
- Me siento como si fueran 10 minutos y no 10 años.
- Exacto, eso da miedo.
- Así es el tiempo de relativo. Eres el único que me dijo "así tenga que mandarle flores cada día..."
- Y sólo tuve que hacer una con una servilleta. Me la rifo.
- Me debes flores.
- No tengo con qué pagarte. Aparte, quería que fueras mi novia. Ahora estas lejos.
- Que triste es crecer y que ya no se puedan mandar flores de servilletas.
- No es triste.
- Sí lo es.
- Ahora se pueden hacer viajes en aviones. Antes no.
- Yo guardé esa flor por años. Hasta que se metieron a robar a la casa de mi mamá y ella limpiando el desorden, me tiró muchas cosas por error.
- Yo aún tengo las bolas chinas. En mi casa no han robado. Esas bolas chinas han tenido 5 hogares y un viaje al hospital.
- Que bonitos somos. Deberían hacernos una historia.
- Ya la tenemos, hay que dejar que siga.
- Bueno, sabes a lo que me refiero. Hay cosas que son dignas de una historia.
- Sakurandra. Ojos de caricatura japonesa. Cadera hipersensible.
- Me gusta Sakurandra. Es un lindo alterego.
- Sí, yo batallé mucho para construirme un alterego. Todo para abandonarlo. Me da gusto que lo conserves porque así siempre podré encontrarte en cualquier red social que inventen.
- Yo abandonaré a Sakurandra el día que se vuelva más grande que yo, y termine en el psiquiátrico. Ahí también podrás encontrarme.
- Hoy pasé por tu casa. Me gusta tu casa de la Tabasco. No sé por qué es tan linda.
- No eres el único que piensa así. Si pudiera repetir algo contigo, sería que me enseñes las constelaciones. He sido mala alumna, así puedo repetir el curso.
- Sí, yo repetiría el curso de abrazos. Fuiste mi maestra en ese rubro.
- Aprendiste bien.
- Será como releer un clásico. En código braile.
- Que bonitos 10 años. Salud!
- Salud. Podemos elegir cómo seguir, cómo contar la historia.
- ¿Cómo se te ocurre?
- Un viaje sería un gran capítulo.
- Un viaje sería épico.
(Tengo los mejores amigos, tengo a la mejor de la gente, tengo las más lindas de las conversaciones).
martes, 15 de septiembre de 2015
Del incendio y del desastre...
Hoy leí "hay gente que sólo quiere ver el mundo arder" y recordé ese poema de Oliverio que dice "Desatar el incendio. Aplaudir el desastre." y comprendí de golpe que a veces así me siento cuando asomo la cabeza al mundo... Pero sólo a veces, como hoy.
HAZAÑA
Todo,
todo,
en el aire,
en el aire,
en el agua,
en la tierra
desarraigado y ácido,
descompuesto,
perdido.
El agua hecha caballo antes que nube y lluvia.
Los toros transformados en sumisas poleas.
El engaño sin malla,
sin "tutu",
sin pezones.
La impúdica mentira exhibiendo el trasero
en todas las posturas,
en todas las esquinas.
Las polillas voraces de expediente cocido,
disfrazadas de hiena,
de tapir con mochila.
Las techumbres que emigran en oscuras bandadas.
Las ventanas que escupen dentaduras de piano,
cacerolas,
espejos,
piernas carbonizadas.
Porque mirad
sin musgo,
mi corazón de yesca,
qué hicimos,
qué hemos hecho
con nuestras pobres manos,
con nuestros esqueletos de invierno y de verano.
Desatar el incendio.
Aplaudir el desastre.
Trasladar,
sobre caucho,
apetitos de pústula.
Prostituir los crepúsculos.
Adorar los bulones
y los secos cerebros de nuez reblandecida...
Como si no existiera más que el sudor y el asco;
como si sólo ansiáramos nutrir con nuestra sangre
las raíces del odio;
como si ya no fuese bastante deprimente
saber que sólo somos un pálido excremento
del amor,
de la muerte.
Oliverio Girondo.
Del vuelo...
Me encontré cual hoja pendiendo del árbol a punto de rendirme ante la ventolera.
El clamor de las hojas que me acompañan produce la melodía de la resignación.
Habremos de soltarnos, habremos de volarnos, habremos de perdernos unos de otros.
Creyendo que morimos al soltarnos, tememos.
Sintiendo temor nos aferramos.
Nada puedo hacer, me venzo.
Emprendo el vuelo.
El clamor de las hojas que me acompañan produce la melodía de la resignación.
Habremos de soltarnos, habremos de volarnos, habremos de perdernos unos de otros.
Creyendo que morimos al soltarnos, tememos.
Sintiendo temor nos aferramos.
Nada puedo hacer, me venzo.
Emprendo el vuelo.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Del cumpleaños del maestro...
Lunes 12 de agosto
Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía apoyada mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos tristes: eso era lo que estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo : "Te quiero". Entonces me di cuenta que era la primera vez que me lo decía, más aún; que era la primera vez que lo decía a alguien. Isabel me lo hubiera repetido veinte veces por noche. Para Isabel, repetirlo era como otro beso, era un simple resorte del juego amoroso. Avellaneda, en cambio, lo había dicho una vez, la necesaria. Quizá ya no precisa decirlo más, porque no es un juego: es una esencia. Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún órgano físico, pero que era casi asfixiante, insoportable. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo. "Hasta ahora no te lo había dicho ", murmuró, "no porque no te quisiera, si no porque ignoraba por qué te quería. Ahora lo sé" . Pude respirar, me pareció que la bocanada de aire llenaba mi estómago. Siempre puedo respirar cuando alguien explica las cosas. El deleite frente al misterio, el goce frente a lo inesperado, son sensaciones que a veces mis módicas fuerzas no soportan. Menos mal que alguien explica siempre las cosas. "Ahora lo sé. No te quiero por tu cara, ni por tus años, ni por tus palabras, ni por tus intenciones. Te quiero porque estás hecho de buena madera." Nadie me había dedicado jamás un juicio tan conmovedor, tan sencillo, tan vivificante. Quiero creer que es cierto, quiero creer que estoy hecho de buena madera. Quizá ese momento haya sido excepcional, pero de todos modos me sentí vivir. Esa opresión en el pecho significa vivir.
"La Tregua", Mario Benedetti
¡FELIZ CUMPLEAÑOS MAESTRO!
Gracias por tanto..!
Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía apoyada mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos tristes: eso era lo que estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo : "Te quiero"
¡FELIZ CUMPLEAÑOS MAESTRO!
Gracias por tanto..!
viernes, 11 de septiembre de 2015
De las 300 entradas que me llevaron a ti...
Y pues llegué a mis 300 entradas en el blog, después de quién sabe cuántas vivencias, alegrías, crisis, cambios. 300 ideas que de alguna forma significaron tanto como para darme el tiempo de plasmarlas aquí...
Disculpa mi insistencia en escribirte, nunca ha sido mi intención usarte, pero me es imposible dejar de aprovechar tu recuerdo como fuente de inspiración o espiración, o quizá expiración y un poco de expiación.
El punto es que me salivan las neuronas cuando te pienso y he decidido escribirte una vez más con alevosía:
"Gracias, pero no gracias a ti. Mis gracias van más allá.
Intento hacerlas llegar hasta las personas que te dieron la vida, hacia las que te criaron, hacia las que te dieron y no te dieron lo que pedías y repudiabas. Intento agradecerle a las personas que te han amado y a las que te han roto el corazón, a las que te hicieron fuerte y frágil y vulnerable. A todas esas personas que se cruzaron por tu camino y definieron algo a base de caricias o de trancazos.
A las que te nutrieron, a las que te engañaron, a las que le dieron forma a tu marco de referencia para ver el mundo; a ese olor a tortilla recién hecha, a esas canciones con las que te despertabas, a esos maestros que te alentaron y a los otros que te juzgaron. Agradezco a la sombra que te cobija y te permite tomar aliento, al calor de tu ciudad que no sólo te abrasa, sino que también te abraza. A esos ojos que te miraron tan adentro que se valieron un poema de tu inspiración, a la artista del color que estas formando, al camino de Santiago que recorres en compañía de magos y peregrinos.
A cada vez que decidiste doblar en una esquina y no en otra, a cada paso que has andado, a cada duda, a cada espera, a cada prisa, a cada dejo de melancolía que te hizo detener tu paso, a la fuerza que te impulsa, a las notas que te cimbran, a chavela, al claro de luna, al tequila.
Agradezco a las estrellas el día de tu nacimiento. A todo agradezco menos a ti. Porque tu eres una consecuencia, un resultado que ha venido a desembocar en ese momento en el que yo llegaba a la misma orilla.
No te asustes, no te azotes, quizás seas solo un pairo en mi deriva, pero aún así te amo, no para buscar en el periódico la sección de bienes raíces, ni para redactar mis votos matrimoniales. Te amo como el amor es, o creo que es. Sencillo.
Amarte es despertarme y pensarte y mandarte a través de las vibraciones cósmicas todo lo bueno que llevo dentro, amarte es desear que te encuentres bien y que tu día esté lleno de pequeños detalles que te cultiven el alma. Amarte es sentir como se hincha el pecho de solo saber que en el mundo hay alguien como tu, con su equipaje en una mano y en la otra el corazón. Amarte es saberme afortunada de tenerte. Es saborearte, es querer formar parte de tu vida en el lugar que quieras asignarme.
Te amo cuando te pienso mi amigo, y me lleno de orgullo por tus acciones. Te amo cuando percibo esa leve línea en el tiempo que marca el antes y el después de ti. Te amo cuando no necesito nada de ti porque todo me lo das sin que lo pida, y quizás sin que me de cuenta de que lo necesitaba. Te amo cuando pienso en tus desdichas y se me estremece el alma, cuando recuerdo tu risa y sonrío en consecuencia, cuando veo, leo o escucho algo y pienso de inmediato en compartirlo contigo, cuando me imagino tu voz y se me eriza la piel, cuando me sé mejor persona porque me transformas.
Así te amo, así de simple, sin clarines, sin fanfarrias, sin trompetas. Así con cada "buenos días", así con cada sugerencia, así con mis ganas de verte y de escucharte, así con el disfrutarte en la distancia.
No hagas nada conmigo, hazlo contigo. No cuestiones cómo las piedras deben acomodarse en mi muralla, construye tu castillo y deja que nuestros linderos sean vecinos. Defínete tu, constrúyete tu, crece tan alto como puedas, florece y yo comeré de tus frutos, purifica tus aguas y yo abrevaré en tu maná.
No te asustes, que mi amor no es más que la reafirmación de que la vida, vale la gloria de ser vivida.
Gracias".
Disculpa mi insistencia en escribirte, nunca ha sido mi intención usarte, pero me es imposible dejar de aprovechar tu recuerdo como fuente de inspiración o espiración, o quizá expiración y un poco de expiación.
El punto es que me salivan las neuronas cuando te pienso y he decidido escribirte una vez más con alevosía:
"Gracias, pero no gracias a ti. Mis gracias van más allá.
Intento hacerlas llegar hasta las personas que te dieron la vida, hacia las que te criaron, hacia las que te dieron y no te dieron lo que pedías y repudiabas. Intento agradecerle a las personas que te han amado y a las que te han roto el corazón, a las que te hicieron fuerte y frágil y vulnerable. A todas esas personas que se cruzaron por tu camino y definieron algo a base de caricias o de trancazos.
A las que te nutrieron, a las que te engañaron, a las que le dieron forma a tu marco de referencia para ver el mundo; a ese olor a tortilla recién hecha, a esas canciones con las que te despertabas, a esos maestros que te alentaron y a los otros que te juzgaron. Agradezco a la sombra que te cobija y te permite tomar aliento, al calor de tu ciudad que no sólo te abrasa, sino que también te abraza. A esos ojos que te miraron tan adentro que se valieron un poema de tu inspiración, a la artista del color que estas formando, al camino de Santiago que recorres en compañía de magos y peregrinos.
A cada vez que decidiste doblar en una esquina y no en otra, a cada paso que has andado, a cada duda, a cada espera, a cada prisa, a cada dejo de melancolía que te hizo detener tu paso, a la fuerza que te impulsa, a las notas que te cimbran, a chavela, al claro de luna, al tequila.
Agradezco a las estrellas el día de tu nacimiento. A todo agradezco menos a ti. Porque tu eres una consecuencia, un resultado que ha venido a desembocar en ese momento en el que yo llegaba a la misma orilla.
No te asustes, no te azotes, quizás seas solo un pairo en mi deriva, pero aún así te amo, no para buscar en el periódico la sección de bienes raíces, ni para redactar mis votos matrimoniales. Te amo como el amor es, o creo que es. Sencillo.
Amarte es despertarme y pensarte y mandarte a través de las vibraciones cósmicas todo lo bueno que llevo dentro, amarte es desear que te encuentres bien y que tu día esté lleno de pequeños detalles que te cultiven el alma. Amarte es sentir como se hincha el pecho de solo saber que en el mundo hay alguien como tu, con su equipaje en una mano y en la otra el corazón. Amarte es saberme afortunada de tenerte. Es saborearte, es querer formar parte de tu vida en el lugar que quieras asignarme.
Te amo cuando te pienso mi amigo, y me lleno de orgullo por tus acciones. Te amo cuando percibo esa leve línea en el tiempo que marca el antes y el después de ti. Te amo cuando no necesito nada de ti porque todo me lo das sin que lo pida, y quizás sin que me de cuenta de que lo necesitaba. Te amo cuando pienso en tus desdichas y se me estremece el alma, cuando recuerdo tu risa y sonrío en consecuencia, cuando veo, leo o escucho algo y pienso de inmediato en compartirlo contigo, cuando me imagino tu voz y se me eriza la piel, cuando me sé mejor persona porque me transformas.
Así te amo, así de simple, sin clarines, sin fanfarrias, sin trompetas. Así con cada "buenos días", así con cada sugerencia, así con mis ganas de verte y de escucharte, así con el disfrutarte en la distancia.
No hagas nada conmigo, hazlo contigo. No cuestiones cómo las piedras deben acomodarse en mi muralla, construye tu castillo y deja que nuestros linderos sean vecinos. Defínete tu, constrúyete tu, crece tan alto como puedas, florece y yo comeré de tus frutos, purifica tus aguas y yo abrevaré en tu maná.
No te asustes, que mi amor no es más que la reafirmación de que la vida, vale la gloria de ser vivida.
Gracias".
De las desventajas...
Lo más parecido a lo que me pasó contigo es cuando me aventé en paracaídas. Quizás sea exactamente lo mismo.
Llegué al campo bastante segura y confiada pensando "no va a pasar nada" y de pronto, los turnos pasaban y me encontré parada al lado de donde todos los inconscientes aterrizaban, y comencé a sentir cosas extrañas en el cuerpo, pero seguía con la adrenalina y la confianza de que a mí no me pasaba.
En eso estaba, ignorando todas las señales de alerta que me mandaba mi cuerpo cuando me ponen un traje y me enseñan las diferentes "posiciones de seguridad". Todavía no pasaba nada.
Después de un rato, llegó un hombre muy atractivo y dijo mi nombre, era mi instructor, y yo pensé "esto se pone cada vez mejor" y caminé gustosa a su lado mientras atravesábamos la pista y subíamos a la avioneta.
Mi instructor, guapo y carismático, me hacía preguntas y me contaba cosas para mantenerme distraída. Ahí supe que se llamaba "Bruno Valente" y que tenía años dedicándose como hobbie a eso.
Sin más, la avioneta despegó y las señales corporales de alarma fueron tales que me fue imposible ignorarlas.
Bruno me preguntaba constantemente si estaba segura de querer tirarme, y mi respuesta inicial, un tajante "sí" fue en minuendo hasta convertirse en un discreto y casi inaudible "no, pero lo voy a hacer de todos modos".
En el punto de altura en donde era necesario que mi traje y el de Bruno se conectaran, me encontré sentada sobre su regazo, siendo sujetada al punto de no poderme mover si él no se movía. ¡Me encontraba a miles de pies de altura, sujeta a un hombre desconocido a punto de lanzarme al vacío!
Y ahí es donde pienso que conocerte fue exactamente lo mismo.
¿Cómo puedo sentirme en desventaja? No tiene sentido.
- Si solo llegaste sin aviso, te sentaste a mi lado con tu té y me ofreciste uno, atenuando mi desgarbo.
- Solo me fuiste envolviendo en una plática tan exquisita que me brotaron los versos, esos que estaban guardados desde mis 14 años.
- Solo me escuchaste con tanta profundidad que fui víctima auditiva del eco de mis palabras.
- Solo me alborotaste los esquemas.
- Solo arreciaste el caudal de mis ideas.
- Solo me llevas a escribirte casi diario.
- Solo modificas mi respiración y me dejas sin aliento.
- Solo me llevas ida y vuelta a la tierra de los mundos posibles con sus realidades alternas.
- Si solo eres la sístole de mi vida y de mis versos.
No debería sentirme en desventaja, solamente me encontraba parada al borde del abismo, atada sin saberlo a ti, sin conocerte, y me dejé caer al vacío de las posibilidades, viviendo con terror al principio y después con fascinación una de las mejores experiencias de mi vida.
Llegué al campo bastante segura y confiada pensando "no va a pasar nada" y de pronto, los turnos pasaban y me encontré parada al lado de donde todos los inconscientes aterrizaban, y comencé a sentir cosas extrañas en el cuerpo, pero seguía con la adrenalina y la confianza de que a mí no me pasaba.
En eso estaba, ignorando todas las señales de alerta que me mandaba mi cuerpo cuando me ponen un traje y me enseñan las diferentes "posiciones de seguridad". Todavía no pasaba nada.
Después de un rato, llegó un hombre muy atractivo y dijo mi nombre, era mi instructor, y yo pensé "esto se pone cada vez mejor" y caminé gustosa a su lado mientras atravesábamos la pista y subíamos a la avioneta.
Mi instructor, guapo y carismático, me hacía preguntas y me contaba cosas para mantenerme distraída. Ahí supe que se llamaba "Bruno Valente" y que tenía años dedicándose como hobbie a eso.
Sin más, la avioneta despegó y las señales corporales de alarma fueron tales que me fue imposible ignorarlas.
Bruno me preguntaba constantemente si estaba segura de querer tirarme, y mi respuesta inicial, un tajante "sí" fue en minuendo hasta convertirse en un discreto y casi inaudible "no, pero lo voy a hacer de todos modos".
En el punto de altura en donde era necesario que mi traje y el de Bruno se conectaran, me encontré sentada sobre su regazo, siendo sujetada al punto de no poderme mover si él no se movía. ¡Me encontraba a miles de pies de altura, sujeta a un hombre desconocido a punto de lanzarme al vacío!
Y ahí es donde pienso que conocerte fue exactamente lo mismo.
¿Cómo puedo sentirme en desventaja? No tiene sentido.
- Si solo llegaste sin aviso, te sentaste a mi lado con tu té y me ofreciste uno, atenuando mi desgarbo.
- Solo me fuiste envolviendo en una plática tan exquisita que me brotaron los versos, esos que estaban guardados desde mis 14 años.
- Solo me escuchaste con tanta profundidad que fui víctima auditiva del eco de mis palabras.
- Solo me alborotaste los esquemas.
- Solo arreciaste el caudal de mis ideas.
- Solo me llevas a escribirte casi diario.
- Solo modificas mi respiración y me dejas sin aliento.
- Solo me llevas ida y vuelta a la tierra de los mundos posibles con sus realidades alternas.
- Si solo eres la sístole de mi vida y de mis versos.
No debería sentirme en desventaja, solamente me encontraba parada al borde del abismo, atada sin saberlo a ti, sin conocerte, y me dejé caer al vacío de las posibilidades, viviendo con terror al principio y después con fascinación una de las mejores experiencias de mi vida.
De las formas de intimar...
Se me escurrían las palabras por los dedos, se me filtraban las letras por los poros, sudaba ideas, mis latidos acompasaban la revolución de mi pensamiento y todo comenzó a darme vueltas como me viene pasando desde que te conocí.
¿Cómo podía yo imaginar que quisieras leer lo que escribo... y no sólo eso, sino que lo leyeras en verdad?
Sentí vergüenza y mucho miedo, de que leyeras algo y te dieras cuenta de lo que pienso y que además, no te gustara.
Pero vamos, que ya no es momento de vestir las emociones, de retocar los escombros y de pulir los bordes ásperos de éste conjunto que soy. Te escribo directito a ti.
"Para mi la intimidad no es entregarte mi cuerpo, sino darte mis palabras, esas que salen de a poquito, despacito y que a veces van acompañadas de una que otra lágrima.
Para mi la intimidad no es que conozcas mis tatuajes y los desapruebes, sino que conozcas la historia detrás de ellos.
Para mi la intimidad no es compartir una cama, sino que sepas que cuando me doy la vuelta trato de seguir tocando con alguna parte de mi cuerpo el tuyo, para saber que sigues ahí respetando mi espacio.
Para mi la intimidad no es contarte de mis amores, sino que leas, detrás de cada palabra, que tu ya eres unos de ellos".
Intimar no es sencillo. Se trata de mostrarse como muchas veces no nos mostramos ni a nosotros mismos. Es dar la llave maestra que abre cada entrada y salida del laberinto que somos. Es saber, muy en el fondo, que el riesgo que corremos no es un riesgo, sino la certeza de que habremos de desquebrajarnos frente al otro mientras deseamos que nos ayude a reconstruirnos.
¿Cómo podía yo imaginar que quisieras leer lo que escribo... y no sólo eso, sino que lo leyeras en verdad?
Sentí vergüenza y mucho miedo, de que leyeras algo y te dieras cuenta de lo que pienso y que además, no te gustara.
Pero vamos, que ya no es momento de vestir las emociones, de retocar los escombros y de pulir los bordes ásperos de éste conjunto que soy. Te escribo directito a ti.
"Para mi la intimidad no es entregarte mi cuerpo, sino darte mis palabras, esas que salen de a poquito, despacito y que a veces van acompañadas de una que otra lágrima.
Para mi la intimidad no es que conozcas mis tatuajes y los desapruebes, sino que conozcas la historia detrás de ellos.
Para mi la intimidad no es compartir una cama, sino que sepas que cuando me doy la vuelta trato de seguir tocando con alguna parte de mi cuerpo el tuyo, para saber que sigues ahí respetando mi espacio.
Para mi la intimidad no es contarte de mis amores, sino que leas, detrás de cada palabra, que tu ya eres unos de ellos".
Intimar no es sencillo. Se trata de mostrarse como muchas veces no nos mostramos ni a nosotros mismos. Es dar la llave maestra que abre cada entrada y salida del laberinto que somos. Es saber, muy en el fondo, que el riesgo que corremos no es un riesgo, sino la certeza de que habremos de desquebrajarnos frente al otro mientras deseamos que nos ayude a reconstruirnos.
jueves, 10 de septiembre de 2015
De mi padre...
Mi historia no es más triste que la tuya... Y puede que tampoco sea más triste que ninguna.
Tuve el mejor papá del mundo. El que me enseñaba cosas nuevas cada día, el que me dejaba experimentar con el mundo, el que me pedía que pensara lo que iba a decir antes de decirlo, el que no me levantaba cuando me caía, el que jamás me puso una mano encima aún cuando me lo merecía, el que me dejó ser tan rara como quise, el que se tragó sus palabras para no herirme, el que me hacía sentir que era capaz de lograr cualquier cosa y que sólo me pedía algo a cambio: "se la mejor en todo lo que hagas".
Tuve el mejor papá del mundo, hasta que un día me di cuenta de que era humano. Fue entonces cuando el mejor papá del mundo desapareció y me dejó a cambio a un padre ausente, un padre que prefirió alejarse para no ser cuestionado, un padre que llegó tarde a todas mis ceremonias de premiación, un padre que mentía constantemente y que dejó de comunicarse conmigo.
Con los años tuve otro padre, uno con el que compartí un breve alcoholismo, uno con el que me iba de parranda, uno con el que cantaba en bares, uno con el que hacía bromas y tocaba la guitarra, uno que me utilizó sin darme cuenta para ganar una guerra de popularidad paterna.
Ahora, ahora tengo un padre tan golpeado y tan dolido que prefiere perderlo todo antes que su orgullo, uno que no contesta mis llamadas, uno que sigue mintiendo y manipulando para no reconocer que se equivoca, uno que prefirió suspender el trato cuando no quise tomar su "bando". Ahora tengo un padre que me duele en la distancia, al que le he dicho que lo quiero y le he pedido que me lo diga de vuelta, en serio.
Ya no quiero ni un padre bueno ni uno malo, ni uno ausente o presente, ahora sólo quiero tener un padre feliz. Uno que haga las paces con la vida y que aproveche a su familia, que sea la mitad de buen abuelo como lo fue de padre conmigo, uno que pueda sentarse a la mesa en navidad sin sentirse extraño, uno que entienda que yo sé que hizo lo mejor que pudo con lo que tenía, uno que sepa que gracias a él soy lo que soy y que con nada podré pagárselo, uno que al dormir se lleve una sonrisa a la cama sabiendo que, a pesar de todo, es un gran padre.
Tuve el mejor papá del mundo. El que me enseñaba cosas nuevas cada día, el que me dejaba experimentar con el mundo, el que me pedía que pensara lo que iba a decir antes de decirlo, el que no me levantaba cuando me caía, el que jamás me puso una mano encima aún cuando me lo merecía, el que me dejó ser tan rara como quise, el que se tragó sus palabras para no herirme, el que me hacía sentir que era capaz de lograr cualquier cosa y que sólo me pedía algo a cambio: "se la mejor en todo lo que hagas".
Tuve el mejor papá del mundo, hasta que un día me di cuenta de que era humano. Fue entonces cuando el mejor papá del mundo desapareció y me dejó a cambio a un padre ausente, un padre que prefirió alejarse para no ser cuestionado, un padre que llegó tarde a todas mis ceremonias de premiación, un padre que mentía constantemente y que dejó de comunicarse conmigo.
Con los años tuve otro padre, uno con el que compartí un breve alcoholismo, uno con el que me iba de parranda, uno con el que cantaba en bares, uno con el que hacía bromas y tocaba la guitarra, uno que me utilizó sin darme cuenta para ganar una guerra de popularidad paterna.
Ahora, ahora tengo un padre tan golpeado y tan dolido que prefiere perderlo todo antes que su orgullo, uno que no contesta mis llamadas, uno que sigue mintiendo y manipulando para no reconocer que se equivoca, uno que prefirió suspender el trato cuando no quise tomar su "bando". Ahora tengo un padre que me duele en la distancia, al que le he dicho que lo quiero y le he pedido que me lo diga de vuelta, en serio.
Ya no quiero ni un padre bueno ni uno malo, ni uno ausente o presente, ahora sólo quiero tener un padre feliz. Uno que haga las paces con la vida y que aproveche a su familia, que sea la mitad de buen abuelo como lo fue de padre conmigo, uno que pueda sentarse a la mesa en navidad sin sentirse extraño, uno que entienda que yo sé que hizo lo mejor que pudo con lo que tenía, uno que sepa que gracias a él soy lo que soy y que con nada podré pagárselo, uno que al dormir se lleve una sonrisa a la cama sabiendo que, a pesar de todo, es un gran padre.
domingo, 6 de septiembre de 2015
De lo que perdí por miedo...
Me he esforzado por recordarte pero no lo logro y sé muy bien por qué...
No puedo recordarte porque cuando te tuve.. Tuve miedo..
No puedo recordar tus formas o lunares porque cerré mis ojos para no seguir viéndote y que me gustaras más todavía. Los cerré para no guardar en mi recuerdo tu presencia y tenerla inevitablemente con cada parpadear.
Tuve miedo de recorrer tu cuerpo palmo a palmo para no guardar la suavidad de tu piel y memorizar tus espacios. Contuve mis manos lo más que puede ante el impulso de tocarte.
No alboroté tu cabello para despertar su olor ni te abracé fuertemente para colocar mi cara en tu cuello o en tu pecho. Te di la espalda todo el tiempo para no encontrar un lugar en donde mis cóncavos encajaran en tus convexos.
No probé tu boca. No pude más que rozar tus labios con todo el temor que habita dentro de mí, sin dejar que tu sabor se mezclara con el mío, para no tener que cargar con la agonía de que todos los sabores se perdieran para siempre por quedarse ocultos detrás del tuyo.
Solo recuerdo mis dedos aferrándose a ti en ciertos momentos.. Mi piel rozando la tuya.. El calor de tu abrazo y mi pequeña batalla por no dejarme ir y que todo tú me quedaras más tatuado que esas letras en mi espalda.
No te recuerdo y me duelen los vacíos. No te recuerdo y me faltas. No te recuerdo.
No puedo recordarte porque cuando te tuve.. Tuve miedo..
No puedo recordar tus formas o lunares porque cerré mis ojos para no seguir viéndote y que me gustaras más todavía. Los cerré para no guardar en mi recuerdo tu presencia y tenerla inevitablemente con cada parpadear.
Tuve miedo de recorrer tu cuerpo palmo a palmo para no guardar la suavidad de tu piel y memorizar tus espacios. Contuve mis manos lo más que puede ante el impulso de tocarte.
No alboroté tu cabello para despertar su olor ni te abracé fuertemente para colocar mi cara en tu cuello o en tu pecho. Te di la espalda todo el tiempo para no encontrar un lugar en donde mis cóncavos encajaran en tus convexos.
No probé tu boca. No pude más que rozar tus labios con todo el temor que habita dentro de mí, sin dejar que tu sabor se mezclara con el mío, para no tener que cargar con la agonía de que todos los sabores se perdieran para siempre por quedarse ocultos detrás del tuyo.
Solo recuerdo mis dedos aferrándose a ti en ciertos momentos.. Mi piel rozando la tuya.. El calor de tu abrazo y mi pequeña batalla por no dejarme ir y que todo tú me quedaras más tatuado que esas letras en mi espalda.
No te recuerdo y me duelen los vacíos. No te recuerdo y me faltas. No te recuerdo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)