martes, 10 de noviembre de 2020

Para Don Vergas, aka mí papá..

 Imagina tener que defenderme de todos, sobre todo de ti.

Después de tantos años, la vuelves a hacer papá, ahora no directamente hacia mí, pero sí hacia mi familia. 

No gano tanto dinero para pagarme tantas terapias e ir reparando lo que tu vas rompiendo. 

Necesito confesarte algo, una parte de mí soñaba con que envejecieras y desde esa vulnerabilidad te acercaras a los que siempre hemos estado, tu familia.

Pero no, te vas a morir como mi abuela, en una silla de ruedas, con una embolia y sin poderte expresar. Dependiente, inválido, en agonía y sufrimiento constante, atormentado por todas las chingaderas que haz hecho, y yo, yo probablemente haga lo mismo que hice con ella cuando me tendió su mano y balbuceaba llorando quién sabe qué cosas, probablemente te diga como le dije a ella: no papá, ya no. 

Quería que vieras que era una chingona como tú tantas veces me decías, claro, cuando no me llamabas puta, porque podía ser todo lo chingona que yo quisiera mientras no abriera las piernas. Quería que vieras que podía yo sola, tanto que me he partido la madre para poder yo sola y me he encargado de sabotear todas mis relaciones de pareja para estar sola. Quería que vieras que siempre soy la mejor aunque eso implique competir con todos, siempre, a costa de todo, incluso de mí. Quería que te sintieras orgulloso de mí y que me lo dijeras no para el periódico o para tus amigos, sino para mí, solo para mí. Quería tantas cosas, que evidentemente no van a ser. 

Hoy solo quiero paz en mi corazón, quiero descansar de ti, como dice Sabines "curarme de ti", quisiera no vivir a la defensiva, pero a eso me acostumbraste, quisiera no vivir alejándome de todo lo que pienso que podría lastimarme, no verte en cada persona a la que le abro mi corazón y sentir que debo estar lista para el ataque, y cómo no, si quién debía cuidarme y protegerme me chinga. 

"Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte", y de verte en cada hombre del que me enamoro y vivo pendiente de que no me haga daño, aprender a confiar y a elegir en quién confiar. Debo dejar de elegir personas a las cuales cargar nada más para que veas que no solo puedo con lo mío, sino que soy una mujer tan fuerte que puedo cargar a un hombre. Debo dejar de buscar tu aprobación eligiendo cargas o de huir cuando me siento vulnerable.

Debo, debo, debo. 


sábado, 7 de noviembre de 2020

De repetirme las cosas..

Soy más fuerte de lo que pienso y siento.

El miedo enfrentado se convierte en valor. 

Soy más fuerte de lo que pienso y siento.

El miedo enfrentado se convierte en valor. 

Soy más fuerte de lo que pienso y siento.

El miedo enfrentado se convierte en valor. 

No necesito que nadie me salve. 

Yo puedo con esto y más. 

No necesito que nadie me salve. 

Yo puedo con esto y más.

No necesito que nadie me salve. 

Yo puedo con esto y más.


Esto también pasará.


lunes, 2 de noviembre de 2020

De Los solos..

 Así como Galeano escribía para "Los nadie", así yo escribo para "Los solos"..


Los solos, esos que nadie cuida jamás. A los que la vida se les va cuidando de otros. 

Los que saben lo que vale un buenos días, un ya comiste, un cómo estas.

Los solos, los fuertes, los que siempre pueden. Los que aprendieron a poder, porque no había más.

Los que no piden ayuda, los que no se dejan ayudar. Los que sostienen el mundo en su regazo.

Los solos, los que no paran, los que continúan aunque sea a rastras. Los que no pueden sino avanzar.

Los que saben que si se detienen detienen todo, porque todo lo mueven ellos. 

Los solos, los que lloran en silencio y en lo oscuro. Los que esconden lo que sienten para no molestar.

Los que esperan un abrazo que no llega, los que piden sin recibir jamás.

Los solos, los que ven a los demás acompañados. Los que se preguntan cuándo les irá a tocar.

Los que sueñan con no estar solos, lo que tienen la esperanza de encontrar su lugar.

Los solos, los que se lamen sus heridas solos. 

Los que se duermen solos.

Los que sienten tanto y tan intenso solos.

Los que se celebran solos.

Los que se dan aliento solos.

Los que se sacan de la cama solos.

Los que no dejan legado.



Para la niña bonita que me llama en la madrugada para llorar acompañada, mi cariño y admiración siempre. 

lunes, 26 de octubre de 2020

De ti..

 Mi niño de los ojos bonitos, esos que siempre dije que eran verdes y tú insistías en que eran azules, o ¿era al revés?

Mi niño de la sonrisa grande, esa que hacía que se te cerraran un poquito tus ojitos, que a veces era tierna y a veces indicaba precaución.

Mi niño grande, guapo y fuerte, competitivo y amoroso, cálido y necio, terco como tú solo y humilde para aprender. 

Mi niño noble, el hombre más íntegro, honesto y fiel. 

Mi niño el mejor de todos, el único, mi primer amor, mi gran amigo, mi compañero y confidente. 

Mi niño, ese que me puso nerviosa desde el día primero, con tu caminar seguro y arrogante, con tu voz firme y pretenciosa. 

Mi niño corazón gigante, donde cabían todos menos tú.

De lo que me dijeron de ti..

Te extraño tanto. A veces quisiera haberme ido yo antes que tú, a veces quisiera no tener que estarte escribiendo esto y solo estar contigo en la sala de tu casa con tu guitarra y tus gatos, o afuera en la cochera, yo parada y tú sentado para que te pudiera abrazar; o quizás en tu cuarto donde te acostabas y te agarraba la panza mientras me decías que a veces tenías que aguantarte mucho para no pegarme por todo lo que te hacía enojar. O mínimo estar sentada en el sillón de tu estudio de grabación mientras tú me contabas historias de los culeros de tu familia o veíamos televisión.

Nuestra relación siempre fue rara, nos queríamos mucho, eso no lo dudo, te amaba y me amabas, cuidaba de ti y cuidabas de mi, cada quien a su estilo. Contigo aprendí lo que era el amor en todas sus formas; me permitiste enamorarme de ti y arrodillarme frente a ti para que no me dejaras, te quedaste a mi lado cuando me cortaste porque sabías lo mucho que me dolía y de alguna forma querías consolarme. Siempre fuiste más honesto y fuerte que yo, y eso hizo que me quedara a tu lado, jamás me mentiste, incluso cuando sabías que la verdad me destrozaba. ¿Cómo no amarte? Si siempre me mostraste quién eras. 

Me mostraste el amor de amigos, ese incondicional y literalmente sobre todas las personas y cosas, me llevabas con tu familia aunque hablaran de mi, me llevabas con tus amigos aunque hablaran de ti, me llevabas a todos lados y siempre sentí que te sentías orgulloso de mi, de nosotros. 

Siempre supiste que te defendía ante cualquiera que dijera algo de ti, que era tu más fiel admiradora, que cuando te veía se iluminaban mis ojos, se me dibujaba una sonrisa y que no podía evitar abrazarte y decirte lo mucho que te quería. 

Mi amor por ti trascendió todo, me enseñaste que sí existen esos hombres con los que las mujeres soñamos, te convertiste en mi ideal, en mi niño perfecto, en mi referente de cómo debía tratarme aquel del que me enamorara. Después de ti solo pude enamorarme de nuevo con la misma intensidad de otro y tú no dudaste en convertirte en su amigo, porque decías que si me hacía feliz no tenías por qué no quererlo. 

Te antojabas conmigo cada vez que yo permitía que algún cabrón con el que salía me quisiera menos que tú. Intentabas darme lecciones, consejos, emparejarme con tus amigos. Más nunca dejaste que me pusiera con ese amigo tuyo que sabías que me gustaba porque según tú nada más me iba a partir el corazón.

¿Qué hago ahora? Si dice la gente que estás muerto. Si te escribo para contarte todo lo que me pasa y no me respondes, si el dolor me llega de golpe y no puedo llamarte para que me regañes y me consueles. Si no pude ni tomarte de la mano antes de que dejaras de respirar, si no pude ni ir a verte, ni decirte al oído lo mucho que te amaba una vez más. 

No sé cuantas veces tendré que pedirte perdón en mis pensamientos y en mis sueños, por no haber ido, por no haber estado, por la sangre que te faltó, por no decirle a tu familia que se fuera a la verga, por seguir viva sin ti. 

Hoy me dijo mi maestra que tú estás feliz y pleno, y quise creerle pero no pude, porque todavía no puedo ni reconocer que estás muerto. Pero si es verdad que estás feliz, tal vez podría creer que Dios existe y que la vida es justa, porque si alguien se merece ser feliz debes ser tú. 


jueves, 22 de octubre de 2020

lunes, 19 de octubre de 2020

Del tiempo que lo ordena todo..

 Hoy estaba recordando cuando un ex novio, en aquel entonces novio, me decía que mi mejor amigo no le caía bien.

Sus razones, que por qué me pedía un vaso con hielo antes que él pudiera hacerlo, porque sabía cómo me gustaba ordenar mi comida y a veces la pedía por mí, porque hacía cosas que los novios deben hacer, no los amigos. 

Un día, estando en la casa de mi amigo celebrando su cumpleaños, mi entonces novio comenzó a querer imponer algo parecido a dominio o marcar terreno desde el argumento de que mi amigo sería mi amigo pero ÉL era MI NOVIO.

No voy a describir toda la conversación, solo diré que mi amigo le pidió que no compitiera porque iba a perder y que esa misma noche mi novio le llamó en la madrugada a mi amigo porque no sabía que hacer porque habían atropellado a mi perra y yo estaba desconsolada en la veterinaria tratando de averiguar si iba a vivir o no. Mi amigo dejó su fiesta y fue a abrazarme, después se fue. 

De eso deben ser ya 10 años o más.

Pienso que quien me quiere necesita comprender eso, que tengo amigos que se salen de sus fiestas de cumpleaños para irme a dar un abrazo y que ese lugar es inamovible e incuestionable.

Hace 18 años que mi amigo es mi amigo, ¿y mi ex? Le acaba de dar like a todas mis fotos de fin de semana de descanso con mi amigo. 

El tiempo pone cada cosa en su lugar. 

sábado, 3 de octubre de 2020

De esos perros..

 Yo tenía 9 años cuando nos los regalaron.

Cuando pienso en mis 9 años pienso en el primer año más difícil de mi vida. Me había cambiado de ciudad muy a pesar de mi voluntad, había llegado a vivir a una colonia muy distinta a la mía, con algunas calles sin pavimento y con niños corriendo por todos lados sin zapatos. Mí escuela era un infierno lleno de demonios de nueve años, donde me jalaban el cabello, se reían de mí, me quitaban mí dinero, inventaban chismes, y donde prefería sentarme sola fuera del salón a que los minutos del recreo terminaran. Los maestros me querían y los compañeros más me rechazaban, le gusté al niño guapo de la escuela y mis compañeras más me maltrataban, ganaba los concursos académicos y eso me ponía no solo como la nueva o la rara sino también como la mamona presumida que se cree más que los demás. 

Mi casa era otro pequeño infierno de a momentos, me sentía sola y las broncas entre mis padres en lugar de resolverse con el cambio de ciudad se agravaron porque ahora se veían diario. 

Y un día mis tíos llegaron a regalarme al Nicolás. Un french talla mediana color blanco. Y yo lo amé desde el día uno. 

Se convirtió en MÍ perro. Yo lo bañaba, lo cepillaba y le cortaba su pelo, él me mordía cada vez que podía y en ocasiones lograba clavarme los colmillos hasta el punto de hacerme sangrar, y aún así lo amaba. 

No pasó mucho tiempo para darnos cuenta que sus patas traseras se comenzaban a doblar hacia adentro y eso ya no le permitía brincar. Lo llevamos al veterinario y nos dijo que era algo común y que era mejor dormirlo (qué forma tan elegante de decir asesinarlo) en ese momento, porque su condición empeoraría, tendría mucho dolor y dificultades para caminar. Yo me resistí y por fortuna mi padre también.

Nico vivió 13 años a mi lado. Es el perro más listo que he tenido, encontró la forma de hacer todo lo que haría un perro adaptándose. Se subía a la cama con ayuda, haciendo palanca entre sus patas delanteras, su cuello y la mano de alguien que lo apoyara en hacer presión, pero se subía por él mismo. Caminaba con sus patas traseras dobladas y casi arrastrándose cargado básicamente por sus patas delanteras y una habilidad increíble de balance y equilibrio de todo su cuerpo. Mis amigos le llamaban “el perro foca” porque era muy similar su andar.

Tenía un oído increíble y era protector. Avisó cuando quisieron robar la camioneta de mi papá afuera de la casa, avisó cuando mi hermana se desmayó en el vestidor de nuestro cuarto, avisaba de todo y encontraba la manera de darse a entender. 

Murió no por viejo sino por un accidente. 

Fue mi primera muerte significativa. Nadie sabe lo que se siente perder a un perro como el Nico. Nadie sabe lo que se siente cuidarlo y sentir que te cuidaba, nadie sabe todo lo que le conté a él y no supo nadie más. Nadie sabe lo mucho que me dolió llevarlo a que lo durmieran para no verlo sufrir más. 

Creo que el Nico me enseñó mucho sobre cuidar a aquellos que amas, que todos se merecen la oportunidad de vivir, que un perro así puede ser más leal y amoroso que cualquiera, a interesarme por los perros diferentes o especiales. El Nico fue mi compañero y mi amigo, aunque tuviera un carácter de la chingada, y cómo no, si vivía siempre con dolor. 

A veces me siento como el Nico, muy leal y amorosa a mi manera, a veces medio chueca y viviendo a ratos con mucho dolor. Pero siempre teniendo en claro cuidar a mi gente aún  con todo y mi carácter de la chingada. 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

De ver la cosas tal como son..

 Hoy me quedé sentada escuchando los pajaritos.

Estoy intentando hacer vipassana. Nunca me ha gustado hacerlo, sin embargo es lo único que me aterriza, que me calma, “ver las cosas tal como son”.

Encuentro caos y me pregunto ¿de cuántas cosas me estaré desprendiendo? 

Quiero correr hacia lo conocido, eso que me da sensación de seguridad y a la vez deseo comenzar cosas nuevas, y me veo haciendo más de lo mismo, dándome cuenta que hago más de lo mismo, y me juzgo y me rechazo, y luego me entiendo y me tengo compasión y después siento ese vacío fértil y duele y cuesta respirar y me da esperanza porque me estoy transformando, sé que ya no soy la misma, y me pierdo porque tampoco sé quién soy y no veo los límites, y me da gusto porque he dejado de ponerme límites, y pienso en nuevos rumbos y nuevas posibilidades y en dejar de repetir, y llego al punto de inicio. 

Me cuesta respirar, me cuesta mucho respirar y pienso que estoy teniendo un ataque de ansiedad y sé que es mi mente y que yo puedo pararlo, y sonrío y lloro al mismo tiempo. Me gustaría estar en Sonora, donde caminaba mucho y andaba en bicicleta, y recuerdo que caminaba mucho porque estaba sola y regresa esa sensación que me dio cuando Paco me dijo esa frase que me sacó el aire y yo solo respondí que me siento sola desde hace mucho tiempo. 

Ahí está el vacío, es hora de perdonar a mi padre. 

lunes, 21 de septiembre de 2020

Pero no puedo..

 Hoy es la primera vez que canceló mi trabajo porque no me siento bien.

Me siento triste, mucho. 

Hoy abrí la caja que tenía el nombre de mi padre guardada en mi memoria. Y encontré tantas cosas que le dan sentido a lo que hago y me hago.

Pensé en escribirle a mi novio, pero no puedo, ya no es más mi novio.

Pensé en escribirle a César, pero no puedo, entre su depresión y su trabajo ya no hay tiempo.

Pensé en escribirle a Ibis, pero no puedo, a veces olvido que está muerto. 

Pensé que no puedo escribirle a alguien y quise platicar con Dios y no sé cómo. 

Solo pude cancelar mi trabajo y darme unas horas para estar sola, conmigo, y aceptar qué hay batallas que son así y las tengo que pelear sola, devolviendo el estómago, siendo mi propio sostén.  

De las cosas nuevas..

 Este año ha sido todo nuevo, no me refiero a la pandemia, aunque también. 

Supongo que dentro de todos los aprendizajes comienzo a entender que debo de dejar de defender banderas viejas, comenzar a abandonar las orillas y quemar las naves de aquellos llenos de consuelo "yo nunca". 

Por ejemplo, en este año regresé en dos ocasiones a una relación que yo había terminado, cosa que "yo nunca" había hecho por nadie. No ha sido sencillo repetirme en mi cabeza que quizás regresaba porque no había terminado de aprender la lección y que ya no deseaba repetirla, porque la vida es buena maestra y cada que he repetido ese curso ha sido peor. 

Además este año no le pude decir adiós a un gran amigo, ese por quién podría llenar este espacio de historias, ese a quién amo profundamente y que se murió a penas consciente en una cama de hospital. Yo me despedí semanas antes, con unos mensajes en donde nos reafirmábamos que, a pesar de ya no decirnos abiertamente "te amo", eso sentíamos el uno por el otro. 

Ahora, aquí sentada pensando en el bienestar de alguien más...

(abro paréntesis, eso es precisamente lo que he estado trabajando con mi terapeuta, reconocer el patrón de poner el bienestar ajeno antes que el propio como estilo de vida, inmolarme, victimizarme, vestirme de soberbia para que no se me noten las pisadas que permito los demás dejen sobre mí. Ya no deseo pensar en los demás como sacrificio, desbordada de reclamos y cansancio, ya no deseo llevarme al límite donde cargo con responsabilidades ajenas de cuidar al otro, ¡esa fantasía!, si todavía no conozco como cuidar de mí ¿Cómo creo que voy a cuidar al otro?)

... corrijo, pensando en mi bienestar a través de dejar de joderme al otro, me encuentro decidiendo alejarme de alguien a quién le deseo todo lo bueno del mundo, de alguien a quién respeto y admiro y por quién mi mayor muestra de cariño es retirarme. Sin despedidas dramáticas, sin desbordarme en emoción, sin llanto, acomodada en mi cabeza pensando en que es lo mejor para los dos. 

Encontrándole un doble sentido a ese cuidar y transformándolo en un "te cuido-me cuido".

domingo, 20 de septiembre de 2020

De aquello que buscamos...

Me atrevería a decir, que todos los seres humanos, andamos, buscando algo. En sentido literal o figurado, en cuestiones físicas, intelectuales, emocionales, espirituales o de cualquier otra materia o sustancia.
Leer el cuento "El hombre" de Ray Bradbury me hizo re-conocer esa parte en mi.

La vida es un viaje, así como el viaje en el que vivía el capitán Hart. Visitando planeta tras planeta, en una vida tan ajetreada como la que muchos llevamos en la actualidad. El, quien nunca dormía, comía muy poco, jamás dejaba de moverse, tan parecido a nosotros, quienes vivimos para trabajar, para correr de un lado a otro, llenos de obligaciones, deberes y ocupaciones, quienes no descansamos para conseguir aquello que creemos nos hará felices, se cuestiona el por que de sus viajes:

-          - ¿Por qué hacemos esto Martin? Me refiero a estos viajes por el espacio. Siempre adelante. Siempre buscando. Los nervios siempre en tensión. Nunca un instante de reposo.
-         - Quizás buscamos un poco de paz y tranquilidad. Indudablemente no hay nada parecido en la Tierra.
-         - …No desde que tiramos todo aquello por la borda, todo aquello en que creíamos, ¿eh? El poder divino y todo lo demás. ¿Y cree usted que por eso viajamos a las estrellas, Martin? En busca de nuestras almas perdidas, ¿no es así?

-         - Quizás, capitán. Es indudable que algo buscamos.

Nunca dormía, comía muy poco, jamás dejaba de moverse.

Construimos cohetes, afrontamos la difícil travesía del espacio y así nos pagan. ¿No comprenden que importante es esto? El primer cohete interplanetario que llega a estas tierras de provincia.

-          Señor, ayer, en esta ciudad, ha aparecido un hombre notable… bueno, inteligente, compasivo e infinitamente sabio.
-          ¿y  eso que tiene que ver con nosotros?
-          Es difícil de explicar. Pero han estado esperándolo mucho tiempo.
-          Solo hay tres cohetes. Nosotros íbamos delante. ¿Quién llego antes que nosotros? ¿Cómo se llama?
-          No tiene nombre. No lo necesita.
-          Bueno, ¿Qué hace ese hombre para que nadie tenga interés ni en mirar nuestro cohete?
-          Ante todo – dijo Martin con calma- cura a los enfermos y consuela a los pobres. Lucha contra la hipocresía y la corrupción, y se sienta entre la gente, y habla todo el día.
-          No entiendo.
-          Capitán, si no entiende, no puedo explicárselo.

-          Ya estoy un poco harto de sus aires de superioridad – replico Martin-. Deje tranquilos a estos hombres. Una vez que ven algo decente y bueno, viene usted a estropearlo todo y a ponerlos en ridículo. Camine por las calles de esta ciudad, y vi las caras, y vi algo que usted no ha visto nunca… un poco de fe.

-          ¡Usted tiene que saber dónde está!
-          Cada uno lo encuentra a su modo
-          Usted esta ocultándolo.
-          No
-          ¿Y no sabe dónde está?
-          No puedo decirle donde está, exactamente.
-          Le aconsejo que hable - El capitán extrajo un arma pequeña.
-          No sé qué decirle – dijo el alcalde.
-          ¡Mentiroso!
-          Esta usted muy cansado – le dijo-. Ha hecho usted un largo viaje y pertenece a un pueblo cansado que ha vivido mucho tiempo sin fe. Y ahora tiene usted tantos deseos de creer, que tropieza y se confunde. Será más difícil si mata a alguien. Así no va a encontrarlo.

-          Deje esa arma. Se hace daño. Nunca ha creído, y ahora supone que cree, y lastima a la gente.

-           Hay algo que quisiera saber.
-          ¿Qué?
-          Señor, cuando lo encuentre… si lo encuentra – dijo Martin-, ¿Qué le va a pedir?
-          Le pediré un poco de… paz y tranquilidad. – Toco el cohete-. Hace mucho, mucho tiempo… que no descanso.
-          ¿Ha intentado descansar alguna vez, capitán?
-          No comprendo
No importa. Adiós, capitán.