miércoles, 23 de septiembre de 2020

De ver la cosas tal como son..

 Hoy me quedé sentada escuchando los pajaritos.

Estoy intentando hacer vipassana. Nunca me ha gustado hacerlo, sin embargo es lo único que me aterriza, que me calma, “ver las cosas tal como son”.

Encuentro caos y me pregunto ¿de cuántas cosas me estaré desprendiendo? 

Quiero correr hacia lo conocido, eso que me da sensación de seguridad y a la vez deseo comenzar cosas nuevas, y me veo haciendo más de lo mismo, dándome cuenta que hago más de lo mismo, y me juzgo y me rechazo, y luego me entiendo y me tengo compasión y después siento ese vacío fértil y duele y cuesta respirar y me da esperanza porque me estoy transformando, sé que ya no soy la misma, y me pierdo porque tampoco sé quién soy y no veo los límites, y me da gusto porque he dejado de ponerme límites, y pienso en nuevos rumbos y nuevas posibilidades y en dejar de repetir, y llego al punto de inicio. 

Me cuesta respirar, me cuesta mucho respirar y pienso que estoy teniendo un ataque de ansiedad y sé que es mi mente y que yo puedo pararlo, y sonrío y lloro al mismo tiempo. Me gustaría estar en Sonora, donde caminaba mucho y andaba en bicicleta, y recuerdo que caminaba mucho porque estaba sola y regresa esa sensación que me dio cuando Paco me dijo esa frase que me sacó el aire y yo solo respondí que me siento sola desde hace mucho tiempo. 

Ahí está el vacío, es hora de perdonar a mi padre. 

lunes, 21 de septiembre de 2020

Pero no puedo..

 Hoy es la primera vez que canceló mi trabajo porque no me siento bien.

Me siento triste, mucho. 

Hoy abrí la caja que tenía el nombre de mi padre guardada en mi memoria. Y encontré tantas cosas que le dan sentido a lo que hago y me hago.

Pensé en escribirle a mi novio, pero no puedo, ya no es más mi novio.

Pensé en escribirle a César, pero no puedo, entre su depresión y su trabajo ya no hay tiempo.

Pensé en escribirle a Ibis, pero no puedo, a veces olvido que está muerto. 

Pensé que no puedo escribirle a alguien y quise platicar con Dios y no sé cómo. 

Solo pude cancelar mi trabajo y darme unas horas para estar sola, conmigo, y aceptar qué hay batallas que son así y las tengo que pelear sola, devolviendo el estómago, siendo mi propio sostén.  

De las cosas nuevas..

 Este año ha sido todo nuevo, no me refiero a la pandemia, aunque también. 

Supongo que dentro de todos los aprendizajes comienzo a entender que debo de dejar de defender banderas viejas, comenzar a abandonar las orillas y quemar las naves de aquellos llenos de consuelo "yo nunca". 

Por ejemplo, en este año regresé en dos ocasiones a una relación que yo había terminado, cosa que "yo nunca" había hecho por nadie. No ha sido sencillo repetirme en mi cabeza que quizás regresaba porque no había terminado de aprender la lección y que ya no deseaba repetirla, porque la vida es buena maestra y cada que he repetido ese curso ha sido peor. 

Además este año no le pude decir adiós a un gran amigo, ese por quién podría llenar este espacio de historias, ese a quién amo profundamente y que se murió a penas consciente en una cama de hospital. Yo me despedí semanas antes, con unos mensajes en donde nos reafirmábamos que, a pesar de ya no decirnos abiertamente "te amo", eso sentíamos el uno por el otro. 

Ahora, aquí sentada pensando en el bienestar de alguien más...

(abro paréntesis, eso es precisamente lo que he estado trabajando con mi terapeuta, reconocer el patrón de poner el bienestar ajeno antes que el propio como estilo de vida, inmolarme, victimizarme, vestirme de soberbia para que no se me noten las pisadas que permito los demás dejen sobre mí. Ya no deseo pensar en los demás como sacrificio, desbordada de reclamos y cansancio, ya no deseo llevarme al límite donde cargo con responsabilidades ajenas de cuidar al otro, ¡esa fantasía!, si todavía no conozco como cuidar de mí ¿Cómo creo que voy a cuidar al otro?)

... corrijo, pensando en mi bienestar a través de dejar de joderme al otro, me encuentro decidiendo alejarme de alguien a quién le deseo todo lo bueno del mundo, de alguien a quién respeto y admiro y por quién mi mayor muestra de cariño es retirarme. Sin despedidas dramáticas, sin desbordarme en emoción, sin llanto, acomodada en mi cabeza pensando en que es lo mejor para los dos. 

Encontrándole un doble sentido a ese cuidar y transformándolo en un "te cuido-me cuido".

domingo, 20 de septiembre de 2020

De aquello que buscamos...

Me atrevería a decir, que todos los seres humanos, andamos, buscando algo. En sentido literal o figurado, en cuestiones físicas, intelectuales, emocionales, espirituales o de cualquier otra materia o sustancia.
Leer el cuento "El hombre" de Ray Bradbury me hizo re-conocer esa parte en mi.

La vida es un viaje, así como el viaje en el que vivía el capitán Hart. Visitando planeta tras planeta, en una vida tan ajetreada como la que muchos llevamos en la actualidad. El, quien nunca dormía, comía muy poco, jamás dejaba de moverse, tan parecido a nosotros, quienes vivimos para trabajar, para correr de un lado a otro, llenos de obligaciones, deberes y ocupaciones, quienes no descansamos para conseguir aquello que creemos nos hará felices, se cuestiona el por que de sus viajes:

-          - ¿Por qué hacemos esto Martin? Me refiero a estos viajes por el espacio. Siempre adelante. Siempre buscando. Los nervios siempre en tensión. Nunca un instante de reposo.
-         - Quizás buscamos un poco de paz y tranquilidad. Indudablemente no hay nada parecido en la Tierra.
-         - …No desde que tiramos todo aquello por la borda, todo aquello en que creíamos, ¿eh? El poder divino y todo lo demás. ¿Y cree usted que por eso viajamos a las estrellas, Martin? En busca de nuestras almas perdidas, ¿no es así?

-         - Quizás, capitán. Es indudable que algo buscamos.

Nunca dormía, comía muy poco, jamás dejaba de moverse.

Construimos cohetes, afrontamos la difícil travesía del espacio y así nos pagan. ¿No comprenden que importante es esto? El primer cohete interplanetario que llega a estas tierras de provincia.

-          Señor, ayer, en esta ciudad, ha aparecido un hombre notable… bueno, inteligente, compasivo e infinitamente sabio.
-          ¿y  eso que tiene que ver con nosotros?
-          Es difícil de explicar. Pero han estado esperándolo mucho tiempo.
-          Solo hay tres cohetes. Nosotros íbamos delante. ¿Quién llego antes que nosotros? ¿Cómo se llama?
-          No tiene nombre. No lo necesita.
-          Bueno, ¿Qué hace ese hombre para que nadie tenga interés ni en mirar nuestro cohete?
-          Ante todo – dijo Martin con calma- cura a los enfermos y consuela a los pobres. Lucha contra la hipocresía y la corrupción, y se sienta entre la gente, y habla todo el día.
-          No entiendo.
-          Capitán, si no entiende, no puedo explicárselo.

-          Ya estoy un poco harto de sus aires de superioridad – replico Martin-. Deje tranquilos a estos hombres. Una vez que ven algo decente y bueno, viene usted a estropearlo todo y a ponerlos en ridículo. Camine por las calles de esta ciudad, y vi las caras, y vi algo que usted no ha visto nunca… un poco de fe.

-          ¡Usted tiene que saber dónde está!
-          Cada uno lo encuentra a su modo
-          Usted esta ocultándolo.
-          No
-          ¿Y no sabe dónde está?
-          No puedo decirle donde está, exactamente.
-          Le aconsejo que hable - El capitán extrajo un arma pequeña.
-          No sé qué decirle – dijo el alcalde.
-          ¡Mentiroso!
-          Esta usted muy cansado – le dijo-. Ha hecho usted un largo viaje y pertenece a un pueblo cansado que ha vivido mucho tiempo sin fe. Y ahora tiene usted tantos deseos de creer, que tropieza y se confunde. Será más difícil si mata a alguien. Así no va a encontrarlo.

-          Deje esa arma. Se hace daño. Nunca ha creído, y ahora supone que cree, y lastima a la gente.

-           Hay algo que quisiera saber.
-          ¿Qué?
-          Señor, cuando lo encuentre… si lo encuentra – dijo Martin-, ¿Qué le va a pedir?
-          Le pediré un poco de… paz y tranquilidad. – Toco el cohete-. Hace mucho, mucho tiempo… que no descanso.
-          ¿Ha intentado descansar alguna vez, capitán?
-          No comprendo
No importa. Adiós, capitán.