viernes, 23 de abril de 2021
Del soltar cargas..
Hoy me desperté cansada como es costumbre y pensé “estoy cortando lazos, cerrando ciclos, soltando pendientes” y es verdad; mis cumpleaños me encantan, suelo pasarlos rodeada de gente que quiero y me quiere y este no será la excepción.
No deseo comenzar mis 35 años con más pendientes de los que está en mi control solucionar. Quiero recibir este nuevo ciclo lo más ligera posible, de miedos, de dudas, de deudas, de pesares y ataduras, de todo aquello que no me hace volar más alto.
Tengo ya 14 años de trabajar en mí en terapia y he llegado a algunas conclusiones, estás son las más presentes hasta ahora:
- Tengo talento para la psicoterapia.
- Si no me abro, los demás no pueden saber quién soy ni qué necesito.
- Soy valiente.
- Hago lo que me dice el corazón.
- Mi lado oscuro es un gran maestro.
- Lo que me lastima de los demás son mis expectativas.
- Necesito dejar de contarme la misma historia y darme cuenta que he cambiado.
- Si me descuido me es sencillo lastimarme.
- Doy mucho porque soy mucho.
- Me merezco lo que tengo.
- Necesito reconocerme más.
- Las buenas personas no llegan a mi vida por casualidad.
- Es importante que siempre tenga en cuenta el límite de mi dignidad.
- No soy el aire de los demás.
jueves, 22 de abril de 2021
De cortar lazos..
Si me conoces de cinco o seis años acá sabrás que tengo serios conflictos con mi padre.
Hoy terminé el último lazo que tenía pendiente con él desde mi enojo, seguir enojada con él de alguna forma retorcida me hacía seguir unida a él. Eso se terminó.
De ahora en adelante me queda de él su apellido, el 50% de mis genes y aquellos recuerdos en los que lo conservo con amor y pesar.
Ya no más papá. Se acabó. Definitivamente ya no estoy enojada contigo, ya ni eso queda. Ya no puedo decir “quisiera que mi padre se muriera”, por el contrario, ahora escucho la música que ponías cuando era pequeña y sonrío y canto y lloro de bonito, por esos años en donde fui feliz contigo.
Seguramente algún día habré de escribirte desde la gratitud y el amor que te tengo, en dónde te desee que seas muy feliz, sin la condición de que me hagas caso y con el reconocimiento de la libertad de hacer con tu vida lo que mejor te parezca.
Dos cosas se me ocurren agradecerte de momento: que me hayas educado con criterio, aunque eso significara que al crecer habría de juzgarte, y que me hayas inculcado el no tener arrepentimientos sobre mi vida y decisiones; sin saberlo sembrabas en mí ideas que habrían de florecer de manera maravillosa. Gracias por eso papá.
martes, 20 de abril de 2021
De las comillas..
“Fíjese que cuando sonríe se le forman unas comillas en cada extremo de la boca. Esa, su boca, es mi cita favorita”.
Ya lo dijo Benedetti, esas comillas al extremo de tu boca cuando sonríes. Y no solo es eso, sino la forma en la que esa, tu sonrisa tan espontánea y pueril, hace que tus ojos se pongan chinitos.
(Abro paréntesis para verme a mí misma escribiendo “chinitos” y pienso que debo tener esa cara de estúpida que pongo al verte o recordar aquellas cosas que me dan ternura de ti. Cierro paréntesis).
Esa tu sonrisa que pocas veces veo, aunque de un tiempo para acá la portas más seguido, esa tu sonrisa por la que todo vale, el esfuerzo, el tiempo extra, las prisas; esa tu sonrisa por la que he hecho de todo lo que me ha sido posible; esa tu sonrisa que me hace sonreír al recordarte.
domingo, 18 de abril de 2021
De parar..
Parar, parar todo, parar, detenerme, detener, frenar, de golpe, en seco, de todo, a todos, lo que sea, lo que soy.
Cansada estoy de dar respuestas y resultados, de elegir, de cargar, de resolver, de considerar a otros, de pensar en otros, cansada estoy del cansancio físico, mental y emocional.
¡Alto! Me digo y les digo a todos ¡ALTO! Ya no me chinguen, no me jodan, no me presionen, paren todo que me quiero bajar.
Solo es un momento, un respiro, denme chance, no es para siempre, prometo que habré de regresar; más fuerte, más firme, más entera, más feliz.
martes, 13 de abril de 2021
Del actuar..
domingo, 11 de abril de 2021
De las instrucciones anti pesadillas..
sábado, 10 de abril de 2021
De los caminos con corazón..
Amo mi camino, es una bendición.
Busco hasta el cansancio, he buscado sin cesar. Estoy aprendiendo a parar también, detenerme no es renunciar.
Hoy en clase lloré de gratitud y de amor hacia mí, como me ha venido sucediendo en mis últimos trabajos en terapia, en talleres y clases. Me gusta esta sensación de irme uniendo, resignificando, aprender a verme de otra forma.
Trabajé lo que en su momento fue una de mis pesadillas recientes y rescaté un trabajo en donde me reconozco que a pesar de todo no me he detenido, sigo aún con heridas, con dolor, y sigo avanzando. Hoy me abrazo, me cuido, me reconforto. Soy capaz de detener lo que necesite detener para atenderme.
Que maravilla es elegir y avanzar por mi camino con corazón. Cada paso vale, cada paso cuenta, cada paso sana.
Que maravilla pensar y sentir que este camino a penas comienza, que voy iniciando hace a penas 17 años y que habré de continuar hasta mi último aliento.
miércoles, 7 de abril de 2021
De la vida y los objetos..
De la niña que espera..
Soy la niña que se quedaba esperando a papá.
No siempre fue así; hubo algún punto en mis primeros años de infancia donde mi padre se esforzaba por cumplir lo que prometía. Tengo gratos recuerdos, entre ellos aquella ocasión donde me había prometido para navidad un bote de una especie de legos que me habían comprando el año anterior, y como me gustaban tanto había pedido lo mismo para el año siguiente. Cabe mencionar, ya que será algo relevante en esta historia que yo solo recibía regalos dos veces al año, en mi cumpleaños y en navidad, y solo podía pedir una cosa cada vez.
Al modo habitual mi padre dejó la compra de regalos para el último momento y pocos días antes de navidad me dijo que me llevaría a buscar mi regalo. Para ese entonces yo tendría al rededor de 7 años y ya era perfectamente consciente de que no existía Santa. Emprendimos entonces lo que sería una búsqueda incansable de ese bote de legos; recorrimos todos los lugares en donde vendieran juguetes, por más improbables que parecieran, desde la gran tienda departamental con todo un piso destinado a juguetería, hasta la pequeña farmacia de la esquina donde se asomaban cajas de colores.
No hubo resultado. Tuve que elegir otro tipo de “legos”, pero si bien ese recuerdo es tan memorable no es por mi desilusión, sino más bien por la actitud de mi padre. Jamás jamás, y digo en serio JAMÁS se quejó o pasó por su mente el rendirse. Me tomaba de la mano y caminábamos por todo el centro entrando y saliendo de todas las tiendas, me dejaba que revisara el lugar para ver si encontraba el regalo prometido y al decirle que no, solo me volvía a tomar de la mano y caminábamos al siguiente lugar. Veía en su rostro la preocupación y conforme avanzábamos, su cansancio. Su paso se hacía más pesado y cada vez me iba tomando de la mano con más fuerza. Yo sabía en el fondo de mi corazón que él de verdad quería comprarme aquello que tanto deseaba. Quizás él se desilusionó más cuando no lo logramos. Pero para mí ese recuerdo no tiene precio.
Me enseñó que sí quería algo tenía que buscar e intentar hasta conseguirlo, que quién me quiere me acompañará sin quejas a buscar aquello que deseo y sobre todo, que uno hace todo lo posible por cumplir una promesa.
Tengo varios recuerdos así, mi padre tomándome de la mano y dejándome elegir aquello que quería; después de todo, yo cumplía mi parte de no pedir mucho y él, él cumplía la suya de comprarme lo que pedía.
Con el paso del tiempo eso cambió, las promesas dejaron de ser importantes, las palabras dejaron de tener peso y se las comenzó a llevar el viento; dejé de esperar que cumpliera aquello a lo que se comprometía. Una parte de mí sabía que sólo lo decía para quedar bien, para que dejara de insistir o porque era lo que yo quería escuchar. Otra parte deseaba que se empeñara en cumplirme como cuando niña.
Dejó de ir a mis eventos aunque dijera que lo haría, siempre había algo más importante; dejó de llegar a tiempo a donde tenía que pasar por mi, siempre había algo más importante; dejó de comprarme aquello que prometía, siempre había algo más importante; dejó de esforzarse y dejó de cumplir. Y a mí se me rompía el corazón cada vez más, hasta que me dolía tanto que comenzó a molestarme que se disculpara y me explicara. Yo solo le decía “ya lo sabía”.
Hoy en día sigo siendo esa niña que vive con la ilusión de que le cumplan aquello que le prometen, así como la adulto que se esfuerza en cumplir aquello a lo que se compromete. Una niña que sabe lo que es tener un padre que busca hasta el cansancio y hace hasta lo imposible por hacerla feliz y también una niña que sabe lo que es que la dejen esperando sentada en la banqueta o que no lleguen a aplaudirle entre el público.
Hoy en día le doy un valor inconmensurable a aquellas personas que me cumplen lo que me prometen o que cumplen con sus acuerdos; los atesoro porque no es fácil encontrar a aquellos que honran sus palabras. Y también me voy alejando de aquellos que me dejan a la espera o con el corazón dolido porque esa promesa nunca se cumplió.
Es lo menos que puedo hacer por mi niña, porque ella se merece el mundo entero y más si se lo han prometido.