lunes, 26 de octubre de 2020

De ti..

 Mi niño de los ojos bonitos, esos que siempre dije que eran verdes y tú insistías en que eran azules, o ¿era al revés?

Mi niño de la sonrisa grande, esa que hacía que se te cerraran un poquito tus ojitos, que a veces era tierna y a veces indicaba precaución.

Mi niño grande, guapo y fuerte, competitivo y amoroso, cálido y necio, terco como tú solo y humilde para aprender. 

Mi niño noble, el hombre más íntegro, honesto y fiel. 

Mi niño el mejor de todos, el único, mi primer amor, mi gran amigo, mi compañero y confidente. 

Mi niño, ese que me puso nerviosa desde el día primero, con tu caminar seguro y arrogante, con tu voz firme y pretenciosa. 

Mi niño corazón gigante, donde cabían todos menos tú.

De lo que me dijeron de ti..

Te extraño tanto. A veces quisiera haberme ido yo antes que tú, a veces quisiera no tener que estarte escribiendo esto y solo estar contigo en la sala de tu casa con tu guitarra y tus gatos, o afuera en la cochera, yo parada y tú sentado para que te pudiera abrazar; o quizás en tu cuarto donde te acostabas y te agarraba la panza mientras me decías que a veces tenías que aguantarte mucho para no pegarme por todo lo que te hacía enojar. O mínimo estar sentada en el sillón de tu estudio de grabación mientras tú me contabas historias de los culeros de tu familia o veíamos televisión.

Nuestra relación siempre fue rara, nos queríamos mucho, eso no lo dudo, te amaba y me amabas, cuidaba de ti y cuidabas de mi, cada quien a su estilo. Contigo aprendí lo que era el amor en todas sus formas; me permitiste enamorarme de ti y arrodillarme frente a ti para que no me dejaras, te quedaste a mi lado cuando me cortaste porque sabías lo mucho que me dolía y de alguna forma querías consolarme. Siempre fuiste más honesto y fuerte que yo, y eso hizo que me quedara a tu lado, jamás me mentiste, incluso cuando sabías que la verdad me destrozaba. ¿Cómo no amarte? Si siempre me mostraste quién eras. 

Me mostraste el amor de amigos, ese incondicional y literalmente sobre todas las personas y cosas, me llevabas con tu familia aunque hablaran de mi, me llevabas con tus amigos aunque hablaran de ti, me llevabas a todos lados y siempre sentí que te sentías orgulloso de mi, de nosotros. 

Siempre supiste que te defendía ante cualquiera que dijera algo de ti, que era tu más fiel admiradora, que cuando te veía se iluminaban mis ojos, se me dibujaba una sonrisa y que no podía evitar abrazarte y decirte lo mucho que te quería. 

Mi amor por ti trascendió todo, me enseñaste que sí existen esos hombres con los que las mujeres soñamos, te convertiste en mi ideal, en mi niño perfecto, en mi referente de cómo debía tratarme aquel del que me enamorara. Después de ti solo pude enamorarme de nuevo con la misma intensidad de otro y tú no dudaste en convertirte en su amigo, porque decías que si me hacía feliz no tenías por qué no quererlo. 

Te antojabas conmigo cada vez que yo permitía que algún cabrón con el que salía me quisiera menos que tú. Intentabas darme lecciones, consejos, emparejarme con tus amigos. Más nunca dejaste que me pusiera con ese amigo tuyo que sabías que me gustaba porque según tú nada más me iba a partir el corazón.

¿Qué hago ahora? Si dice la gente que estás muerto. Si te escribo para contarte todo lo que me pasa y no me respondes, si el dolor me llega de golpe y no puedo llamarte para que me regañes y me consueles. Si no pude ni tomarte de la mano antes de que dejaras de respirar, si no pude ni ir a verte, ni decirte al oído lo mucho que te amaba una vez más. 

No sé cuantas veces tendré que pedirte perdón en mis pensamientos y en mis sueños, por no haber ido, por no haber estado, por la sangre que te faltó, por no decirle a tu familia que se fuera a la verga, por seguir viva sin ti. 

Hoy me dijo mi maestra que tú estás feliz y pleno, y quise creerle pero no pude, porque todavía no puedo ni reconocer que estás muerto. Pero si es verdad que estás feliz, tal vez podría creer que Dios existe y que la vida es justa, porque si alguien se merece ser feliz debes ser tú. 


jueves, 22 de octubre de 2020

lunes, 19 de octubre de 2020

Del tiempo que lo ordena todo..

 Hoy estaba recordando cuando un ex novio, en aquel entonces novio, me decía que mi mejor amigo no le caía bien.

Sus razones, que por qué me pedía un vaso con hielo antes que él pudiera hacerlo, porque sabía cómo me gustaba ordenar mi comida y a veces la pedía por mí, porque hacía cosas que los novios deben hacer, no los amigos. 

Un día, estando en la casa de mi amigo celebrando su cumpleaños, mi entonces novio comenzó a querer imponer algo parecido a dominio o marcar terreno desde el argumento de que mi amigo sería mi amigo pero ÉL era MI NOVIO.

No voy a describir toda la conversación, solo diré que mi amigo le pidió que no compitiera porque iba a perder y que esa misma noche mi novio le llamó en la madrugada a mi amigo porque no sabía que hacer porque habían atropellado a mi perra y yo estaba desconsolada en la veterinaria tratando de averiguar si iba a vivir o no. Mi amigo dejó su fiesta y fue a abrazarme, después se fue. 

De eso deben ser ya 10 años o más.

Pienso que quien me quiere necesita comprender eso, que tengo amigos que se salen de sus fiestas de cumpleaños para irme a dar un abrazo y que ese lugar es inamovible e incuestionable.

Hace 18 años que mi amigo es mi amigo, ¿y mi ex? Le acaba de dar like a todas mis fotos de fin de semana de descanso con mi amigo. 

El tiempo pone cada cosa en su lugar. 

sábado, 3 de octubre de 2020

De esos perros..

 Yo tenía 9 años cuando nos los regalaron.

Cuando pienso en mis 9 años pienso en el primer año más difícil de mi vida. Me había cambiado de ciudad muy a pesar de mi voluntad, había llegado a vivir a una colonia muy distinta a la mía, con algunas calles sin pavimento y con niños corriendo por todos lados sin zapatos. Mí escuela era un infierno lleno de demonios de nueve años, donde me jalaban el cabello, se reían de mí, me quitaban mí dinero, inventaban chismes, y donde prefería sentarme sola fuera del salón a que los minutos del recreo terminaran. Los maestros me querían y los compañeros más me rechazaban, le gusté al niño guapo de la escuela y mis compañeras más me maltrataban, ganaba los concursos académicos y eso me ponía no solo como la nueva o la rara sino también como la mamona presumida que se cree más que los demás. 

Mi casa era otro pequeño infierno de a momentos, me sentía sola y las broncas entre mis padres en lugar de resolverse con el cambio de ciudad se agravaron porque ahora se veían diario. 

Y un día mis tíos llegaron a regalarme al Nicolás. Un french talla mediana color blanco. Y yo lo amé desde el día uno. 

Se convirtió en MÍ perro. Yo lo bañaba, lo cepillaba y le cortaba su pelo, él me mordía cada vez que podía y en ocasiones lograba clavarme los colmillos hasta el punto de hacerme sangrar, y aún así lo amaba. 

No pasó mucho tiempo para darnos cuenta que sus patas traseras se comenzaban a doblar hacia adentro y eso ya no le permitía brincar. Lo llevamos al veterinario y nos dijo que era algo común y que era mejor dormirlo (qué forma tan elegante de decir asesinarlo) en ese momento, porque su condición empeoraría, tendría mucho dolor y dificultades para caminar. Yo me resistí y por fortuna mi padre también.

Nico vivió 13 años a mi lado. Es el perro más listo que he tenido, encontró la forma de hacer todo lo que haría un perro adaptándose. Se subía a la cama con ayuda, haciendo palanca entre sus patas delanteras, su cuello y la mano de alguien que lo apoyara en hacer presión, pero se subía por él mismo. Caminaba con sus patas traseras dobladas y casi arrastrándose cargado básicamente por sus patas delanteras y una habilidad increíble de balance y equilibrio de todo su cuerpo. Mis amigos le llamaban “el perro foca” porque era muy similar su andar.

Tenía un oído increíble y era protector. Avisó cuando quisieron robar la camioneta de mi papá afuera de la casa, avisó cuando mi hermana se desmayó en el vestidor de nuestro cuarto, avisaba de todo y encontraba la manera de darse a entender. 

Murió no por viejo sino por un accidente. 

Fue mi primera muerte significativa. Nadie sabe lo que se siente perder a un perro como el Nico. Nadie sabe lo que se siente cuidarlo y sentir que te cuidaba, nadie sabe todo lo que le conté a él y no supo nadie más. Nadie sabe lo mucho que me dolió llevarlo a que lo durmieran para no verlo sufrir más. 

Creo que el Nico me enseñó mucho sobre cuidar a aquellos que amas, que todos se merecen la oportunidad de vivir, que un perro así puede ser más leal y amoroso que cualquiera, a interesarme por los perros diferentes o especiales. El Nico fue mi compañero y mi amigo, aunque tuviera un carácter de la chingada, y cómo no, si vivía siempre con dolor. 

A veces me siento como el Nico, muy leal y amorosa a mi manera, a veces medio chueca y viviendo a ratos con mucho dolor. Pero siempre teniendo en claro cuidar a mi gente aún  con todo y mi carácter de la chingada.