Vamos a jugar un juego, te invito.
Juguemos a que tu actúas como si yo te importara y yo, yo haré como que creo que te importo de verdad. Me he dado cuenta que ambos necesitamos, de momento, un par de mentiras para aligerar nuestras vidas. Cada vez que me llames yo haré como que no sé para qué me buscas y creeré realmente que quieres invitarme al cine o por un café.
Yo por mi parte, prometo titubear cada vez que dentro de las opciones me ofrezcas discretamente compartir unas horas en la intimidad. Tus mensajes de buenos días, prometo tomarlos como un deseo sincero de que mi día vaya bien, y yo responderé con la misma cortesía. Mis mensajes contándote mis penas, serán un intento de extender la intimidad que compartimos dentro de una habitación.
Prometo también, fingir aflicción por no poder sentarnos a tomar un desayuno o compartir un momento con los seres queridos. Nada importa, mientras pretendamos que estamos ahí el uno para el otro.
Pero no te sientas obligado, no exageres, te aprecio, en el fondo sé que eres una buena persona, pero no busco en ti nada más que lo que tu buscas en mí, compañía, un buen rato, descansar de las pretensiones, de aparentar frente a otros, de buscar agradar, de la conquista.
Te elegí a ti porque buscamos lo mismo, porque ambos padecemos por otros brazos, anhelamos otros besos, sufrimos las desilusiones de las fantasías que hacemos con otros, porque tanto como tu y como yo deseamos el amor que alguien más no puede darnos.
Agradezco sinceramente que sigas ahí, haciendo un esfuerzo por no hacerme sentir como un objeto, yo me recuerdo diariamente de preguntarte cómo te fue con ese problema que tenías, agradezco que tomes mi mano y que a veces no preguntes qué me pasa, porque sabes que eso que me pasa, tiene que ver con esa persona por la que sin pensarlo, te cambiaría.
viernes, 11 de diciembre de 2015
lunes, 7 de diciembre de 2015
De ser alguien más...
Si fuera otra persona me llamaría José como mi abuelo y andaría
a caballo, tomaría bacanora en una
fogata, trabajaría la tierra, tendría muchos hijos y los enseñaría a tocar la
guitarra para cantar por las noches, tendría ganado y viviría de él,
envejecería visitando a mis seres queridos, desafiaría a los ladrones
a que jalaran el gatillo de su pistola y me mataran ahí mismo, nada de
amenazas.
Si fuera otra persona me llamaría María como mi abuela,
trabajaría toda mi vida, para mi esposo, para mis hijos, para mí misma, tendría
siempre espíritu aventurero, incluso cuando no pudiera caminar sin mi bastón,
pondría una caseta en medio del pueblo para dar de comer a la gente y tener
siempre alguien con quien platicar y poder sentar a mis nietos en mis piernas y
cantarles “el espíritu de Dios se mueve, se mueve, dentro de mi corazón”.
De las expectativas a futuro...
No he podido hacer mis propósitos para año nuevo, pero sí logré enlistar lo que quiero de mí y de aquellos que quiero...
Qué quiero de mí:
1.- Ver el alba o el ocaso de mi cumpleaños en un lugar lindo.
2.- Visitar a mi familia.
3.- Pasar tiempo con mis amigos.
4.- Ir a conciertos.
5.- Ver un monólogo.
6.- Recorrer una galería.
7.- Hacer una figura de papel.
8.- Regresar a trotar, diariamente.
9.- Leer poesía.
10.- Escribir cada día, aún que sea la fecha y la hora.
11.- Conocer alguna maravilla de la naturaleza.
Qué quiero de los demás:
1.- Abrazos cálidos.
2.- Risas descontroladas.
3.- Buena bebida y comida.
4.- Caminatas.
5.- Una aventura.
6.- Romper una regla.
7.- Viajar por carretera.
8.- Ver las estrellas.
Qué quiero de mí:
1.- Ver el alba o el ocaso de mi cumpleaños en un lugar lindo.
2.- Visitar a mi familia.
3.- Pasar tiempo con mis amigos.
4.- Ir a conciertos.
5.- Ver un monólogo.
6.- Recorrer una galería.
7.- Hacer una figura de papel.
8.- Regresar a trotar, diariamente.
9.- Leer poesía.
10.- Escribir cada día, aún que sea la fecha y la hora.
11.- Conocer alguna maravilla de la naturaleza.
Qué quiero de los demás:
1.- Abrazos cálidos.
2.- Risas descontroladas.
3.- Buena bebida y comida.
4.- Caminatas.
5.- Una aventura.
6.- Romper una regla.
7.- Viajar por carretera.
8.- Ver las estrellas.
domingo, 6 de diciembre de 2015
De la piel...
Me molesta la piel, me mortifica
esta ajada, marchita,
la doblo y parece quebrarse,
dejé de caber hace tiempo
y aquí sigo dentro, acomodada.
Con cuanto esfuerzo trato de moverme, me asfixia,
me oprime el pecho, me cansa, me tiene jorobada,
quisiera quitármela e ir más desnuda que mi desnudez
intento romperla y me lastimo, rompo todo por dentro
nada nuevo entra jamás, nada muda, nada cambia.
Intento sacarme a pedazos,
primero lo ojos, necesito verme,
después los brazos y mis manos,
mi pecho y la espalda
no logro sentir un abrazo,
Necesito palpar debajo de todo esto mi corazón latiendo,
darle espacio a mis ideas, dejarlas que crezcan,
aflojar las piernas, mover mis pies, plantarme firme,
y lloro y me retuerzo y me pregunto de qué está hecha
por qué no estira, porque se raja, por qué lastima.
esta ajada, marchita,
la doblo y parece quebrarse,
dejé de caber hace tiempo
y aquí sigo dentro, acomodada.
Con cuanto esfuerzo trato de moverme, me asfixia,
me oprime el pecho, me cansa, me tiene jorobada,
quisiera quitármela e ir más desnuda que mi desnudez
intento romperla y me lastimo, rompo todo por dentro
nada nuevo entra jamás, nada muda, nada cambia.
Intento sacarme a pedazos,
primero lo ojos, necesito verme,
después los brazos y mis manos,
mi pecho y la espalda
no logro sentir un abrazo,
Necesito palpar debajo de todo esto mi corazón latiendo,
darle espacio a mis ideas, dejarlas que crezcan,
aflojar las piernas, mover mis pies, plantarme firme,
y lloro y me retuerzo y me pregunto de qué está hecha
por qué no estira, porque se raja, por qué lastima.
jueves, 3 de diciembre de 2015
Del compartirse en el silencio...
Fuimos más que cuerpos, fuimos una conjunción de silencios.
Tu a mi lado o yo al tuyo, no importa, era cosa más bien de compañía.
Me desnudaste o te desnudé, sabiendo de antemano nuestras expectativas desnudábamos la piel, tu con más equipaje de lo necesario y yo intentando encontrar en ti lo que había abandonado.
"No te enamores de mí" dijiste, y yo pensando que todo ese amor que buscabas pidiéndolo a la inversa no podía dártelo, porque yo buscaba el amor en otro lado.
Y tratando de poner cada quien las sombras de su lado recurrimos al silencio. Al principio preguntabas más por educación que por verdadero interés en qué pensaba, y yo pensando que deseaba no me preguntaras nada. No estábamos para contarnos nuestras vida, ambos sabíamos los pasos y pesares que llevábamos cargando, estábamos para sentirnos, tocarnos, besarnos, mordernos, estábamos, tu recorriendo mis formas y yo deseando que las embonaras con las tuyas, empalmando frentes y costados, mientras jugaba a correr de ti ahí a tu lado para que me alcanzaras, mientras tu sudor recorría mi cuerpo y yo trataba de beberme la vida con tu aliento.
Estábamos para demostrarnos cada quien un punto, embotados, para no herirnos con nuestras historias, y fue entonces qué te pregunté como parte de un reflejo por qué habías tardado veinticuatro horas en aceptarme, y fue entonces que tu respondiste que a pesar de ser un cabrón tenías sentimientos. Y quién no los tiene, pensé, agradeciendo que me dijeras algo que parecía asemejarse a la verdad pero evitando caer en el viejo hábito de preocuparme por el otro más que por mi misma.
Volvimos a caer en un silencio, esta vez más profundo y significativo, volviste a llevarme al límite del placer y del cansancio, saturando mi cuerpo de estímulos, obligándome a pedirte que te detuvieras, a reconocer que mi cuerpo tenía el límite del desuso, del abandono, de ese olvido al que lo había llevado por mera autopreservación.
Quería morderte, clavarte las uñas, amalgamarnos, encontrar tu ritmo y seguirlo, quería pedirte perdón por buscar tu cuerpo y agradecerte por cada atención brindada. Quería acariciar tu piel hasta que sintieras como se sanaba la mía.
Y así estuvimos, entreverando silencios, pasiones, historias, cuerpos, miradas, de una forma tan precisa y tan exacta que al final olvidé preguntarte cómo estabas.
Ahora, no solo agradezco tu experiencia y tus destrezas en placeres y lisonjas, agradezco todo aquello que no me dijiste y aquello por lo que no preguntaste, agradezco tus años, y que seas un cabrón que sabe compartir y compartirse con el cuerpo y que sabe también quedarse callado.
martes, 1 de diciembre de 2015
Del ser fuerte...
Estuvo en el escaparate toda la vida, siempre en exhibición...
"Yo no quiero ser fuerte" pensé.
No quiero tener que aguantarme el llanto, ni tener que aparentar que las cosas no duelen, que puedo cargar mi mundo y el de los otros, que no necesito ayuda, que no lloro por las noches porque me siento perdida, que las personas no me lastiman, que a veces no entiendo ni un carajo qué es lo que pasa, que las ausencias o los silencios no me lastiman, que las enfermedades no me dan miedo, que a veces sólo necesito un abrazo.
Ser fuerte, a como entiendo que entiende la gente, tiene un precio muy alto.
Yo no quiero llegar al punto en el que no se me permita ser vulnerable sólo para probar un punto, ese punto estúpido de que puedo hacerlo sola, de que soy autosuficiente, de que las heridas no son tan profundas de mi lado. No quiero llegar a ese momento donde la gente no perciba, porque yo no los dejo, mi necesidad de afecto, de compañía, de palabras de aliento.
Claro que puedo sola, claro que soy suficiente, claro que puedo superar cualquier cosa, pero también está claro que soy una persona, una persona que ya no quiere ser fuerte.
"Yo no quiero ser fuerte" pensé.
No quiero tener que aguantarme el llanto, ni tener que aparentar que las cosas no duelen, que puedo cargar mi mundo y el de los otros, que no necesito ayuda, que no lloro por las noches porque me siento perdida, que las personas no me lastiman, que a veces no entiendo ni un carajo qué es lo que pasa, que las ausencias o los silencios no me lastiman, que las enfermedades no me dan miedo, que a veces sólo necesito un abrazo.
Ser fuerte, a como entiendo que entiende la gente, tiene un precio muy alto.
Yo no quiero llegar al punto en el que no se me permita ser vulnerable sólo para probar un punto, ese punto estúpido de que puedo hacerlo sola, de que soy autosuficiente, de que las heridas no son tan profundas de mi lado. No quiero llegar a ese momento donde la gente no perciba, porque yo no los dejo, mi necesidad de afecto, de compañía, de palabras de aliento.
Claro que puedo sola, claro que soy suficiente, claro que puedo superar cualquier cosa, pero también está claro que soy una persona, una persona que ya no quiere ser fuerte.
De las llaves de mi vida...
- ¿Con qué llave abrirías mi puerta?
- Con la del equilibrio. Y tu ¿con cuál abrirías la mía?
- Libertad.
Hace casi quince años me regalaron una llave pequeña que venía con explicación:
- No sabía qué regalarte. Eres muy complicada. Mi madre me dijo que te comprara flores y yo sabía que no te gustarían si no eran margaritas. Mi padre me dijo que te comprara un muñeco de peluche y yo pensaba que tu querías un caballo. Pensé en regalarte una cadena pero mi madre insistía que fuera de oro y yo sabía que no te gustaba el oro, así que sin saber qué hacer vi esta llave. Es de oro. Te la compré con una cadena de plata. Sabía que no querrías llevar un corazón, así que el corazón es mío y decido darte la llave.
A la fecha la uso, no creo habérmela quitado muchas veces y cuando me preguntan qué abre yo sólo sonrío. Un día un viejo amigo me dijo:
- No sólo marcó tu vida, hasta te puso llave.
Me gustan las llaves y su simbolismo. Me gusta que me dieran la llave de ese corazón que sigue a mi lado como mi mejor amigo. Me gusta que aquel que hizo campaña para que me quitara la llave ya no esté en mi vida. Me gusta que si me dieran una nueva tendría escrita la palabra equilibrio.
Me gusta recordar cosas que no tienen mucho sentido.
- Con la del equilibrio. Y tu ¿con cuál abrirías la mía?
- Libertad.
Hace casi quince años me regalaron una llave pequeña que venía con explicación:
- No sabía qué regalarte. Eres muy complicada. Mi madre me dijo que te comprara flores y yo sabía que no te gustarían si no eran margaritas. Mi padre me dijo que te comprara un muñeco de peluche y yo pensaba que tu querías un caballo. Pensé en regalarte una cadena pero mi madre insistía que fuera de oro y yo sabía que no te gustaba el oro, así que sin saber qué hacer vi esta llave. Es de oro. Te la compré con una cadena de plata. Sabía que no querrías llevar un corazón, así que el corazón es mío y decido darte la llave.
A la fecha la uso, no creo habérmela quitado muchas veces y cuando me preguntan qué abre yo sólo sonrío. Un día un viejo amigo me dijo:
- No sólo marcó tu vida, hasta te puso llave.
Me gustan las llaves y su simbolismo. Me gusta que me dieran la llave de ese corazón que sigue a mi lado como mi mejor amigo. Me gusta que aquel que hizo campaña para que me quitara la llave ya no esté en mi vida. Me gusta que si me dieran una nueva tendría escrita la palabra equilibrio.
Me gusta recordar cosas que no tienen mucho sentido.
De ti, tan permanente...
Quizás debería comenzar a aceptar que eres lo más lindo que hay un martes por la mañana.
Que desde que te conozco no has dejado de sorprenderme con tu forma tan extraña de ver el mundo, con las preguntas que haces, con tus opiniones, con tu fe ciega en cada proyecto que emprendes.
Que tienes años llenando mi vida con poesía, con detalles, con nuevas formas de recordar los recuerdos.
Eres diez o doce o treinta y dos personas en una sola, te imagino cada mañana con una nueva ilusión o un nuevo proyecto.
Nunca te lo he dicho, porque soy demasiado orgullosa para decirlo, pero formas parte de mi vida, tan adentro, que no hay palabra que no lleve algo de ti cuando la pienso.
Eres, de todo y de todos, lo que más he visto crecer y cambiar, hasta las estaciones se repiten pero tu nunca.
Quizás debería decirte que hasta hoy eres el único cambio que ha sido en mí, permanente.
Que desde que te conozco no has dejado de sorprenderme con tu forma tan extraña de ver el mundo, con las preguntas que haces, con tus opiniones, con tu fe ciega en cada proyecto que emprendes.
Que tienes años llenando mi vida con poesía, con detalles, con nuevas formas de recordar los recuerdos.
Eres diez o doce o treinta y dos personas en una sola, te imagino cada mañana con una nueva ilusión o un nuevo proyecto.
Nunca te lo he dicho, porque soy demasiado orgullosa para decirlo, pero formas parte de mi vida, tan adentro, que no hay palabra que no lleve algo de ti cuando la pienso.
Eres, de todo y de todos, lo que más he visto crecer y cambiar, hasta las estaciones se repiten pero tu nunca.
Quizás debería decirte que hasta hoy eres el único cambio que ha sido en mí, permanente.
sábado, 28 de noviembre de 2015
Del bajarte unos centímetros del cielo...
Me han dicho que te puse en un pedestal, qué tontería.
El lugar no te lo dí yo, tu solito te pusiste. Digamos que mi mérito fue lograr encontrarte estando tu allá arriba y yo acá abajo. Y cuando digo "yo acá abajo" no hablo de rangos, de niveles, de tu mejor y yo peor, hablo de lo que me inspiras.
Y no me inspiras acercarme lentamente a tu lado y besarte la mejilla,
pasar mi brazo por tu espalda y apretarte despacito,
alejar mi cara lentamente para percibir tu aroma,
bajar mi cabeza de a poco hasta alcanzar tu cuello, besarlo también.
Dejar que mis manos recorran tu espalda hasta encontrar tu cabello,
alborotarlo un poco mientra mis labios buscan tu boca,
besar tus párpados, besar tu frente, besar la comisura de tus labios,
mirarte fijo, pedirte con mi mirada que dejes avanzar mis manos,
besarte antes de que me des una respuesta, bajar mis manos,
desfajar tu camisa, contar los botones hacia arriba,
pensar cuántos besos habré de darte a cambio de cada botón liberado.
Tampoco me inspiras comenzar por el primero, abrir tu camisa a la mitad,
besar tu cuello y besarte un poquito más abajo,
abrir tu camisa por completo, pagarte con besos cada botón,
incluidos los de los puños de tus mangas,
subir mis manos hasta tus hombros y lentamente,
como si me acercara a un animal bravío, hacer que tu camisa llegue al piso,
acomodar mi frente en tu pecho, escuchar tu corazón latir,
besar cada espacio que pudiera ser besado,
avisarte con mi mirada que no necesito tu permiso para dejar que mis manos sigan ahora con tu pantalón,..
No, nada de lo anterior ni de su continuación es lo que me inspiras, tu presencia es más etérea, intangible, sutil, sublime, digna solamente de contemplación, y ahora que lo pienso, digna de abrir tu cinto, tu botón y tu bragueta, de hacer una pausa esperando que me pidas me detenga...
De bajarte unos centímetros del cielo nada más para volver una parte tuya terrenal, mundana, humana y corromperla no solo con mis ideas, sino con mis manos, mi boca, mi lengua, para mezclar tus mieles y las mías, volando etéreos y caer terrenos por lo profano de nuestros actos.
A decir verdad, me importa poco el lugar que ocupes, o lo que pudieras o no inspirarme, mientras bajes algún día a morir despacio, brevemente, aquí a la tierra a mi lado.
El lugar no te lo dí yo, tu solito te pusiste. Digamos que mi mérito fue lograr encontrarte estando tu allá arriba y yo acá abajo. Y cuando digo "yo acá abajo" no hablo de rangos, de niveles, de tu mejor y yo peor, hablo de lo que me inspiras.
Y no me inspiras acercarme lentamente a tu lado y besarte la mejilla,
pasar mi brazo por tu espalda y apretarte despacito,
alejar mi cara lentamente para percibir tu aroma,
bajar mi cabeza de a poco hasta alcanzar tu cuello, besarlo también.
Dejar que mis manos recorran tu espalda hasta encontrar tu cabello,
alborotarlo un poco mientra mis labios buscan tu boca,
besar tus párpados, besar tu frente, besar la comisura de tus labios,
mirarte fijo, pedirte con mi mirada que dejes avanzar mis manos,
besarte antes de que me des una respuesta, bajar mis manos,
desfajar tu camisa, contar los botones hacia arriba,
pensar cuántos besos habré de darte a cambio de cada botón liberado.
Tampoco me inspiras comenzar por el primero, abrir tu camisa a la mitad,
besar tu cuello y besarte un poquito más abajo,
abrir tu camisa por completo, pagarte con besos cada botón,
incluidos los de los puños de tus mangas,
subir mis manos hasta tus hombros y lentamente,
como si me acercara a un animal bravío, hacer que tu camisa llegue al piso,
acomodar mi frente en tu pecho, escuchar tu corazón latir,
besar cada espacio que pudiera ser besado,
avisarte con mi mirada que no necesito tu permiso para dejar que mis manos sigan ahora con tu pantalón,..
No, nada de lo anterior ni de su continuación es lo que me inspiras, tu presencia es más etérea, intangible, sutil, sublime, digna solamente de contemplación, y ahora que lo pienso, digna de abrir tu cinto, tu botón y tu bragueta, de hacer una pausa esperando que me pidas me detenga...
De bajarte unos centímetros del cielo nada más para volver una parte tuya terrenal, mundana, humana y corromperla no solo con mis ideas, sino con mis manos, mi boca, mi lengua, para mezclar tus mieles y las mías, volando etéreos y caer terrenos por lo profano de nuestros actos.
A decir verdad, me importa poco el lugar que ocupes, o lo que pudieras o no inspirarme, mientras bajes algún día a morir despacio, brevemente, aquí a la tierra a mi lado.
De los abrazos sucesivos...
Me acerqué nerviosa, te toqué temblando
Te escuché paciente, me hablaste calmado
pasaron las horas, me quedaste grabado
me incliné intranquila, te besé despacio.
Tu palabras se quedaron dentro de mi resonando.
pasaron las horas, me quedaste grabado
Del otro lado de la mesa yo agradecía profundamente.
Te encontré vagando, me acerqué pausado
en silencio juntos, mi corazón precipitado.
Que bello es también es el silencio a tu lado.
Del dolor hablabas, con poemas contestaba
te abrazaba fuerte, me decías gracias.
Y yo sabiendo sin saberlo de ti me enamoraba.
Estuvimos juntos, en la misma cama
por temor huía, dándote la espalda.
Por la mañana intenté que el miedo no se me notara.
Fueron varios meses, sin poder lograrlo
pero aquí estoy, diciéndote te amo.
Con cada sonrisa, con cada mirada, pero sobre todo
Con cada uno de mis abrazos.
sábado, 21 de noviembre de 2015
Del correr de mí misma, parte I...
Me levanto, abro las ventanas y las puertas, dejo que el aire corra por la casa, me siento a la mesa, abro la computadora decidida a escribir eso que llevo pendiente desde hace 4 días, nada puede detenerme, este es el momento indicado, lo siento.
Pongo el disco de Vinagre y Rosas de Joaquín Sabina. Me levanto a hacer desayuno. Cambio el disco de Sabina por uno de Robbie Williams.
Abro el refrigerador y nada me apetece, llevo así varios días, sin antojo de nada, comiendo porque sé que es necesario que lo haga, no estoy para ganarme problemas de salud en este momento. Pienso en hacer avena, me da fastidio, pienso en cereal y la leche me produce repugnancia, tomo una mandarina y busco entre los tes, uno de hierbabuena suena bien. Me pongo a pelar la mandarina mientras el agua para el té hierve.
Si fuera una fruta sería mandarina. Si fuera té sería de jamaica. Si tuviera un reloj haría tic-tac para recordarme que el tiempo pasa y sigo sin escribir eso que necesito.
Me pongo a jugar con mi cabello como lo hago siempre que algo me perturba, necesito cortármelo, pienso mientras recuerdo lo que mis maestros decían siempre sobre la necesidad de cortar el cabello. Sonrío. De verdad ne-ce-si-to cortarme el cabello.
Por fin tengo listo todo, ahora sí. Abro la página del cine para revisar las funciones de la película del Principito. Recuerdo a Javier diciéndome "¡te voy correteando mujer!", sonrío de nuevo. Cierro la página y comienzo a respirar para contactar conmigo. Cambio la música. Pongo un disco cualquiera de Yiruma, el cual no me convence y lo cambio por otro de los estudios Ghibli. Basta. No es cosa de música. Sonrío de nuevo pensando que debe ser muy cansado corretearme.
Recuerdo a uno de mis amigos diciéndome "puedo ver en tu sonrisa la perversión y el disfrute que te genera todo esto, casi puedo saborearlo contigo" y me doy cuenta de que en verdad disfruto hacer lo que no se supone que deba.
Veo a mi perrita jugando con su pelota y me decido a cerrar esto. Hoy tampoco fue el día.
Pongo el disco de Vinagre y Rosas de Joaquín Sabina. Me levanto a hacer desayuno. Cambio el disco de Sabina por uno de Robbie Williams.
Abro el refrigerador y nada me apetece, llevo así varios días, sin antojo de nada, comiendo porque sé que es necesario que lo haga, no estoy para ganarme problemas de salud en este momento. Pienso en hacer avena, me da fastidio, pienso en cereal y la leche me produce repugnancia, tomo una mandarina y busco entre los tes, uno de hierbabuena suena bien. Me pongo a pelar la mandarina mientras el agua para el té hierve.
Si fuera una fruta sería mandarina. Si fuera té sería de jamaica. Si tuviera un reloj haría tic-tac para recordarme que el tiempo pasa y sigo sin escribir eso que necesito.
Me pongo a jugar con mi cabello como lo hago siempre que algo me perturba, necesito cortármelo, pienso mientras recuerdo lo que mis maestros decían siempre sobre la necesidad de cortar el cabello. Sonrío. De verdad ne-ce-si-to cortarme el cabello.
Por fin tengo listo todo, ahora sí. Abro la página del cine para revisar las funciones de la película del Principito. Recuerdo a Javier diciéndome "¡te voy correteando mujer!", sonrío de nuevo. Cierro la página y comienzo a respirar para contactar conmigo. Cambio la música. Pongo un disco cualquiera de Yiruma, el cual no me convence y lo cambio por otro de los estudios Ghibli. Basta. No es cosa de música. Sonrío de nuevo pensando que debe ser muy cansado corretearme.
Recuerdo a uno de mis amigos diciéndome "puedo ver en tu sonrisa la perversión y el disfrute que te genera todo esto, casi puedo saborearlo contigo" y me doy cuenta de que en verdad disfruto hacer lo que no se supone que deba.
Veo a mi perrita jugando con su pelota y me decido a cerrar esto. Hoy tampoco fue el día.
jueves, 19 de noviembre de 2015
De los te amo sucesivos...
Alguna vez me dijo que sólo le había hecho falta que ella le dijera que lo amaba para dejarlo todo por ella.
Yo sólo sentía que mi corazón se rompía porque tenía el te amo listo para entregárselo a alguien que quería recibirlo de alguien más.
Yo sólo sentía que mi corazón se rompía porque tenía el te amo listo para entregárselo a alguien que quería recibirlo de alguien más.
De las creativas evasiones...
Mientras las entradas programadas se van publicando una a una aquí estoy yo.. Tomando te de menta, comiendo una mandarina, cortando y doblando papel y evadiendo responder aquella pregunta que me hizo Javier: Para qué me abandoné a mi misma.
Espero que conforme vaya tomando forma el papel vayan tomando forma las ideas dentro de mi cabeza.
Espero que conforme vaya tomando forma el papel vayan tomando forma las ideas dentro de mi cabeza.
miércoles, 18 de noviembre de 2015
De los pensamientos aleatorios...
Pude haberte pedido que te quedaras... Pero siempre habría preferido que te quedaras sin pedirtelo.
Quien llegue a ocupar el lugar que desocupé y que arreglé para ti podría agradecerte el haber dejado el espacio disponible.
De todas tus dudas, la única que no puedo soportar, es tu duda de estar conmigo.
Te necesito como timón y como guía, no como bote salvavidas.
No quiero que me veas porque te llamo, quiero que me veas porque no puedes evitarlo.
Y tenía que ser Benedetti el que abriera la puerta hacia nosotros, y también el que la cerrara.
Algún día la vida me dará la oportunidad de agradecerte todo lo que me diste, a pesar de la beta o tal vez porque existe.
Quien llegue a ocupar el lugar que desocupé y que arreglé para ti podría agradecerte el haber dejado el espacio disponible.
De todas tus dudas, la única que no puedo soportar, es tu duda de estar conmigo.
Te necesito como timón y como guía, no como bote salvavidas.
No quiero que me veas porque te llamo, quiero que me veas porque no puedes evitarlo.
Y tenía que ser Benedetti el que abriera la puerta hacia nosotros, y también el que la cerrara.
Algún día la vida me dará la oportunidad de agradecerte todo lo que me diste, a pesar de la beta o tal vez porque existe.
De los te quiero laterales...
Venía manejando y recordaba las palabras del Maestro Sabines "ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama..."
Y pensaba en las formas en las que Sakurandra dice "te quiero".
Y pensaba en las formas en las que Sakurandra dice "te quiero".
- Cuando lavo cobijas para recibirte.
- Cuando manejo y manejo, a pesar de odiarlo, para llevarte a donde quieres.
- Cuando me quedo más de la cuenta a que escuches esa canción que tanto te gusta.
- Cuando renuncio a dormir para poder ir a recogerte a dónde estas.
- Cuando te cedo un espacio en mi cuarto para que duermas.
Todo el que me conoce sabe que odio no dormir, que odio manejar, que soy territorial en extremo, que soy intolerante y que odio lavar... Pero que cuando lo hago lo hago con gusto sincero porque lo hago por la gente que quiero.
Y nada me hizo más feliz que hacer todo eso por dos grandes personas que sabían que al hacerlo, yo les decía " TE QUIERO".
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Del soltar inesperado...
Hoy por la mañana recordaba mis procesos de soltar personas o situaciones.. Me toma a veces bastante tiempo hacerlo pero cuando lo decido ya no vuelvo a atrás.
Recordé esa vez en la que celebraba mi cumpleaños 20 y un amigo llegó a hablarme mal de mis otros amigos y en ese momento supe que después de aguantar tantas cosas de ese amigo ,eso, que hablara mal de mis otros amigos, era algo que ya no podía dejar pasar y decidí, ahí parada, que ya no quería ser su amiga. Hace dos años me buscó y le dije lo mismo "ya no te quiero en mi vida", y no lo decía enojada... Lo dije tranquila y segura de que en verdad ya no lo quiero en mi vida.
Así soy, así suelto. De pronto. En apariencia... De la nada.
Hoy solté a alguien más. No porque no lo quisiera en mi vida, sino porque ya no quiero quererlo y ya no quiero fomentar quererlo.
Y que siga lo que siga, agradeciendo lo que me dio, asumiendo lo que me toca y liberándolo de cualquier cosa que pudiera adjudicarle en este coincidir de nuestras vidas.
Recordé esa vez en la que celebraba mi cumpleaños 20 y un amigo llegó a hablarme mal de mis otros amigos y en ese momento supe que después de aguantar tantas cosas de ese amigo ,eso, que hablara mal de mis otros amigos, era algo que ya no podía dejar pasar y decidí, ahí parada, que ya no quería ser su amiga. Hace dos años me buscó y le dije lo mismo "ya no te quiero en mi vida", y no lo decía enojada... Lo dije tranquila y segura de que en verdad ya no lo quiero en mi vida.
Así soy, así suelto. De pronto. En apariencia... De la nada.
Hoy solté a alguien más. No porque no lo quisiera en mi vida, sino porque ya no quiero quererlo y ya no quiero fomentar quererlo.
Y que siga lo que siga, agradeciendo lo que me dio, asumiendo lo que me toca y liberándolo de cualquier cosa que pudiera adjudicarle en este coincidir de nuestras vidas.
jueves, 5 de noviembre de 2015
De los despidos...
Hoy por la mañana me desperté y no sentía ganas de levantarme para empezar mi día. Durante el trayecto de 35 minutos que hice en el coche una gran parte lo hice llorando y pidiendo, más bien rogando, a la vida por descanso, paz, claridad, porque esta etapa que vengo atravesando desde hace meses tuviera un fin, y hace 4 horas la vida me dio lo que pedí.
Me despidieron.
Me siento en paz. Quizás me habría tomado meses decidirlo por mi misma, llevaba ya mucho tiempo diciendo que quería renunciar y la culpa de abandonar mi trabajo y aquellos que eran mi responsabilidad no me lo permitía. Hoy puedo agradecer que otros lo decidieran por mi, así ya no tengo que sentirme culpable por abandonar a nadie y porque hice la parte que me tocaba hacer hasta el día de hoy.
Siento temor por lo incierto pero entusiasmo de hacer las cosas a mi manera, respetando lo que siento y lo que creo.
Que maravillosa es la vida. No deja de sorprenderme. Tuve muchas señales desde hace más de un año y no quise verlas. Supongo que todo se fue acomodando para que tomara lo que iba a necesitar para mi siguiente etapa y para que soltara lo que necesitaba soltar.
Agradezco los seres humanos tan sorprendentes que conocí en el camino y las oportunidades que tuve para conocerme y saber de lo que soy capaz, ahora sólo queda honrar todo eso y seguir adelante en mis caminos con corazón.
Que viva la vida.
Me despidieron.
Me siento en paz. Quizás me habría tomado meses decidirlo por mi misma, llevaba ya mucho tiempo diciendo que quería renunciar y la culpa de abandonar mi trabajo y aquellos que eran mi responsabilidad no me lo permitía. Hoy puedo agradecer que otros lo decidieran por mi, así ya no tengo que sentirme culpable por abandonar a nadie y porque hice la parte que me tocaba hacer hasta el día de hoy.
Siento temor por lo incierto pero entusiasmo de hacer las cosas a mi manera, respetando lo que siento y lo que creo.
Que maravillosa es la vida. No deja de sorprenderme. Tuve muchas señales desde hace más de un año y no quise verlas. Supongo que todo se fue acomodando para que tomara lo que iba a necesitar para mi siguiente etapa y para que soltara lo que necesitaba soltar.
Agradezco los seres humanos tan sorprendentes que conocí en el camino y las oportunidades que tuve para conocerme y saber de lo que soy capaz, ahora sólo queda honrar todo eso y seguir adelante en mis caminos con corazón.
Que viva la vida.
lunes, 2 de noviembre de 2015
De las ideas tentativas...
Que todas las ideas son tentativas...
Al principio sentí una gran confusión y vacío.. sensación que tengo previa al cambio...
La primera vez que me pasó tuve una crisis bastante fuerte y me vi obligada a hablar con una de las pocas personas en las que confiaría para hablar sobre eso que casi nadie entiende, el vacío.
Ahora no siento desesperación ni angustia, sólo descanso, me estoy vaciando, estoy sacando la basura, haciendo espacio, moviendo cosas, reacomodando.
Quiero dejar de lado los juicios, sacar la doble morar y mis aires de superioridad. Con eso bastaría de momento.
No soy ni mejor ni peor, quizá no sea nada, quizá sólo sea yo y con eso basta. Por ahora.
Aunque lo que acabe de escribir sea solo tentativo.
Al principio sentí una gran confusión y vacío.. sensación que tengo previa al cambio...
La primera vez que me pasó tuve una crisis bastante fuerte y me vi obligada a hablar con una de las pocas personas en las que confiaría para hablar sobre eso que casi nadie entiende, el vacío.
Ahora no siento desesperación ni angustia, sólo descanso, me estoy vaciando, estoy sacando la basura, haciendo espacio, moviendo cosas, reacomodando.
Quiero dejar de lado los juicios, sacar la doble morar y mis aires de superioridad. Con eso bastaría de momento.
No soy ni mejor ni peor, quizá no sea nada, quizá sólo sea yo y con eso basta. Por ahora.
Aunque lo que acabe de escribir sea solo tentativo.
domingo, 1 de noviembre de 2015
De los días como hoy...
Me gustan los días tranquilos en donde puedo estar en silencio, dónde puedo pensar bajito, hablar despacio, sentir mi cuerpo, calmar el paso.
Me gustan los días templados, siempre que haya viento que acaricie, que trasporte, que suene en mis oídos, que armonice mis latidos al compás de mi brazos.
Me gustan los días lentos, donde el tiempo se toma su tiempo, donde los minutos se forman sin atropellos, donde vivo dos veces cada momento.
Me gustan los días donde puedo tomarme dos tazas de té seguidas, donde desayuno a la mesa, donde manejo con las música alta y las ventanas abiertas.
Me gustan los días donde me despierto y contemplo los ojos que me miran y me detengo en su mirada.
Me gustan los días como hoy, hasta hoy, por hoy. Ya mañana quién sabe.
Me gustan los días templados, siempre que haya viento que acaricie, que trasporte, que suene en mis oídos, que armonice mis latidos al compás de mi brazos.
Me gustan los días lentos, donde el tiempo se toma su tiempo, donde los minutos se forman sin atropellos, donde vivo dos veces cada momento.
Me gustan los días donde puedo tomarme dos tazas de té seguidas, donde desayuno a la mesa, donde manejo con las música alta y las ventanas abiertas.
Me gustan los días donde me despierto y contemplo los ojos que me miran y me detengo en su mirada.
Me gustan los días como hoy, hasta hoy, por hoy. Ya mañana quién sabe.
De las estadísticas innecesarias...
Cuánto tiempo puede vivir una persona herida
cuánta fantasía hace falta para llenar la realidad
cuánto tiempo pasamos evitando que lo que va a sanar, sane
cuántas ilusiones se romperán antes de vernos como somos
cuánto tiempo pasamos sintiendo
cuánto más ayuda la ciencia que el arte
cuánto tiempo puedo empujar lo que no habrá de moverse
cuánto impacto hace una persona en el universo
cuánto tiempo puede vivir un animal en cautiverio
cuánto aguanta un hilo hasta que se rompe
cuánto tiempo pasamos pensando
cuántas ideas se sacrifican buscando otras ideas
cuánto valor tiene lo hermoso
cuántas explicaciones para ninguna respuesta
cuánta teoría que no sirve para nada
cuánto cambian las cosas con los ojos cerrados
cuánto mejor es tener los ojos abiertos
cuánto tiempo más para llegar a ninguna parte
cuánto tiempo
cuánta nada
cuántas estadísticas innecesarias...
cuánta fantasía hace falta para llenar la realidad
cuánto tiempo pasamos evitando que lo que va a sanar, sane
cuántas ilusiones se romperán antes de vernos como somos
cuánto tiempo pasamos sintiendo
cuánto más ayuda la ciencia que el arte
cuánto tiempo puedo empujar lo que no habrá de moverse
cuánto impacto hace una persona en el universo
cuánto tiempo puede vivir un animal en cautiverio
cuánto aguanta un hilo hasta que se rompe
cuánto tiempo pasamos pensando
cuántas ideas se sacrifican buscando otras ideas
cuánto valor tiene lo hermoso
cuántas explicaciones para ninguna respuesta
cuánta teoría que no sirve para nada
cuánto cambian las cosas con los ojos cerrados
cuánto mejor es tener los ojos abiertos
cuánto tiempo más para llegar a ninguna parte
cuánto tiempo
cuánta nada
cuántas estadísticas innecesarias...
jueves, 29 de octubre de 2015
De los mundos rosas...
Se puede ser feliz sin creer en Dios.
El amor no duele.
Una persona feliz no puede desear lastimar a otros.
Tres ideas que pintan mi mundo de rosa.
Como cuando dejé de forzarme a creer y a sentir algo en lo que no creía ni sentía y comencé a creer y a sentir lo que me nacía, esa plenitud de compartir con los seres amados, la dicha de cielo pintado de rojo, la frescura de la lluvia, la paz de ayudar al otro, la satisfacción de ser íntegro aún cuando nadie vea, las olas del mar, no se necesita un Dios para sentir que la vida es un milagro.
Como cuando dejé de querer que el amor fuera como yo necesitaba y me dediqué a amar, a tomar lo que viniera como llegara y a soltar lo que necesitaba marcharse, sin doble moral.
Cuando experimenté en carne propia que el hacerle daño al otro, si bien genera placer, no da felicidad. Porque el placer es momentáneo y la felicidad es perenne. Que las personas felices generan, construyen, no destruyen. Que cuando soy feliz deseo que los demás sean felices. Que la felicidad es producto del amor y que el amor no duele.
Que tal vez Dios no sea nada más que amor y que el amor no sea nada más que el comulgar con todo en busca de bienestar.
El amor no duele.
Una persona feliz no puede desear lastimar a otros.
Tres ideas que pintan mi mundo de rosa.
Como cuando dejé de forzarme a creer y a sentir algo en lo que no creía ni sentía y comencé a creer y a sentir lo que me nacía, esa plenitud de compartir con los seres amados, la dicha de cielo pintado de rojo, la frescura de la lluvia, la paz de ayudar al otro, la satisfacción de ser íntegro aún cuando nadie vea, las olas del mar, no se necesita un Dios para sentir que la vida es un milagro.
Como cuando dejé de querer que el amor fuera como yo necesitaba y me dediqué a amar, a tomar lo que viniera como llegara y a soltar lo que necesitaba marcharse, sin doble moral.
Cuando experimenté en carne propia que el hacerle daño al otro, si bien genera placer, no da felicidad. Porque el placer es momentáneo y la felicidad es perenne. Que las personas felices generan, construyen, no destruyen. Que cuando soy feliz deseo que los demás sean felices. Que la felicidad es producto del amor y que el amor no duele.
Que tal vez Dios no sea nada más que amor y que el amor no sea nada más que el comulgar con todo en busca de bienestar.
De lo que habría que hacer contigo...
Habría que hacerte una escultura, hacer uso de las bellas artes y moldear tu barro, tallar tu piedra a punta de cincel, fundir tus metales y mezclarlo todo hasta que no se sepa dónde empieza uno y termina el otro.
Habría que adornar habitaciones contigo, exhibirte en un pedestal a la vista de todos aquellos ávidos de inspiración y de milagros.
Habría que convertir tu mirada en un faro y que tu luz alumbrara a los navíos errantes.
Habría que tomar tu voz y embotellarla para aquellos que se han quedado sin palabras, para entreverarla con los mejores sonidos de la naturaleza y crear así una meliflua conjunción sinfónica de comunión universal.
Habría que convertir tus palabras en dulces melindrosos que brindaran la sabiduría de lo que no puede ser comprado más que con tiempo, la experiencia.
Habría que documentar tus movimientos y crear con ellos un nuevo sistema de educación física basado en la sobriedad y la templanza.
Habría que observarte todo el día y cada noche, para no perder detalle de esta enfermedad que padeces, de ese hábito tan tuyo que habrá de llevarte a la tumba, de esa tu manera de vivir la vida.
Habría que adornar habitaciones contigo, exhibirte en un pedestal a la vista de todos aquellos ávidos de inspiración y de milagros.
Habría que convertir tu mirada en un faro y que tu luz alumbrara a los navíos errantes.
Habría que tomar tu voz y embotellarla para aquellos que se han quedado sin palabras, para entreverarla con los mejores sonidos de la naturaleza y crear así una meliflua conjunción sinfónica de comunión universal.
Habría que convertir tus palabras en dulces melindrosos que brindaran la sabiduría de lo que no puede ser comprado más que con tiempo, la experiencia.
Habría que documentar tus movimientos y crear con ellos un nuevo sistema de educación física basado en la sobriedad y la templanza.
Habría que observarte todo el día y cada noche, para no perder detalle de esta enfermedad que padeces, de ese hábito tan tuyo que habrá de llevarte a la tumba, de esa tu manera de vivir la vida.
De la normalidad...
"Pues que soy mala", pensó. Y era verdad.
Había pasado todos los años de toda su vida sintiéndose diferente del resto del mundo, comparada con aquellos que ella sentía era "buenos" o "ideales", pero esa noche se dio cuenta que era solo cuestión de tiempo y oportunidad para que su verdadera naturaleza asomara la mirada.
No es justificable, pero ese día había sido una hecatombe de ilusiones y esperanzas, un efecto dominó de injusticias y una gran nada de bondad por todos lados.
Cada hora transcurrida iba cargada de actos sin sentido, y ella se sintió golpear hasta lo más profundo de su moral y su ética. Se sintió como en aquella cámara que había leído en uno de esos libros donde se buscaba la modificación de la conducta por medio de la aplicación de reforzadores y castigos; cada vez que se atreviera a sentir esperanza sería azotada, cada vez que sus pensamientos albergaran bondad sería sometida a toda clase de vejaciones, cada vez que sintiera compasión por otros el dolor físico y la tortura mental llegarían para apagar los conatos de piedad que aún existieran.
De pronto tuvo la oportunidad en sus manos, y sosteniendo un diálogo interno de venganza disfrazada de justicia y envalentonada por la ira buscó que cualquiera pagara por los males sufridos.
Tomó el arma, meditó por un momento para justificar sus actos y decidió hundir una y otra vez la navaja con la que dibujó seis líneas que se pintaron con la sangre de un, hasta cierto punto, inocente.
Había liberado la mayor de las pulsiones, el deseo de someter al otro, de sentirse Dios por un momento, había jugando un volado entre la vida y la muerte, vivido la fantasía de poder, había cruzado la linea hacia el otro lado, ese del que jamás se regresa sin haberse manchado.
Y fue justo cuando terminó de dibujar la sexta linea que sintió como si su alma abandonara su cuerpo, se vio a sí misma y sintió asco, como cuando Eva descubrió su desnudez y sintió vergüenza, vergüenza de su cuerpo, vergüenza de su humanidad, vergüenza de su existencia. Pero ella no podía correr a cubrir su pecado, el cuerpo del delito estaba ahí, frente a todos, expuesto como pintura en exhibición.
Se sintió perdida, se sintió animal, se había descubierto humana y eso la colocó de golpe en el nivel más común y más corriente de todos, la normalidad.
Había pasado todos los años de toda su vida sintiéndose diferente del resto del mundo, comparada con aquellos que ella sentía era "buenos" o "ideales", pero esa noche se dio cuenta que era solo cuestión de tiempo y oportunidad para que su verdadera naturaleza asomara la mirada.
No es justificable, pero ese día había sido una hecatombe de ilusiones y esperanzas, un efecto dominó de injusticias y una gran nada de bondad por todos lados.
Cada hora transcurrida iba cargada de actos sin sentido, y ella se sintió golpear hasta lo más profundo de su moral y su ética. Se sintió como en aquella cámara que había leído en uno de esos libros donde se buscaba la modificación de la conducta por medio de la aplicación de reforzadores y castigos; cada vez que se atreviera a sentir esperanza sería azotada, cada vez que sus pensamientos albergaran bondad sería sometida a toda clase de vejaciones, cada vez que sintiera compasión por otros el dolor físico y la tortura mental llegarían para apagar los conatos de piedad que aún existieran.
De pronto tuvo la oportunidad en sus manos, y sosteniendo un diálogo interno de venganza disfrazada de justicia y envalentonada por la ira buscó que cualquiera pagara por los males sufridos.
Tomó el arma, meditó por un momento para justificar sus actos y decidió hundir una y otra vez la navaja con la que dibujó seis líneas que se pintaron con la sangre de un, hasta cierto punto, inocente.
Había liberado la mayor de las pulsiones, el deseo de someter al otro, de sentirse Dios por un momento, había jugando un volado entre la vida y la muerte, vivido la fantasía de poder, había cruzado la linea hacia el otro lado, ese del que jamás se regresa sin haberse manchado.
Y fue justo cuando terminó de dibujar la sexta linea que sintió como si su alma abandonara su cuerpo, se vio a sí misma y sintió asco, como cuando Eva descubrió su desnudez y sintió vergüenza, vergüenza de su cuerpo, vergüenza de su humanidad, vergüenza de su existencia. Pero ella no podía correr a cubrir su pecado, el cuerpo del delito estaba ahí, frente a todos, expuesto como pintura en exhibición.
Se sintió perdida, se sintió animal, se había descubierto humana y eso la colocó de golpe en el nivel más común y más corriente de todos, la normalidad.
viernes, 23 de octubre de 2015
De las bonitas y de mi...
No me digas bonita.
Habiendo tantos adjetivos en el mundo, tantas palabras para describir algo o alguien, tantas formas, incluidas las miradas, el tacto y el silencio, habiendo tantos gustos y placeres, siendo tanto de tantas cosas, habiendo hablado sobre los mejores poetas, sobre los grandes autores, habiendo recorrido la historia a través de la música, saboreado cada bocado de cosas nuevas.
No mal gastes las palabras, algunas se sienten vacías, me colocan a mí entre tantas otras que son bonitas, bonitas solamente, cuyo único regalo es su belleza, aquellas que se definen con su fachada, aquellas que sonríen y se sonrojan ante los halagos de su apariencia, aquellas que hoy están y mañana quien sabe.
No me digas bonita, porque suena a compromiso, a algo automático, improvisado, a algo que se dice porque no se tiene nada más que decir, lo mismo da decírselo a tus camisas que a cualquiera.
Bonita no describe, no delinea, no figura, no profundiza, bonita es el análogo de bien, lo que se responde cuando no se quiere pensar ni tocar lo verdadero, lo oculto, lo real, bonita es un halago común y corriente, vano, plano, es lo que le dices a alguien intrascendental y ajeno, aquello que demuestra desgano o desenfado.
No me digas bonita, no me dirijas palabras, háblame con tu silencio, con tus miradas, no intentes seducirme con lo trivial, no me conquistes con lo pueril, no quieras envolverme con tus lisonjas fútiles, no me lleves al nivel insustancial, no me trates como a cualquiera.
Pero si pese a todo no puedes evitarlo, entonces, no me digas nada.
Habiendo tantos adjetivos en el mundo, tantas palabras para describir algo o alguien, tantas formas, incluidas las miradas, el tacto y el silencio, habiendo tantos gustos y placeres, siendo tanto de tantas cosas, habiendo hablado sobre los mejores poetas, sobre los grandes autores, habiendo recorrido la historia a través de la música, saboreado cada bocado de cosas nuevas.
No mal gastes las palabras, algunas se sienten vacías, me colocan a mí entre tantas otras que son bonitas, bonitas solamente, cuyo único regalo es su belleza, aquellas que se definen con su fachada, aquellas que sonríen y se sonrojan ante los halagos de su apariencia, aquellas que hoy están y mañana quien sabe.
No me digas bonita, porque suena a compromiso, a algo automático, improvisado, a algo que se dice porque no se tiene nada más que decir, lo mismo da decírselo a tus camisas que a cualquiera.
Bonita no describe, no delinea, no figura, no profundiza, bonita es el análogo de bien, lo que se responde cuando no se quiere pensar ni tocar lo verdadero, lo oculto, lo real, bonita es un halago común y corriente, vano, plano, es lo que le dices a alguien intrascendental y ajeno, aquello que demuestra desgano o desenfado.
No me digas bonita, no me dirijas palabras, háblame con tu silencio, con tus miradas, no intentes seducirme con lo trivial, no me conquistes con lo pueril, no quieras envolverme con tus lisonjas fútiles, no me lleves al nivel insustancial, no me trates como a cualquiera.
Pero si pese a todo no puedes evitarlo, entonces, no me digas nada.
De los días de mi vida...
Lunes. Hablemos de cosas inocentes, de las primeras miradas que sonrojan, del tocarte la mano y sentir que estas sudando, de los roces accidentales, del sentarme junto ti, del caminar juntos, de tu voz trémula, del llanto, del primer beso de ambos, de tu sonrisa tierna, de las despedidas dolorosas, de mi alejándome de ti.
Martes. Hablemos de los nervios al acercarme, de la idolatría que te profesaba, de tus ojos verdes o azules, del primer beso incómodo, de los abrazos prolongados, de los conatos de pasión, de mis inseguridades, del miedo de perderte, de tu distancia e indiferencia, de las despedidas dolorosas, de ti alejándote de mi.
Miércoles. Hablemos de tu galanura, de tu sonrisa cautivadora, de la forma de hacerme reír a carcajadas, de tus besos vehementes, de tu tacto huracanado, de las primeras veces, del bailar y perderme entre tus pasos, de tu inmadurez y la mía, de tu traición, de mi descaro, de las despedidas precipitadas, de nosotros alejándonos.
Jueves. Hablemos de tu delicadeza para acercarte, de la ternura en todos tus actos y palabras, de tu determinación, de tus flores de papel, de nuestras aventuras, de la poesía, de la distancia, de las estrellas, de tus ausencias y mi confusión, del tocarnos entre las sombras, de mi traición y desencanto, de las despedidas desalmadas, de mi corriendo hacia otro lado.
Viernes. Hablemos del golpe, de la ilusión, del sentirme en el edén, de los planes a futuro, de la dicha, de las risas interminables, de los silencios acogedores, de la música, de tu primera vez, de tu calmoso desvanecimiento, de las explicaciones innecesarias, de tu frialdad, de la falta de intimidad, de las despedidas desgarradoras, de mi alejada de mi.
Sábado. Hablemos de las causalidades, de nuestro converger, del dejarme quererte, del descanso en tu compañía, de la ilusión que despiertas, de la inspiración que despabilas, del reconciliarme con el pasado. del perdonarme y perdonar, del volver a sonreír como estúpida, del contemplarte, del saberte ajeno, de las futuras despedidas, de mi acercándome a mi a través de ti.
Domingo. Espero tu llegada.
Martes. Hablemos de los nervios al acercarme, de la idolatría que te profesaba, de tus ojos verdes o azules, del primer beso incómodo, de los abrazos prolongados, de los conatos de pasión, de mis inseguridades, del miedo de perderte, de tu distancia e indiferencia, de las despedidas dolorosas, de ti alejándote de mi.
Miércoles. Hablemos de tu galanura, de tu sonrisa cautivadora, de la forma de hacerme reír a carcajadas, de tus besos vehementes, de tu tacto huracanado, de las primeras veces, del bailar y perderme entre tus pasos, de tu inmadurez y la mía, de tu traición, de mi descaro, de las despedidas precipitadas, de nosotros alejándonos.
Jueves. Hablemos de tu delicadeza para acercarte, de la ternura en todos tus actos y palabras, de tu determinación, de tus flores de papel, de nuestras aventuras, de la poesía, de la distancia, de las estrellas, de tus ausencias y mi confusión, del tocarnos entre las sombras, de mi traición y desencanto, de las despedidas desalmadas, de mi corriendo hacia otro lado.
Viernes. Hablemos del golpe, de la ilusión, del sentirme en el edén, de los planes a futuro, de la dicha, de las risas interminables, de los silencios acogedores, de la música, de tu primera vez, de tu calmoso desvanecimiento, de las explicaciones innecesarias, de tu frialdad, de la falta de intimidad, de las despedidas desgarradoras, de mi alejada de mi.
Sábado. Hablemos de las causalidades, de nuestro converger, del dejarme quererte, del descanso en tu compañía, de la ilusión que despiertas, de la inspiración que despabilas, del reconciliarme con el pasado. del perdonarme y perdonar, del volver a sonreír como estúpida, del contemplarte, del saberte ajeno, de las futuras despedidas, de mi acercándome a mi a través de ti.
Domingo. Espero tu llegada.
viernes, 16 de octubre de 2015
De las conjugaciones...
Conjugar verbos es un arte, hay tantas posibilidades, pero me doy cuenta que no suelo conjugar en futuro o antefuturo, cuando escribo lo hago como sigue:
Escribir, como infinitivo, me resulta sencillo porque escribo, en presente, aún que a veces me sorprendo escribiendo, en gerundio, sobre mí o sobre los otros en otros tiempo, pero debo confesar que he escrito, en participio, más sobre lo propio que sobre lo ajeno.
Cuando escribía, en copretérito, lo hacía como dando una opinión siempre muy racional y pocas veces emocional, escribí, en pasado, sobre lo que pensaba y trataba de convencerme de que algún día escribiría, en pospretérito, más con el corazón que con la cabeza, y habría escrito, en antepospretérito, siempre de esa forma, de no ser porque la vida me puso de cabeza y me demostró que el pensamiento engaña, pero que el sentir jamás.
Desconozco cómo escribiré, en el futuro, sinceramente no me importa, aquí el chiste es seguir escrito, escribir, escribiendo.
Escribir, como infinitivo, me resulta sencillo porque escribo, en presente, aún que a veces me sorprendo escribiendo, en gerundio, sobre mí o sobre los otros en otros tiempo, pero debo confesar que he escrito, en participio, más sobre lo propio que sobre lo ajeno.
Cuando escribía, en copretérito, lo hacía como dando una opinión siempre muy racional y pocas veces emocional, escribí, en pasado, sobre lo que pensaba y trataba de convencerme de que algún día escribiría, en pospretérito, más con el corazón que con la cabeza, y habría escrito, en antepospretérito, siempre de esa forma, de no ser porque la vida me puso de cabeza y me demostró que el pensamiento engaña, pero que el sentir jamás.
Desconozco cómo escribiré, en el futuro, sinceramente no me importa, aquí el chiste es seguir escrito, escribir, escribiendo.
Del origen del presente...
Recuerdo muy bien la primera vez que escuché algo de un tal Mario Benedetti, quesque un escritor muy famoso de cuentos, ensayos y poesía. Estaba yo con la mirada perdida bebiéndome mis lágrimas mientras él comenzó a leer algo de un libro blanco de pasta blanda:
El sexo de los ángeles
Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.
Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas.
Así, cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.
Y si Ángel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Ángela, para atizarlo, responde: "Surco". El dice: "Alud" y ella, tiernamente: "Abismo".
Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.
Ángel dice: "Madero". Y Ángela: "Caverna".
Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un Ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.
Él dice: "Manantial". Y ella: "Cuenca".
Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.
Ángel dice: "Estoque", y Ángela, radiante: "Herida". El dice: "Tañido", y ella: "Rebato".
Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
FIN
Mario Benedetti
Quizá no sepa como describir lo que sentí cuando escuchaba aquello, pero fue como si mi cuerpo temblara por dentro y de un momento a otro todo ese temblor subiera a mi cabeza, estremeciera mis pensamientos y culminara en una explosión que me abrió para siempre las ideas.
Fue entender eso que había sabido desde muy pequeña, que las palabras tocan de forma distinta, que llegan más profundo y que cambian aquello que han tocado para siempre.
Después de ese cuento comprendí que quería aprender a tocar sin tacto, usar la palabra precisa, comprender el significado de cada cosa, buscar la forma de describir el mundo de manera que hasta un ciego pudiera imaginarlo. Mientras más leía más cosas sentía, mientras más sentía más quería leer, comprendí que leer no era sólo para aprender y que escribir no era solo para fines académicos.
Leía para sentir, escribía para sentir, sentía para tener algo qué escribir. Comencé a ver la vida como páginas, como historias, como capítulos de un libro, veía a los extraños e imaginaba cómo serían sus vidas, escuchaba a la gente y de inmediato recordaba un fragmento, un verso, una palabra que ya había leído en otro lado, dejé de saber si lo que decía era propio o ajeno, si la realidad era una copia de la fantasía o viceversa, me vi obligada a buscar con desesperación algún poema que explicara lo que estaba sintiendo, todo tenía que tener nombre para entenderlo.
Y fue así como terminé estudiando lo que estudié, trabajando en lo que trabajo y buscando aún la palabra exacta para cada cosa. Porque la palabra, ese código verbal o escrito, no sólo explica, define o transmite algo, la palabra también sana.
jueves, 15 de octubre de 2015
De los amores patológicos...
Recuerdo aquel día en el que te dije "estoy triste"y llegaste lo antes posible con un carro prestado que no cerraba bien de la puerta de tu lado.
Recuerdo haberte dicho que quería ver la estrellas y que me llevaras, corriendo todos los riesgos, al mejor lugar de la ciudad para ver el cielo estrellado.
Recuerdo que en tu afán para que dejara de llorar me llevaste a tu casa, me mostraste tu cuarto y me diste de tomar leche blanca, y yo por educación me la tomé sin que me gustara.
Recuerdo el esfuerzo que hacías trabajando como mesero en la semana para pagar tus estudios y todavía invitarme a salir absorbiendo tu los gastos.
Recuerdo esa chamarra de piel que hacía ruido cuando me abrazabas por las noches, en el patio de tu casa.
Recuerdo la almohada amarilla que me robé de tu cuarto.
Recuerdo que tu mamá nunca me quiso y que tu muy apenado tratabas de disculparla.
Recuerdo las historias que me contabas sobre tu padre y la admiración y el orgullo que transpiraban tus ojos con cada palabra.
Recuerdo haber caminado de mi casa a tu casa, como si la noche nos cuidara, como si nada pudiera pasarnos estando lado a lado.
Recuerdo como poco a poco tu semblante ensombrecía y te volvías huraño, como toda la energía se apagaba y te perdías en la distancia.
Recuerdo cuando te volvías tan ausente y tan lejano que no podía más que extrañarte aún teniéndote a mi lado.
Recuerdo que en tus ausencias me decías que no te llamara porque no tenías nada que contarme.
Recuerdo que me sacabas de tu vida, que no te reconocía en tus escritos, y que a veces era mejor no verte porque rechazabas mis abrazos.
Recuerdo el temor que me causaban tus palabras, tu forma tan oscura de verlo todo, hasta a nosotros.
Recuerdo que pensaba que un día no volverías, que te irías lejos buscando aquello que no sabías que te faltaba.
Recuerdo que con el paso de los días ibas volviendo, te ibas acercando y comenzabas de nuevo a hacerme reír, a abrazarme y a contarme fragmentos de tu día.
Recuerdo que llegabas sin aviso a mi casa con una sonrisa, que ibas primero a verme antes que a tu madre, sería por eso que no me quería.
Recuerdo que me leías poemas hasta quedarme dormida.
Recuerdo que un día no pude con tanta confusión y te mandé al carajo.
Recuerdo que en aquel entonces yo no sabía como se llamaba lo que te pasaba.
Recuerdo que cuando lo supe quise buscarte pero estabas lejos.
Recuerdo que dejé de buscarte.
Recuerdo como te fuiste convirtiendo en recuerdo.
Y ahora, estás aquí de nuevo, con tus noches de manía y tu depresión como mañana.
martes, 13 de octubre de 2015
De los pro-nombres...
Escuchó su nombre por fin de sus labios, los de él, a partir de ese momento para ella, aquella existía, era real. Lo que hasta ese momento había permanecido flotando en el silencio, en esa forma implícita de conocer su existencia se había vuelto de pronto tan explícita y presente que todo sonido pareció apagado mientras esas letras permanecían aún en el aire.
Ahora sabía que la quería, a aquella, que la cuidaba, que le decía "amor" cuando le llamaba; era cierto que habían construido una vida y que la compartirían por los días que seguían.
Era cosa de tiempo para que su boca, la de él, pronunciara esas seis letras que los apartaban más que seis continentes en el mundo, era cosa de tiempo para que se volviera ineludible algún tema en donde su presencia, la de aquella, fuera obligatoria.
Hasta aquí llegaron, hasta el punto en el que él sabía que ella sabía que aquella existía y donde ella sabía que él sabía que ella sabía que aquella existía, y aquella sin saber que ellos existieron fugazmente en alguna parte. Hasta aquí habían llegado, hasta donde su comodidad, la de él con ella, lo volvió descuidado y no pudo refrenar más su presencia, la de aquella, en todas las parcelas de su vida, la de él.
Aquella se coló por una veta entre ellos, inundó el momento y ahogó para siempre sus quimeras, las de ella. Se volvió como esa luz que ahogó a los niños en un mar de sueños, e iluminó lo único de lo que no habían hablado, su vida de pareja, la de aquella con él.
Ahora sabía que la quería, a aquella, que la cuidaba, que le decía "amor" cuando le llamaba; era cierto que habían construido una vida y que la compartirían por los días que seguían.
Era cosa de tiempo para que su boca, la de él, pronunciara esas seis letras que los apartaban más que seis continentes en el mundo, era cosa de tiempo para que se volviera ineludible algún tema en donde su presencia, la de aquella, fuera obligatoria.
Hasta aquí llegaron, hasta el punto en el que él sabía que ella sabía que aquella existía y donde ella sabía que él sabía que ella sabía que aquella existía, y aquella sin saber que ellos existieron fugazmente en alguna parte. Hasta aquí habían llegado, hasta donde su comodidad, la de él con ella, lo volvió descuidado y no pudo refrenar más su presencia, la de aquella, en todas las parcelas de su vida, la de él.
Aquella se coló por una veta entre ellos, inundó el momento y ahogó para siempre sus quimeras, las de ella. Se volvió como esa luz que ahogó a los niños en un mar de sueños, e iluminó lo único de lo que no habían hablado, su vida de pareja, la de aquella con él.
De los balances generales..
Saldo de sensaciones y percepciones matutino:
Una idea en mi cabeza que me activa y que me aviva
un nudo siempre activo en mi garganta impulsiva
una opresión en mi activo pecho que me excita
un activo revoloteo en mi estómago esperanzado
los brazos activos, afanosos y anhelantes
la espalda poco activa tan yerta y tan cansada
las muy activas piernas doloridas y dobladas
Así el balance de mis activos después de cotejarlos contigo.
Y es que este capital se va haciendo menos por tantos pasivos:
Tus abrazos pasivos e indiferentes
tus consejos tan pasivos y neutrales
tu forma de tocarme paciente y tan pasiva
tus palabras pasivas e impasibles
tus labios tan pasivos y lejanos
tu conducta despreocupada y pasiva
tu proximidad y la mía tan pasivas
Tu y yo tan inertes y pasivos
Sabrá Dios cuál será el saldo hasta ahora, pero bien sé yo, mortal boreal, que si no activas tus pasivos este negocio se va a la quiebra.
Una idea en mi cabeza que me activa y que me aviva
un nudo siempre activo en mi garganta impulsiva
una opresión en mi activo pecho que me excita
un activo revoloteo en mi estómago esperanzado
los brazos activos, afanosos y anhelantes
la espalda poco activa tan yerta y tan cansada
las muy activas piernas doloridas y dobladas
Así el balance de mis activos después de cotejarlos contigo.
Y es que este capital se va haciendo menos por tantos pasivos:
Tus abrazos pasivos e indiferentes
tus consejos tan pasivos y neutrales
tu forma de tocarme paciente y tan pasiva
tus palabras pasivas e impasibles
tus labios tan pasivos y lejanos
tu conducta despreocupada y pasiva
tu proximidad y la mía tan pasivas
Tu y yo tan inertes y pasivos
Sabrá Dios cuál será el saldo hasta ahora, pero bien sé yo, mortal boreal, que si no activas tus pasivos este negocio se va a la quiebra.
sábado, 10 de octubre de 2015
De Extraordinario a Ordinario en un solo paso...
El día de ayer hablaba con una amiga y le decía que el único paso para hacer que un hombre pase de extraordinario a ordinario es que me diga "Ya no quiero a mi mujer, pero no me divorcio por mis hijos". Entonces ella me dice que eso le recordó a algo que leyó hace poco sobre las principales mentiras de los hombres casados y me envió el siguiente listado:
“Me estoy divorciando”
“Mi matrimonio está en crisis”
“Dame tiempo para separarme”
“La quiero, pero ya no la deseo como antes”
“Me casé por inmadurez”
“Tú eres lo que siempre busqué, si te hubiese conocido antes”
“Ella es muy interesada, sólo le importa el dinero”
“Mi matrimonio estaba destruido antes de que tú llegarás”
“No me he divorciado por mis hijos”
Me ha tocado escuchar casi todas en una misma conversación o escucharlas todas y otras más con diferentes personas. Que pena.
Puedo tener una conversación maravillosa o una excelente primera impresión de alguien y al momento en el que esa persona se empieza a quejar de su matrimonio, de su esposa o de que ya no es feliz.. en automático archivo a la persona en "Ordinario" y pienso con un dejo de tristeza que es una pena que con tanto potencial para ser extraordinario termine cayendo en el más común de los defectos de los hombres casados.
viernes, 9 de octubre de 2015
De las estocadas post mortem...
Hoy, durante la madrugada, falleció mi abuelo.
Estoy lejos de mi madre, y sólo pude llamarle y quedarme sin palabras de aliento.
Estoy tan dolida con las circunstancias que me rodean en éste momento que sólo pude decirle "te quiero", porque cualquier otra cosa me habría sonado falsa.
No puedo poner en palabras cómo me siento, no hay poemas para esto, y si los hubiera, me sonarían ajenos.
No puedo ver más allá de lo que sucede, no puedo ver el "para qué" de lo que pasa, no es momento de querer hacerlo ni de buscarlo.
Pero sí es momento de pedir ayuda.
Estoy lejos de mi madre, y sólo pude llamarle y quedarme sin palabras de aliento.
Estoy tan dolida con las circunstancias que me rodean en éste momento que sólo pude decirle "te quiero", porque cualquier otra cosa me habría sonado falsa.
No puedo poner en palabras cómo me siento, no hay poemas para esto, y si los hubiera, me sonarían ajenos.
No puedo ver más allá de lo que sucede, no puedo ver el "para qué" de lo que pasa, no es momento de querer hacerlo ni de buscarlo.
Pero sí es momento de pedir ayuda.
martes, 6 de octubre de 2015
Del sádico y la víctima...
La maravilla de ver a un ser humano caerse a pedazos frente a uno.
Sus maestros le habían dicho siempre que para ser bueno en ésta profesión tenía que ser uno un poco hijo de puta y un tanto sádico para disfrutar el dolor ajeno. Quizá nunca lo había entendiendo del todo como hasta hoy.
Llegó serio, pero su seriedad era distinta, era una seriedad que ahogaba un grito de dolor. Acercó la silla a la misma distancia que esa primera vez en la que intentaba retar con su presencia. Con la mirada baja viendo al suelo y con los antebrazos apoyados sobre sus muslos comenzó:
- Estoy triste.
- Vaya, tristeza, esa es una emoción nueva.
- Pues claro que estoy triste, cómo no voy a estarlo si la gente se aprovecha de mi, de nuevo me encuentro así, sufriendo porque confié en alguien y me traicionó.
- ¿Quieres contarme lo que pasó?
- De verdad quería que fuera ella, de verdad quería tener algo en serio con ella, pensé que valía la pena, pero no. Ayer me dijo que quería hablar conmigo y yo sólo pude pensar "no me vayas a salir con una pendejada" y pues sí, me salió con una pendejada. Me dijo que no quiere nada más que mi amistad. ¿Por qué la gente es así, por qué me ilusionó, por qué no me dijo las cosas claras desde el principio? Pues porque ¡claro! Es bien fácil, sí quería que tuviera atenciones con ella, sí quería que la sacara a pasear, sí quería que le dijera cosas bonitas, sí quería mi apoyo, pero ahora que le tocó a ella dar algo más, ahora sí, ¡solo quiere mi amistad! Por mi que desaparezca, que no me hablé, yo fui claro con ella y siempre le dije que no quería solo su amistad y ella lo aceptó, hasta que tomó lo que necesitaba y luego ya, nada más quiere ser mi amiga. Espero que no se arrepienta, porque una persona como yo no la va a encontrar jamás.
Y aquí estoy de nuevo, por eso no confío en la gente, por eso no creo en la amistad, porque confié en ella y me lastimó.
- ¿Por qué no confías en la gente?
- ¿Cómo voy a confiar si siempre me hacen esto?
- Pues si esperas que la gente no se equivoque o no te lastimen nunca, entonces no, no confíes. O podrías cambiar la idea que tienes sobre la gente y la confianza.
- Yo no necesito cambiar, estoy bien como estoy.
- Sí, se nota que estas bien. No cambies entonces. Pero mira, entiendo que te sientas mal, triste, devastado, traicionado, entiendo que tengas tu corazón roto, que sientas que te caes a pedazos y que una vez más alguien te lastimó, y tienes todo el derecho del mundo de sentirte así, es más yo te acompaño todo el tiempo que necesites, pero aquí adentro de estas cuatro paredes, conmigo, no puedes ser víctima.
- ¡Víctima! ¿Crees que soy víctima?
- Sí, y no puedo permitírtelo. El dolor que sientes es válido, es normal, natural y hasta cierto punto sano.
- ¿Cómo va a ser sano esto?, ¿cómo va a ser sano que me sienta de la chingada?
- Siempre es más sano eso que tratar de no sentir nada. Pero escucha, no eres una víctima de la vida ni de la gente, simplemente porque la vida no es justa, porque el hecho de que hagas cosas buenas y seas bueno con los demás no te garantiza que te pasen cosas buenas siempre, así tampoco los que hacen cosas malas reciben siempre cosas malas. Eso es lo que te produce dolor, tu idea de la justicia que no existe en el mundo.
No puedes ser una víctima, no eres el único con el corazón roto, no eres el único que sufre, no eres el único al que le pasan cosas malas, no eres el único bueno del cual se aprovechan. La gente es así, el mundo es así, y nada puedes hacer más que hacerte responsable de ti mismo.
- No quiero relacionarme con nadie, no quiero tener amigos, no quiero confiar en nadie.
- Muy bien, no tengas amigos, no te relaciones, no confíes, vete al bosque y no veas nunca a nadie, pero aún que hagas todo eso, el mundo va a seguir siendo injusto y la gente va a seguir siendo como eso. Puedes irte al bosque, o puedes aprender a relacionarte sin sufrir. Nos vemos la próxima semana.
Sus maestros le habían dicho siempre que para ser bueno en ésta profesión tenía que ser uno un poco hijo de puta y un tanto sádico para disfrutar el dolor ajeno. Quizá nunca lo había entendiendo del todo como hasta hoy.
Llegó serio, pero su seriedad era distinta, era una seriedad que ahogaba un grito de dolor. Acercó la silla a la misma distancia que esa primera vez en la que intentaba retar con su presencia. Con la mirada baja viendo al suelo y con los antebrazos apoyados sobre sus muslos comenzó:
- Estoy triste.
- Vaya, tristeza, esa es una emoción nueva.
- Pues claro que estoy triste, cómo no voy a estarlo si la gente se aprovecha de mi, de nuevo me encuentro así, sufriendo porque confié en alguien y me traicionó.
- ¿Quieres contarme lo que pasó?
- De verdad quería que fuera ella, de verdad quería tener algo en serio con ella, pensé que valía la pena, pero no. Ayer me dijo que quería hablar conmigo y yo sólo pude pensar "no me vayas a salir con una pendejada" y pues sí, me salió con una pendejada. Me dijo que no quiere nada más que mi amistad. ¿Por qué la gente es así, por qué me ilusionó, por qué no me dijo las cosas claras desde el principio? Pues porque ¡claro! Es bien fácil, sí quería que tuviera atenciones con ella, sí quería que la sacara a pasear, sí quería que le dijera cosas bonitas, sí quería mi apoyo, pero ahora que le tocó a ella dar algo más, ahora sí, ¡solo quiere mi amistad! Por mi que desaparezca, que no me hablé, yo fui claro con ella y siempre le dije que no quería solo su amistad y ella lo aceptó, hasta que tomó lo que necesitaba y luego ya, nada más quiere ser mi amiga. Espero que no se arrepienta, porque una persona como yo no la va a encontrar jamás.
Y aquí estoy de nuevo, por eso no confío en la gente, por eso no creo en la amistad, porque confié en ella y me lastimó.
- ¿Por qué no confías en la gente?
- ¿Cómo voy a confiar si siempre me hacen esto?
- Pues si esperas que la gente no se equivoque o no te lastimen nunca, entonces no, no confíes. O podrías cambiar la idea que tienes sobre la gente y la confianza.
- Yo no necesito cambiar, estoy bien como estoy.
- Sí, se nota que estas bien. No cambies entonces. Pero mira, entiendo que te sientas mal, triste, devastado, traicionado, entiendo que tengas tu corazón roto, que sientas que te caes a pedazos y que una vez más alguien te lastimó, y tienes todo el derecho del mundo de sentirte así, es más yo te acompaño todo el tiempo que necesites, pero aquí adentro de estas cuatro paredes, conmigo, no puedes ser víctima.
- ¡Víctima! ¿Crees que soy víctima?
- Sí, y no puedo permitírtelo. El dolor que sientes es válido, es normal, natural y hasta cierto punto sano.
- ¿Cómo va a ser sano esto?, ¿cómo va a ser sano que me sienta de la chingada?
- Siempre es más sano eso que tratar de no sentir nada. Pero escucha, no eres una víctima de la vida ni de la gente, simplemente porque la vida no es justa, porque el hecho de que hagas cosas buenas y seas bueno con los demás no te garantiza que te pasen cosas buenas siempre, así tampoco los que hacen cosas malas reciben siempre cosas malas. Eso es lo que te produce dolor, tu idea de la justicia que no existe en el mundo.
No puedes ser una víctima, no eres el único con el corazón roto, no eres el único que sufre, no eres el único al que le pasan cosas malas, no eres el único bueno del cual se aprovechan. La gente es así, el mundo es así, y nada puedes hacer más que hacerte responsable de ti mismo.
- No quiero relacionarme con nadie, no quiero tener amigos, no quiero confiar en nadie.
- Muy bien, no tengas amigos, no te relaciones, no confíes, vete al bosque y no veas nunca a nadie, pero aún que hagas todo eso, el mundo va a seguir siendo injusto y la gente va a seguir siendo como eso. Puedes irte al bosque, o puedes aprender a relacionarte sin sufrir. Nos vemos la próxima semana.
domingo, 4 de octubre de 2015
De las preguntas terapéuticas...
Se sentó en el sillón doble, en el extremo izquierdo, de frente a él y le leyó lo que llevaba arrugado en el bolsillo:
"Vengo con usted porque si no vengo me mato. Estoy convencido de que esto que tengo dentro tiene solución pero no la veo y ya no aguanto más. Ya no aguanto hablarme a solas para repetirme lo de todas las mañanas, tardes o noches cuando aparece sin aviso el recuerdo de no sé bien qué cosa. Ya no aguanto sentirme pesado, cansado, con ganas de casi no moverme ni para respirar. He llegado a creer que moriré pronto, espero yo de un accidente, porque alguien que vive de esta forma no está destinado a muchos años en la tierra. Me da asco el mundo, mejor dicho, me da asco el hombre. No creo en ningún Dios, en ninguno de todos esos que hay para escoger. Me preocupa haber vendido lo poco que tengo de idealista por unas cuantas comodidades. A lo más que llego es a hacer manifestante y rebelde de sillón. He perdido toda esperanza, o quizá sólo me queden dos: que usted pueda ayudarme o que al cruzar la calle algún camarada humano haga el favor de matarme".
El lo miró desde el otro lado de la habitación y le dijo:
"Curioso que no pueda yo preguntarle "usted ¿por qué no se suicida?" y en cambio deba preguntarle "usted ¿por qué no vive un poco?"
Esa fue la primera sesión de terapia más rápida de su vida.
"Vengo con usted porque si no vengo me mato. Estoy convencido de que esto que tengo dentro tiene solución pero no la veo y ya no aguanto más. Ya no aguanto hablarme a solas para repetirme lo de todas las mañanas, tardes o noches cuando aparece sin aviso el recuerdo de no sé bien qué cosa. Ya no aguanto sentirme pesado, cansado, con ganas de casi no moverme ni para respirar. He llegado a creer que moriré pronto, espero yo de un accidente, porque alguien que vive de esta forma no está destinado a muchos años en la tierra. Me da asco el mundo, mejor dicho, me da asco el hombre. No creo en ningún Dios, en ninguno de todos esos que hay para escoger. Me preocupa haber vendido lo poco que tengo de idealista por unas cuantas comodidades. A lo más que llego es a hacer manifestante y rebelde de sillón. He perdido toda esperanza, o quizá sólo me queden dos: que usted pueda ayudarme o que al cruzar la calle algún camarada humano haga el favor de matarme".
El lo miró desde el otro lado de la habitación y le dijo:
"Curioso que no pueda yo preguntarle "usted ¿por qué no se suicida?" y en cambio deba preguntarle "usted ¿por qué no vive un poco?"
Esa fue la primera sesión de terapia más rápida de su vida.
De la mitad de la historia...
Quería contar historias. Eso quería.
Se sentaba con todo en orden sobre la mesa y esperaba ese rayo fulminante de la inspiración.
Solo pensaba cosas tristes, ese era el problema.
Pensaba en "gato" y después se venía a su mente la palabra "callejero".
Pensaba en "barda" y no podía evitar pensar en "abandonada".
Pensaba en "campos" y siempre los veía "incendiados".
Pensaba en "arcoiris" pero sin olla de oro y con un duende "desolado"
Se levantaba con la molestia de esos pensamiento tristes que rondaban su cabeza y terminó por abandonar el oficio de escritor.
Nunca llegó a escribir sobre ese gato callejero que se metía a escondidas a una casa de noche para cobijarse, ni sobre esa barda que aún que abandonada guardaba en ella las promesas de permanencia de tantos ambulantes, ni mucho menos sobre esos campos que sólo florecen al reventar sus semillas con el calor del incendio, ni del duende que cambió de oficio al descubrir que esa olla de oro se la daban sólo como bono de comisión.
Se sentaba con todo en orden sobre la mesa y esperaba ese rayo fulminante de la inspiración.
Solo pensaba cosas tristes, ese era el problema.
Pensaba en "gato" y después se venía a su mente la palabra "callejero".
Pensaba en "barda" y no podía evitar pensar en "abandonada".
Pensaba en "campos" y siempre los veía "incendiados".
Pensaba en "arcoiris" pero sin olla de oro y con un duende "desolado"
Se levantaba con la molestia de esos pensamiento tristes que rondaban su cabeza y terminó por abandonar el oficio de escritor.
Nunca llegó a escribir sobre ese gato callejero que se metía a escondidas a una casa de noche para cobijarse, ni sobre esa barda que aún que abandonada guardaba en ella las promesas de permanencia de tantos ambulantes, ni mucho menos sobre esos campos que sólo florecen al reventar sus semillas con el calor del incendio, ni del duende que cambió de oficio al descubrir que esa olla de oro se la daban sólo como bono de comisión.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
De lo que soy para algunos...
Aladdin dice:
- Un placer, no podrías ser otra cosa Sakurandra
- eso eres, un postre, un fragmento....lo que uno se come para sobornar la necesidad
- un postre no sirve, no nutre, pero es lo que mejor te hace sentir y sabes que es temporal, por eso aprisionas ese sabor...si eres un bocadín dulce.
(fragmento de una conversación vieja, ya documentada en este blog)
Tal vez, después de todo, sí sea un dulce. Quizá Aladdin fue el único que me lo dijo directo y de frente.
Y es que se me nota hasta en los signos de puntuación la influencia de los autores que leo. Como si necesitara más pesadumbre me pongo y leo a Onetti, aquel cuya única salvación de la amargura era la literatura misma.
- Un placer, no podrías ser otra cosa Sakurandra
- eso eres, un postre, un fragmento....lo que uno se come para sobornar la necesidad
- un postre no sirve, no nutre, pero es lo que mejor te hace sentir y sabes que es temporal, por eso aprisionas ese sabor...si eres un bocadín dulce.
(fragmento de una conversación vieja, ya documentada en este blog)
Tal vez, después de todo, sí sea un dulce. Quizá Aladdin fue el único que me lo dijo directo y de frente.
Y es que se me nota hasta en los signos de puntuación la influencia de los autores que leo. Como si necesitara más pesadumbre me pongo y leo a Onetti, aquel cuya única salvación de la amargura era la literatura misma.
lunes, 28 de septiembre de 2015
Del Corazón de mi vida...
Un día Kokoro (corazón en japonés) llegó a mi vida.
Llegó llena de pulgas, flaca, sucia, con miedo y hambre. Me la regaló una amiga que sabía que estaba pensando adoptar un perro. No me dio mucha opción, me la llevó al trabajo y me vi forzada a llevarla conmigo a casa.
Una semana después me fui de vacaciones, y al regreso la encontré muy enferma. Me decían las personas que la habían cuidado, que había estado bien hasta ese día por la mañana que comenzó a vomitar. Yo la llevé a casa de nuevo e intenté que comiera algo, sin éxito. A la mañana siguiente la llevé al médico y le dieron tratamiento, todo ese día no comió y vomitaba sabrá Dios que cosas porque ya nada le quedaba dentro. Al día siguiente la llevé de nuevo al médico y me dieron muy mal pronóstico, dos días sin comer y sin mejoría por el tratamiento no eran buena señal, me dijeron que debía darle 3ml de suero cada hora por 24 horas, que debía darle de comer a fuerza después de que vomitara y que debía ponerle 3 inyecciones por la mañana, una al medio día y otra por la tarde por tres días, si para el tercer día no comenzaba a comer debía llevarla a que la sacrificaran.
Para el día martes ella llevaba tres días sin comer y yo llevaba poco menos de 10 horas siguiendo las instrucciones que me había dado el médico. Fue entonces que llegó la noche y puse la alarma cada hora para poder darle suero e intenté dormir. Cuando sonó la primera alarma no podía encontrarla, la busqué por todos lados y no aparecía, entonces decidí buscarla dentro del closet, recordando aquella película donde decían que los perros se aíslan cuando están a punto de morir.
Ahí estaba, acurrucada en el rincón oscuro debajo de mis chamarras, sin moverse. Yo la saqué con cuidado y le di el suero sin que ella pusiera mucha resistencia, no tenía ya fuerzas la pobre. Lloré desconsoladamente durante un rato, le prometí que iba a cuidarla y a quererla, que iba a hacer todo lo que pudiera por que viviera y que si ella confiaba en mí y hacía el esfuerzo, la iba a llevar a que conociera el mar, uno no puede irse de este mundo sin ver un atardecer sentado en la playa.
Al día dos del tratamiento se levantó, al día tres puso resistencia para las inyecciones de la mañana y aceptó la galleta de premio que le ofrecía el doctor. Yo no resistí y solté el llanto cual niño regañado, era un llanto incontenible, se me escurrían los sentimientos con cada lágrima y reía y lloraba confusamente mientras abrazaba a la sobreviviente.
Me dijeron que no podía sacarla durante mes y medio, que no podía tener contacto con otros perros, que debía llevarla cada 15 días a que le dieran medicamento y que después de todo eso " a ver que pasaba".
La cuidé, la bañé, le compré comida que parecía gustarle, la llevé al médico cada dos semanas y este sábado, por fin, la dieron de alta.
Lo primero que hice fue llevarla al mar, y todo valió la pena. Verla tan feliz saludando a todos, jugando con los niños, olfateando a los otros perros, corriendo tras su pelota, revolcada en la arena, brincar a mi lado como dándome las gracias. Sentada junto a mi al atardecer.
Se había reconciliado con la vida y me reconciliaba a mi con ella, a veces el amor puede salvarnos la vida.
Ella cumplió su promesa y yo cumplí la mía y desde entonces no hay día que llegue a casa y que no le agradezca que me haya enseñado cómo ser una guerrera.
domingo, 27 de septiembre de 2015
De pecados, fornicios y tentaciones...
Si hay momentos que atesoro, este debe ser uno de ellos.
Sentada en el suelo en la cochera de mi casa, con mi perrita entre mis piernas, tomando té, leyendo a Onetti y viendo el eclipse lunar.
Tantas maravillas juntas deben ser pecado. Y ese lugarcito en el infierno me lo tengo bien ganado.
Porque como mi buen Maestro Benedetti dijo "para no sucumbir a la tentación del precipicio el mejor tratamiento es el fornicio" y como mi buen consejero Oscar Wilde aseveró "la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella".
Así que noche de pecados y tentaciones, para hacer más cómodo mi lugarcito en el otro mundo.
Sentada en el suelo en la cochera de mi casa, con mi perrita entre mis piernas, tomando té, leyendo a Onetti y viendo el eclipse lunar.
Tantas maravillas juntas deben ser pecado. Y ese lugarcito en el infierno me lo tengo bien ganado.
Porque como mi buen Maestro Benedetti dijo "para no sucumbir a la tentación del precipicio el mejor tratamiento es el fornicio" y como mi buen consejero Oscar Wilde aseveró "la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella".
Así que noche de pecados y tentaciones, para hacer más cómodo mi lugarcito en el otro mundo.
Del cantor del dolor...
Se volvió en mi esa clase de amor o de dolor que nos atraviesa de golpe, que nos saca el aire, que nos congela, que nos detiene el corazón un momento, que nos alucina y nos presenta la fantasía en realidad. O, para ser más sincera, se volvió en mi todo lo antes dicho con su voz meliflua y su andar parsimonioso.
Él no sabía para qué cantaba, no sabía por qué y para qué había recibido ese talento y por supuesto, no sabía cómo compartirlo. Yo pensé decirle tantas veces que no era lo que cantara, ni cómo lo cantara, siempre que viniera de su necesidad de cantar. Solo así podría convertirse en la voz que da voz a la valentía, a esa voz que habla sobre los miedos de ser uno mismo y seguir al corazón.
Era un valiente, trasformado en político y diplomático, amoldado para parecer, un hábil casi prodigio en mimetizarse con los otros, pero su risa lo delataba. Cada sonora vibración producida por la alegría o la ironía dejaban entrever que su voz no estaba hecha para proferir las mismas mentiras o los mismos engaños que los demás endulzaban con palabras compasivas.
Lo conocí un día y me pareció tan normal, tan predecible y tan poco confiable como los otros que antes habían cruzado saludo conmigo, pero fueron sus silencios, lo que no decía con palabras lo que llamó mi atención. El dolor que expresaba su mirada, el enojo que exhalaba, la indignación sobre sus prójimos que se bebía en un te, la traición sobre él mismo mientras compartía con otros acciones y lugares inmerso en las notas de alguna canción.
Quería cantar con dolor, con desgarro, quería cantar como la voz de ese amor rechazado, sin saber que había dentro de él otros dolores igual de profundos, igual de puros, igual de humanos, y yo quise decirle que solo a través de tocar el dolor propio podría convertirse en una voz para los otros.
Quise decirle que no hacía falta show, que hacía falta el valor de mostrarse vulnerable, que muy pocas voces traían el mensaje del viaje profundo a esos sentimientos y esas dudas que nadie nos dice,que nadie nos explica, que nadie nos cuenta que existen, pero que se sienten y se lloran más reales. Quise pedirle que fuera un artista de su vida, que cantara para esos tantos otros que vamos por la vida incompletos y que nos llenara con su voz.
Quise pedirle que buscara el miedo más profundo y lo abrazara, y lo volviera su aliado, que tuviera el valor de ser lo que yo no era, que me contara con graves y agudos la historia de la vida, del terrenal que vuela cantando y se separa de los otros y se une con el universo.
Tal vez no necesitara saber para qué cantaba mientras cantara, mientras se volviera etéreo y contara historias entre armonías, mayores y sostenidos, mientras se volviera en otros lo que se volvió conmigo, esa clase de amor o de dolor que nos atraviesa de golpe, que nos saca el aire, que nos congela, que nos detiene el corazón un momento, que nos alucina y nos presenta la fantasía en realidad.
Nunca lo escuché cantar pero fue para mi las mejores notas, las que solo los niños pronuncian con su llanto y con su risa, y las que dicen suavecito "te quiero, te voy a extrañar".
Él no sabía para qué cantaba, no sabía por qué y para qué había recibido ese talento y por supuesto, no sabía cómo compartirlo. Yo pensé decirle tantas veces que no era lo que cantara, ni cómo lo cantara, siempre que viniera de su necesidad de cantar. Solo así podría convertirse en la voz que da voz a la valentía, a esa voz que habla sobre los miedos de ser uno mismo y seguir al corazón.
Era un valiente, trasformado en político y diplomático, amoldado para parecer, un hábil casi prodigio en mimetizarse con los otros, pero su risa lo delataba. Cada sonora vibración producida por la alegría o la ironía dejaban entrever que su voz no estaba hecha para proferir las mismas mentiras o los mismos engaños que los demás endulzaban con palabras compasivas.
Lo conocí un día y me pareció tan normal, tan predecible y tan poco confiable como los otros que antes habían cruzado saludo conmigo, pero fueron sus silencios, lo que no decía con palabras lo que llamó mi atención. El dolor que expresaba su mirada, el enojo que exhalaba, la indignación sobre sus prójimos que se bebía en un te, la traición sobre él mismo mientras compartía con otros acciones y lugares inmerso en las notas de alguna canción.
Quería cantar con dolor, con desgarro, quería cantar como la voz de ese amor rechazado, sin saber que había dentro de él otros dolores igual de profundos, igual de puros, igual de humanos, y yo quise decirle que solo a través de tocar el dolor propio podría convertirse en una voz para los otros.
Quise decirle que no hacía falta show, que hacía falta el valor de mostrarse vulnerable, que muy pocas voces traían el mensaje del viaje profundo a esos sentimientos y esas dudas que nadie nos dice,que nadie nos explica, que nadie nos cuenta que existen, pero que se sienten y se lloran más reales. Quise pedirle que fuera un artista de su vida, que cantara para esos tantos otros que vamos por la vida incompletos y que nos llenara con su voz.
Quise pedirle que buscara el miedo más profundo y lo abrazara, y lo volviera su aliado, que tuviera el valor de ser lo que yo no era, que me contara con graves y agudos la historia de la vida, del terrenal que vuela cantando y se separa de los otros y se une con el universo.
Tal vez no necesitara saber para qué cantaba mientras cantara, mientras se volviera etéreo y contara historias entre armonías, mayores y sostenidos, mientras se volviera en otros lo que se volvió conmigo, esa clase de amor o de dolor que nos atraviesa de golpe, que nos saca el aire, que nos congela, que nos detiene el corazón un momento, que nos alucina y nos presenta la fantasía en realidad.
Nunca lo escuché cantar pero fue para mi las mejores notas, las que solo los niños pronuncian con su llanto y con su risa, y las que dicen suavecito "te quiero, te voy a extrañar".
Del soltarte, amigo...
Considero, amigo, que estoy en ese punto, parada frente a la delgada linea entre seguirte pensando y escribiendo y dejarte en paz. Quizá lo piense más porque soy yo la que necesita paz, mucha, muchísima paz, en cada día, en cada respiro, en cada suspiro que te dedico cuando te recuerdo.
Considero, amigo, que me regalaste tantas cosas sin darte cuenta que pedirte más sería una exageración, una muestra del egoísmo y de las ansias de matarme con tu veneno.
Considero, amigo, que después de todo lo que pusiste en marcha en mí, ya no volveré a ser la misma, aquella que lloró cuando te pedía que no fueras un cobarde, mientras dentro, muy dentro, se lo pedía a muchos otros y también a mi.
Considero, amigo, que es un privilegio el haberte conocido de la forma en la que te compartiste conmigo, pero que no tengo yo nada que darte porque estoy vacía de eso que necesitas.
Considero, amigo, que verte y no permitirme darte un abrazo profundo, intenso, sereno, completo, abrazarte con todo mi ser, es una muestra de que no estoy lista para manejar el miedo que siento cuando te veo llegar.
Considero, amigo, que encontrarme cada tanto con personas como tu es el alimento que necesito para no perder la fe en el hombre, y que no solo yo, sino aquellos que me quieren, se alegran de que nos hayamos topado y tocado.
Considero, amigo, que se me nota tu presencia en mi vida, que no puedo negar que iluminaste, desempolvaste, activaste, sanaste y alimentaste partes de mí, volviéndote inmarcesible y haciéndome a mi consciente de que tengo mucho trabajo por hacer.
Considero, amigo, que el haberte escuchado decir aquellas palabras clave que ni sabías que decías, pusieron en marcha la locomotora de la destrucción de aquellas cuentas inconclusas y que desde que tu voz profunda penetró mis vejas barreras no puedo acallar el eco que me repite que yo merezco estar mejor.
Considero, amigo, que eres una bendición, un milagro, que te agradezco por cada minuto, por cada dolor causado en consecuencia, dolor que proviene de la sanación, del curarme, por gustarme tanto.
Considero, amigo, que después de tantas cosas bellas no puedo usarte para resolver lo que tengo pendiente, y que no podría jamas, a través de ti, compensar lo que en su momento me fue negado.
Considero, amigo, que la paz solo llega cuando uno armoniza lo que hace con lo que piensa y siente, y yo siento que si pudiera devolverte todo lo bueno que me has dado y que creo te mereces, lo haría, así que sólo puedo darte la libertad para conmigo y esperar ver en lo que te conviertes para seguir aprendiendo y tomando de ti en la distancia.
Considero, amigo, que esta solo es mi forma de decirte, te amo y que por mucho que arrecie el viento confío en ti y en mi para llegar a buen puerto.
Considero, amigo, que me regalaste tantas cosas sin darte cuenta que pedirte más sería una exageración, una muestra del egoísmo y de las ansias de matarme con tu veneno.
Considero, amigo, que después de todo lo que pusiste en marcha en mí, ya no volveré a ser la misma, aquella que lloró cuando te pedía que no fueras un cobarde, mientras dentro, muy dentro, se lo pedía a muchos otros y también a mi.
Considero, amigo, que es un privilegio el haberte conocido de la forma en la que te compartiste conmigo, pero que no tengo yo nada que darte porque estoy vacía de eso que necesitas.
Considero, amigo, que verte y no permitirme darte un abrazo profundo, intenso, sereno, completo, abrazarte con todo mi ser, es una muestra de que no estoy lista para manejar el miedo que siento cuando te veo llegar.
Considero, amigo, que encontrarme cada tanto con personas como tu es el alimento que necesito para no perder la fe en el hombre, y que no solo yo, sino aquellos que me quieren, se alegran de que nos hayamos topado y tocado.
Considero, amigo, que se me nota tu presencia en mi vida, que no puedo negar que iluminaste, desempolvaste, activaste, sanaste y alimentaste partes de mí, volviéndote inmarcesible y haciéndome a mi consciente de que tengo mucho trabajo por hacer.
Considero, amigo, que el haberte escuchado decir aquellas palabras clave que ni sabías que decías, pusieron en marcha la locomotora de la destrucción de aquellas cuentas inconclusas y que desde que tu voz profunda penetró mis vejas barreras no puedo acallar el eco que me repite que yo merezco estar mejor.
Considero, amigo, que eres una bendición, un milagro, que te agradezco por cada minuto, por cada dolor causado en consecuencia, dolor que proviene de la sanación, del curarme, por gustarme tanto.
Considero, amigo, que después de tantas cosas bellas no puedo usarte para resolver lo que tengo pendiente, y que no podría jamas, a través de ti, compensar lo que en su momento me fue negado.
Considero, amigo, que la paz solo llega cuando uno armoniza lo que hace con lo que piensa y siente, y yo siento que si pudiera devolverte todo lo bueno que me has dado y que creo te mereces, lo haría, así que sólo puedo darte la libertad para conmigo y esperar ver en lo que te conviertes para seguir aprendiendo y tomando de ti en la distancia.
Considero, amigo, que esta solo es mi forma de decirte, te amo y que por mucho que arrecie el viento confío en ti y en mi para llegar a buen puerto.
De los Maestros nuevos-viejos...
Si tuviera un galón de gasolina y un cerillo, no dudaría en usarlos.
Ando así, sin temor de llevarme a todos y a todo entre las patas camino al carajo.
Y además de lo anterior, estoy leyendo a Juan Carlos Onetti con mayor profundidad y me tiene atrapada.
Ya había escrito antes que para decir que "leo o he leído" a alguien necesito conocer por lo menos tres de sus obras y con Onetti no me había dado el tiempo o la oportunidad. Así que aquí estoy, leyéndolo e incrementando mis ganas de poder viajar algún día a Uruguay.
Dejo a continuación, el inicio de un cuento que me ha dejado mareada...
Ando así, sin temor de llevarme a todos y a todo entre las patas camino al carajo.
Y además de lo anterior, estoy leyendo a Juan Carlos Onetti con mayor profundidad y me tiene atrapada.
Ya había escrito antes que para decir que "leo o he leído" a alguien necesito conocer por lo menos tres de sus obras y con Onetti no me había dado el tiempo o la oportunidad. Así que aquí estoy, leyéndolo e incrementando mis ganas de poder viajar algún día a Uruguay.
Dejo a continuación, el inicio de un cuento que me ha dejado mareada...
TAN TRISTE COMO ELLA
Para M. C.
Querida Tan Triste:
Comprendo, a pesar de ligaduras
indecibles e innumerables, que llegó el momento de agradecernos la intimidad de
los últimos meses y decirnos adiós. Todas las ventajas serán tuyas. Creo que
nunca nos entendimos de veras; acepto mi culpa, la responsabilidad y el
fracaso. Intento excusarme —sólo para nosotros, claro— invocando la dificultad
que impone navegar entre dos aguas durante X páginas.
Acepto también, como merecidos, los momentos dichosos. En todo caso, perdón.
Nunca miré de frente tu cara, nunca te mostré la mía.
J.C.O.
De los consejos de los grandes...
Decálogo más uno, para escritores principiantes
I. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.
II. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
III. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.
IV. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
V. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
VI. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
VII. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.
VIII. No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?
IX. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.
X. Mientan siempre.
XI. No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."
Juan Carlos Onetti.
viernes, 25 de septiembre de 2015
De la vocación...
Me cansé de ser una triste con vocación de alegre,
de ser alegre por esfuerzo,
de esforzarme hasta el cansancio,
de cansarme de estar triste,
de estar triste por nada,
de hacer nada con mi vida,
de que la vida pese,
de que todo pese y no pase,
de que pase lo de siempre,
de que lo de siempre me harte,
de que me harte de tanto,
de que tanto no alcance,
de que no alcance la alegría,
de que la alegría sea leve,
de que lo leve no dure,
de que dure lo duro,
de que lo duro sea costumbre,
de que la costumbre sea hábito,
de que el hábito sea vocación...
Me cansé de ser una triste con vocación de alegre.
de ser alegre por esfuerzo,
de esforzarme hasta el cansancio,
de cansarme de estar triste,
de estar triste por nada,
de hacer nada con mi vida,
de que la vida pese,
de que todo pese y no pase,
de que pase lo de siempre,
de que lo de siempre me harte,
de que me harte de tanto,
de que tanto no alcance,
de que no alcance la alegría,
de que la alegría sea leve,
de que lo leve no dure,
de que dure lo duro,
de que lo duro sea costumbre,
de que la costumbre sea hábito,
de que el hábito sea vocación...
Me cansé de ser una triste con vocación de alegre.
martes, 22 de septiembre de 2015
De todo lo que sobreviví...
Nadie nunca supo de mis amigos imaginarios.
Nadie nunca supo por qué no me gustaba jugar con muñecas.
Nadie nunca supo que contaba las piezas de mis juguetes antes y después de usarlos.
Nadie nunca supo qué hacía todo el día con un paquete de plastilina.
Nadie nunca supo cuánto deseaba tener una amiga pequeña, del tamaño de mi mano.
Nadie nunca supo que me aterraba la oscuridad aún que me hiciera la valiente.
Nadie nunca supo que nunca sabía qué comprar con mis ahorros.
Nadie nunca supo que le decía "buenas noches" a todos mis muñecos.
Nadie nunca supo que les pedí perdón a mis juguetes cuando nos cambiamos de casa.
Nadie nunca supo que lloré con el primer libro que leí completo.
Nadie nunca supo que prefería pasar los recreos debajo de un árbol que con los otros niños.
Nadie nunca supo que escribí mi primer poema a los 9 años.
Nadie nunca supo que me pasaba las horas libres en la biblioteca.
Nadie nunca supo que mi mejor amigo en la secundaria era el director.
Nadie nunca supo que me desmayé varias veces en los ensayos de mis concursos.
Nadie nunca supo que me quisieron golpear varias veces camino a casa.
Nadie nunca supo que di mi primer beso a los 15 años.
Nadie nunca supo que caminaba sola de noche desde el centro a mi casa.
Nadie nunca supo que fue gracias a eso y a pesar de todo eso que... sobreviví.
Nadie nunca supo por qué no me gustaba jugar con muñecas.
Nadie nunca supo que contaba las piezas de mis juguetes antes y después de usarlos.
Nadie nunca supo qué hacía todo el día con un paquete de plastilina.
Nadie nunca supo cuánto deseaba tener una amiga pequeña, del tamaño de mi mano.
Nadie nunca supo que me aterraba la oscuridad aún que me hiciera la valiente.
Nadie nunca supo que nunca sabía qué comprar con mis ahorros.
Nadie nunca supo que le decía "buenas noches" a todos mis muñecos.
Nadie nunca supo que les pedí perdón a mis juguetes cuando nos cambiamos de casa.
Nadie nunca supo que lloré con el primer libro que leí completo.
Nadie nunca supo que prefería pasar los recreos debajo de un árbol que con los otros niños.
Nadie nunca supo que escribí mi primer poema a los 9 años.
Nadie nunca supo que me pasaba las horas libres en la biblioteca.
Nadie nunca supo que mi mejor amigo en la secundaria era el director.
Nadie nunca supo que me desmayé varias veces en los ensayos de mis concursos.
Nadie nunca supo que me quisieron golpear varias veces camino a casa.
Nadie nunca supo que di mi primer beso a los 15 años.
Nadie nunca supo que caminaba sola de noche desde el centro a mi casa.
Nadie nunca supo que fue gracias a eso y a pesar de todo eso que... sobreviví.
De los olvidos...
Pobre bicicleta abandonada. A veces me preguntó a dónde habrás parado.
La última vez que te vi estabas vieja y oxidada, te faltaban varias piezas.
Que injusto que no sepa dónde estás, después de tantos momentos, de tantas historias.
Recuerdo que eras roja, que no tenías pedales, que frenabas hacia atrás.
Sabrás tú que te recuerdo. Sabrás todo lo que aprendí contigo.
Quién sabe si todos los recuerdos que tengo sean reales, a estas alturas no lo creo.
Sólo sé que estuviste ahí cuando quise escapar, alejarme.
Que me ayudaste a sentirme grande enseñando a otros a usarte.
Que podía manejarte con un pie, o parada o sin manos,
Recuerdo abrir mis brazos y cerrar mis ojos,
Dejar que el olor a tierra mojada me regara.
Recuerdo aprender a ponerte la cadena cuando se aflojaba.
Recuerdo que te fuiste rompiendo y despedazando.
Yo misma tomé partes de ti, te las arranqué sin pensar en lo que hacía.
Recuerdo arrancar tus calcomanías, los plásticos de tus manubrios,
Recuerdo romper tu asiento con tantas caídas.
Recuerdo que te golpeé contra la tierra y el pavimento.
Recuerdo que te dejé bajo la lluvia, en el sol, en verano y en invierno.
Recuerdo que un día tuve bicicleta nueva porque tu me quedabas pequeña
Y me olvidé de ti.
La última vez que te vi estabas vieja y oxidada, te faltaban varias piezas.
Que injusto que no sepa dónde estás, después de tantos momentos, de tantas historias.
Recuerdo que eras roja, que no tenías pedales, que frenabas hacia atrás.
Sabrás tú que te recuerdo. Sabrás todo lo que aprendí contigo.
Quién sabe si todos los recuerdos que tengo sean reales, a estas alturas no lo creo.
Sólo sé que estuviste ahí cuando quise escapar, alejarme.
Que me ayudaste a sentirme grande enseñando a otros a usarte.
Que podía manejarte con un pie, o parada o sin manos,
Recuerdo abrir mis brazos y cerrar mis ojos,
Dejar que el olor a tierra mojada me regara.
Recuerdo aprender a ponerte la cadena cuando se aflojaba.
Recuerdo que te fuiste rompiendo y despedazando.
Yo misma tomé partes de ti, te las arranqué sin pensar en lo que hacía.
Recuerdo arrancar tus calcomanías, los plásticos de tus manubrios,
Recuerdo romper tu asiento con tantas caídas.
Recuerdo que te golpeé contra la tierra y el pavimento.
Recuerdo que te dejé bajo la lluvia, en el sol, en verano y en invierno.
Recuerdo que un día tuve bicicleta nueva porque tu me quedabas pequeña
Y me olvidé de ti.
jueves, 17 de septiembre de 2015
De los músculos que se atrofian...
Ayer por la noche, preferí quedarme ha hablar con un amigo que irme a mi casa a descansar. Valió el esfuerzo. Le dije muchas cosas, pero recuerdo que le dije algo como lo siguiente:
"El querer es como un músculo. Si no lo usas, se atrofia. Mientras uno más quiere más fácil es".
Tuve unos años en los que me negaba a decir "te quiero" o "te amo", esperando esos momentos mágicos, a las personas "indicadas", hasta que me di cuenta que cualquier momento puede valer un te quiero y que los te amo van más allá de la familia o la pareja. Y también le comentaba:
"Querer es un acto de egoísmo. Mientras más queremos más sentimos, más damos y disfrutamos, y también, más recibimos. Y lo mejor de todo es que lo compartimos con los otros. Sí, cualquiera puede venir a lastimarte, sí, cualquiera así como llega se va, pero ah! que bonito se siente cuando se siente bonito".
Y de pronto llega otro amigo y me dice una de las mejores frases que he escuchado cuando le dije "me alegra el día verte", me dijo:
"Verme es como necesitar 5 pesos para el camión y encontrártelos tirados en la calle".
Así, llega lo que necesitamos cuando nos atrevernos a darnos, a compartirnos, a entregarnos y sobre todo, cuando nos atrevemos a querer.
Amar es un acto de egoísmo. Amar a los otros, es amarse a uno mismo.
"El querer es como un músculo. Si no lo usas, se atrofia. Mientras uno más quiere más fácil es".
Tuve unos años en los que me negaba a decir "te quiero" o "te amo", esperando esos momentos mágicos, a las personas "indicadas", hasta que me di cuenta que cualquier momento puede valer un te quiero y que los te amo van más allá de la familia o la pareja. Y también le comentaba:
"Querer es un acto de egoísmo. Mientras más queremos más sentimos, más damos y disfrutamos, y también, más recibimos. Y lo mejor de todo es que lo compartimos con los otros. Sí, cualquiera puede venir a lastimarte, sí, cualquiera así como llega se va, pero ah! que bonito se siente cuando se siente bonito".
Y de pronto llega otro amigo y me dice una de las mejores frases que he escuchado cuando le dije "me alegra el día verte", me dijo:
"Verme es como necesitar 5 pesos para el camión y encontrártelos tirados en la calle".
Así, llega lo que necesitamos cuando nos atrevernos a darnos, a compartirnos, a entregarnos y sobre todo, cuando nos atrevemos a querer.
Amar es un acto de egoísmo. Amar a los otros, es amarse a uno mismo.
De las flores de papel...
- Después de 10 años de ser amigos, ¿Cómo te sientes?
- Agradecido, ¿y tu?
- Y ¿por qué paniqueaste ayer?
- Porque ya no somos tan jóvenes y aún queda mucho por hacer. Exigencias del ego. ¿Tu cómo te sientes?
- Me siento como si fueran 10 minutos y no 10 años.
- Exacto, eso da miedo.
- Así es el tiempo de relativo. Eres el único que me dijo "así tenga que mandarle flores cada día..."
- Y sólo tuve que hacer una con una servilleta. Me la rifo.
- Me debes flores.
- No tengo con qué pagarte. Aparte, quería que fueras mi novia. Ahora estas lejos.
- Que triste es crecer y que ya no se puedan mandar flores de servilletas.
- No es triste.
- Sí lo es.
- Ahora se pueden hacer viajes en aviones. Antes no.
- Yo guardé esa flor por años. Hasta que se metieron a robar a la casa de mi mamá y ella limpiando el desorden, me tiró muchas cosas por error.
- Yo aún tengo las bolas chinas. En mi casa no han robado. Esas bolas chinas han tenido 5 hogares y un viaje al hospital.
- Que bonitos somos. Deberían hacernos una historia.
- Ya la tenemos, hay que dejar que siga.
- Bueno, sabes a lo que me refiero. Hay cosas que son dignas de una historia.
- Sakurandra. Ojos de caricatura japonesa. Cadera hipersensible.
- Me gusta Sakurandra. Es un lindo alterego.
- Sí, yo batallé mucho para construirme un alterego. Todo para abandonarlo. Me da gusto que lo conserves porque así siempre podré encontrarte en cualquier red social que inventen.
- Yo abandonaré a Sakurandra el día que se vuelva más grande que yo, y termine en el psiquiátrico. Ahí también podrás encontrarme.
- Hoy pasé por tu casa. Me gusta tu casa de la Tabasco. No sé por qué es tan linda.
- No eres el único que piensa así. Si pudiera repetir algo contigo, sería que me enseñes las constelaciones. He sido mala alumna, así puedo repetir el curso.
- Sí, yo repetiría el curso de abrazos. Fuiste mi maestra en ese rubro.
- Aprendiste bien.
- Será como releer un clásico. En código braile.
- Que bonitos 10 años. Salud!
- Salud. Podemos elegir cómo seguir, cómo contar la historia.
- ¿Cómo se te ocurre?
- Un viaje sería un gran capítulo.
- Un viaje sería épico.
(Tengo los mejores amigos, tengo a la mejor de la gente, tengo las más lindas de las conversaciones).
- Agradecido, ¿y tu?
- Y ¿por qué paniqueaste ayer?
- Porque ya no somos tan jóvenes y aún queda mucho por hacer. Exigencias del ego. ¿Tu cómo te sientes?
- Me siento como si fueran 10 minutos y no 10 años.
- Exacto, eso da miedo.
- Así es el tiempo de relativo. Eres el único que me dijo "así tenga que mandarle flores cada día..."
- Y sólo tuve que hacer una con una servilleta. Me la rifo.
- Me debes flores.
- No tengo con qué pagarte. Aparte, quería que fueras mi novia. Ahora estas lejos.
- Que triste es crecer y que ya no se puedan mandar flores de servilletas.
- No es triste.
- Sí lo es.
- Ahora se pueden hacer viajes en aviones. Antes no.
- Yo guardé esa flor por años. Hasta que se metieron a robar a la casa de mi mamá y ella limpiando el desorden, me tiró muchas cosas por error.
- Yo aún tengo las bolas chinas. En mi casa no han robado. Esas bolas chinas han tenido 5 hogares y un viaje al hospital.
- Que bonitos somos. Deberían hacernos una historia.
- Ya la tenemos, hay que dejar que siga.
- Bueno, sabes a lo que me refiero. Hay cosas que son dignas de una historia.
- Sakurandra. Ojos de caricatura japonesa. Cadera hipersensible.
- Me gusta Sakurandra. Es un lindo alterego.
- Sí, yo batallé mucho para construirme un alterego. Todo para abandonarlo. Me da gusto que lo conserves porque así siempre podré encontrarte en cualquier red social que inventen.
- Yo abandonaré a Sakurandra el día que se vuelva más grande que yo, y termine en el psiquiátrico. Ahí también podrás encontrarme.
- Hoy pasé por tu casa. Me gusta tu casa de la Tabasco. No sé por qué es tan linda.
- No eres el único que piensa así. Si pudiera repetir algo contigo, sería que me enseñes las constelaciones. He sido mala alumna, así puedo repetir el curso.
- Sí, yo repetiría el curso de abrazos. Fuiste mi maestra en ese rubro.
- Aprendiste bien.
- Será como releer un clásico. En código braile.
- Que bonitos 10 años. Salud!
- Salud. Podemos elegir cómo seguir, cómo contar la historia.
- ¿Cómo se te ocurre?
- Un viaje sería un gran capítulo.
- Un viaje sería épico.
(Tengo los mejores amigos, tengo a la mejor de la gente, tengo las más lindas de las conversaciones).
martes, 15 de septiembre de 2015
Del incendio y del desastre...
Hoy leí "hay gente que sólo quiere ver el mundo arder" y recordé ese poema de Oliverio que dice "Desatar el incendio. Aplaudir el desastre." y comprendí de golpe que a veces así me siento cuando asomo la cabeza al mundo... Pero sólo a veces, como hoy.
HAZAÑA
Todo,
todo,
en el aire,
en el aire,
en el agua,
en la tierra
desarraigado y ácido,
descompuesto,
perdido.
El agua hecha caballo antes que nube y lluvia.
Los toros transformados en sumisas poleas.
El engaño sin malla,
sin "tutu",
sin pezones.
La impúdica mentira exhibiendo el trasero
en todas las posturas,
en todas las esquinas.
Las polillas voraces de expediente cocido,
disfrazadas de hiena,
de tapir con mochila.
Las techumbres que emigran en oscuras bandadas.
Las ventanas que escupen dentaduras de piano,
cacerolas,
espejos,
piernas carbonizadas.
Porque mirad
sin musgo,
mi corazón de yesca,
qué hicimos,
qué hemos hecho
con nuestras pobres manos,
con nuestros esqueletos de invierno y de verano.
Desatar el incendio.
Aplaudir el desastre.
Trasladar,
sobre caucho,
apetitos de pústula.
Prostituir los crepúsculos.
Adorar los bulones
y los secos cerebros de nuez reblandecida...
Como si no existiera más que el sudor y el asco;
como si sólo ansiáramos nutrir con nuestra sangre
las raíces del odio;
como si ya no fuese bastante deprimente
saber que sólo somos un pálido excremento
del amor,
de la muerte.
Oliverio Girondo.
Del vuelo...
Me encontré cual hoja pendiendo del árbol a punto de rendirme ante la ventolera.
El clamor de las hojas que me acompañan produce la melodía de la resignación.
Habremos de soltarnos, habremos de volarnos, habremos de perdernos unos de otros.
Creyendo que morimos al soltarnos, tememos.
Sintiendo temor nos aferramos.
Nada puedo hacer, me venzo.
Emprendo el vuelo.
El clamor de las hojas que me acompañan produce la melodía de la resignación.
Habremos de soltarnos, habremos de volarnos, habremos de perdernos unos de otros.
Creyendo que morimos al soltarnos, tememos.
Sintiendo temor nos aferramos.
Nada puedo hacer, me venzo.
Emprendo el vuelo.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Del cumpleaños del maestro...
Lunes 12 de agosto
Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía apoyada mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos tristes: eso era lo que estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo : "Te quiero". Entonces me di cuenta que era la primera vez que me lo decía, más aún; que era la primera vez que lo decía a alguien. Isabel me lo hubiera repetido veinte veces por noche. Para Isabel, repetirlo era como otro beso, era un simple resorte del juego amoroso. Avellaneda, en cambio, lo había dicho una vez, la necesaria. Quizá ya no precisa decirlo más, porque no es un juego: es una esencia. Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún órgano físico, pero que era casi asfixiante, insoportable. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo. "Hasta ahora no te lo había dicho ", murmuró, "no porque no te quisiera, si no porque ignoraba por qué te quería. Ahora lo sé" . Pude respirar, me pareció que la bocanada de aire llenaba mi estómago. Siempre puedo respirar cuando alguien explica las cosas. El deleite frente al misterio, el goce frente a lo inesperado, son sensaciones que a veces mis módicas fuerzas no soportan. Menos mal que alguien explica siempre las cosas. "Ahora lo sé. No te quiero por tu cara, ni por tus años, ni por tus palabras, ni por tus intenciones. Te quiero porque estás hecho de buena madera." Nadie me había dedicado jamás un juicio tan conmovedor, tan sencillo, tan vivificante. Quiero creer que es cierto, quiero creer que estoy hecho de buena madera. Quizá ese momento haya sido excepcional, pero de todos modos me sentí vivir. Esa opresión en el pecho significa vivir.
"La Tregua", Mario Benedetti
¡FELIZ CUMPLEAÑOS MAESTRO!
Gracias por tanto..!
Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía apoyada mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos tristes: eso era lo que estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo : "Te quiero"
¡FELIZ CUMPLEAÑOS MAESTRO!
Gracias por tanto..!
viernes, 11 de septiembre de 2015
De las 300 entradas que me llevaron a ti...
Y pues llegué a mis 300 entradas en el blog, después de quién sabe cuántas vivencias, alegrías, crisis, cambios. 300 ideas que de alguna forma significaron tanto como para darme el tiempo de plasmarlas aquí...
Disculpa mi insistencia en escribirte, nunca ha sido mi intención usarte, pero me es imposible dejar de aprovechar tu recuerdo como fuente de inspiración o espiración, o quizá expiración y un poco de expiación.
El punto es que me salivan las neuronas cuando te pienso y he decidido escribirte una vez más con alevosía:
"Gracias, pero no gracias a ti. Mis gracias van más allá.
Intento hacerlas llegar hasta las personas que te dieron la vida, hacia las que te criaron, hacia las que te dieron y no te dieron lo que pedías y repudiabas. Intento agradecerle a las personas que te han amado y a las que te han roto el corazón, a las que te hicieron fuerte y frágil y vulnerable. A todas esas personas que se cruzaron por tu camino y definieron algo a base de caricias o de trancazos.
A las que te nutrieron, a las que te engañaron, a las que le dieron forma a tu marco de referencia para ver el mundo; a ese olor a tortilla recién hecha, a esas canciones con las que te despertabas, a esos maestros que te alentaron y a los otros que te juzgaron. Agradezco a la sombra que te cobija y te permite tomar aliento, al calor de tu ciudad que no sólo te abrasa, sino que también te abraza. A esos ojos que te miraron tan adentro que se valieron un poema de tu inspiración, a la artista del color que estas formando, al camino de Santiago que recorres en compañía de magos y peregrinos.
A cada vez que decidiste doblar en una esquina y no en otra, a cada paso que has andado, a cada duda, a cada espera, a cada prisa, a cada dejo de melancolía que te hizo detener tu paso, a la fuerza que te impulsa, a las notas que te cimbran, a chavela, al claro de luna, al tequila.
Agradezco a las estrellas el día de tu nacimiento. A todo agradezco menos a ti. Porque tu eres una consecuencia, un resultado que ha venido a desembocar en ese momento en el que yo llegaba a la misma orilla.
No te asustes, no te azotes, quizás seas solo un pairo en mi deriva, pero aún así te amo, no para buscar en el periódico la sección de bienes raíces, ni para redactar mis votos matrimoniales. Te amo como el amor es, o creo que es. Sencillo.
Amarte es despertarme y pensarte y mandarte a través de las vibraciones cósmicas todo lo bueno que llevo dentro, amarte es desear que te encuentres bien y que tu día esté lleno de pequeños detalles que te cultiven el alma. Amarte es sentir como se hincha el pecho de solo saber que en el mundo hay alguien como tu, con su equipaje en una mano y en la otra el corazón. Amarte es saberme afortunada de tenerte. Es saborearte, es querer formar parte de tu vida en el lugar que quieras asignarme.
Te amo cuando te pienso mi amigo, y me lleno de orgullo por tus acciones. Te amo cuando percibo esa leve línea en el tiempo que marca el antes y el después de ti. Te amo cuando no necesito nada de ti porque todo me lo das sin que lo pida, y quizás sin que me de cuenta de que lo necesitaba. Te amo cuando pienso en tus desdichas y se me estremece el alma, cuando recuerdo tu risa y sonrío en consecuencia, cuando veo, leo o escucho algo y pienso de inmediato en compartirlo contigo, cuando me imagino tu voz y se me eriza la piel, cuando me sé mejor persona porque me transformas.
Así te amo, así de simple, sin clarines, sin fanfarrias, sin trompetas. Así con cada "buenos días", así con cada sugerencia, así con mis ganas de verte y de escucharte, así con el disfrutarte en la distancia.
No hagas nada conmigo, hazlo contigo. No cuestiones cómo las piedras deben acomodarse en mi muralla, construye tu castillo y deja que nuestros linderos sean vecinos. Defínete tu, constrúyete tu, crece tan alto como puedas, florece y yo comeré de tus frutos, purifica tus aguas y yo abrevaré en tu maná.
No te asustes, que mi amor no es más que la reafirmación de que la vida, vale la gloria de ser vivida.
Gracias".
Disculpa mi insistencia en escribirte, nunca ha sido mi intención usarte, pero me es imposible dejar de aprovechar tu recuerdo como fuente de inspiración o espiración, o quizá expiración y un poco de expiación.
El punto es que me salivan las neuronas cuando te pienso y he decidido escribirte una vez más con alevosía:
"Gracias, pero no gracias a ti. Mis gracias van más allá.
Intento hacerlas llegar hasta las personas que te dieron la vida, hacia las que te criaron, hacia las que te dieron y no te dieron lo que pedías y repudiabas. Intento agradecerle a las personas que te han amado y a las que te han roto el corazón, a las que te hicieron fuerte y frágil y vulnerable. A todas esas personas que se cruzaron por tu camino y definieron algo a base de caricias o de trancazos.
A las que te nutrieron, a las que te engañaron, a las que le dieron forma a tu marco de referencia para ver el mundo; a ese olor a tortilla recién hecha, a esas canciones con las que te despertabas, a esos maestros que te alentaron y a los otros que te juzgaron. Agradezco a la sombra que te cobija y te permite tomar aliento, al calor de tu ciudad que no sólo te abrasa, sino que también te abraza. A esos ojos que te miraron tan adentro que se valieron un poema de tu inspiración, a la artista del color que estas formando, al camino de Santiago que recorres en compañía de magos y peregrinos.
A cada vez que decidiste doblar en una esquina y no en otra, a cada paso que has andado, a cada duda, a cada espera, a cada prisa, a cada dejo de melancolía que te hizo detener tu paso, a la fuerza que te impulsa, a las notas que te cimbran, a chavela, al claro de luna, al tequila.
Agradezco a las estrellas el día de tu nacimiento. A todo agradezco menos a ti. Porque tu eres una consecuencia, un resultado que ha venido a desembocar en ese momento en el que yo llegaba a la misma orilla.
No te asustes, no te azotes, quizás seas solo un pairo en mi deriva, pero aún así te amo, no para buscar en el periódico la sección de bienes raíces, ni para redactar mis votos matrimoniales. Te amo como el amor es, o creo que es. Sencillo.
Amarte es despertarme y pensarte y mandarte a través de las vibraciones cósmicas todo lo bueno que llevo dentro, amarte es desear que te encuentres bien y que tu día esté lleno de pequeños detalles que te cultiven el alma. Amarte es sentir como se hincha el pecho de solo saber que en el mundo hay alguien como tu, con su equipaje en una mano y en la otra el corazón. Amarte es saberme afortunada de tenerte. Es saborearte, es querer formar parte de tu vida en el lugar que quieras asignarme.
Te amo cuando te pienso mi amigo, y me lleno de orgullo por tus acciones. Te amo cuando percibo esa leve línea en el tiempo que marca el antes y el después de ti. Te amo cuando no necesito nada de ti porque todo me lo das sin que lo pida, y quizás sin que me de cuenta de que lo necesitaba. Te amo cuando pienso en tus desdichas y se me estremece el alma, cuando recuerdo tu risa y sonrío en consecuencia, cuando veo, leo o escucho algo y pienso de inmediato en compartirlo contigo, cuando me imagino tu voz y se me eriza la piel, cuando me sé mejor persona porque me transformas.
Así te amo, así de simple, sin clarines, sin fanfarrias, sin trompetas. Así con cada "buenos días", así con cada sugerencia, así con mis ganas de verte y de escucharte, así con el disfrutarte en la distancia.
No hagas nada conmigo, hazlo contigo. No cuestiones cómo las piedras deben acomodarse en mi muralla, construye tu castillo y deja que nuestros linderos sean vecinos. Defínete tu, constrúyete tu, crece tan alto como puedas, florece y yo comeré de tus frutos, purifica tus aguas y yo abrevaré en tu maná.
No te asustes, que mi amor no es más que la reafirmación de que la vida, vale la gloria de ser vivida.
Gracias".
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