domingo, 20 de septiembre de 2020

De aquello que buscamos...

Me atrevería a decir, que todos los seres humanos, andamos, buscando algo. En sentido literal o figurado, en cuestiones físicas, intelectuales, emocionales, espirituales o de cualquier otra materia o sustancia.
Leer el cuento "El hombre" de Ray Bradbury me hizo re-conocer esa parte en mi.

La vida es un viaje, así como el viaje en el que vivía el capitán Hart. Visitando planeta tras planeta, en una vida tan ajetreada como la que muchos llevamos en la actualidad. El, quien nunca dormía, comía muy poco, jamás dejaba de moverse, tan parecido a nosotros, quienes vivimos para trabajar, para correr de un lado a otro, llenos de obligaciones, deberes y ocupaciones, quienes no descansamos para conseguir aquello que creemos nos hará felices, se cuestiona el por que de sus viajes:

-          - ¿Por qué hacemos esto Martin? Me refiero a estos viajes por el espacio. Siempre adelante. Siempre buscando. Los nervios siempre en tensión. Nunca un instante de reposo.
-         - Quizás buscamos un poco de paz y tranquilidad. Indudablemente no hay nada parecido en la Tierra.
-         - …No desde que tiramos todo aquello por la borda, todo aquello en que creíamos, ¿eh? El poder divino y todo lo demás. ¿Y cree usted que por eso viajamos a las estrellas, Martin? En busca de nuestras almas perdidas, ¿no es así?

-         - Quizás, capitán. Es indudable que algo buscamos.

Nunca dormía, comía muy poco, jamás dejaba de moverse.

Construimos cohetes, afrontamos la difícil travesía del espacio y así nos pagan. ¿No comprenden que importante es esto? El primer cohete interplanetario que llega a estas tierras de provincia.

-          Señor, ayer, en esta ciudad, ha aparecido un hombre notable… bueno, inteligente, compasivo e infinitamente sabio.
-          ¿y  eso que tiene que ver con nosotros?
-          Es difícil de explicar. Pero han estado esperándolo mucho tiempo.
-          Solo hay tres cohetes. Nosotros íbamos delante. ¿Quién llego antes que nosotros? ¿Cómo se llama?
-          No tiene nombre. No lo necesita.
-          Bueno, ¿Qué hace ese hombre para que nadie tenga interés ni en mirar nuestro cohete?
-          Ante todo – dijo Martin con calma- cura a los enfermos y consuela a los pobres. Lucha contra la hipocresía y la corrupción, y se sienta entre la gente, y habla todo el día.
-          No entiendo.
-          Capitán, si no entiende, no puedo explicárselo.

-          Ya estoy un poco harto de sus aires de superioridad – replico Martin-. Deje tranquilos a estos hombres. Una vez que ven algo decente y bueno, viene usted a estropearlo todo y a ponerlos en ridículo. Camine por las calles de esta ciudad, y vi las caras, y vi algo que usted no ha visto nunca… un poco de fe.

-          ¡Usted tiene que saber dónde está!
-          Cada uno lo encuentra a su modo
-          Usted esta ocultándolo.
-          No
-          ¿Y no sabe dónde está?
-          No puedo decirle donde está, exactamente.
-          Le aconsejo que hable - El capitán extrajo un arma pequeña.
-          No sé qué decirle – dijo el alcalde.
-          ¡Mentiroso!
-          Esta usted muy cansado – le dijo-. Ha hecho usted un largo viaje y pertenece a un pueblo cansado que ha vivido mucho tiempo sin fe. Y ahora tiene usted tantos deseos de creer, que tropieza y se confunde. Será más difícil si mata a alguien. Así no va a encontrarlo.

-          Deje esa arma. Se hace daño. Nunca ha creído, y ahora supone que cree, y lastima a la gente.

-           Hay algo que quisiera saber.
-          ¿Qué?
-          Señor, cuando lo encuentre… si lo encuentra – dijo Martin-, ¿Qué le va a pedir?
-          Le pediré un poco de… paz y tranquilidad. – Toco el cohete-. Hace mucho, mucho tiempo… que no descanso.
-          ¿Ha intentado descansar alguna vez, capitán?
-          No comprendo
No importa. Adiós, capitán.

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