Algún día habré de cantar esa canción y será con todo mi corazón...
O en el mejor de los casos.. alguien la cantará conmigo!
viernes, 25 de septiembre de 2009
domingo, 6 de septiembre de 2009
Trato...
Hoy te voy a pedir que me mientas, que me alteres la verdad, que exageres las cosas, voy a pedirte de corazón que lo que me digas no sea lo que es. Hablemos de posibilidades, está bien? No quiero saber si es posible o no, con posibilidad me refiero a que se pueda y ya.
Tengo el mundo que veo, lo que es, mi cama que me queda corta, mi sillón que me queda bajo, mi casa con sus paredes de antaño, una perra recogida que vive casi de milagro, el autobús que pasa por las mismas calles de esta ciudad que me ha visto nacer y crecer, el calor de casi todo el año, el frío que no llega a serlo, una bicicleta sin pedal, 10 kilos de más, una guitarra sin cuerdas, frío en mis pies, dolor en mi garganta, y esta bien, es lo que hay, pero de ti no quiero eso.
Quiero que me digas que me abrazarás, no sé dónde ni cuándo, simplemente que me abrazarás, quiero que me cuentes que haremos cuando nos veamos, si vienes de visita o si rentarás un lugar, quiero que me digas tu color favorito y tu talla por si veo una prenda linda comprarla, quiero que hablemos como si tu vuelo llegara mañana, como si saliste de vacaciones o negocios y será breve tu tardanza, quiero sentirte cerca, tan cerca que pueda extrañar tu calor como si lo hubiera tenido, como si hubiera sido mío, quiero tener en mi alacena tu cereal favorito, comprar las flores que te gustan y ponerlas en agua esperando tu llegada, quiero tu cepillo de dientes junto al mío, que me des una lista del súper, rentar esa película que quiero, que me digas que la veremos y que podré entregarla antes de su vencimiento, quiero poner un plato extra en la mesa, quiero esta noche no cerrar con llave mi puerta.
¿Crees que puedas darme esto que te pido? Ojala que sí, pero no creas que esta petición esta desbalanceada, seré justa contigo y te ofrezco en cambio decirte que te amo, así sin desconfianza, sin miedo, sin pensarlo, así como lo siento, así como hace tiempo lo estaba esperando.
Espero mi trato te cuadre, porque no pienso seguir contigo en la realidad de esta distancia.
PD. Tu firma va más abajo.
PD. Tu firma va más abajo.
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miércoles, 26 de agosto de 2009
Sorpresa...
Me encuentro con alguien, no lo conozco pero al parecer tenemos una relación muy cercana o familiar, estamos en el edificio CEEN de la universidad, me abraza sobre mis hombros y comienza a caminar junto a mi diciéndome que debería andar descalza por el mundo, que así aprendería más, sabría más, sería más sabia; yo no sé de qué habla y no puedo reconocer su rostro, pero lo escucho y me siento muy tranquila y cómoda a su lado, es un hombre, lo demás no lo sé.
Me veo, como si saliera de mi cuerpo, llevo puesta una especie de túnica, con bordados de colores y estoy descalza, camino por el mismo edificio pero me encuentro sola, saludo a la gente y al parecer me esperan para dar una conferencia, entro a la sala y despierto.
Para aquellos que me conocen, no soporto estar descalza, para los que me conocen mejor ese sueño fue el precedente de la lectura de un cuento de Benedetti que jamás había leído.
Que sorpresa.
Me veo, como si saliera de mi cuerpo, llevo puesta una especie de túnica, con bordados de colores y estoy descalza, camino por el mismo edificio pero me encuentro sola, saludo a la gente y al parecer me esperan para dar una conferencia, entro a la sala y despierto.
Para aquellos que me conocen, no soporto estar descalza, para los que me conocen mejor ese sueño fue el precedente de la lectura de un cuento de Benedetti que jamás había leído.
Que sorpresa.
sábado, 22 de agosto de 2009
domingo, 16 de agosto de 2009
Caminos...
Ella era lo único que él no soñaba con tener, por aquellas creencias de que “no se puede tener todo en la vida”, él era lo único que ella no necesitaba pero que ansiaba con todo su corazón.
Irónica la vida que nos da lo que no queremos cuando más lo necesitamos, y que nos arrebata de las manos lo que tanto adoramos pero que es innecesario en ese momento.
De ires y venires están llenos los caminos, de encuentros y despedidas, de llantos y alegrías, cada paso una a ventura que solo los valientes, o por qué no, los cobardes están dispuestos a soportar.
Regresando a nuestra historia, ella, artista de profesión, porque desde hace mucho tiempo ya no lo era de inspiración, él, de aquellas personas que hacen de todo, una vez al mes cambiando de ocupación porque así se los dicta el corazón.
Acaso más noble la que inmolaba sus sueños en pos de un futuro seguro, o aquél que vivía como el viento anidando en cualquier rincón, dejándose llevar por las cosas que no solemos ni ver ni escuchar, una decisión difícil en verdad.
¿Cómo se conocieron?, pues como pasa siempre, sin que nadie se lo esperara, sin que nadie lo deseara, pero cuando los dos más lo necesitaban, en el lugar de siempre, al que iban los dos sin coincidir, como si el destino esperara el momento adecuado para que sus almas se encontraran.
Ella lo vio, él sonrió, ella se sonrojó, el mantuvo su sonrisa, ella dejó caer algo al suelo, el inmutable dejó que fuera ella quien lo levantara, ella se alejó y él pensó que jamás la vería de nuevo. En ocasiones los mejores recuerdos son aquellos que no son tocados por la malicia del hombre, en donde sólo quedan los ensueños, donde los participantes son sólo intérpretes de sus fantasías y donde la realidad no llega jamás permitiendo así que existan seres perfectos, recuerdos puros, bellos recuerdos.
Con mucha sorpresa y poca casualidad, ambos se encontraron de nuevo, en el mismo lugar, a la misma hora del mismo día, como si fuera un ritual sagrado que no debía quebrantarse el hecho de frecuentar ese lugar; ella lo miró de nuevo, él sonrió de nuevo, ella se sentó en la misma mesa de aquél día, él, como era de esperarse, se inmutó. Pudo haber sido una señal de que las cosas debían ser así, un llamado de alerta para ambos en el que se gritaba que debían partir sin violar las fantasías construidas en la incertidumbre. Pero las emociones son indomables, la curiosidad mucho más fuerte que la razón y el ímpetu de la juventud una enfermedad que sólo se cura con el tiempo.
Pues ambos, sin la menor intención de tener una actitud ponderada rasgaron el manto transparente que los separaba, sin saber lo que pasaba, sin pensar en nada más.
Un hola bastó, increíble como cuatro letras le cambian la vida a las personas, un hola de regreso e inició la conversación. Descubrieron que no tenían nada en común, que veían la vida desde perspectivas distintas, que sus prioridades eran antagónicas, que disfrutaban de cosas diferentes, en situaciones diferentes, con personas diferentes, pero aún así, siguieron hablando.
A cada frase, descubríanse cosas nuevas, inimaginables para cada uno, ella contaba de arte, el de vida, ella contaba de personas, él de amigos, ella contaba de ciudades, él sólo de lugares, ella contaba de esfuerzo, de trabajo, de reconocimientos, él contaba de placeres, de descansos, de logros. Ambos tan distintos pero tan iguales.
Cada quien remaba por corrientes distintas, por rumbos distintos, en direcciones opuestas, eso los hacía diferentes, pero eran semejantes por la intensidad con que remaban, él apremiando la felicidad, ella construyendo la estabilidad.
Salieron juntos ese día, y el siguiente, y el siguiente a ese, pasaron meses, años, vivieron cosas que sólo los enamorados pueden vivir, admiraron paisajes que sólo los enamorados pueden admirar, sintieron cosas que sólo los enamorados pueden sentir, y construyeron mundos que sólo los enamorados pueden construir. Amáronse y celáronse hasta el cansancio, besáronse cuanto les fue permitido por el tiempo, y sintiéronse los más afortunados sobre la tierra.
No hay paso que alcance a los enamorados, sólo el tiempo puede separarlos. Y así fue como pasó. Ella trató de vivir en libertad, él trato de acomodarse a su cautiverio, ella no supo que hacer con tanto tiempo para pensar, para vivir, para sentir, él no pudo dejar de sentir la brisa en su piel y añorar los lugares que había recorrido cada atardecer.
Ella se levantó un día, lo miró, él ya no sonrió, ella salió de la habitación, él no la siguió, ella no regresó, él partió también, ambos por la misma dirección en la que habían venido.
Irónica la vida que nos da lo que no queremos cuando más lo necesitamos, y que nos arrebata de las manos lo que tanto adoramos pero que es innecesario en ese momento.
De ires y venires están llenos los caminos, de encuentros y despedidas, de llantos y alegrías, cada paso una a ventura que solo los valientes, o por qué no, los cobardes están dispuestos a soportar.
Regresando a nuestra historia, ella, artista de profesión, porque desde hace mucho tiempo ya no lo era de inspiración, él, de aquellas personas que hacen de todo, una vez al mes cambiando de ocupación porque así se los dicta el corazón.
Acaso más noble la que inmolaba sus sueños en pos de un futuro seguro, o aquél que vivía como el viento anidando en cualquier rincón, dejándose llevar por las cosas que no solemos ni ver ni escuchar, una decisión difícil en verdad.
¿Cómo se conocieron?, pues como pasa siempre, sin que nadie se lo esperara, sin que nadie lo deseara, pero cuando los dos más lo necesitaban, en el lugar de siempre, al que iban los dos sin coincidir, como si el destino esperara el momento adecuado para que sus almas se encontraran.
Ella lo vio, él sonrió, ella se sonrojó, el mantuvo su sonrisa, ella dejó caer algo al suelo, el inmutable dejó que fuera ella quien lo levantara, ella se alejó y él pensó que jamás la vería de nuevo. En ocasiones los mejores recuerdos son aquellos que no son tocados por la malicia del hombre, en donde sólo quedan los ensueños, donde los participantes son sólo intérpretes de sus fantasías y donde la realidad no llega jamás permitiendo así que existan seres perfectos, recuerdos puros, bellos recuerdos.
Con mucha sorpresa y poca casualidad, ambos se encontraron de nuevo, en el mismo lugar, a la misma hora del mismo día, como si fuera un ritual sagrado que no debía quebrantarse el hecho de frecuentar ese lugar; ella lo miró de nuevo, él sonrió de nuevo, ella se sentó en la misma mesa de aquél día, él, como era de esperarse, se inmutó. Pudo haber sido una señal de que las cosas debían ser así, un llamado de alerta para ambos en el que se gritaba que debían partir sin violar las fantasías construidas en la incertidumbre. Pero las emociones son indomables, la curiosidad mucho más fuerte que la razón y el ímpetu de la juventud una enfermedad que sólo se cura con el tiempo.
Pues ambos, sin la menor intención de tener una actitud ponderada rasgaron el manto transparente que los separaba, sin saber lo que pasaba, sin pensar en nada más.
Un hola bastó, increíble como cuatro letras le cambian la vida a las personas, un hola de regreso e inició la conversación. Descubrieron que no tenían nada en común, que veían la vida desde perspectivas distintas, que sus prioridades eran antagónicas, que disfrutaban de cosas diferentes, en situaciones diferentes, con personas diferentes, pero aún así, siguieron hablando.
A cada frase, descubríanse cosas nuevas, inimaginables para cada uno, ella contaba de arte, el de vida, ella contaba de personas, él de amigos, ella contaba de ciudades, él sólo de lugares, ella contaba de esfuerzo, de trabajo, de reconocimientos, él contaba de placeres, de descansos, de logros. Ambos tan distintos pero tan iguales.
Cada quien remaba por corrientes distintas, por rumbos distintos, en direcciones opuestas, eso los hacía diferentes, pero eran semejantes por la intensidad con que remaban, él apremiando la felicidad, ella construyendo la estabilidad.
Salieron juntos ese día, y el siguiente, y el siguiente a ese, pasaron meses, años, vivieron cosas que sólo los enamorados pueden vivir, admiraron paisajes que sólo los enamorados pueden admirar, sintieron cosas que sólo los enamorados pueden sentir, y construyeron mundos que sólo los enamorados pueden construir. Amáronse y celáronse hasta el cansancio, besáronse cuanto les fue permitido por el tiempo, y sintiéronse los más afortunados sobre la tierra.
No hay paso que alcance a los enamorados, sólo el tiempo puede separarlos. Y así fue como pasó. Ella trató de vivir en libertad, él trato de acomodarse a su cautiverio, ella no supo que hacer con tanto tiempo para pensar, para vivir, para sentir, él no pudo dejar de sentir la brisa en su piel y añorar los lugares que había recorrido cada atardecer.
Ella se levantó un día, lo miró, él ya no sonrió, ella salió de la habitación, él no la siguió, ella no regresó, él partió también, ambos por la misma dirección en la que habían venido.
Adiós y gracias...
No importa este mundo en contra me tienes a mi.. pero cuando le hice falta ya no me encontraba allí.
Dejar ir a las personas..
Es un deber, una obligación, una elección, o es algo que pasa sin que nos demos cuenta o sin que podamos evitarlo?
Creo que el dejar ir a las personas por las razones indicadas es lo más sabio, aún cuando duela, aún cuando se sienta en el alma que se nos va un pedazo de nuestro ser.
Todos los días pienso en lo que tenemos, en lo que la vida nos da, no es que a unos les de más que a otros, o que tengamos mala suerte o algo parecido, es sólo que algunos toman las cosas cuando es el momento de tomarlas, y otros se sientan a pensar en lo que no tomaron ayer dejando ir lo de hoy.
Hoy he dejado ir algo, algo que no sé como describir, me ha quedado un vacío, un hueco que en este momento no veo como llenar, pero sé, o mejor dicho, tengo fe, que llenaré con amor, con experiecia y con todas aquellas cosas que me hacen crecer.
No sé si esto es una declaración al aire o una forma de dejar salir el dolor para que no anide dentro de mi y me haga infeliz, podría ser ambas, el hecho es que..
Pase lo que pase, prometo que siempre me pondré en pie, porque no hay algo tan fuerte que no pueda superarse y a cada paso el reto será mayor, pero así también, mayor será la satisfacción.
Doy gracias a todos los que han llegado, a todos los que se han ido y anticipo las gracias a todos aquellos que vendrán, soy lo que soy gracias a ustedes y espero de corazón haber dejado algo de mi en sus corazones, algo que los ayude a llegar al final del camino siendo mejores personas.
Non omnis moriar.
Dejar ir a las personas..
Es un deber, una obligación, una elección, o es algo que pasa sin que nos demos cuenta o sin que podamos evitarlo?
Creo que el dejar ir a las personas por las razones indicadas es lo más sabio, aún cuando duela, aún cuando se sienta en el alma que se nos va un pedazo de nuestro ser.
Todos los días pienso en lo que tenemos, en lo que la vida nos da, no es que a unos les de más que a otros, o que tengamos mala suerte o algo parecido, es sólo que algunos toman las cosas cuando es el momento de tomarlas, y otros se sientan a pensar en lo que no tomaron ayer dejando ir lo de hoy.
Hoy he dejado ir algo, algo que no sé como describir, me ha quedado un vacío, un hueco que en este momento no veo como llenar, pero sé, o mejor dicho, tengo fe, que llenaré con amor, con experiecia y con todas aquellas cosas que me hacen crecer.
No sé si esto es una declaración al aire o una forma de dejar salir el dolor para que no anide dentro de mi y me haga infeliz, podría ser ambas, el hecho es que..
Pase lo que pase, prometo que siempre me pondré en pie, porque no hay algo tan fuerte que no pueda superarse y a cada paso el reto será mayor, pero así también, mayor será la satisfacción.
Doy gracias a todos los que han llegado, a todos los que se han ido y anticipo las gracias a todos aquellos que vendrán, soy lo que soy gracias a ustedes y espero de corazón haber dejado algo de mi en sus corazones, algo que los ayude a llegar al final del camino siendo mejores personas.
Non omnis moriar.
miércoles, 29 de julio de 2009
Retórica...
Creo que cuando Neruda escribió en su poema “puedo escribir los versos más tristes esta noche…” pasó una noche como esta, no por la tristeza, sino por la capacidad de hacerlo.
Una noche puede pasarse de muchas maneras, durmiendo es la forma más común, preocupado por alguna persona o situación es otra, tomando, festejando o llorando, teniendo sexo, pero por lo general la actividad no alcanza para desempeñarla toda la noche, y otra, que en realidad desconozco y no deseo saber cuán común puede ser, es pasar la noche hablando.
Creo que cada momento del día representa algo muy particular para cada individuo, la mañana puede resultar para algunos algo muy revitalizante y para otros el momento fatal de comenzar una jornada, medio día es el momento de comer o el momento de sentir una flojera imposibilitante, la tarde es vista por unos como el momento de terminar el trabajo y comenzar a descansar y por otros como el punto de regresar a una realidad desagradable o quizá el inicio de una nueva actividad, pero la noche, ese momento del día o antagónico del mismo, es casi en su totalidad el momento de descanso para la mente y el cuerpo, salvo en aquellos lugares donde la gente “nunca duerme” o mejor dicho, donde la gente ha encontrado la forma de llenarse de necesidades hasta en el momento de dormir.
Dormir por la noche es algo instintivo, las gallinas duermen en cuanto se acaba la luz, los girasoles se cierran cuando se apaga el sol, y las personas sentimos deseos de dormir cuando la única iluminación disponible es la artificial. Pero, curiosamente, creo que cuando una noche se vive despierto algo interesante sucedió.
Podré comenzar explicando mi punto con algo muy lógico, es interesante ese “algo” no porque la actividad que se desarrolle sea distinta a lo que se podría hacer en cualquier otra hora del día, es decir, se puede hablar como se habla durante el desayuno, se puede discutir y llorar como se hace a las seis de la tarde, se puede escribir como se escribe en un momento libre y de inspiración diurna, se puede tener sexo como aquel “mañanero” que nos pone de buen humor todo el día, y así sucesivamente, sino porque, lo que vuelve interesante a esa actividad indefinida en cuestión es la percepción y el grado de importancia que le damos. Nuestros sentidos se encuentran alterados, siempre y cuando llevemos ya algunas horas despiertos, nos sentimos cansados, sedados, excitados, tal vez nos volvemos más analíticos por las circunstancias que nos han llevado a permanecer despiertos, tal vez podemos ver las cosas con una claridad alimentada por la oscuridad, o nos atrevemos a ser honestos por primera vez en el día porque es a esa hora en la que comúnmente nos encontramos dormidos y por lo tanto vulnerables ante el mundo. Las razones que sean y las consecuencias de las mismas nos llevan a convertir una situación cualquiera en algo distinto, interesante.
Tal vez la lógica explique una parte pero la anti-lógica, es decir, el lado emocional del ser humano, complementa la experiencia vivida. Cuando permanecemos despiertos el momento se vuelve mágico, los sentimientos afloran y hacemos más caso de los sentidos que de la razón. Somos testigos de un fenómeno que pocas veces observamos, y digo observamos porque tal vez lo vemos pero no le prestamos atención, la forma en la que la luz sucumbe ante la oscuridad, el surgimiento de las estrellas, el dominio de la luna sobre los otros astros, el maravilloso estado de esa casi completa oscuridad, para dar paso a la bienvenida a un cielo no tan negro y sí más azul, de unas estrellas que se cansan de brillar y lentamente se apagan o emigran hacia otro lugar, del derroque de la luna por un enemigo eterno que es el sol, hasta que de nuevo el ciclo se cierra y las cosas vuelven a empezar. Eso es mágico, es el fenómeno estral más seguro partiendo de la existencia de una luna y un sol.
Cuando se es testigo atento de ese momento las cosas no pueden ser vistas nunca de la misma forma, aquello que se hace deja de ser solamente un hecho, una actividad, para convertirse en algo que definirá en adelante la persona en que habremos de convertirnos. Es así como una buena “peda” puede ser el pasó a una amistad verdadera o a la destrucción de la misma, como una relación sexual puede derivar en un nuevo ser o en sentimientos de amor o de culpa, una discusión podría revelarnos la verdadera situación en la que nos encontramos o marchitarnos el alma para siempre, una fiesta podría ser un hermoso recuerdo que nos acompañará como una luz en nuestros momentos de oscuridad o como la brisa que habrá de apagar la tenue llama que nos mantiene con fe, o una conversación puede revelarnos aquel lado que siendo normalmente oscuro y se ve iluminado durante el día por la luz de nuestro pensamiento, se vuelve oscuridad ante la falta de la propia luz.
La noche que he pasado ha sido particularmente excepcional, y me atrevo a utilizar ese adjetivo porque alude de manera precisa a un acontecimiento poco común y extraordinario en la monotonía de mi vida. Lo fue porque en esta noche no sólo mis ojos permanecieron abiertos, sino que mi mente se volvió compañera en su apertura de tal manera que fui capaz de conectar lo que pienso con lo que siento, mis inversiones con mis anhelos, mis actos con los fines últimos de mi naturaleza, pero de una forma tan pura, tan real y transparente que las palabras que salían de mi boca jamás habrán de ser repetidas con tanta elocuencia y honestidad como esta noche lo fueron.
Fue como el despertar de aquella parte de mí que permanece dormida ante la impotencia que siente al luchar constantemente contra una razón que deja de tener sentido cuando aquello que se cree o se hace no produce felicidad; como desmembrar una confusión que alimentada por el miedo al cambio se trasforma en aquel viento que dispone sobre la pequeña barca que es mi vida, separar cada una de sus partes y ver como todo se reduce a simples cuestiones que por su calidad de simples resultan muy difíciles de aceptar.
Fue ver la radiografía de mi pensamiento, el hambre que siento y aquello con lo que debo ser alimentada para saciarla, mis necesidades desnudas y las vestimentas inapropiadas, remendadas, que uso para vestirlas, y darme cuenta de que no soy tan complicada sino que me complico porque me asusta verme tan clara que puedo reducirme a una sola expresión: “tengo dos lados, mi parte pensante y mi parte sensible, navego de un lado a otro de manera breve pero constante y aquel que elija para estar a mi lado habrá de entender y aceptar esto que soy, lo cual será imposible mientras yo no me atreva a aceptar ambas partes y a encontrar una conciliación”.
Gracias a la retórica que me ha permitido describir por medio del lenguaje escrito lo que esta noche viví, gracias a los oídos que escucharon, a los ojos que no se cerraron, a la mente que se mantuvo despierta con tanta atención y honestidad, pero sobre todo gracias al amigo que entendió que en ese momento lo que necesitaba era ser escuchada, vista y atendida como si lo que mi boca pronunciaba tuviera tanta importancia para esa otra vida que compartió ese momento mágico, extraordinario e irrepetible como lo fue para esta vida que en este momento termina con un breve lapso de inspiración.
Una noche puede pasarse de muchas maneras, durmiendo es la forma más común, preocupado por alguna persona o situación es otra, tomando, festejando o llorando, teniendo sexo, pero por lo general la actividad no alcanza para desempeñarla toda la noche, y otra, que en realidad desconozco y no deseo saber cuán común puede ser, es pasar la noche hablando.
Creo que cada momento del día representa algo muy particular para cada individuo, la mañana puede resultar para algunos algo muy revitalizante y para otros el momento fatal de comenzar una jornada, medio día es el momento de comer o el momento de sentir una flojera imposibilitante, la tarde es vista por unos como el momento de terminar el trabajo y comenzar a descansar y por otros como el punto de regresar a una realidad desagradable o quizá el inicio de una nueva actividad, pero la noche, ese momento del día o antagónico del mismo, es casi en su totalidad el momento de descanso para la mente y el cuerpo, salvo en aquellos lugares donde la gente “nunca duerme” o mejor dicho, donde la gente ha encontrado la forma de llenarse de necesidades hasta en el momento de dormir.
Dormir por la noche es algo instintivo, las gallinas duermen en cuanto se acaba la luz, los girasoles se cierran cuando se apaga el sol, y las personas sentimos deseos de dormir cuando la única iluminación disponible es la artificial. Pero, curiosamente, creo que cuando una noche se vive despierto algo interesante sucedió.
Podré comenzar explicando mi punto con algo muy lógico, es interesante ese “algo” no porque la actividad que se desarrolle sea distinta a lo que se podría hacer en cualquier otra hora del día, es decir, se puede hablar como se habla durante el desayuno, se puede discutir y llorar como se hace a las seis de la tarde, se puede escribir como se escribe en un momento libre y de inspiración diurna, se puede tener sexo como aquel “mañanero” que nos pone de buen humor todo el día, y así sucesivamente, sino porque, lo que vuelve interesante a esa actividad indefinida en cuestión es la percepción y el grado de importancia que le damos. Nuestros sentidos se encuentran alterados, siempre y cuando llevemos ya algunas horas despiertos, nos sentimos cansados, sedados, excitados, tal vez nos volvemos más analíticos por las circunstancias que nos han llevado a permanecer despiertos, tal vez podemos ver las cosas con una claridad alimentada por la oscuridad, o nos atrevemos a ser honestos por primera vez en el día porque es a esa hora en la que comúnmente nos encontramos dormidos y por lo tanto vulnerables ante el mundo. Las razones que sean y las consecuencias de las mismas nos llevan a convertir una situación cualquiera en algo distinto, interesante.
Tal vez la lógica explique una parte pero la anti-lógica, es decir, el lado emocional del ser humano, complementa la experiencia vivida. Cuando permanecemos despiertos el momento se vuelve mágico, los sentimientos afloran y hacemos más caso de los sentidos que de la razón. Somos testigos de un fenómeno que pocas veces observamos, y digo observamos porque tal vez lo vemos pero no le prestamos atención, la forma en la que la luz sucumbe ante la oscuridad, el surgimiento de las estrellas, el dominio de la luna sobre los otros astros, el maravilloso estado de esa casi completa oscuridad, para dar paso a la bienvenida a un cielo no tan negro y sí más azul, de unas estrellas que se cansan de brillar y lentamente se apagan o emigran hacia otro lugar, del derroque de la luna por un enemigo eterno que es el sol, hasta que de nuevo el ciclo se cierra y las cosas vuelven a empezar. Eso es mágico, es el fenómeno estral más seguro partiendo de la existencia de una luna y un sol.
Cuando se es testigo atento de ese momento las cosas no pueden ser vistas nunca de la misma forma, aquello que se hace deja de ser solamente un hecho, una actividad, para convertirse en algo que definirá en adelante la persona en que habremos de convertirnos. Es así como una buena “peda” puede ser el pasó a una amistad verdadera o a la destrucción de la misma, como una relación sexual puede derivar en un nuevo ser o en sentimientos de amor o de culpa, una discusión podría revelarnos la verdadera situación en la que nos encontramos o marchitarnos el alma para siempre, una fiesta podría ser un hermoso recuerdo que nos acompañará como una luz en nuestros momentos de oscuridad o como la brisa que habrá de apagar la tenue llama que nos mantiene con fe, o una conversación puede revelarnos aquel lado que siendo normalmente oscuro y se ve iluminado durante el día por la luz de nuestro pensamiento, se vuelve oscuridad ante la falta de la propia luz.
La noche que he pasado ha sido particularmente excepcional, y me atrevo a utilizar ese adjetivo porque alude de manera precisa a un acontecimiento poco común y extraordinario en la monotonía de mi vida. Lo fue porque en esta noche no sólo mis ojos permanecieron abiertos, sino que mi mente se volvió compañera en su apertura de tal manera que fui capaz de conectar lo que pienso con lo que siento, mis inversiones con mis anhelos, mis actos con los fines últimos de mi naturaleza, pero de una forma tan pura, tan real y transparente que las palabras que salían de mi boca jamás habrán de ser repetidas con tanta elocuencia y honestidad como esta noche lo fueron.
Fue como el despertar de aquella parte de mí que permanece dormida ante la impotencia que siente al luchar constantemente contra una razón que deja de tener sentido cuando aquello que se cree o se hace no produce felicidad; como desmembrar una confusión que alimentada por el miedo al cambio se trasforma en aquel viento que dispone sobre la pequeña barca que es mi vida, separar cada una de sus partes y ver como todo se reduce a simples cuestiones que por su calidad de simples resultan muy difíciles de aceptar.
Fue ver la radiografía de mi pensamiento, el hambre que siento y aquello con lo que debo ser alimentada para saciarla, mis necesidades desnudas y las vestimentas inapropiadas, remendadas, que uso para vestirlas, y darme cuenta de que no soy tan complicada sino que me complico porque me asusta verme tan clara que puedo reducirme a una sola expresión: “tengo dos lados, mi parte pensante y mi parte sensible, navego de un lado a otro de manera breve pero constante y aquel que elija para estar a mi lado habrá de entender y aceptar esto que soy, lo cual será imposible mientras yo no me atreva a aceptar ambas partes y a encontrar una conciliación”.
Gracias a la retórica que me ha permitido describir por medio del lenguaje escrito lo que esta noche viví, gracias a los oídos que escucharon, a los ojos que no se cerraron, a la mente que se mantuvo despierta con tanta atención y honestidad, pero sobre todo gracias al amigo que entendió que en ese momento lo que necesitaba era ser escuchada, vista y atendida como si lo que mi boca pronunciaba tuviera tanta importancia para esa otra vida que compartió ese momento mágico, extraordinario e irrepetible como lo fue para esta vida que en este momento termina con un breve lapso de inspiración.
lunes, 22 de junio de 2009
Amo, ama, amar
Crecemos viviendo y escuchando a la gente decir que el amor duele...
es curioso como culpamos al amor por el dolor que sentimos por causa de nuestros errores, nuestros vicios, malos hábitos.
El amor no duele, el amor no puede doler porque entonces no es amor, puede ser orgullo, temor, ansiedad, deseo, pasión, anhelo, puede ser desear que las cosas sean cuando no deben ser, querer que el otro cambie, intentar cambiar cuando no se quiere, es vivir inconforme esperando un mágico final, pero no es amor.
Antagonicamente, existe literatura que habla del amar, de un amor libre, puro, sincero, honesto, transparente, de un amor por el hecho de amar no de poseer, no de ser, estar, cambiar, sino amar, nos dicen que para amar debemos aceptar, que el que ama no cambia, que el que ama no juzga, que el que ama no exige, lo noble de lo noble es amar.
Ni lo uno ni lo otro, el amor es celoso, no es incondicional, no es desinteresado, no es ciego. El amor es celoso del tiempo que dedicamos a quienes amamos y de lo que damos, porque celamos lo que dejamos para nosotros, no es incondicional porque amar por amar sin nada a cambio, ni siquiera la satisfacción es imposible, no es desinteresado porque en el amar buscamos nuestra satisfacción personal, no es ciego porque si vamos por la vida amando ciegamente cometeremos grandes errores.
El amor debe ser cuidadoso, es algo tan preciado que no debe malgastarse, debe invertirse, hacer aquello que nos hace felices, hacer aquello que en verdad deseamos, siendo responsables de lo que hacemos y lo que obtenemos; si quieres amar a alguien sin ser correspondido disfrútalo! no esperes que te amen, no sufras ni llores porque las cosas no pueden ser, sólo ama, sólo da, tarde que temprano, si no recibes nada te cansarás, debes cansarte, y seguirás tu camino.
Por qué escribo esto? porque he tratado de amar para que las cosas sean como quiero, no de amar las cosas como son, no pretendo vivir conformándome, pero mientras más lucho contra lo que no me gusta, menos disfruto lo que sí, menos vivo, menos siento. No amo cuando no soy feliz, soy feliz cuando amo.
Sólo espero sentir lo que sé, sólo así habré aprendido mi lección.
es curioso como culpamos al amor por el dolor que sentimos por causa de nuestros errores, nuestros vicios, malos hábitos.
El amor no duele, el amor no puede doler porque entonces no es amor, puede ser orgullo, temor, ansiedad, deseo, pasión, anhelo, puede ser desear que las cosas sean cuando no deben ser, querer que el otro cambie, intentar cambiar cuando no se quiere, es vivir inconforme esperando un mágico final, pero no es amor.
Antagonicamente, existe literatura que habla del amar, de un amor libre, puro, sincero, honesto, transparente, de un amor por el hecho de amar no de poseer, no de ser, estar, cambiar, sino amar, nos dicen que para amar debemos aceptar, que el que ama no cambia, que el que ama no juzga, que el que ama no exige, lo noble de lo noble es amar.
Ni lo uno ni lo otro, el amor es celoso, no es incondicional, no es desinteresado, no es ciego. El amor es celoso del tiempo que dedicamos a quienes amamos y de lo que damos, porque celamos lo que dejamos para nosotros, no es incondicional porque amar por amar sin nada a cambio, ni siquiera la satisfacción es imposible, no es desinteresado porque en el amar buscamos nuestra satisfacción personal, no es ciego porque si vamos por la vida amando ciegamente cometeremos grandes errores.
El amor debe ser cuidadoso, es algo tan preciado que no debe malgastarse, debe invertirse, hacer aquello que nos hace felices, hacer aquello que en verdad deseamos, siendo responsables de lo que hacemos y lo que obtenemos; si quieres amar a alguien sin ser correspondido disfrútalo! no esperes que te amen, no sufras ni llores porque las cosas no pueden ser, sólo ama, sólo da, tarde que temprano, si no recibes nada te cansarás, debes cansarte, y seguirás tu camino.
Por qué escribo esto? porque he tratado de amar para que las cosas sean como quiero, no de amar las cosas como son, no pretendo vivir conformándome, pero mientras más lucho contra lo que no me gusta, menos disfruto lo que sí, menos vivo, menos siento. No amo cuando no soy feliz, soy feliz cuando amo.
Sólo espero sentir lo que sé, sólo así habré aprendido mi lección.
lunes, 25 de mayo de 2009
Get busy living or get busy dying...
Hace algunos días alguien especial se fue, y por alguna cuestión no pude escribir nada al respecto, fue como si la inspiración que me daba se la hubiera llevado con su muerte.
Hoy estoy tratando de conseguir mi propia inspiración, de donde sé que se oculta mi verdadero yo.
El mundo cambia, las cosas cambian, y aquello que no cambia muere porque la vida es evolución, e inevitablemente las cosas que cambian lo hacen sin previo aviso o en el mejor de los casos con una anticipación irrevocable.
Alguna vez en alguna película escuché algo así como "las personas te dicen que el cambio es bueno, pero lo que en realidad quieren decir es que algo que no querías que sucediera, sucedió", es un poco oscura la vista del futuro partiendo de ese comentario, pero así se ven las cosas cuando todos te dicen: el cambio es bueno.
En ocasiones sería mejor que no dijeran algo en absoluto, de cualquier manera las cosas cambiaron digan lo que digan, sea bueno o malo, así fue. Es como pensar en "Dios sabe por qué hace las cosas", igual, si existe o no existe algo llamado Dios, las cosas algún día se acomodarán, y el pensar que alguien mucho más inteligente que nosotros, omnipotente y omnipresente toma el rumbo de nuestras vida y una vez que las cosas se han detenido nos impulsa a un camino mejor, así uno no se siente tan perdido porque lo que sucede es para nuestro bien.
Yo no termino de comprar esa idea, tengo mis dudas, pero lo que sí sé es que no importa lo que haya sido, una muerte, una guerra, un desastre natural, un cambio de trabajo, de ciudad, un engaño amoroso, el final de una amistad, lo que sea, aunque nos duela nos llevará hacia otro lado, dónde sea cómo sea volveremos a comenzar, porque así es la vida, porque así debe ser, y los que han decidido que no debe ser así simplemente no continúan viviendo hasta que "les llegue la muerte" sino que ellos mismo le ponen fin, y es muy aceptable esa opción ya que nadie dijo como deben ser las cosas para todos, al final todos somos distintos.
No comprendo como se puede hacer para no acostumbrarse a algo, como esperar lo inesperado, vivir el día a día y así las cosas no nos tomarán por sorpresa, sería mucho mejor así, o llorar y sufrir ante el cambio pero con la firme convicción de que habremos de levantarnos para seguir, de cualquier forma, así será.
get busy living or get busy dying...
Termino donde comencé, simplemente.. uno qué sabe.
Hoy estoy tratando de conseguir mi propia inspiración, de donde sé que se oculta mi verdadero yo.
El mundo cambia, las cosas cambian, y aquello que no cambia muere porque la vida es evolución, e inevitablemente las cosas que cambian lo hacen sin previo aviso o en el mejor de los casos con una anticipación irrevocable.
Alguna vez en alguna película escuché algo así como "las personas te dicen que el cambio es bueno, pero lo que en realidad quieren decir es que algo que no querías que sucediera, sucedió", es un poco oscura la vista del futuro partiendo de ese comentario, pero así se ven las cosas cuando todos te dicen: el cambio es bueno.
En ocasiones sería mejor que no dijeran algo en absoluto, de cualquier manera las cosas cambiaron digan lo que digan, sea bueno o malo, así fue. Es como pensar en "Dios sabe por qué hace las cosas", igual, si existe o no existe algo llamado Dios, las cosas algún día se acomodarán, y el pensar que alguien mucho más inteligente que nosotros, omnipotente y omnipresente toma el rumbo de nuestras vida y una vez que las cosas se han detenido nos impulsa a un camino mejor, así uno no se siente tan perdido porque lo que sucede es para nuestro bien.
Yo no termino de comprar esa idea, tengo mis dudas, pero lo que sí sé es que no importa lo que haya sido, una muerte, una guerra, un desastre natural, un cambio de trabajo, de ciudad, un engaño amoroso, el final de una amistad, lo que sea, aunque nos duela nos llevará hacia otro lado, dónde sea cómo sea volveremos a comenzar, porque así es la vida, porque así debe ser, y los que han decidido que no debe ser así simplemente no continúan viviendo hasta que "les llegue la muerte" sino que ellos mismo le ponen fin, y es muy aceptable esa opción ya que nadie dijo como deben ser las cosas para todos, al final todos somos distintos.
No comprendo como se puede hacer para no acostumbrarse a algo, como esperar lo inesperado, vivir el día a día y así las cosas no nos tomarán por sorpresa, sería mucho mejor así, o llorar y sufrir ante el cambio pero con la firme convicción de que habremos de levantarnos para seguir, de cualquier forma, así será.
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