Ella era lo único que él no soñaba con tener, por aquellas creencias de que “no se puede tener todo en la vida”, él era lo único que ella no necesitaba pero que ansiaba con todo su corazón.
Irónica la vida que nos da lo que no queremos cuando más lo necesitamos, y que nos arrebata de las manos lo que tanto adoramos pero que es innecesario en ese momento.
De ires y venires están llenos los caminos, de encuentros y despedidas, de llantos y alegrías, cada paso una a ventura que solo los valientes, o por qué no, los cobardes están dispuestos a soportar.
Regresando a nuestra historia, ella, artista de profesión, porque desde hace mucho tiempo ya no lo era de inspiración, él, de aquellas personas que hacen de todo, una vez al mes cambiando de ocupación porque así se los dicta el corazón.
Acaso más noble la que inmolaba sus sueños en pos de un futuro seguro, o aquél que vivía como el viento anidando en cualquier rincón, dejándose llevar por las cosas que no solemos ni ver ni escuchar, una decisión difícil en verdad.
¿Cómo se conocieron?, pues como pasa siempre, sin que nadie se lo esperara, sin que nadie lo deseara, pero cuando los dos más lo necesitaban, en el lugar de siempre, al que iban los dos sin coincidir, como si el destino esperara el momento adecuado para que sus almas se encontraran.
Ella lo vio, él sonrió, ella se sonrojó, el mantuvo su sonrisa, ella dejó caer algo al suelo, el inmutable dejó que fuera ella quien lo levantara, ella se alejó y él pensó que jamás la vería de nuevo. En ocasiones los mejores recuerdos son aquellos que no son tocados por la malicia del hombre, en donde sólo quedan los ensueños, donde los participantes son sólo intérpretes de sus fantasías y donde la realidad no llega jamás permitiendo así que existan seres perfectos, recuerdos puros, bellos recuerdos.
Con mucha sorpresa y poca casualidad, ambos se encontraron de nuevo, en el mismo lugar, a la misma hora del mismo día, como si fuera un ritual sagrado que no debía quebrantarse el hecho de frecuentar ese lugar; ella lo miró de nuevo, él sonrió de nuevo, ella se sentó en la misma mesa de aquél día, él, como era de esperarse, se inmutó. Pudo haber sido una señal de que las cosas debían ser así, un llamado de alerta para ambos en el que se gritaba que debían partir sin violar las fantasías construidas en la incertidumbre. Pero las emociones son indomables, la curiosidad mucho más fuerte que la razón y el ímpetu de la juventud una enfermedad que sólo se cura con el tiempo.
Pues ambos, sin la menor intención de tener una actitud ponderada rasgaron el manto transparente que los separaba, sin saber lo que pasaba, sin pensar en nada más.
Un hola bastó, increíble como cuatro letras le cambian la vida a las personas, un hola de regreso e inició la conversación. Descubrieron que no tenían nada en común, que veían la vida desde perspectivas distintas, que sus prioridades eran antagónicas, que disfrutaban de cosas diferentes, en situaciones diferentes, con personas diferentes, pero aún así, siguieron hablando.
A cada frase, descubríanse cosas nuevas, inimaginables para cada uno, ella contaba de arte, el de vida, ella contaba de personas, él de amigos, ella contaba de ciudades, él sólo de lugares, ella contaba de esfuerzo, de trabajo, de reconocimientos, él contaba de placeres, de descansos, de logros. Ambos tan distintos pero tan iguales.
Cada quien remaba por corrientes distintas, por rumbos distintos, en direcciones opuestas, eso los hacía diferentes, pero eran semejantes por la intensidad con que remaban, él apremiando la felicidad, ella construyendo la estabilidad.
Salieron juntos ese día, y el siguiente, y el siguiente a ese, pasaron meses, años, vivieron cosas que sólo los enamorados pueden vivir, admiraron paisajes que sólo los enamorados pueden admirar, sintieron cosas que sólo los enamorados pueden sentir, y construyeron mundos que sólo los enamorados pueden construir. Amáronse y celáronse hasta el cansancio, besáronse cuanto les fue permitido por el tiempo, y sintiéronse los más afortunados sobre la tierra.
No hay paso que alcance a los enamorados, sólo el tiempo puede separarlos. Y así fue como pasó. Ella trató de vivir en libertad, él trato de acomodarse a su cautiverio, ella no supo que hacer con tanto tiempo para pensar, para vivir, para sentir, él no pudo dejar de sentir la brisa en su piel y añorar los lugares que había recorrido cada atardecer.
Ella se levantó un día, lo miró, él ya no sonrió, ella salió de la habitación, él no la siguió, ella no regresó, él partió también, ambos por la misma dirección en la que habían venido.
Irónica la vida que nos da lo que no queremos cuando más lo necesitamos, y que nos arrebata de las manos lo que tanto adoramos pero que es innecesario en ese momento.
De ires y venires están llenos los caminos, de encuentros y despedidas, de llantos y alegrías, cada paso una a ventura que solo los valientes, o por qué no, los cobardes están dispuestos a soportar.
Regresando a nuestra historia, ella, artista de profesión, porque desde hace mucho tiempo ya no lo era de inspiración, él, de aquellas personas que hacen de todo, una vez al mes cambiando de ocupación porque así se los dicta el corazón.
Acaso más noble la que inmolaba sus sueños en pos de un futuro seguro, o aquél que vivía como el viento anidando en cualquier rincón, dejándose llevar por las cosas que no solemos ni ver ni escuchar, una decisión difícil en verdad.
¿Cómo se conocieron?, pues como pasa siempre, sin que nadie se lo esperara, sin que nadie lo deseara, pero cuando los dos más lo necesitaban, en el lugar de siempre, al que iban los dos sin coincidir, como si el destino esperara el momento adecuado para que sus almas se encontraran.
Ella lo vio, él sonrió, ella se sonrojó, el mantuvo su sonrisa, ella dejó caer algo al suelo, el inmutable dejó que fuera ella quien lo levantara, ella se alejó y él pensó que jamás la vería de nuevo. En ocasiones los mejores recuerdos son aquellos que no son tocados por la malicia del hombre, en donde sólo quedan los ensueños, donde los participantes son sólo intérpretes de sus fantasías y donde la realidad no llega jamás permitiendo así que existan seres perfectos, recuerdos puros, bellos recuerdos.
Con mucha sorpresa y poca casualidad, ambos se encontraron de nuevo, en el mismo lugar, a la misma hora del mismo día, como si fuera un ritual sagrado que no debía quebrantarse el hecho de frecuentar ese lugar; ella lo miró de nuevo, él sonrió de nuevo, ella se sentó en la misma mesa de aquél día, él, como era de esperarse, se inmutó. Pudo haber sido una señal de que las cosas debían ser así, un llamado de alerta para ambos en el que se gritaba que debían partir sin violar las fantasías construidas en la incertidumbre. Pero las emociones son indomables, la curiosidad mucho más fuerte que la razón y el ímpetu de la juventud una enfermedad que sólo se cura con el tiempo.
Pues ambos, sin la menor intención de tener una actitud ponderada rasgaron el manto transparente que los separaba, sin saber lo que pasaba, sin pensar en nada más.
Un hola bastó, increíble como cuatro letras le cambian la vida a las personas, un hola de regreso e inició la conversación. Descubrieron que no tenían nada en común, que veían la vida desde perspectivas distintas, que sus prioridades eran antagónicas, que disfrutaban de cosas diferentes, en situaciones diferentes, con personas diferentes, pero aún así, siguieron hablando.
A cada frase, descubríanse cosas nuevas, inimaginables para cada uno, ella contaba de arte, el de vida, ella contaba de personas, él de amigos, ella contaba de ciudades, él sólo de lugares, ella contaba de esfuerzo, de trabajo, de reconocimientos, él contaba de placeres, de descansos, de logros. Ambos tan distintos pero tan iguales.
Cada quien remaba por corrientes distintas, por rumbos distintos, en direcciones opuestas, eso los hacía diferentes, pero eran semejantes por la intensidad con que remaban, él apremiando la felicidad, ella construyendo la estabilidad.
Salieron juntos ese día, y el siguiente, y el siguiente a ese, pasaron meses, años, vivieron cosas que sólo los enamorados pueden vivir, admiraron paisajes que sólo los enamorados pueden admirar, sintieron cosas que sólo los enamorados pueden sentir, y construyeron mundos que sólo los enamorados pueden construir. Amáronse y celáronse hasta el cansancio, besáronse cuanto les fue permitido por el tiempo, y sintiéronse los más afortunados sobre la tierra.
No hay paso que alcance a los enamorados, sólo el tiempo puede separarlos. Y así fue como pasó. Ella trató de vivir en libertad, él trato de acomodarse a su cautiverio, ella no supo que hacer con tanto tiempo para pensar, para vivir, para sentir, él no pudo dejar de sentir la brisa en su piel y añorar los lugares que había recorrido cada atardecer.
Ella se levantó un día, lo miró, él ya no sonrió, ella salió de la habitación, él no la siguió, ella no regresó, él partió también, ambos por la misma dirección en la que habían venido.
a sido el mejor de los 3 ke e leido me llego la conclucion mas de lo que desearia
ResponderEliminarque chido que te guste.. ^^
ResponderEliminarSiempre es lindo saber que parte de lo que hago puede moverle algo a los demás.. =)