lunes, 14 de diciembre de 2009

Oportunidades...

Hay clásicos a los que recurro cuando algo falta, sobra o no sé dónde más encontrar.
Esta película la encontré por casualidad una de esas noches en las que deseaba dormir pero no lo conseguía; vi que era una película en italiano y pensé que podía intentar verla y con seguridad terminaría dormida por no entender el idioma y recurrir a los subtítulos, pero resultó peor el remedio que la enfermedad: simplemente no pude dejar de verla hasta el final.

Me enamoré del optimismo del personaje principal, de ese amor tan sencillo y hasta cierto punto enfermizo que demostraba con tanto humor, de ese ideal de hacer las cosas sin esperar reconocimiento y de la nobleza de no decir "yo lo hice" porque eso no importa cuando vemos a los que amamos felices, eso es amor.

Una determinación inquebrantable alimentada por la ilusión de un optimismo que aleja el dolor y nos da en cambio una razón, un motivo para seguir luchando; una forma poética (ya que el personaje es un poeta) de ser lo que se es con sencillez y llenar de inspiración a los que nos rodean, hacer del mundo un lugar mejor.

Me gustaría vivir en un mundo así, en donde no importe en que lugar estaciones el coche, o si llevas o no tu saco o celular, donde las oportunidades se buscan y se toman como se van presentando sin buscar explicación alguna, un mundo donde al final la determinación logra que los incrédulos crean y se permitan unir los símbolos para formar un todo hermoso producto del anhelo de una ilusión.

Una película que me ha enseñado que las oportunidades se encuentran día a día pero que sólo hay que ponerle imaginación.


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