Todos somos maestros, de algo y para alguien.
Hace una semana exactamente hablaba con una amiga y me di cuenta de que mis hábitos estaban cambiando, quizá por la tristeza, quizá por el miedo, quizá porque ya era hora de mudar de piel. Por lo que haya sido, mis hábitos están cambiando.
Soy (era) la principal promotora de que levantarse temprano es un castigo, antes de las 9:00 las personas no deberían dejar sus camas. Tengo algunos días en los que me despierto a las 7:00 o antes.
Me despierto, tomo una taza de te, leo un poco y si los días son nublados me voy a caminar. Espero con ansias la próxima semana, porque quiero ir a nadar por las mañanas.
No entiendo, pero como le decía a alguien, si te hace bien no lo cuestiones.
Detenerme a observar, observar sin juzgar, observar. Y tengo ese coro de voces (de Renato y de Rosa, mis doble R). Y observo que muchas cosas están muriendo, ahora entiendo mi tristeza, sigo en duelo, pero como Jesús me enseñó, ese duelo que se vive en silencio, con uno mismo, en calma.
Supongo que voy bastante avanzada en estas etapas de duelo, supongo que el miedo (cómo dice Renato) era a que algo me pasara, sin darme cuenta de que ya me está pasando. Supongo que lo veo claro porque las cosas a veces se entienden mejor cuando las vemos hacia atrás. Supongo.
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