jueves, 14 de abril de 2016

De los regalos de bienvenida...

Me contaste una historia que hablaba de amor. Y llevo todo el día pensando en sus distintas formas.

Fue un día de septiembre, miércoles al parecer, de esos que solo se dieron hace casi 22 años, y fue hasta hace unas semanas que supiste en realidad la historia de tu nacimiento.

"Cuándo ibas a nacer, estaba muy emocionado por tu llegada. A mi me había recibido mi hermano mayor en el hospital con un carrito y tu llegabas ese día y yo no tenía nada que regalarte. Y es que uno de niño no piensa mucho esas cosas. Yo sabía que quería que llegaras, que quería conocerte y que estaba emocionado porque iba a ser hermano mayor de alguien yo también, pero no tenía nada que regalarte.
Pero llegaste igual, sin regalo de mi parte, y yo supe de inmediato que mi vida cambiaba y que quería enseñarte mi mundo y compartir contigo toda la sabiduría de un hermano mayor. Pero todos a mi al rededor decían que era probable que yo sintiera celos, que podría resentir ya no ser el más chico de la familia; todos decían que tenían que ponerme atención para que no me afectara tu llegada, y yo no comprendía, ¿cómo podía afectarme que llegaras si estaba tan feliz de tener por fin un hermanito a quien cuidar?
Todo pasó tan rápido que no supe en qué momento sentí celos y comencé a alejarme, al final, eso era lo que pasaba en esos casos. Y me alejé de ti sin darme cuenta por algunos años. Pero nunca dejé de quererte ni de preocuparme por ti.
De verdad me habría gustado recibirte con algo, de verdad me habría gustado no creer en los adultos, de verdad me habría gustado ser un mejor hermano mayor, pero ahora estas aquí recostado en mi pecho sintiendo mi corazón acelerado por todas las cosas que nunca te dije y que llevo dentro, y yo tengo la dicha de recibirte en este momento en el que te abres a mi, y de nuevo no tengo nada que regalarte, solo tengo este abrazo para decirte: te amo, pase lo que pase vas a estar bien y yo voy a estar a tu lado".


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