martes, 2 de marzo de 2010

Recuerdos sobre ruedas (II)...

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¿Sabes lo que siento cuando te sientas a la mesa conmigo? No creo que lo sepas, ni yo misma sé como explicarlo, es como cuando te despiertas en navidad y ves debajo del árbol todos los regalos, es como la primera vez que anduve sola en bicicleta, ¿te acuerdas?.

Yo tendría como 7 años, la bicicleta no era nueva, era de mi hermano pero tu la habías arreglado para mi, le compraste llantas nuevas, revisaste los frenos y ajustaste el asiento, a mi no me importó que estuviera un poco raspada, lo que la hacía especial era que gracias a ella tu estarías a mi lado mucho tiempo, o eso quería yo. La primera vez que me subí tenía mucho miedo, sentía que iba a caerme y no sabía qué hacer, pero tu estabas detrás de mi sujetándome del asiento, yo te escuchaba respirar muy fuerte porque ibas corriendo y me decías que pedaleara más rápido, que no tuviera miedo, que estabas ahí deteniéndome; yo no quería que supieras que tenía miedo, pensaba que si no lo intentaba con ganas tu ya no querrías enseñarme así que sólo te decía que sí a todo y trataba de no caerme. Después de un rato me sentía más confiada y poco a poco, sin que me diera cuenta comenzaste a soltarme. Yo no imaginaba que me habías soltado pero cuando no escuché tu respiración volteé hacía atrás y te vi muy lejos, me llené de miedo, no supe que hacer al verme sola y a menos de dos metros tuve un aterrizaje forzoso quedando llena de tierra y un poco raspada de mis manos. No sabía que hacer, no entendía por qué me habías soltado sin avisarme y sentada en el suelo con la bicicleta sobre mis piernas sentí muchas ganas de llorar, esperaba que fueras corriendo a levantarme, que me dijeras que todo estaba bien, que nada había pasado y que me ayudaras nuevamente a subir, pero te quedaste parado y en la distancia me dijiste:
¡levántate!

Estaba tan confundida, ¿qué había hecho mal para que me dejaras ahí tirada? Pero tu me seguías diciendo: ¡levántate tu puedes! Y claro que podía pero no era que pudiera o no, sino que fueras a mi lado y me ayudaras. Sin tener muchas opciones me levanté, debiste haber visto mi cara confundida y fue entonces cuando me dijiste: no siempre voy a estar ahí para impedir que te caigas, y tampoco estaré para levantarte, pero debes saber que tú puedes levantarte sola y cuando lo hagas debes seguir intentando, si te caes del caballo te vuelves a subir. Así que sube de nuevo.

Aún ahora no entiendo del todo lo que me dijiste, pero en ese momento pensé que debía subir porque no quería que pensaras que iba a dejar que el miedo me ganara, así que subí y sin pensarlo mucho comencé a pedalear (cuidando claro que estuvieras siempre detrás de mí). Cuando me sentía confiada y volteaba para decirte que ya casi lo lograba, veía que ya no estabas y volvía a aterrizar. De nuevo me decías que me levantara y lo volviera a intentar. No sé cuántas veces lo intenté pero recuerdo que me dijiste que cada que volteaba hacia atrás y no te encontraba me caía, que dejara de voltear y me concentrara y confiara en mi misma, y me repetiste que no siempre estarías atrás de mí para impedir que me cayera.

Tal vez esto que te cuento no lo recuerdes, o sea para ti el recuerdo de cuando aprendí a andar en bicicleta, pero yo lo recuerdo muy bien y no sólo porque ese día pude andar sola y dar la vuelta sin caerme, sino porque en esos breves minutos me transmitiste gran parte de toda la confianza que siento cada vez que voy a aprender algo nuevo. Sé que no será fácil, que podré caerme y que desearé que estés a mi lado para ayudarme, pero también sé que puedo levantarme yo sola y que debo seguir intentándolo hasta que llegue el momento en el que, sin darme cuenta, pueda mantener el equilibrio y todo el miedo se transforme en emoción.

Me habría gustado tardarme en aprender días y más días para que siguieras a mi lado, pero eso habría significado aprender más lento y que tu pensaras que no podía hacerlo, así que lo intenté tan fuerte como pude y cada vez trataba de avanzar más y caerme menos, por lo que la lección duró menos de un día, menos de una hora, fueron minutos. Es increíble lo que se puede aprender en minutos y cómo ese aprendizaje cambia por completo nuestra vida, y es que las grandes lecciones se dan así, rápidamente, y hay que estar listos para caernos y volvernos a levantar hasta que aprendamos a no caer más.
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(Sigo con lo del cuento.. que está casi por terminar.. como dije.. es bastante corto!)

2 comentarios:

  1. Cierra el circulo perfectamente(aunque no exista lo perfecto ay cosas cercanas)i like it,quiero aprender a andar en bicicleta jajajaj si si quiero

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  2. bicicleta es a felicidad como onomatopeya es a imitación (cuando uno tiene la capacidad de entender la relacion)

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Uno qué sabe? pues sabe su verdad...