...
No sé por qué te cuento todo esto, a sí, es que esa emoción que sentía cuando recorrí la calle sin caerme y di la vuelta sin tu ayuda es parecida a lo que siento cuando estamos juntos en la mesa.
Estas ahí sentado, cenando, y yo sentada cenando de nuevo o a tu lado hablando rápido y sin descanso, es ahí cuando puedo presumirte todo lo que he aprendido, cuando te cuento lo que dice mi maestra de mí o al concurso al que he entrado y los premios que he ganado. Es en ese momento, en esos minutos, en los que puedo contarte lo importante, inteligente o especial que soy, esperando recibir a cambio una sonrisa o un “bien hecho”, porque sólo eso paga el esfuerzo, porque sólo eso importa y me hace sentir de verdad especial.
Papi, no sabes cuántas ganas tengo de que te quedes, no sabes las ganas que tengo de contarte tantas cosas, de preguntarte por qué no siempre puede haber un arcoiris o si es verdad que los perros ven en blanco y negro; mis amigas en la escuela siempre hablan de lo que les compran sus papás, yo nunca digo nada, no entiendo muchas cosas pero sé que ayer mi mamá estaba preocupada por que no tenía dinero y le he dado un poco del que tengo ahorrado en el botecito donde guardo mis domingos. Eso no me pone triste, porque yo puedo contar otras cosas, como la forma en la que me enseñarte a andar en bicicleta, o como me explicas para qué sirven las máquinas con las que arreglas zapatos, porque puedo contar como me dejaste ponerle aquella cosa de color lila a nuestro perro para que su patita se curara. Ellas no pueden contar esas cosas, y yo sí puedo o podría, si me importara lo que ellas piensan, pero no me importa, es más, no se los contaré jamás porque ese es mi secreto, no quiero contarles que haces todas esas cosas porque no podrían entender por qué eres el mejor papá del mundo que no me compra trompetas en la plaza del centro el día del grito, sino que me enseñas a hacer silbatos con las hojas de los árboles, o el que no me compra muchos regalos en navidad sino que recorre todas las tiendas de la ciudad hasta encontrar exactamente los cubos que yo quiero. No les diré nada y me reiré en secreto cada que me cuenten de sus cosas nuevas.
Papi por favor no te vayas, esta vez toca mi puerta, te aseguro que esta abierta, quédate sólo un ratito, déjame que te cuente todo lo que he aprendido, que te diga por primera vez que tengo miedo, que la oscuridad siempre me ha asustado, que quiero hacer muchas cosas pero sobre todo, no te vayas sin que pueda decirte lo mucho que te quiero.Papito te estaba esperando, toca mi puerta, hoy de verdad tengo que contarte algo y es que…
(y así es como termina una parte mi pequeño cuento, que más que cuento es una forma de materializar y compartir mis recuerdos con alguien muy especial.. que me quiere "como si fuera su hija" y al que quiero "como si fuera mi papá")
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Uno qué sabe? pues sabe su verdad...