Papito no me dejes, por favor no te vayas, yo no entiendo lo que dices cuando dices que te vas por que me amas. Sabes, cuando llegas de noche te escucho, esperando que entres despacito a mi cuarto a saludar, pero no entras, pasas de largo mi puerta pensado que duermo desde hace horas, pero no es así. Cada día espero la noche y con ella tu llegada, estiro las horas para que oscurezca más tarde de lo normal y mamá no me diga que es hora de dormir, que mañana hay escuela y tu todavía tardarás en llegar. Creo que a veces lo consigo, en algunas ocasiones he podido hacer que las 5 duren hasta las 6 y las 6 terminen casi a las 8, así puedo esperarte hasta las 7, y aunque ya son casi las 11:30 no debo ir a dormir y puedo escuchar como abres la reja de la casa.
Mi corazón late más rápido, me pongo nerviosa porque sé que tengo poco tiempo para contarte como me fue en mi día y preguntarte del tuyo, porque aunque llevo toda la tarde eligiendo lo más interesante de mi día de escuela o de la tarde con mis amigos nunca puede decidirme, porque el sonido de la reja es como el silbato de salida de las carreras en mi escuela (por más que he intentado prepararme para salir a tiempo, cada que escucho el silbato me paralizo, debe ser por eso que siempre llego en segundo). Pero después de la reja vienen las llaves en la puerta, y es ahí cuando tengo que correr a alcanzarte, antes de que veas a mamá o a mis hermanos, tengo que estar frente a ti cuando abras la puerta como si fuera a gritar “sorpresa” sin que nadie me detenga (eso es cosa fácil después de hacer las horas del día más largas, pero lo realmente complicado viene después), lograr que me escuches mientras dejas tu maletín en la mesa, contarte rápidamente mi día mientras vas a la cocina, a veces te digo que no he cenado, claro, si mamá no me escucha porque siempre dice que si ceno demasiado tendré pesadillas, pero no importa, yo sé que si ceno contigo aunque sea demasiado no podré tener pesadillas, esas vienen cuando no te escucho llegar o cuando la que te espera es mamá y comienzan las peleas.
Yo nunca les he dicho que los escucho mientras discuten en la cocina, que curioso papá, cuando estoy contigo la cocina es un lugar mágico pero cuando estas con mamá es un campo de batalla, y jamás lo menciono porque sé que eso pone triste a mamá y porque después de una pelea te veo menos, te vas más, por eso mejor lo guardo como un secreto, imaginando que si escondo las palabras que se dicen, ustedes habrán de olvidarlas y en la mañana estaremos todos juntos para el desayuno como si nada hubiera pasado.
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(Lo anterior es un fragmento de un cuento que le escribí a mi papá hace un tiempo... creo que a pesar de ser corto y de simular estar escrito por una niña de 8 años.. habla de los momentos más significativos que he compartido con mi padre.. una gran persona y en especial.. un gran padre).
Lo dije en el original y lo digo de nuevo que bonito te quedo si mi hijo(a) me hubiera escrito algo asi lloro como escuincle que le quitan su dulce que chilo
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