Si fuera otra persona me llamaría María como mi abuela,
trabajaría toda mi vida, para mi esposo, para mis hijos, para mí misma, tendría
siempre espíritu aventurero, incluso cuando no pudiera caminar sin mi bastón,
pondría una caseta en medio del pueblo para dar de comer a la gente y tener
siempre alguien con quien platicar y poder sentar a mis nietos en mis piernas y
cantarles “el espíritu de Dios se mueve, se mueve, dentro de mi corazón”.
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Uno qué sabe? pues sabe su verdad...