Estuvo en el escaparate toda la vida, siempre en exhibición...
"Yo no quiero ser fuerte" pensé.
No quiero tener que aguantarme el llanto, ni tener que aparentar que las cosas no duelen, que puedo cargar mi mundo y el de los otros, que no necesito ayuda, que no lloro por las noches porque me siento perdida, que las personas no me lastiman, que a veces no entiendo ni un carajo qué es lo que pasa, que las ausencias o los silencios no me lastiman, que las enfermedades no me dan miedo, que a veces sólo necesito un abrazo.
Ser fuerte, a como entiendo que entiende la gente, tiene un precio muy alto.
Yo no quiero llegar al punto en el que no se me permita ser vulnerable sólo para probar un punto, ese punto estúpido de que puedo hacerlo sola, de que soy autosuficiente, de que las heridas no son tan profundas de mi lado. No quiero llegar a ese momento donde la gente no perciba, porque yo no los dejo, mi necesidad de afecto, de compañía, de palabras de aliento.
Claro que puedo sola, claro que soy suficiente, claro que puedo superar cualquier cosa, pero también está claro que soy una persona, una persona que ya no quiere ser fuerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Uno qué sabe? pues sabe su verdad...