Hoy por la mañana me desperté y no sentía ganas de levantarme para empezar mi día. Durante el trayecto de 35 minutos que hice en el coche una gran parte lo hice llorando y pidiendo, más bien rogando, a la vida por descanso, paz, claridad, porque esta etapa que vengo atravesando desde hace meses tuviera un fin, y hace 4 horas la vida me dio lo que pedí.
Me despidieron.
Me siento en paz. Quizás me habría tomado meses decidirlo por mi misma, llevaba ya mucho tiempo diciendo que quería renunciar y la culpa de abandonar mi trabajo y aquellos que eran mi responsabilidad no me lo permitía. Hoy puedo agradecer que otros lo decidieran por mi, así ya no tengo que sentirme culpable por abandonar a nadie y porque hice la parte que me tocaba hacer hasta el día de hoy.
Siento temor por lo incierto pero entusiasmo de hacer las cosas a mi manera, respetando lo que siento y lo que creo.
Que maravillosa es la vida. No deja de sorprenderme. Tuve muchas señales desde hace más de un año y no quise verlas. Supongo que todo se fue acomodando para que tomara lo que iba a necesitar para mi siguiente etapa y para que soltara lo que necesitaba soltar.
Agradezco los seres humanos tan sorprendentes que conocí en el camino y las oportunidades que tuve para conocerme y saber de lo que soy capaz, ahora sólo queda honrar todo eso y seguir adelante en mis caminos con corazón.
Que viva la vida.
Que viva!
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