sábado, 28 de noviembre de 2015

Del bajarte unos centímetros del cielo...

Me han dicho que te puse en un pedestal, qué tontería.

El lugar no te lo dí yo, tu solito te pusiste. Digamos que mi mérito fue lograr encontrarte estando tu allá arriba y yo acá abajo. Y cuando digo "yo acá abajo" no hablo de rangos, de niveles, de tu mejor y yo peor, hablo de lo que me inspiras.

Y no me inspiras acercarme lentamente a tu lado y besarte la mejilla,
pasar mi brazo por tu espalda y apretarte despacito,
alejar mi cara lentamente para percibir tu aroma,
bajar mi cabeza de a poco hasta alcanzar tu cuello, besarlo también.
Dejar que mis manos recorran tu espalda hasta encontrar tu cabello,
alborotarlo un poco mientra mis labios buscan tu boca,
besar tus párpados, besar tu frente, besar la comisura de tus labios,
mirarte fijo, pedirte con mi mirada que dejes avanzar mis manos,
besarte antes de que me des una respuesta, bajar mis manos,
desfajar tu camisa, contar los botones hacia arriba,
pensar cuántos besos habré de darte a cambio de cada botón liberado.
Tampoco me inspiras comenzar por el primero, abrir tu camisa a la mitad,
besar tu cuello y besarte un poquito más abajo,
abrir tu camisa por completo, pagarte con besos cada botón,
incluidos los de los puños de tus mangas,
subir mis manos hasta tus hombros y lentamente,
como si me acercara a un animal bravío, hacer que tu camisa llegue al piso,
acomodar mi frente en tu pecho, escuchar tu corazón latir,
besar cada espacio que pudiera ser besado,
avisarte con mi mirada que no necesito tu permiso para dejar que mis manos sigan ahora con tu pantalón,..

No, nada de lo anterior ni de su continuación es lo que me inspiras, tu presencia es más etérea, intangible, sutil, sublime, digna solamente de contemplación, y ahora que lo pienso, digna de abrir tu cinto, tu botón y tu bragueta, de hacer una pausa esperando que me pidas me detenga...

De bajarte unos centímetros del cielo nada más para volver una parte tuya terrenal, mundana, humana y corromperla no solo con mis ideas, sino con mis manos, mi boca, mi lengua, para mezclar tus mieles y las mías, volando etéreos y caer terrenos por lo profano de nuestros actos.

A decir verdad, me importa poco el lugar que ocupes, o lo que pudieras o no inspirarme, mientras bajes algún día a morir despacio, brevemente, aquí a la tierra a mi lado.

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