Vamos a jugar un juego, te invito.
Juguemos a que tu actúas como si yo te importara y yo, yo haré como que creo que te importo de verdad. Me he dado cuenta que ambos necesitamos, de momento, un par de mentiras para aligerar nuestras vidas. Cada vez que me llames yo haré como que no sé para qué me buscas y creeré realmente que quieres invitarme al cine o por un café.
Yo por mi parte, prometo titubear cada vez que dentro de las opciones me ofrezcas discretamente compartir unas horas en la intimidad. Tus mensajes de buenos días, prometo tomarlos como un deseo sincero de que mi día vaya bien, y yo responderé con la misma cortesía. Mis mensajes contándote mis penas, serán un intento de extender la intimidad que compartimos dentro de una habitación.
Prometo también, fingir aflicción por no poder sentarnos a tomar un desayuno o compartir un momento con los seres queridos. Nada importa, mientras pretendamos que estamos ahí el uno para el otro.
Pero no te sientas obligado, no exageres, te aprecio, en el fondo sé que eres una buena persona, pero no busco en ti nada más que lo que tu buscas en mí, compañía, un buen rato, descansar de las pretensiones, de aparentar frente a otros, de buscar agradar, de la conquista.
Te elegí a ti porque buscamos lo mismo, porque ambos padecemos por otros brazos, anhelamos otros besos, sufrimos las desilusiones de las fantasías que hacemos con otros, porque tanto como tu y como yo deseamos el amor que alguien más no puede darnos.
Agradezco sinceramente que sigas ahí, haciendo un esfuerzo por no hacerme sentir como un objeto, yo me recuerdo diariamente de preguntarte cómo te fue con ese problema que tenías, agradezco que tomes mi mano y que a veces no preguntes qué me pasa, porque sabes que eso que me pasa, tiene que ver con esa persona por la que sin pensarlo, te cambiaría.
ok gracias pero no ayudo mucho
ResponderEliminarTenía qué ayudar?
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