Soy la niña que se quedaba esperando a papá.
No siempre fue así; hubo algún punto en mis primeros años de infancia donde mi padre se esforzaba por cumplir lo que prometía. Tengo gratos recuerdos, entre ellos aquella ocasión donde me había prometido para navidad un bote de una especie de legos que me habían comprando el año anterior, y como me gustaban tanto había pedido lo mismo para el año siguiente. Cabe mencionar, ya que será algo relevante en esta historia que yo solo recibía regalos dos veces al año, en mi cumpleaños y en navidad, y solo podía pedir una cosa cada vez.
Al modo habitual mi padre dejó la compra de regalos para el último momento y pocos días antes de navidad me dijo que me llevaría a buscar mi regalo. Para ese entonces yo tendría al rededor de 7 años y ya era perfectamente consciente de que no existía Santa. Emprendimos entonces lo que sería una búsqueda incansable de ese bote de legos; recorrimos todos los lugares en donde vendieran juguetes, por más improbables que parecieran, desde la gran tienda departamental con todo un piso destinado a juguetería, hasta la pequeña farmacia de la esquina donde se asomaban cajas de colores.
No hubo resultado. Tuve que elegir otro tipo de “legos”, pero si bien ese recuerdo es tan memorable no es por mi desilusión, sino más bien por la actitud de mi padre. Jamás jamás, y digo en serio JAMÁS se quejó o pasó por su mente el rendirse. Me tomaba de la mano y caminábamos por todo el centro entrando y saliendo de todas las tiendas, me dejaba que revisara el lugar para ver si encontraba el regalo prometido y al decirle que no, solo me volvía a tomar de la mano y caminábamos al siguiente lugar. Veía en su rostro la preocupación y conforme avanzábamos, su cansancio. Su paso se hacía más pesado y cada vez me iba tomando de la mano con más fuerza. Yo sabía en el fondo de mi corazón que él de verdad quería comprarme aquello que tanto deseaba. Quizás él se desilusionó más cuando no lo logramos. Pero para mí ese recuerdo no tiene precio.
Me enseñó que sí quería algo tenía que buscar e intentar hasta conseguirlo, que quién me quiere me acompañará sin quejas a buscar aquello que deseo y sobre todo, que uno hace todo lo posible por cumplir una promesa.
Tengo varios recuerdos así, mi padre tomándome de la mano y dejándome elegir aquello que quería; después de todo, yo cumplía mi parte de no pedir mucho y él, él cumplía la suya de comprarme lo que pedía.
Con el paso del tiempo eso cambió, las promesas dejaron de ser importantes, las palabras dejaron de tener peso y se las comenzó a llevar el viento; dejé de esperar que cumpliera aquello a lo que se comprometía. Una parte de mí sabía que sólo lo decía para quedar bien, para que dejara de insistir o porque era lo que yo quería escuchar. Otra parte deseaba que se empeñara en cumplirme como cuando niña.
Dejó de ir a mis eventos aunque dijera que lo haría, siempre había algo más importante; dejó de llegar a tiempo a donde tenía que pasar por mi, siempre había algo más importante; dejó de comprarme aquello que prometía, siempre había algo más importante; dejó de esforzarse y dejó de cumplir. Y a mí se me rompía el corazón cada vez más, hasta que me dolía tanto que comenzó a molestarme que se disculpara y me explicara. Yo solo le decía “ya lo sabía”.
Hoy en día sigo siendo esa niña que vive con la ilusión de que le cumplan aquello que le prometen, así como la adulto que se esfuerza en cumplir aquello a lo que se compromete. Una niña que sabe lo que es tener un padre que busca hasta el cansancio y hace hasta lo imposible por hacerla feliz y también una niña que sabe lo que es que la dejen esperando sentada en la banqueta o que no lleguen a aplaudirle entre el público.
Hoy en día le doy un valor inconmensurable a aquellas personas que me cumplen lo que me prometen o que cumplen con sus acuerdos; los atesoro porque no es fácil encontrar a aquellos que honran sus palabras. Y también me voy alejando de aquellos que me dejan a la espera o con el corazón dolido porque esa promesa nunca se cumplió.
Es lo menos que puedo hacer por mi niña, porque ella se merece el mundo entero y más si se lo han prometido.
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