Si me conoces de cinco o seis años acá sabrás que tengo serios conflictos con mi padre.
Hoy terminé el último lazo que tenía pendiente con él desde mi enojo, seguir enojada con él de alguna forma retorcida me hacía seguir unida a él. Eso se terminó.
De ahora en adelante me queda de él su apellido, el 50% de mis genes y aquellos recuerdos en los que lo conservo con amor y pesar.
Ya no más papá. Se acabó. Definitivamente ya no estoy enojada contigo, ya ni eso queda. Ya no puedo decir “quisiera que mi padre se muriera”, por el contrario, ahora escucho la música que ponías cuando era pequeña y sonrío y canto y lloro de bonito, por esos años en donde fui feliz contigo.
Seguramente algún día habré de escribirte desde la gratitud y el amor que te tengo, en dónde te desee que seas muy feliz, sin la condición de que me hagas caso y con el reconocimiento de la libertad de hacer con tu vida lo que mejor te parezca.
Dos cosas se me ocurren agradecerte de momento: que me hayas educado con criterio, aunque eso significara que al crecer habría de juzgarte, y que me hayas inculcado el no tener arrepentimientos sobre mi vida y decisiones; sin saberlo sembrabas en mí ideas que habrían de florecer de manera maravillosa. Gracias por eso papá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Uno qué sabe? pues sabe su verdad...