Amo mi camino, es una bendición.
Busco hasta el cansancio, he buscado sin cesar. Estoy aprendiendo a parar también, detenerme no es renunciar.
Hoy en clase lloré de gratitud y de amor hacia mí, como me ha venido sucediendo en mis últimos trabajos en terapia, en talleres y clases. Me gusta esta sensación de irme uniendo, resignificando, aprender a verme de otra forma.
Trabajé lo que en su momento fue una de mis pesadillas recientes y rescaté un trabajo en donde me reconozco que a pesar de todo no me he detenido, sigo aún con heridas, con dolor, y sigo avanzando. Hoy me abrazo, me cuido, me reconforto. Soy capaz de detener lo que necesite detener para atenderme.
Que maravilla es elegir y avanzar por mi camino con corazón. Cada paso vale, cada paso cuenta, cada paso sana.
Que maravilla pensar y sentir que este camino a penas comienza, que voy iniciando hace a penas 17 años y que habré de continuar hasta mi último aliento.
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