"Pues que soy mala", pensó. Y era verdad.
Había pasado todos los años de toda su vida sintiéndose diferente del resto del mundo, comparada con aquellos que ella sentía era "buenos" o "ideales", pero esa noche se dio cuenta que era solo cuestión de tiempo y oportunidad para que su verdadera naturaleza asomara la mirada.
No es justificable, pero ese día había sido una hecatombe de ilusiones y esperanzas, un efecto dominó de injusticias y una gran nada de bondad por todos lados.
Cada hora transcurrida iba cargada de actos sin sentido, y ella se sintió golpear hasta lo más profundo de su moral y su ética. Se sintió como en aquella cámara que había leído en uno de esos libros donde se buscaba la modificación de la conducta por medio de la aplicación de reforzadores y castigos; cada vez que se atreviera a sentir esperanza sería azotada, cada vez que sus pensamientos albergaran bondad sería sometida a toda clase de vejaciones, cada vez que sintiera compasión por otros el dolor físico y la tortura mental llegarían para apagar los conatos de piedad que aún existieran.
De pronto tuvo la oportunidad en sus manos, y sosteniendo un diálogo interno de venganza disfrazada de justicia y envalentonada por la ira buscó que cualquiera pagara por los males sufridos.
Tomó el arma, meditó por un momento para justificar sus actos y decidió hundir una y otra vez la navaja con la que dibujó seis líneas que se pintaron con la sangre de un, hasta cierto punto, inocente.
Había liberado la mayor de las pulsiones, el deseo de someter al otro, de sentirse Dios por un momento, había jugando un volado entre la vida y la muerte, vivido la fantasía de poder, había cruzado la linea hacia el otro lado, ese del que jamás se regresa sin haberse manchado.
Y fue justo cuando terminó de dibujar la sexta linea que sintió como si su alma abandonara su cuerpo, se vio a sí misma y sintió asco, como cuando Eva descubrió su desnudez y sintió vergüenza, vergüenza de su cuerpo, vergüenza de su humanidad, vergüenza de su existencia. Pero ella no podía correr a cubrir su pecado, el cuerpo del delito estaba ahí, frente a todos, expuesto como pintura en exhibición.
Se sintió perdida, se sintió animal, se había descubierto humana y eso la colocó de golpe en el nivel más común y más corriente de todos, la normalidad.
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Uno qué sabe? pues sabe su verdad...