No me digas bonita.
Habiendo tantos adjetivos en el mundo, tantas palabras para describir algo o alguien, tantas formas, incluidas las miradas, el tacto y el silencio, habiendo tantos gustos y placeres, siendo tanto de tantas cosas, habiendo hablado sobre los mejores poetas, sobre los grandes autores, habiendo recorrido la historia a través de la música, saboreado cada bocado de cosas nuevas.
No mal gastes las palabras, algunas se sienten vacías, me colocan a mí entre tantas otras que son bonitas, bonitas solamente, cuyo único regalo es su belleza, aquellas que se definen con su fachada, aquellas que sonríen y se sonrojan ante los halagos de su apariencia, aquellas que hoy están y mañana quien sabe.
No me digas bonita, porque suena a compromiso, a algo automático, improvisado, a algo que se dice porque no se tiene nada más que decir, lo mismo da decírselo a tus camisas que a cualquiera.
Bonita no describe, no delinea, no figura, no profundiza, bonita es el análogo de bien, lo que se responde cuando no se quiere pensar ni tocar lo verdadero, lo oculto, lo real, bonita es un halago común y corriente, vano, plano, es lo que le dices a alguien intrascendental y ajeno, aquello que demuestra desgano o desenfado.
No me digas bonita, no me dirijas palabras, háblame con tu silencio, con tus miradas, no intentes seducirme con lo trivial, no me conquistes con lo pueril, no quieras envolverme con tus lisonjas fútiles, no me lleves al nivel insustancial, no me trates como a cualquiera.
Pero si pese a todo no puedes evitarlo, entonces, no me digas nada.
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Uno qué sabe? pues sabe su verdad...