martes, 6 de octubre de 2015

Del sádico y la víctima...

La maravilla de ver a un ser humano caerse a pedazos frente a uno.
Sus maestros le habían dicho siempre que para ser bueno en ésta profesión tenía que ser uno un poco hijo de puta y un tanto sádico para disfrutar el dolor ajeno. Quizá nunca lo había entendiendo del todo como hasta hoy.

Llegó serio, pero su seriedad era distinta, era una seriedad que ahogaba un grito de dolor. Acercó la silla a la misma distancia que esa primera vez en la que intentaba retar con su presencia. Con la mirada baja viendo al suelo y con los antebrazos apoyados sobre sus muslos comenzó:
- Estoy triste.
- Vaya, tristeza, esa es una emoción nueva.
- Pues claro que estoy triste, cómo no voy a estarlo si la gente se aprovecha de mi, de nuevo me encuentro así, sufriendo porque confié en alguien y me traicionó.
- ¿Quieres contarme lo que pasó?
- De verdad quería que fuera ella, de verdad quería tener algo en serio con ella, pensé que valía la pena, pero no. Ayer me dijo que quería hablar conmigo y yo sólo pude pensar "no me vayas a salir con una pendejada" y pues sí, me salió con una pendejada. Me dijo que no quiere nada más que mi amistad. ¿Por qué la gente es así, por qué me ilusionó, por qué no me dijo las cosas claras desde el principio? Pues porque ¡claro! Es bien fácil, sí quería que tuviera atenciones con ella, sí quería que la sacara a pasear, sí quería que le dijera cosas bonitas, sí quería mi apoyo, pero ahora que le tocó a ella dar algo más, ahora sí, ¡solo quiere mi amistad! Por mi que desaparezca, que no me hablé, yo fui claro con ella y siempre le dije que no quería solo su amistad y ella lo aceptó, hasta que tomó lo que necesitaba y luego ya, nada más quiere ser mi amiga. Espero que no se arrepienta, porque una persona como yo no la va a encontrar jamás.
Y aquí estoy de nuevo, por eso no confío en la gente, por eso no creo en la amistad, porque confié en ella y me lastimó.
- ¿Por qué no confías en la gente?
- ¿Cómo voy a confiar si siempre me hacen esto?
- Pues si esperas que la gente no se equivoque o no te lastimen nunca, entonces no, no confíes. O podrías cambiar la idea que tienes sobre la gente y la confianza.
- Yo no necesito cambiar, estoy bien como estoy.
- Sí, se nota que estas bien. No cambies entonces. Pero mira, entiendo que te sientas mal, triste, devastado, traicionado, entiendo que tengas tu corazón roto, que sientas que te caes a pedazos y que una vez más alguien te lastimó, y tienes todo el derecho del mundo de sentirte así, es más yo te acompaño todo el tiempo que necesites, pero aquí adentro de estas cuatro paredes, conmigo, no puedes ser víctima.
- ¡Víctima! ¿Crees que soy víctima?
- Sí, y no puedo permitírtelo. El dolor que sientes es válido, es normal, natural y hasta cierto punto sano.
- ¿Cómo va a ser sano esto?, ¿cómo va a ser sano que me sienta de la chingada?
- Siempre es más sano eso que tratar de no sentir nada. Pero escucha, no eres una víctima de la vida ni de la gente, simplemente porque la vida no es justa, porque el hecho de que hagas cosas buenas y seas bueno con los demás no te garantiza que te pasen cosas buenas siempre, así tampoco los que hacen cosas malas reciben siempre cosas malas. Eso es lo que te produce dolor, tu idea de la justicia que no existe en el mundo.
No puedes ser una víctima, no eres el único con el corazón roto, no eres el único que sufre, no eres el único al que le pasan cosas malas, no eres el único bueno del cual se aprovechan. La gente es así, el mundo es así, y nada puedes hacer más que hacerte responsable de ti mismo.
- No quiero relacionarme con nadie, no quiero tener amigos, no quiero confiar en nadie.
- Muy bien, no tengas amigos, no te relaciones, no confíes, vete al bosque y no veas nunca a nadie, pero aún que hagas todo eso, el mundo va a seguir siendo injusto y la gente va a seguir siendo como eso. Puedes irte al bosque, o puedes aprender a relacionarte sin sufrir. Nos vemos la próxima semana.


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