jueves, 29 de octubre de 2015

De lo que habría que hacer contigo...

Habría que hacerte una escultura, hacer uso de las bellas artes y moldear tu barro, tallar tu piedra a punta de cincel, fundir tus metales y mezclarlo todo hasta que no se sepa dónde empieza uno y termina el otro.
Habría que adornar habitaciones contigo, exhibirte en un pedestal a la vista de todos aquellos ávidos de inspiración y de milagros.
Habría que convertir tu mirada en un faro y que tu luz alumbrara a los navíos errantes.
Habría que tomar tu voz y embotellarla para aquellos que se han quedado sin palabras, para entreverarla con los mejores sonidos de la naturaleza y crear así una meliflua conjunción sinfónica de comunión universal.
Habría que convertir tus palabras en dulces melindrosos que brindaran la sabiduría de lo que no puede ser comprado más que con tiempo, la experiencia.
Habría que documentar tus movimientos y crear con ellos un nuevo sistema de educación física basado en la sobriedad y la templanza.
Habría que observarte todo el día y cada noche, para no perder detalle de esta enfermedad que padeces, de ese hábito tan tuyo que habrá de llevarte a la tumba, de esa tu manera de vivir la vida.

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