jueves, 15 de octubre de 2015

De los amores patológicos...

Recuerdo aquel día en el que te dije "estoy triste"y llegaste lo antes posible con un carro prestado que no cerraba bien de la puerta de tu lado.
Recuerdo haberte dicho que quería ver la estrellas y que me llevaras, corriendo todos los riesgos, al mejor lugar de la ciudad para ver el cielo estrellado.
Recuerdo que en tu afán para que dejara de llorar me llevaste a tu casa, me mostraste tu cuarto y me diste de tomar leche blanca, y yo por educación me la tomé sin que me gustara. 
Recuerdo el esfuerzo que hacías trabajando como mesero en la semana para pagar tus estudios y todavía invitarme a salir absorbiendo tu los gastos. 
Recuerdo esa chamarra de piel que hacía ruido cuando me abrazabas por las noches, en el patio de tu casa. 
Recuerdo la almohada amarilla que me robé de tu cuarto.
Recuerdo que tu mamá nunca me quiso y que tu muy apenado tratabas de disculparla. 
Recuerdo las historias que me contabas sobre tu padre y la admiración y el orgullo que transpiraban tus ojos con cada palabra. 
Recuerdo haber caminado de mi casa a tu casa, como si la noche nos cuidara, como si nada pudiera pasarnos estando lado a lado.
Recuerdo como poco a poco tu semblante ensombrecía y te volvías huraño, como toda la energía se apagaba y te perdías en la distancia.  
Recuerdo cuando te volvías tan ausente y tan lejano que no podía más que extrañarte aún teniéndote a mi lado. 
Recuerdo que en tus ausencias me decías que no te llamara porque no tenías nada que contarme. 
Recuerdo que me sacabas de tu vida, que no te reconocía en tus escritos, y que a veces era mejor no verte porque rechazabas mis abrazos. 
Recuerdo el temor que me causaban tus palabras, tu forma tan oscura de verlo todo, hasta a nosotros.
Recuerdo que pensaba que un día no volverías, que te irías lejos buscando aquello que no sabías que te faltaba. 
Recuerdo que con el paso de los días ibas volviendo, te ibas acercando y comenzabas de nuevo a hacerme reír, a abrazarme y a contarme fragmentos de tu día. 
Recuerdo que llegabas sin aviso a mi casa con una sonrisa, que ibas primero a verme antes que a tu madre, sería por eso que no me quería. 
Recuerdo que me leías poemas hasta quedarme dormida. 
Recuerdo que un día no pude con tanta confusión y te mandé al carajo. 
Recuerdo que en aquel entonces yo no sabía como se llamaba lo que te pasaba. 
Recuerdo que cuando lo supe quise buscarte pero estabas lejos.
Recuerdo que dejé de buscarte.
Recuerdo como te fuiste convirtiendo en recuerdo. 
Y ahora, estás aquí de nuevo, con tus noches de manía y tu depresión como mañana. 

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