martes, 13 de octubre de 2015

De los pro-nombres...

Escuchó su nombre por fin de sus labios, los de él, a partir de ese momento para ella, aquella existía, era real. Lo que hasta ese momento había permanecido flotando en el silencio, en esa forma implícita de conocer su existencia se había vuelto de pronto tan explícita y presente que todo sonido pareció apagado mientras esas letras permanecían aún en el aire.
Ahora sabía que la quería, a aquella, que la cuidaba, que le decía "amor" cuando le llamaba; era cierto que habían construido una vida y que la compartirían por los días que seguían.
Era cosa de tiempo para que su boca, la de él, pronunciara esas seis letras que los apartaban más que seis continentes en el mundo, era cosa de tiempo para que se volviera ineludible algún tema en donde su presencia, la de aquella, fuera obligatoria.
Hasta aquí llegaron, hasta el punto en el que él sabía que ella sabía que aquella existía y donde ella sabía que él sabía que ella sabía que aquella existía, y aquella sin saber que ellos existieron fugazmente en alguna parte. Hasta aquí habían llegado, hasta donde su comodidad, la de él con ella, lo volvió descuidado y no pudo refrenar más su presencia, la de aquella, en todas las parcelas de su vida, la de él.
Aquella se coló por una veta entre ellos, inundó el momento y ahogó para siempre sus quimeras, las de ella. Se volvió como esa luz que ahogó a los niños en un mar de sueños, e iluminó lo único de lo que no habían hablado, su vida de pareja, la de aquella con él.

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