viernes, 1 de enero de 2021

De la serenidad..

 El 30 de enero estuve en aquella iglesia de mi infancia, sentada en ese rincón en el que a veces me refugiaba cuando adolescente. 

Me confesé y escuché misa, y entendí por qué no me gustaba y sigue sin gustarme. La mayor parte del ritual se trata de pedir. 

Nunca me he sentido cómoda pidiendo, menos a Dios. Siento que a Dios hay que agradecerle. Que a la gente hay que agradecerle, que a la vida hay que agradecerle. No creo que se necesite pedir sino una actitud más de gratitud hacia lo que es y lo qué hay. 

Sentada escuchando tantas peticiones me sentía incómoda, malagradecida, pidiendo y pidiendo como si no me fuera ya dado con la vida todo lo demás. Cada día es una oportunidad.

Cuando intentaba orar solo podía decir “gracias”, hasta ahí llegaba, pero estos días recordé la oración de la serenidad y pude conectar. Yo solo conocía estas líneas:

“Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para conocer la diferencia”

Y buscando la oración en internet descubrí que lo que yo había aprendido de niña era solo un fragmento. Aquí va completa: 

“Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia; viviendo un día a la vez, disfrutando un momento a la vez; aceptando las adversidades como un camino hacia la paz; pidiendo, como lo hizo Dios, en este mundo pecador tal y como es, y no como me gustaría que fuera; creyendo que Tú harás que todas las cosas estén bien si yo me entrego a Tu voluntad; de modo que pueda ser razonablemente feliz en esta vida e increíblemente feliz Contigo en la siguiente. Amen.”

Leerla completa me hizo comprender aún más por qué ha sido mi oración predilecta y con la única que conecto de verdad.

Así que si pidiera algo sería: serenidad, valor y sabiduría. Amén  


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