Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.
Mario Benedetti.
Hoy en clase preguntaban: ¿Cuál es tu referente de amor y erotismo en tu época actual?
Recordé la primera vez que me preguntaste si me podías tomar la mano. No sé qué sentiste tu pero yo sentía el calor de tu mano y mi corazón acelerado, y caminé un poco más lento como tratando de alargar el momento.
Recordé la primera vez que elegimos no darnos un beso, y la primera vez que me besaste. Desde antes de besarnos yo sabía que seríamos increíbles juntos.
Recordé la primera vez que me desmoroné en tus brazos y sentí que podías sostenerme. Saber que estabas ahí para mí fue tan reconfortante, porque no tenía que ser siempre fuerte, porque no tenía que poder con todo sola porque tu estabas ahí para mí.
Recordé la primera vez que te dije que tus ojos se veían de otro color. Fue en ese sillón donde compartimos tanto, y sentí que me perdí en tu mirada por vez primera. Que no había más a donde quisiera mirar.
Recordé la primera vez que me bañaste. Nadie nunca había sido tan amoroso en su manera de tocarme, me sentía con la inocencia de una niña protegida, cuidada y amada. Recuerdo esa sensación que reparaba tanto mi cuerpo.
Recordé la primera vez que me cantaste. Te dije que ya otros lo habían hecho, pero que esa vez había sido la más bella. Podía sentir en cada palabra tu amor y tu paz, y yo quería que el tiempo se detuviera ahí, con tu voz y tus caricias.
Recordé la primera vez que escuchamos música en carretera. Yo iba muy triste y no había otro lugar donde necesitara estar ni otra canción que quisiera escuchar ni otra persona con la que quisiera haber compartido esos momentos.
Recordé la primera vez que me diste flores. Quisiera haber visto mi cara de dicha y de sorpresa, seguramente esa cara de idiota que ponía cuando me daba vergüenza. Eran preciosas y tu carita era la mejor.
Recordé la primera vez que me diste una sorpresa. Yo soy mala para dar sorpresas, tu en cambio lo hacías con tanta facilidad que de verdad me tomabas desprevenida.
Recordé la primera vez que te veía mientras dormías. Y recordé todo el amor que sentía y toda la gratitud de tenerte ese momento conmigo y verte descansar, saberme orgullosa de ser yo la que pudiera regalarte ese momento e imaginar una vida en donde te pudieras sentir así siempre a mi lado.
Eres y siempre serás un referente para mí. De verdad creí que lo lograríamos y estas lagrimas que brotan me dicen que para mí siempre siempre fue cierto y fue real.
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