domingo, 17 de enero de 2021

De las piezas que veo..

 Día 17 de llorar a diario. 

Quiero pensar que las piezas comienzan a acomodarse. Trataré de ser lo más clara posible en esta redacción, para que dentro de 10 años, a esa Alejandra de entonces, le ayude a ver el sentido de todo esto.

El viernes me costó levantarme, básicamente Omar me tuvo que venir a sacar de entre las cobijas, el llanto y los mocos en los que me encontraba envuelta, me dejó llorar un poco más, me escuchó, me dio un raspado de piña y me dijo "Alejandra ya basta". 

Omar fue mi atleta hace 10 años, y me decía: 

"Cuando comenzaste a trabajar conmigo yo estaba en un extremo de no sentir, y tu sabes lo difícil que fue para mí todo ese proceso, y el miedo que tuve cuando comencé a sentir. Pero veme ahora, me siento feliz, y ahora es real. No creo que le hagas daño a la gente, a mí no me lo hiciste, me ayudaste a verme y me acompañaste en un proceso muy complicado, y creo que ese es tu súper poder, le ayudas a la gente a ver su sombra. No sé si es por que Luz Aydee hizo que te sintieras muy cómoda con esa parte tuya, pero ahora haces que los demás, por lo menos yo, me sintiera cómodo con ello. Solo creo que necesitas aprender a manejarlo, porque no todos están listos para ver eso de ellos mismos".

Yo le dije:

"Seguramente por eso me caía tan mal la pendeja de la Vanya en Umbrella Academy, porque todo el tiempo se la lleva quejándose de su poder y nada más la caga".

Cuando logré incorporarme ese día llegué al consultorio y Ale igual me escuchó y dentro de todo lo que me dijo, al final me explicaba:

"Amiga, ese es el precio de tu rol, aprendiste a sacrificarte para que los demás estuvieran bien. Creo que eso es lo que Alma trataba de decirte, todavía no lo tengo muy claro amiga, pero debe ser por ahí".

Yo le comenté que en Obregón, Luza me había constelado y había salido el tema de mi papá, y le decía:

"Ella, al final de la constelación me dijo que mi papá no podía verme, que verme lo confrontaba con su realidad, lo hacía ver todo lo que no le gustaba, como por ejemplo, que ahora soy adulto y él un anciano. Ahora pienso que va muchísimo más allá. Nunca lo dejé que se hiciera pendejo, ni cuando nací. Mi madre me contó que cuando estaba embarazada de mí, mi papá la amenazó con llevarla a parir a un hospital privado porque en cuanto naciera me iban a llevar a hacer la prueba de paternidad, que mi abuela paterna le dijo que los dos hijos mayores sí podían entrar a su casa, menos la chiquita; y nazco y soy la más parecida a él. También en un trabajo en la maestría me di cuenta de cómo mi mamá me utilizaba para hacer sentir culpable a mi papá y pedirle lo que necesitábamos, me mandaba a mí a pedirle dinero o a preguntarle cosas, y cómo no, si mi papá nada más de verme debió de haber sentido culpa de rechazarme. Después crezco y obviamente de carácter también soy la más parecida a él y nunca dejé de decirle lo que pensaba, y conforme crecía se lo decía con más enojo, más agresiva. Tengo toda la vida siendo espejo de lo que no quiere ver".

Después de todo eso, lloré mucho y comencé a pensar lo siguiente:

No es casualidad mi rol, aprendí a amortiguar todo el desmadre de mi familia, aprendí a estar pendiente de todo lo que pasaba afuera, a no ser cuidada sino a cuidar, a ser recta, perfecta, ejemplar y sobre todo a no pedir, cómo se supone que pidiera si yo sabía que no había dinero, ni tiempo para nada más, y así no dar más problemas de los que ya había y para tratar de hacer felices y orgullosos a mis padres. Aprendí que debía portarme bien, tanto que hoy, si alguien va a gritarme a mi trabajo, le digo que pase, intento que se sienta cómoda y recibo las palabras sin meter las manos, porque al final "yo la entiendo". Ale me decía riéndose "Ay! amiga, nada más te faltó ofrecerle café". 

Mi rol de espejo es todavía más profundo, menos consciente, por eso me ha costado mucho comprenderlo. Desde que nací he sido reflejo de lo que otros no quieren aceptar de ellos mismos. Lo que Luza hizo fue ayudarme a darle un uso terapéutico, me enseñó a dejar de temerle a mi sombra, a ver en ella grandes oportunidades de conocerme, integrarme y crecer. Me enseñó que "eso" también formaba parte de mí y que si lo reconocía podría integrarlo y no dejar que me controlara. Hoy por hoy no pongo resistencia para reconocer muchas cosas de mi sombra, no me cuesta trabajo levantar la mano en clase y decir "le tengo envidia a mi hermano" o hablar de muchos de mis errores. 

No me gustan los corazones nobles y buenos porque sean nobles y buenos, me gustan porque puedo ver en ellos también ese otro lado, el menos brillante, el menos perfecto, los veo más completos y los veo hermosos. Ahora lo entiendo, cada una de las personas a las que he sentido que he corrompido las vi más completas y así las acepté, desde ahí las quiero o las amo. Es por eso que se abren y se permiten conmigo tantas cosas, porque mi lado favorito en ellos no es su lado de luz, sino la oscuridad, lo que los hace humanos, imperfectos, menos nobles o estoicos. Por eso puedo decirles a la cara lo que siento y pienso, por eso me relaciono con la persona, no con su máscara. 

Sin embargo, ya no quiero pasar por lo que estoy pasando hoy, porque ahí es donde entra mi co-dependencia, cuando me responsabilizo de la felicidad de los demás, cuando me sacrifico yo para que los demás estén bien, cuando me siento culpable de lo que los demás hacen, sienten o piensan. Ya no soy una niña que ve a su mamá sufriendo, a la que mandan a "ablandar" a papá, ya no necesito cargar con hacer a los demás sentirse contentos. Ale, eso nunca funcionó, jamás lograste que tu mamá fuera feliz, o que tu papá cambiara o que tu familia estuviera unida, nunca lo lograste, nunca funcionó, simplemente porque no iba a funcionar porque no era tu responsabilidad. Era tu deseo desde tu corazón y desde tu amor, más era también una fantasía de niña, alimentada por esos momentos en donde parecía funcionar, donde mamá sonreía o donde papá te tomaba en sus hombros, alimentada por todo el orgullo que decía que sentían por ti, sin embargo Ale, jamás funcionó. 

Está bien, acepto que soy espejo, que ese es mi don, ver a las personas más completas, ver su sombra, permitirles ver su sombra y, si ellos me lo permiten quererlos así y acompañarlos en su proceso de reintegración. 

Está bien, reconozco que no hay algo que pueda hacer para que quién no quiere ser feliz, lo sea, que el bienestar de los demás no es mi responsabilidad, solo puedo caminar con ellos más no cargarlos, la vida de cada quién es responsabilidad de cada quien. 

Ahora comienzo a entender a Alma, si me sacrifico y acepto, desde ese rol en donde no recibo, donde no pido, donde no me dejo cuidar, me instalo en la herida, en esa herida donde no creo que merezca, donde creo que si los demás me dan es un esfuerzo, dónde no me siento digna de que me quieran y luchen por mí, de que me den mi lugar, y entonces me cierro, me resiento, siento envidia, me siento sola; y desde ahí también castigo, con palabras hirientes, con distancia, con silencios, desde ahí los juzgo, desde ahí hago y me hago daño. 

Tengo muchas cosas por las cuales pedir perdón, y sobre todo perdonarme. Como dijo Omar:

¡Alejandra, ya basta!

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