viernes, 11 de septiembre de 2015

De las formas de intimar...

Se me escurrían las palabras por los dedos, se me filtraban las letras por los poros, sudaba ideas, mis latidos acompasaban la revolución de mi pensamiento y todo comenzó a darme vueltas como me viene pasando desde que te conocí.

¿Cómo podía yo imaginar que quisieras leer lo que escribo... y no sólo eso, sino que lo leyeras en verdad?
Sentí vergüenza y mucho miedo, de que leyeras algo y te dieras cuenta de lo que pienso y que además, no te gustara.

Pero vamos, que ya no es momento de vestir las emociones, de retocar los escombros y de pulir los bordes ásperos de éste conjunto que soy. Te escribo directito a ti.

"Para mi la intimidad no es entregarte mi cuerpo, sino darte mis palabras, esas que salen de a poquito, despacito y que a veces van acompañadas de una que otra lágrima.
Para mi la intimidad no es que conozcas mis tatuajes y los desapruebes, sino que conozcas la historia detrás de ellos.
Para mi la intimidad no es compartir una cama, sino que sepas que cuando me doy la vuelta trato de seguir tocando con alguna parte de mi cuerpo el tuyo, para saber que sigues ahí respetando mi espacio.
Para mi la intimidad no es contarte de mis amores, sino que leas, detrás de cada palabra, que tu ya eres unos de ellos".

Intimar no es sencillo. Se trata de mostrarse como muchas veces no nos mostramos ni a nosotros mismos. Es dar la llave maestra que abre cada entrada y salida del laberinto que somos. Es saber, muy en el fondo, que el riesgo que corremos no es un riesgo, sino la certeza de que habremos de desquebrajarnos frente al otro mientras deseamos que nos ayude a reconstruirnos.

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Uno qué sabe? pues sabe su verdad...