viernes, 11 de septiembre de 2015

De las desventajas...

Lo más parecido a lo que me pasó contigo es cuando me aventé en paracaídas. Quizás sea exactamente lo mismo.

Llegué al campo bastante segura y confiada pensando "no va a pasar nada" y de pronto, los turnos pasaban y me encontré parada al lado de donde todos los inconscientes aterrizaban, y comencé a sentir cosas extrañas en el cuerpo, pero seguía con la adrenalina y la confianza de que a mí no me pasaba.
En eso estaba, ignorando todas las señales de alerta que me mandaba mi cuerpo cuando me ponen un traje y me enseñan las diferentes "posiciones de seguridad". Todavía no pasaba nada.
Después de un rato, llegó un hombre muy atractivo y dijo mi nombre, era mi instructor, y yo pensé "esto se pone cada vez mejor" y caminé gustosa a su lado mientras atravesábamos la pista y subíamos a la avioneta.
Mi instructor, guapo y carismático, me hacía preguntas y me contaba cosas para mantenerme distraída. Ahí supe que se llamaba "Bruno Valente" y que tenía años dedicándose como hobbie a eso.
Sin más, la avioneta despegó y las señales corporales de alarma fueron tales que me fue imposible ignorarlas.
Bruno me preguntaba constantemente si estaba segura de querer tirarme, y mi respuesta inicial, un tajante "sí" fue en minuendo hasta convertirse en un discreto y casi inaudible "no, pero lo voy a hacer de todos modos".
En el punto de altura en donde era necesario que mi traje y el de Bruno se conectaran, me encontré sentada sobre su regazo, siendo sujetada al punto de no poderme mover si él no se movía. ¡Me encontraba a miles de pies de altura, sujeta a un hombre desconocido a punto de lanzarme al vacío!

Y ahí es donde pienso que conocerte fue exactamente lo mismo.

¿Cómo puedo sentirme en desventaja? No tiene sentido.

- Si solo llegaste sin aviso, te sentaste a mi lado con tu té y me ofreciste uno, atenuando mi desgarbo.
- Solo me fuiste envolviendo en una plática tan exquisita que me brotaron los versos, esos que estaban guardados desde mis 14 años.
- Solo me escuchaste con tanta profundidad que fui víctima auditiva del eco de mis palabras.
- Solo me alborotaste los esquemas.
- Solo arreciaste el caudal de mis ideas.
- Solo me llevas a escribirte casi diario.
- Solo modificas mi respiración y me dejas sin aliento.
- Solo me llevas ida y vuelta a la tierra de los mundos posibles con sus realidades alternas.
- Si solo eres la sístole de mi vida y de mis versos.

No debería sentirme en desventaja, solamente me encontraba parada al borde del abismo, atada sin saberlo a ti, sin conocerte, y me dejé caer al vacío de las posibilidades, viviendo con terror al principio y después con fascinación una de las mejores experiencias de mi vida.

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