No todo silencio es ausencia, ni toda ausencia es olvido.
En mi casa hay cuatro cuadros. Tres colgados y uno recargado en la pared. Ninguno lo compré yo, ninguno lo colgué yo, y a ninguno le escogí lugar. Llegaron a mi casa por razones varias, tan extrañas como haber sido el premio de una rifa en la que yo no participé.
Desde mi sala veo los cuatro. Los colgados y el que se quedó recargado. Ese tiene historia, una muy linda, una en donde me imaginé de qué color quería la pared dónde habría de colgarlo, en qué parte estaría de la casa donde viviría; siempre pensé que tendría un lugar especial, un lugar de orgullo, en un hogar lleno de amor.
Ahora cuando lo veo y recuerdo mis anhelos siento pena, de verlo a “los ojos” y decirle que sigo esperando algún día darle ese lugar en ese hogar que le prometí. Pienso que quizás no me entienda cuando le explique que sigo esperando, cuando le pida que también tenga esperanza, cuando le pida que sea paciente junto conmigo y que confíe que ese lugar que se merece llegará.
Paciencia y confianza mi querido cuadro. Paciencia y confianza.
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