Me gusta cuando Paco celebra conmigo. Me siento como niña validada. Me gusta porque es en esos momentos donde él me puede decir todo lo que antes no podía decirme. Yo sé cómo se siente eso, darte cuenta de tanto y no poderlo compartir por no ser el momento indicado.
Esta sesión fue de poco llanto, sin embargo, muy profundo, desde lo más hondo. Fue de aceptación, de reconocimiento y de renuncia. Me ha generado ese tan llamado “vacío fértil” donde nuevas cosas pueden crecer.
Abrirme a nuevas posibilidades, a nuevos horizontes. Abrirme a mí, a ser más Yo, a no permitir que nadie jamás me censure. Vivirme con más cuidados y caricias para mí y dejar, por qué no, que los demás también lo hagan.
Me dijo que escribiera, que no deje de escribir, que no guarde lo que escribo, al contrario, que lo muestre más; que me sienta orgullosa de esta parte de mí. Y planeo hacerlo.
Siento tristeza, muchísima. Y está bien. Y también me siento orgullosa de mí. Bastante me ha costado ser quién soy.
Al final de la sesión, cuando le leí lo que había escrito, Paco me dijo: ¿no te dan miedo las alturas, te da miedo caer?, ¡pues abre tus alas muchacha! Si no para qué tanta preparación.
Y tiene razón.
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