Trabajar con mi sombra, atreverme a ser sincera con un grupo de desconocidos y confesarles mis más oscuros pensamientos y saberme comprendida, aceptada y validada me hizo sentir valiente y amada.
- ¿cuáles son las mentiras que se dicen? Piénselo bien, esas que se repiten para ustedes mismos, en lo profundo, esas que de tanto repetirlas se volvieron verdad.
Eso preguntó el maestro, y yo solo pude pensar “soy una puta”. Levanté mi mano para compartir y al decir ese pensamiento en voz alta me sentí peor que si hubiera estado desnuda frente a todo el grupo. Hubo un momento de silencio por parte de mis compañeros y de pronto la mirada del maestro se quedó fija en mí y pude sentir ternura. Solté el llanto. Que un hombre, una figura de autoridad, me viera de esa forma me llegó profundo.
- ¿Y cómo lo cambiarías?
- Vivo y disfruto mi sexualidad.
Y a partir de ahí fui la puta, la que disfruta, la que rompe con las creencias de que las mujeres no podemos disfrutar del sexo; ayudé a una compañera a trabajar su femineidad, bailé con un compañero para trabajar su ternura, seduje a otros para que fueran a bailar al centro, retomé mi ritmo, mi parte femenina, mi sensualidad. Y me sentí orgullosa de ser puta. De haber atravesado esos infiernos de prejuicios y acompañar a otros en su camino.
Tengo tanto que acomodar en mí. Tantos años de culpas y malos tratos.
Soy completa.
Soy suficiente.
Soy amada.
Soy amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Uno qué sabe? pues sabe su verdad...