Era la primera vez que me enamoraba. Fuiste la primera vez que me enamoré. Fuiste amor, te amé y casi creo que nos amamos.
Me fui cuando ya no quedó nada de ese amor, cuando lo que quedaba por dentro mío me carcomía, me destruía; me fui cuando hice todo y más de lo que pensé que podía, me fui cuando lo único que hacía falta para que te quedaras era soltarte y que eligieras regresar. Pero no volviste.
Recuerdo el día en el que las cosas cambiaron, cuando tu te despedazaste entre mis brazos, cuando el llanto te ahogó y yo no supe como sacarte ni como armarte. No era algo que estuviera en mis manos. Solo te vi y te acompañé desde mi confusión. Y me tomó diez meses salir de ese torbellino y ver con claridad que ese día te había perdido. Y me tomó siente años entender que sigo esperando una respuesta.
Solo el enojo, un enojo tan grande con el que casi me arranco la vida, podía darme el valor para sacarte, solo el enojo podía hacerme decirte "vete" y dejarte partir. Y te fuiste pidiéndome ser mi amigo después de tantas mentiras.
Sé que fui yo la que permaneció, sé que todo ese dolor fue a causa mía, que cada día que pasaba a tu lado sin ti era una decisión que tomaba justificada por la esperanza de que volvieras, sin darme cuente que cada día volvías, sin ser aquel que yo quería.
Nunca volveríamos a ser lo que fuimos, eso que yo buscaba era un imposible. Nunca me tomarías entre tus brazos y me harías sentir que en tus brazos se encontraba el universo. Nunca volvería a perderme en tu mirada ni a besarte la sonrisa. Nunca volvería a tejer en el presente un manto que me protegiera en el futuro. Nunca volvería a tener esos silencios, silencios como ninguno.
Perdóname por haber pretendido obligarte a que me amaras, por creer que tenía el derecho de quererte por los dos, que con mi amor alcanzaba. Perdóname por haber tenido miedo de seguir mi vida sin ti y dejar que ese temor me dejara ciega de lo que tu necesitabas. Me tardé demasiado, Te pedí demasiado. Te herí demasiado.
Soñé contigo hace unas noches, y en ese sueño te veía como antes, con tu sonrisa llena, con tu andar desenfadado, con tu voz que llevaba nota a nota hacia la calma. Y en ese sueño me abrazabas, no como antes, sino mejor. Me rodeabas entre tus brazos y me hablabas al oído, contándome cosas que yo no entendía, cosas que jurabas que habían pasado y me era imposible recordar, y yo solo disfrutaba de tu abrazo y me preguntaba "por qué hasta ahora", por qué me decías todo eso después de tanto tiempo, sin enojo, sin reproches, sin distancias, solo sin saber por qué.
Y entendía que así me siento, aquel enojo no vive en mi presente, aquel enojo se quedó allá lleno de dudas, y aunque el enojo ha pasado aún tengo mil preguntas, y son esas dudas las que me atan a ti.
Quisiera decirte que hay algo que pudieras decirme que me hiciera soltarte, pero sería mentira, nada de lo que puedas decir o hacer podría responder aquello que hace años necesitaba escuchar, porque de haberlo dicho entonces no habría entendido, y ahora que puedo entenderlo no tendría lugar en mi vida.
No se trataba de tus razones, sino de las mías, no era cosa de saber por qué no te quedabas o te ibas, sino de saber por qué no te soltaba. Saber por qué mentías no aclararía por que decidía creerte, saber por qué te alejabas no sanaría todas las veces que mendigaba tu compañía. Y todas las palabras escritas o pronunciadas no habrían podido sustituir la única verdad que había detrás de todo eso: Tu ya no me querías.
Saber por qué dejaste de quererme tampoco serviría, me es más útil tratar de buscar dentro de mi la respuesta que podría llevarme a soltarte y a crecer, esa que solo puedo responderme yo misma, esa que de verdad importa: por qué decidí quedarme con alguien que no me quería.
Todo lo demás sobra, estorba, empaña el pensamiento y acalla al corazón.
Así que te libero mi querido amigo, mi querido amor, dejaré de usarte de pretexto para seguir teniendo miedo, para seguir teniendo dudas, para justificar mi falta de apego, mi falta de entrega, mi falta amor.
Y es que fue tanto lo que te quise que terminé convirtiéndome en ti sin darme cuenta, te fui leal hasta el día de hoy, distante, ajena, temerosa, y lo único que puedo hacer para honrar mi amor es soltarte de nuevo, ahora con el corazón.
Que mi amor te llegue un día, sin lastres y sin reproches, sencillo, y que así habite en mí.