lunes, 2 de noviembre de 2015

De las ideas tentativas...

Que todas las ideas son tentativas...
Al principio sentí una gran confusión y vacío.. sensación que tengo previa al cambio...
La primera vez que me pasó tuve una crisis bastante fuerte y me vi obligada a hablar con una de las pocas personas en las que confiaría para hablar sobre eso que casi nadie entiende, el vacío.
Ahora no siento desesperación ni angustia, sólo descanso, me estoy vaciando, estoy sacando la basura, haciendo espacio, moviendo cosas, reacomodando.
Quiero dejar de lado los juicios, sacar la doble morar y mis aires de superioridad. Con eso bastaría de momento.
No soy ni mejor ni peor, quizá no sea nada, quizá sólo sea yo y con eso basta. Por ahora.
Aunque lo que acabe de escribir sea solo tentativo.

domingo, 1 de noviembre de 2015

De los días como hoy...

Me gustan los días tranquilos en donde puedo estar en silencio, dónde puedo pensar bajito, hablar despacio, sentir mi cuerpo, calmar el paso.
Me gustan los días templados, siempre que haya viento que acaricie, que trasporte, que suene en mis oídos, que armonice mis latidos al compás de mi brazos.
Me gustan los días lentos, donde el tiempo se toma su tiempo, donde los minutos se forman sin atropellos, donde vivo dos veces cada momento.
Me gustan los días donde puedo tomarme dos tazas de té seguidas, donde desayuno a la mesa, donde manejo con las música alta y las ventanas abiertas.
Me gustan los días donde me despierto y contemplo los ojos que me miran y me detengo en su mirada.
Me gustan los días como hoy, hasta hoy, por hoy. Ya mañana quién sabe.

De las estadísticas innecesarias...

Cuánto tiempo puede vivir una persona herida
cuánta fantasía hace falta para llenar la realidad
cuánto tiempo pasamos evitando que lo que va a sanar, sane
cuántas ilusiones se romperán antes de vernos como somos
cuánto tiempo pasamos sintiendo
cuánto más ayuda la ciencia que el arte
cuánto tiempo puedo empujar lo que no habrá de moverse
cuánto impacto hace una persona en el universo
cuánto tiempo puede vivir un animal en cautiverio
cuánto aguanta un hilo hasta que se rompe
cuánto tiempo pasamos pensando
cuántas ideas se sacrifican buscando otras ideas
cuánto valor tiene lo hermoso
cuántas explicaciones para ninguna respuesta
cuánta teoría que no sirve para nada
cuánto cambian las cosas con los ojos cerrados
cuánto mejor es tener los ojos abiertos
cuánto tiempo más para llegar a ninguna parte
cuánto tiempo
cuánta nada
cuántas estadísticas innecesarias...




jueves, 29 de octubre de 2015

De los mundos rosas...

Se puede ser feliz sin creer en Dios.
El amor no duele.
Una persona feliz no puede desear lastimar a otros.
Tres ideas que pintan mi mundo de rosa.

Como cuando dejé de forzarme a creer y a sentir algo en lo que no creía ni sentía y comencé a creer y a sentir lo que me nacía, esa plenitud de compartir con los seres amados, la dicha de cielo pintado de rojo, la frescura de la lluvia, la paz de ayudar al otro, la satisfacción de ser íntegro aún cuando nadie vea, las olas del mar, no se necesita un Dios para sentir que la vida es un milagro.
Como cuando dejé de querer que el amor fuera como yo necesitaba y me dediqué a amar, a tomar lo que viniera como llegara y a soltar lo que necesitaba marcharse, sin doble moral.
Cuando experimenté en carne propia que el hacerle daño al otro, si bien genera placer, no da felicidad. Porque el placer es momentáneo y la felicidad es perenne. Que las personas felices generan, construyen, no destruyen. Que cuando soy feliz deseo que los demás sean felices. Que la felicidad es producto del amor y que el amor no duele.
Que tal vez Dios no sea nada más que amor y que el amor no sea nada más que el comulgar con todo en busca de bienestar.


De lo que habría que hacer contigo...

Habría que hacerte una escultura, hacer uso de las bellas artes y moldear tu barro, tallar tu piedra a punta de cincel, fundir tus metales y mezclarlo todo hasta que no se sepa dónde empieza uno y termina el otro.
Habría que adornar habitaciones contigo, exhibirte en un pedestal a la vista de todos aquellos ávidos de inspiración y de milagros.
Habría que convertir tu mirada en un faro y que tu luz alumbrara a los navíos errantes.
Habría que tomar tu voz y embotellarla para aquellos que se han quedado sin palabras, para entreverarla con los mejores sonidos de la naturaleza y crear así una meliflua conjunción sinfónica de comunión universal.
Habría que convertir tus palabras en dulces melindrosos que brindaran la sabiduría de lo que no puede ser comprado más que con tiempo, la experiencia.
Habría que documentar tus movimientos y crear con ellos un nuevo sistema de educación física basado en la sobriedad y la templanza.
Habría que observarte todo el día y cada noche, para no perder detalle de esta enfermedad que padeces, de ese hábito tan tuyo que habrá de llevarte a la tumba, de esa tu manera de vivir la vida.

De la normalidad...

"Pues que soy mala", pensó. Y era verdad.
Había pasado todos los años de toda su vida sintiéndose diferente del resto del mundo, comparada con aquellos que ella sentía era "buenos" o "ideales", pero esa noche se dio cuenta que era solo cuestión de tiempo y oportunidad para que su verdadera naturaleza asomara la mirada.
No es justificable, pero ese día había sido una hecatombe de ilusiones y esperanzas, un efecto dominó de injusticias y una gran nada de bondad por todos lados.
Cada hora transcurrida iba cargada de actos sin sentido, y ella se sintió golpear hasta lo más profundo de su moral y su ética. Se sintió como en aquella cámara que había leído en uno de esos libros donde se buscaba la modificación de la conducta por medio de la aplicación de reforzadores y castigos; cada vez que se atreviera a sentir esperanza sería azotada, cada vez que sus pensamientos albergaran bondad sería sometida a toda clase de vejaciones, cada vez que sintiera compasión por otros el dolor físico y la tortura mental llegarían para apagar los conatos de piedad que aún existieran.
De pronto tuvo la oportunidad en sus manos, y sosteniendo un diálogo interno de venganza disfrazada de justicia y envalentonada por la ira buscó que cualquiera pagara por los males sufridos.
Tomó el arma, meditó por un momento para justificar sus actos y decidió hundir una y otra vez la navaja con la que dibujó seis líneas que se pintaron con la sangre de un, hasta cierto punto, inocente.
Había liberado la mayor de las pulsiones, el deseo de someter al otro, de sentirse Dios por un momento, había jugando un volado entre la vida y la muerte, vivido la fantasía de poder, había cruzado la linea hacia el otro lado, ese del que jamás se regresa sin haberse manchado.
Y fue justo cuando terminó de dibujar la sexta linea que sintió como si su alma abandonara su cuerpo, se vio a sí misma y sintió asco, como cuando Eva descubrió su desnudez y sintió vergüenza, vergüenza de su cuerpo, vergüenza de su humanidad, vergüenza de su existencia. Pero ella no podía correr a cubrir su pecado, el cuerpo del delito estaba ahí, frente a todos, expuesto como pintura en exhibición.
Se sintió perdida, se sintió animal, se había descubierto humana y eso la colocó de golpe en el nivel más común y más corriente de todos, la normalidad.

viernes, 23 de octubre de 2015

De las bonitas y de mi...

No me digas bonita.

Habiendo tantos adjetivos en el mundo, tantas palabras para describir algo o alguien, tantas formas, incluidas las miradas, el tacto y el silencio, habiendo tantos gustos y placeres, siendo tanto de tantas cosas, habiendo hablado sobre los mejores poetas, sobre los grandes autores, habiendo recorrido la historia a través de la música, saboreado cada bocado de cosas nuevas.

No mal gastes las palabras, algunas se sienten vacías, me colocan a mí entre tantas otras que son bonitas, bonitas solamente, cuyo único regalo es su belleza, aquellas que se definen con su fachada, aquellas que sonríen y se sonrojan ante los halagos de su apariencia, aquellas que hoy están y mañana quien sabe.

No me digas bonita, porque suena a compromiso, a algo automático, improvisado, a algo que se dice porque no se tiene nada más que decir, lo mismo da decírselo a tus camisas que a cualquiera.

Bonita no describe, no delinea, no figura, no profundiza, bonita es el análogo de bien, lo que se responde cuando no se quiere pensar ni tocar lo verdadero, lo oculto, lo real, bonita es un halago común y corriente, vano, plano, es lo que le dices a alguien intrascendental y ajeno, aquello que demuestra desgano o desenfado.

No me digas bonita, no me dirijas palabras, háblame con tu silencio, con tus miradas, no intentes seducirme con lo trivial, no me conquistes con lo pueril, no quieras envolverme con tus lisonjas fútiles, no me lleves al nivel insustancial, no me trates como a cualquiera.

Pero si pese a todo no puedes evitarlo, entonces, no me digas nada.

De los días de mi vida...

Lunes. Hablemos de cosas inocentes, de las primeras miradas que sonrojan, del tocarte la mano y sentir que estas sudando, de los roces accidentales, del sentarme junto ti, del caminar juntos, de tu voz trémula, del llanto, del primer beso de ambos, de tu sonrisa tierna, de las despedidas dolorosas, de mi alejándome de ti.

Martes. Hablemos de los nervios al acercarme, de la idolatría que te profesaba, de tus ojos verdes o azules, del primer beso incómodo, de los abrazos prolongados, de los conatos de pasión, de mis inseguridades, del miedo de perderte, de tu distancia e indiferencia, de las despedidas dolorosas, de ti alejándote de mi.

Miércoles. Hablemos de tu galanura, de tu sonrisa cautivadora, de la forma de hacerme reír a carcajadas, de tus besos vehementes, de tu tacto huracanado, de las primeras veces, del bailar y perderme entre tus pasos, de tu inmadurez y la mía, de tu traición, de mi descaro, de las despedidas precipitadas, de nosotros alejándonos.

Jueves. Hablemos de tu delicadeza para acercarte, de la ternura en todos tus actos y palabras, de tu determinación, de tus flores de papel, de nuestras aventuras, de la poesía, de la distancia, de las estrellas, de tus ausencias y mi confusión, del tocarnos entre las sombras, de mi traición y desencanto, de las despedidas desalmadas, de mi corriendo hacia otro lado.

Viernes. Hablemos del golpe, de la ilusión, del sentirme en el edén, de los planes a futuro, de la dicha, de las risas interminables, de los silencios acogedores, de la música, de tu primera vez, de tu calmoso desvanecimiento, de las explicaciones innecesarias, de tu frialdad, de la falta de intimidad, de las despedidas desgarradoras, de mi alejada de mi.

Sábado. Hablemos de las causalidades, de nuestro converger, del dejarme quererte, del descanso en tu compañía, de la ilusión que despiertas, de la inspiración que despabilas, del reconciliarme con el pasado. del perdonarme y perdonar, del volver a sonreír como estúpida, del contemplarte, del saberte ajeno, de las futuras despedidas, de mi acercándome a mi a través de ti.

Domingo. Espero tu llegada.

viernes, 16 de octubre de 2015

De las conjugaciones...

Conjugar verbos es un arte, hay tantas posibilidades, pero me doy cuenta que no suelo conjugar en futuro o antefuturo, cuando escribo lo hago como sigue:

Escribir, como infinitivo, me resulta sencillo porque escribo, en presente, aún que a  veces me sorprendo escribiendo, en gerundio, sobre mí o sobre los otros en otros tiempo, pero debo confesar que he escrito, en participio, más sobre lo propio que sobre lo ajeno.

Cuando escribía, en copretérito, lo hacía como dando una opinión siempre muy racional y pocas veces emocional, escribí, en pasado, sobre lo que pensaba y trataba de convencerme de que algún día escribiría, en pospretérito, más con el corazón que con la cabeza, y habría escrito, en antepospretérito, siempre de esa forma, de no ser porque la vida me puso de cabeza y me demostró que el pensamiento engaña, pero que el sentir jamás.

Desconozco cómo escribiré, en el futuro, sinceramente no me importa, aquí el chiste es seguir escrito, escribir, escribiendo.

Del origen del presente...

Recuerdo muy bien la primera vez que escuché algo de un tal Mario Benedetti, quesque un escritor muy famoso de cuentos, ensayos y poesía. Estaba yo con la mirada perdida bebiéndome mis lágrimas mientras él comenzó a leer algo de un libro blanco de pasta blanda:

El sexo de los ángeles

Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.
Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas.
Así, cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.
Y si Ángel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Ángela, para atizarlo, responde: "Surco". El dice: "Alud" y ella, tiernamente: "Abismo".
Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.
Ángel dice: "Madero". Y Ángela: "Caverna".
Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un Ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.
Él dice: "Manantial". Y ella: "Cuenca".
Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.
Ángel dice: "Estoque", y Ángela, radiante: "Herida". El dice: "Tañido", y ella: "Rebato".
Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
FIN
Mario Benedetti


Quizá no sepa como describir lo que sentí cuando escuchaba aquello, pero fue como si mi cuerpo temblara por dentro y de un momento a otro todo ese temblor subiera a mi cabeza, estremeciera mis pensamientos y culminara en una explosión que me abrió para siempre las ideas. 

Fue entender eso que había sabido desde muy pequeña, que las palabras tocan de forma distinta, que llegan más profundo y que cambian aquello que han tocado para siempre. 

Después de ese cuento comprendí que quería aprender a tocar sin tacto, usar la palabra precisa, comprender el significado de cada cosa, buscar la forma de describir el mundo de manera que hasta un ciego pudiera imaginarlo. Mientras más leía más cosas sentía, mientras más sentía más quería leer, comprendí que leer no era sólo para aprender y que escribir no era solo para fines académicos. 

Leía para sentir, escribía para sentir, sentía para tener algo qué escribir. Comencé a ver la vida como páginas, como historias, como capítulos de un libro, veía a los extraños e imaginaba cómo serían sus vidas, escuchaba a la gente y de inmediato recordaba un fragmento, un verso, una palabra que ya había leído en otro lado, dejé de saber si lo que decía era propio o ajeno, si la realidad era una copia de la fantasía o viceversa, me vi obligada a buscar con desesperación algún poema que explicara lo que estaba sintiendo, todo tenía que tener nombre para entenderlo. 

Y fue así como terminé estudiando lo que estudié, trabajando en lo que trabajo y buscando aún la palabra exacta para cada cosa. Porque la palabra, ese código verbal o escrito, no sólo explica, define o transmite algo, la palabra también sana.  

jueves, 15 de octubre de 2015

De los amores patológicos...

Recuerdo aquel día en el que te dije "estoy triste"y llegaste lo antes posible con un carro prestado que no cerraba bien de la puerta de tu lado.
Recuerdo haberte dicho que quería ver la estrellas y que me llevaras, corriendo todos los riesgos, al mejor lugar de la ciudad para ver el cielo estrellado.
Recuerdo que en tu afán para que dejara de llorar me llevaste a tu casa, me mostraste tu cuarto y me diste de tomar leche blanca, y yo por educación me la tomé sin que me gustara. 
Recuerdo el esfuerzo que hacías trabajando como mesero en la semana para pagar tus estudios y todavía invitarme a salir absorbiendo tu los gastos. 
Recuerdo esa chamarra de piel que hacía ruido cuando me abrazabas por las noches, en el patio de tu casa. 
Recuerdo la almohada amarilla que me robé de tu cuarto.
Recuerdo que tu mamá nunca me quiso y que tu muy apenado tratabas de disculparla. 
Recuerdo las historias que me contabas sobre tu padre y la admiración y el orgullo que transpiraban tus ojos con cada palabra. 
Recuerdo haber caminado de mi casa a tu casa, como si la noche nos cuidara, como si nada pudiera pasarnos estando lado a lado.
Recuerdo como poco a poco tu semblante ensombrecía y te volvías huraño, como toda la energía se apagaba y te perdías en la distancia.  
Recuerdo cuando te volvías tan ausente y tan lejano que no podía más que extrañarte aún teniéndote a mi lado. 
Recuerdo que en tus ausencias me decías que no te llamara porque no tenías nada que contarme. 
Recuerdo que me sacabas de tu vida, que no te reconocía en tus escritos, y que a veces era mejor no verte porque rechazabas mis abrazos. 
Recuerdo el temor que me causaban tus palabras, tu forma tan oscura de verlo todo, hasta a nosotros.
Recuerdo que pensaba que un día no volverías, que te irías lejos buscando aquello que no sabías que te faltaba. 
Recuerdo que con el paso de los días ibas volviendo, te ibas acercando y comenzabas de nuevo a hacerme reír, a abrazarme y a contarme fragmentos de tu día. 
Recuerdo que llegabas sin aviso a mi casa con una sonrisa, que ibas primero a verme antes que a tu madre, sería por eso que no me quería. 
Recuerdo que me leías poemas hasta quedarme dormida. 
Recuerdo que un día no pude con tanta confusión y te mandé al carajo. 
Recuerdo que en aquel entonces yo no sabía como se llamaba lo que te pasaba. 
Recuerdo que cuando lo supe quise buscarte pero estabas lejos.
Recuerdo que dejé de buscarte.
Recuerdo como te fuiste convirtiendo en recuerdo. 
Y ahora, estás aquí de nuevo, con tus noches de manía y tu depresión como mañana. 

martes, 13 de octubre de 2015

De los pro-nombres...

Escuchó su nombre por fin de sus labios, los de él, a partir de ese momento para ella, aquella existía, era real. Lo que hasta ese momento había permanecido flotando en el silencio, en esa forma implícita de conocer su existencia se había vuelto de pronto tan explícita y presente que todo sonido pareció apagado mientras esas letras permanecían aún en el aire.
Ahora sabía que la quería, a aquella, que la cuidaba, que le decía "amor" cuando le llamaba; era cierto que habían construido una vida y que la compartirían por los días que seguían.
Era cosa de tiempo para que su boca, la de él, pronunciara esas seis letras que los apartaban más que seis continentes en el mundo, era cosa de tiempo para que se volviera ineludible algún tema en donde su presencia, la de aquella, fuera obligatoria.
Hasta aquí llegaron, hasta el punto en el que él sabía que ella sabía que aquella existía y donde ella sabía que él sabía que ella sabía que aquella existía, y aquella sin saber que ellos existieron fugazmente en alguna parte. Hasta aquí habían llegado, hasta donde su comodidad, la de él con ella, lo volvió descuidado y no pudo refrenar más su presencia, la de aquella, en todas las parcelas de su vida, la de él.
Aquella se coló por una veta entre ellos, inundó el momento y ahogó para siempre sus quimeras, las de ella. Se volvió como esa luz que ahogó a los niños en un mar de sueños, e iluminó lo único de lo que no habían hablado, su vida de pareja, la de aquella con él.

De los balances generales..

Saldo de sensaciones y percepciones matutino:

Una idea en mi cabeza que me activa y que me aviva
un nudo siempre activo en mi garganta impulsiva
una opresión en mi activo pecho que me excita
un activo revoloteo en mi estómago esperanzado
los brazos activos, afanosos y anhelantes
la espalda poco activa tan yerta y tan cansada
las muy activas piernas doloridas y dobladas

Así el balance de mis activos después de cotejarlos contigo.
Y es que este capital se va haciendo menos por tantos pasivos:

Tus abrazos pasivos e indiferentes
tus consejos tan pasivos y neutrales
tu forma de tocarme paciente y tan pasiva
tus palabras pasivas e impasibles
tus labios tan pasivos y lejanos
tu conducta despreocupada y pasiva
tu proximidad y la mía tan pasivas
Tu y yo tan inertes y pasivos

Sabrá Dios cuál será el saldo hasta ahora, pero bien sé yo, mortal boreal, que si no activas tus pasivos este negocio se va a la quiebra.

sábado, 10 de octubre de 2015

De Extraordinario a Ordinario en un solo paso...

El día de ayer hablaba con una amiga y le decía que el único paso para hacer que un hombre pase de extraordinario a ordinario es que me diga "Ya no quiero a mi mujer, pero no me divorcio por mis hijos". Entonces ella me dice que eso le recordó a algo que leyó hace poco sobre las principales mentiras de los hombres casados y me envió el siguiente listado:

“Me estoy divorciando”
“Mi matrimonio está en crisis”
“Dame tiempo para separarme”
“La quiero, pero ya no la deseo como antes”
“Me casé por inmadurez”
“Tú eres lo que siempre busqué, si te hubiese conocido antes”
“Ella es muy interesada, sólo le importa el dinero”
“Mi matrimonio estaba destruido antes de que tú llegarás”
“No me he divorciado por mis hijos”

Me ha tocado escuchar casi todas en una misma conversación o escucharlas todas y otras más con diferentes personas. Que pena.

Puedo tener una conversación maravillosa o una excelente primera impresión de alguien y al momento en el que esa persona se empieza a quejar de su matrimonio, de su esposa o de que ya no es feliz.. en automático archivo a la persona en "Ordinario" y pienso con un dejo de tristeza que es una pena que con tanto potencial para ser extraordinario termine cayendo en el más común de los defectos de los hombres casados. 

viernes, 9 de octubre de 2015

De las estocadas post mortem...

Hoy, durante la madrugada, falleció mi abuelo.
Estoy lejos de mi madre, y sólo pude llamarle y quedarme sin palabras de aliento.
Estoy tan dolida con las circunstancias que me rodean en éste momento que sólo pude decirle "te quiero", porque cualquier otra cosa me habría sonado falsa.
No puedo poner en palabras cómo me siento, no hay poemas para esto, y si los hubiera, me sonarían ajenos.
No puedo ver más allá de lo que sucede, no puedo ver el "para qué" de lo que pasa, no es momento de querer hacerlo ni de buscarlo.
Pero sí es momento de pedir ayuda.

martes, 6 de octubre de 2015

Del sádico y la víctima...

La maravilla de ver a un ser humano caerse a pedazos frente a uno.
Sus maestros le habían dicho siempre que para ser bueno en ésta profesión tenía que ser uno un poco hijo de puta y un tanto sádico para disfrutar el dolor ajeno. Quizá nunca lo había entendiendo del todo como hasta hoy.

Llegó serio, pero su seriedad era distinta, era una seriedad que ahogaba un grito de dolor. Acercó la silla a la misma distancia que esa primera vez en la que intentaba retar con su presencia. Con la mirada baja viendo al suelo y con los antebrazos apoyados sobre sus muslos comenzó:
- Estoy triste.
- Vaya, tristeza, esa es una emoción nueva.
- Pues claro que estoy triste, cómo no voy a estarlo si la gente se aprovecha de mi, de nuevo me encuentro así, sufriendo porque confié en alguien y me traicionó.
- ¿Quieres contarme lo que pasó?
- De verdad quería que fuera ella, de verdad quería tener algo en serio con ella, pensé que valía la pena, pero no. Ayer me dijo que quería hablar conmigo y yo sólo pude pensar "no me vayas a salir con una pendejada" y pues sí, me salió con una pendejada. Me dijo que no quiere nada más que mi amistad. ¿Por qué la gente es así, por qué me ilusionó, por qué no me dijo las cosas claras desde el principio? Pues porque ¡claro! Es bien fácil, sí quería que tuviera atenciones con ella, sí quería que la sacara a pasear, sí quería que le dijera cosas bonitas, sí quería mi apoyo, pero ahora que le tocó a ella dar algo más, ahora sí, ¡solo quiere mi amistad! Por mi que desaparezca, que no me hablé, yo fui claro con ella y siempre le dije que no quería solo su amistad y ella lo aceptó, hasta que tomó lo que necesitaba y luego ya, nada más quiere ser mi amiga. Espero que no se arrepienta, porque una persona como yo no la va a encontrar jamás.
Y aquí estoy de nuevo, por eso no confío en la gente, por eso no creo en la amistad, porque confié en ella y me lastimó.
- ¿Por qué no confías en la gente?
- ¿Cómo voy a confiar si siempre me hacen esto?
- Pues si esperas que la gente no se equivoque o no te lastimen nunca, entonces no, no confíes. O podrías cambiar la idea que tienes sobre la gente y la confianza.
- Yo no necesito cambiar, estoy bien como estoy.
- Sí, se nota que estas bien. No cambies entonces. Pero mira, entiendo que te sientas mal, triste, devastado, traicionado, entiendo que tengas tu corazón roto, que sientas que te caes a pedazos y que una vez más alguien te lastimó, y tienes todo el derecho del mundo de sentirte así, es más yo te acompaño todo el tiempo que necesites, pero aquí adentro de estas cuatro paredes, conmigo, no puedes ser víctima.
- ¡Víctima! ¿Crees que soy víctima?
- Sí, y no puedo permitírtelo. El dolor que sientes es válido, es normal, natural y hasta cierto punto sano.
- ¿Cómo va a ser sano esto?, ¿cómo va a ser sano que me sienta de la chingada?
- Siempre es más sano eso que tratar de no sentir nada. Pero escucha, no eres una víctima de la vida ni de la gente, simplemente porque la vida no es justa, porque el hecho de que hagas cosas buenas y seas bueno con los demás no te garantiza que te pasen cosas buenas siempre, así tampoco los que hacen cosas malas reciben siempre cosas malas. Eso es lo que te produce dolor, tu idea de la justicia que no existe en el mundo.
No puedes ser una víctima, no eres el único con el corazón roto, no eres el único que sufre, no eres el único al que le pasan cosas malas, no eres el único bueno del cual se aprovechan. La gente es así, el mundo es así, y nada puedes hacer más que hacerte responsable de ti mismo.
- No quiero relacionarme con nadie, no quiero tener amigos, no quiero confiar en nadie.
- Muy bien, no tengas amigos, no te relaciones, no confíes, vete al bosque y no veas nunca a nadie, pero aún que hagas todo eso, el mundo va a seguir siendo injusto y la gente va a seguir siendo como eso. Puedes irte al bosque, o puedes aprender a relacionarte sin sufrir. Nos vemos la próxima semana.


domingo, 4 de octubre de 2015

De las preguntas terapéuticas...

Se sentó en el sillón doble, en el extremo izquierdo, de frente a él y le leyó lo que llevaba arrugado en el bolsillo:
"Vengo con usted porque si no vengo me mato. Estoy convencido de que esto que tengo dentro tiene solución pero no la veo y ya no aguanto más. Ya no aguanto hablarme a solas para repetirme lo de todas las mañanas, tardes o noches cuando aparece sin aviso el recuerdo de no sé bien qué cosa. Ya no aguanto sentirme pesado, cansado, con ganas de casi no moverme ni para respirar. He llegado a creer que moriré pronto, espero yo de un accidente, porque alguien que vive de esta forma no está destinado a muchos años en la tierra. Me da asco el mundo, mejor dicho, me da asco el hombre. No creo en ningún Dios, en ninguno de todos esos que hay para escoger. Me preocupa haber vendido lo poco que tengo de idealista por unas cuantas comodidades. A lo más que llego es a hacer manifestante y rebelde de sillón. He perdido toda esperanza, o quizá sólo me queden dos: que usted pueda ayudarme o que al cruzar la calle algún camarada humano haga el favor de matarme".
El lo miró desde el otro lado de la habitación y le dijo:
"Curioso que no pueda yo preguntarle "usted ¿por qué no se suicida?" y en cambio deba preguntarle "usted ¿por qué no vive un poco?"
Esa fue la primera sesión de terapia más rápida de su vida.

De la mitad de la historia...

Quería contar historias. Eso quería.
Se sentaba con todo en orden sobre la mesa y esperaba ese rayo fulminante de la inspiración.
Solo pensaba cosas tristes, ese era el problema.
Pensaba en "gato" y después se venía a su mente la palabra "callejero".
Pensaba en "barda" y no podía evitar pensar en "abandonada".
Pensaba en "campos" y siempre los veía "incendiados".
Pensaba en "arcoiris" pero sin olla de oro y con un duende "desolado"
Se levantaba con la molestia de esos pensamiento tristes que rondaban su cabeza y terminó por abandonar el oficio de escritor.
Nunca llegó a escribir sobre ese gato callejero que se metía a escondidas a una casa de noche para cobijarse, ni sobre esa barda que aún que abandonada guardaba en ella las promesas de permanencia de tantos ambulantes, ni mucho menos sobre esos campos que sólo florecen al reventar sus semillas con el calor del incendio, ni del duende que cambió de oficio al descubrir que esa olla de oro se la daban sólo como bono de comisión.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

De lo que soy para algunos...

Aladdin dice:
- Un placer, no podrías ser otra cosa Sakurandra
- eso eres, un postre, un fragmento....lo que uno se come para sobornar la necesidad
- un postre no sirve, no nutre, pero es lo que mejor te hace sentir y sabes que es temporal, por eso aprisionas ese sabor...si eres un bocadín dulce.

(fragmento de una conversación vieja, ya documentada en este blog)

Tal vez, después de todo, sí sea un dulce. Quizá Aladdin fue el único que me lo dijo directo y de frente. 
Y es que se me nota hasta en los signos de puntuación la influencia de los autores que leo. Como si necesitara más pesadumbre me pongo y leo a Onetti, aquel cuya única salvación de la amargura era la literatura misma. 

lunes, 28 de septiembre de 2015

Del Corazón de mi vida...

Un día Kokoro (corazón en japonés) llegó a mi vida.
Llegó llena de pulgas, flaca, sucia, con miedo y hambre. Me la regaló una amiga que sabía que estaba pensando adoptar un perro. No me dio mucha opción, me la llevó al trabajo y me vi forzada a llevarla conmigo a casa. 
Una semana después me fui de vacaciones, y al regreso la encontré muy enferma. Me decían las personas que la habían cuidado, que había estado bien hasta ese día por la mañana que comenzó a vomitar. Yo la llevé a casa de nuevo e intenté que comiera algo, sin éxito. A la mañana siguiente la llevé al médico y le dieron tratamiento, todo ese día no comió y vomitaba sabrá Dios que cosas porque ya nada le quedaba dentro. Al día siguiente la llevé de nuevo al médico y me dieron muy mal pronóstico, dos días sin comer y sin mejoría por el tratamiento no eran buena señal, me dijeron que debía darle 3ml de suero cada hora por 24 horas, que debía darle de comer a fuerza después de que vomitara y que debía ponerle 3 inyecciones por la mañana, una al medio día y otra por la tarde por tres días, si para el tercer día no comenzaba a comer debía llevarla a que la sacrificaran. 
Para el día martes ella llevaba tres días sin comer y yo llevaba poco menos de 10 horas siguiendo las instrucciones que me había dado el médico. Fue entonces que llegó la noche y puse la alarma cada hora para poder darle suero e intenté dormir. Cuando sonó la primera alarma no podía encontrarla, la busqué por todos lados y no aparecía, entonces decidí buscarla dentro del closet, recordando aquella película donde decían que los perros se aíslan cuando están a punto de morir. 
Ahí estaba, acurrucada en el rincón oscuro debajo de mis chamarras, sin moverse. Yo la saqué con cuidado y le di el suero sin que ella pusiera mucha resistencia, no tenía ya fuerzas la pobre. Lloré desconsoladamente durante un rato, le prometí que iba a cuidarla y a quererla, que iba a hacer todo lo que pudiera por que viviera y que si ella confiaba en mí y hacía el esfuerzo, la iba a llevar a que conociera el mar, uno no puede irse de este mundo sin ver un atardecer sentado en la playa. 
Al día dos del tratamiento se levantó, al día tres puso resistencia para las inyecciones de la mañana y aceptó la galleta de premio que le ofrecía el doctor. Yo no resistí y solté el llanto cual niño regañado, era un llanto incontenible, se me escurrían los sentimientos con cada lágrima y reía y lloraba confusamente mientras abrazaba a la sobreviviente. 
Me dijeron que no podía sacarla durante mes y medio, que no podía tener contacto con otros perros, que debía llevarla cada 15 días a que le dieran medicamento y que después de todo eso " a ver que pasaba". 
La cuidé, la bañé, le compré comida que parecía gustarle, la llevé al médico cada dos semanas y este sábado, por fin, la dieron de alta. 
Lo primero que hice fue llevarla al mar, y todo valió la pena. Verla tan feliz saludando a todos, jugando con los niños, olfateando a los otros perros, corriendo tras su pelota, revolcada en la arena, brincar a mi lado como dándome las gracias. Sentada junto a mi al atardecer. 
Se había reconciliado con la vida y me reconciliaba a mi con ella, a veces el amor puede salvarnos la vida.
Ella cumplió su promesa y yo cumplí la mía y desde entonces no hay día que llegue a casa y que no le agradezca que me haya enseñado cómo ser una guerrera. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

De pecados, fornicios y tentaciones...

Si hay momentos que atesoro, este debe ser uno de ellos.
Sentada en el suelo en la cochera de mi casa, con mi perrita entre mis piernas, tomando té, leyendo a Onetti y viendo el eclipse lunar.
Tantas maravillas juntas deben ser pecado. Y ese lugarcito en el infierno me lo tengo bien ganado.
Porque como mi buen Maestro Benedetti dijo "para no sucumbir a la tentación del precipicio el mejor tratamiento es el fornicio" y como mi buen consejero Oscar Wilde aseveró "la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella".
Así que noche de pecados y tentaciones, para hacer más cómodo mi lugarcito en el otro mundo.

Del cantor del dolor...

Se volvió en mi esa clase de amor o de dolor que nos atraviesa de golpe, que nos saca el aire, que nos congela, que nos detiene el corazón un momento, que nos alucina y nos presenta la fantasía en realidad. O, para ser más sincera, se volvió en mi todo lo antes dicho con su voz meliflua y su andar parsimonioso.

Él no sabía para qué cantaba, no sabía por qué y para qué había recibido ese talento y por supuesto, no sabía cómo compartirlo. Yo pensé decirle tantas veces que no era lo que cantara, ni cómo lo cantara, siempre que viniera de su necesidad de cantar. Solo así podría convertirse en la voz que da voz a la valentía, a esa voz que habla sobre los miedos de ser uno mismo y seguir al corazón.

Era un valiente, trasformado en político y diplomático, amoldado para parecer, un hábil casi prodigio en mimetizarse con los otros, pero su risa lo delataba. Cada sonora vibración producida por la alegría o la ironía dejaban entrever que su voz no estaba hecha para proferir las mismas mentiras o los mismos engaños que los demás endulzaban con palabras compasivas.

Lo conocí un día y me pareció tan normal, tan predecible y tan poco confiable como los otros que antes habían cruzado saludo conmigo, pero fueron sus silencios, lo que no decía con palabras lo que llamó mi atención. El dolor que expresaba su mirada, el enojo que exhalaba, la indignación sobre sus prójimos que se bebía en un te, la traición sobre él mismo mientras compartía con otros acciones y lugares inmerso en las notas de alguna canción.

Quería cantar con dolor, con desgarro, quería cantar como la voz de ese amor rechazado, sin saber que había dentro de él otros dolores igual de profundos, igual de puros, igual de humanos, y yo quise decirle que solo a través de tocar el dolor propio podría convertirse en una voz para los otros.

Quise decirle que no hacía falta show, que hacía falta el valor de mostrarse vulnerable, que muy pocas voces traían el mensaje del viaje profundo a esos sentimientos y esas dudas que nadie nos dice,que nadie nos explica, que nadie nos cuenta que existen, pero que se sienten y se lloran más reales. Quise pedirle que fuera un artista de su vida, que cantara para esos tantos otros que vamos por la vida incompletos y que nos llenara con su voz.

Quise pedirle que buscara el miedo más profundo y lo abrazara, y lo volviera su aliado, que tuviera el valor de ser lo que yo no era, que me contara con graves y agudos la historia de la vida, del terrenal que vuela cantando y se separa de los otros y se une con el universo.

Tal vez no necesitara saber para qué cantaba mientras cantara, mientras se volviera etéreo y contara historias entre armonías, mayores y sostenidos, mientras se volviera en otros lo que se volvió conmigo, esa clase de amor o de dolor que nos atraviesa de golpe, que nos saca el aire, que nos congela, que nos detiene el corazón un momento, que nos alucina y nos presenta la fantasía en realidad.

Nunca lo escuché cantar pero fue para mi las mejores notas, las que solo los niños pronuncian con su llanto y con su risa, y las que dicen suavecito "te quiero, te voy a extrañar".

Del soltarte, amigo...

Considero, amigo, que estoy en ese punto, parada frente a la delgada linea entre seguirte pensando y escribiendo y dejarte en paz. Quizá lo piense más porque soy yo la que necesita paz, mucha, muchísima paz, en cada día, en cada respiro, en cada suspiro que te dedico cuando te recuerdo.
Considero, amigo, que me regalaste tantas cosas sin darte cuenta que pedirte más sería una exageración, una muestra del egoísmo y de las ansias de matarme con tu veneno.
Considero, amigo, que después de todo lo que pusiste en marcha en mí, ya no volveré a ser la misma, aquella que lloró cuando te pedía que no fueras un cobarde, mientras dentro, muy dentro, se lo pedía a muchos otros y también a mi.
Considero, amigo, que es un privilegio el haberte conocido de la forma en la que te compartiste conmigo, pero que no tengo yo nada que darte porque estoy vacía de eso que necesitas.
Considero, amigo, que verte y no permitirme darte un abrazo profundo, intenso, sereno, completo, abrazarte con todo mi ser, es una muestra de que no estoy lista para manejar el miedo que siento cuando te veo llegar.
Considero, amigo, que encontrarme cada tanto con personas como tu es el alimento que necesito para no perder la fe en el hombre, y que no solo yo, sino aquellos que me quieren, se alegran de que nos hayamos topado y tocado.
Considero, amigo, que se me nota tu presencia en mi vida, que no puedo negar que iluminaste, desempolvaste, activaste, sanaste y alimentaste partes de mí, volviéndote inmarcesible y haciéndome a mi consciente de que tengo mucho trabajo por hacer.
Considero, amigo, que el haberte escuchado decir aquellas palabras clave que ni sabías que decías, pusieron en marcha la locomotora de la destrucción de aquellas cuentas inconclusas y que desde que tu voz profunda penetró mis vejas barreras no puedo acallar el eco que me repite que yo merezco estar mejor.
Considero, amigo, que eres una bendición, un milagro, que te agradezco por cada minuto, por cada dolor causado en consecuencia, dolor que proviene de la sanación, del curarme, por gustarme tanto.
Considero, amigo, que después de tantas cosas bellas no puedo usarte para resolver lo que tengo pendiente, y que no podría jamas, a través de ti, compensar lo que en su momento me fue negado.
Considero, amigo, que la paz solo llega cuando uno armoniza lo que hace con lo que piensa y siente, y yo siento que si pudiera devolverte todo lo bueno que me has dado y que creo te mereces, lo haría, así que sólo puedo darte la libertad para conmigo y esperar ver en lo que te conviertes para seguir aprendiendo y tomando de ti en la distancia.
Considero, amigo, que esta solo es mi forma de decirte, te amo y que por mucho que arrecie el viento confío en ti y en mi para llegar a buen puerto.

De los Maestros nuevos-viejos...

Si tuviera un galón de gasolina y un cerillo, no dudaría en usarlos.
Ando así, sin temor de llevarme a todos y a todo entre las patas camino al carajo.
Y además de lo anterior, estoy leyendo a Juan Carlos Onetti con mayor profundidad y me tiene atrapada.
Ya había escrito antes que para decir que "leo o he leído" a alguien necesito conocer por lo menos tres de sus obras y con Onetti no me había dado el tiempo o la oportunidad. Así que aquí estoy, leyéndolo e incrementando mis ganas de poder viajar algún día a Uruguay.
Dejo a continuación, el inicio de un cuento que me ha dejado mareada...

TAN TRISTE COMO ELLA

Para M. C.

Querida Tan Triste:

Comprendo, a pesar de ligaduras indecibles e innumerables, que llegó el momento de agradecernos la intimidad de los últimos meses y decirnos adiós. Todas las ventajas serán tuyas. Creo que nunca nos entendimos de veras; acepto mi culpa, la responsabilidad y el fracaso. Intento excusarme —sólo para nosotros, claro— invocando la dificultad que impone navegar entre dos aguas durante X páginas. Acepto también, como merecidos, los momentos dichosos. En todo caso, perdón. Nunca miré de frente tu cara, nunca te mostré la mía.

J.C.O.



De los consejos de los grandes...

Decálogo más uno, para escritores principiantes
I. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.
II. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
III. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.
IV. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
V. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
VI. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
VII. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.
VIII. No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?
IX. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.
X. Mientan siempre.
XI. No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."
Juan Carlos Onetti.

viernes, 25 de septiembre de 2015

De la vocación...

Me cansé de ser una triste con vocación de alegre,
de ser alegre por esfuerzo,
de esforzarme hasta el cansancio,
de cansarme de estar triste,
de estar triste por nada,
de hacer nada con mi vida,
de que la vida pese,
de que todo pese y no pase,
de que pase lo de siempre,
de que lo de siempre me harte,
de que me harte de tanto,
de que tanto no alcance,
de que no alcance la alegría,
de que la alegría sea leve,
de que lo leve no dure,
de que dure lo duro,
de que lo duro sea costumbre,
de que la costumbre sea hábito,
de que el hábito sea vocación...
Me cansé de ser una triste con vocación de alegre.

martes, 22 de septiembre de 2015

De todo lo que sobreviví...

Nadie nunca supo de mis amigos imaginarios.
Nadie nunca supo por qué no me gustaba jugar con muñecas.
Nadie nunca supo que contaba las piezas de mis juguetes antes y después de usarlos.
Nadie nunca supo qué hacía todo el día con un paquete de plastilina.
Nadie nunca supo cuánto deseaba tener una amiga pequeña, del tamaño de mi mano.
Nadie nunca supo que me aterraba la oscuridad aún que me hiciera la valiente.
Nadie nunca supo que nunca sabía qué comprar con mis ahorros.
Nadie nunca supo que le decía "buenas noches" a todos mis muñecos.
Nadie nunca supo que les pedí perdón a mis juguetes cuando nos cambiamos de casa.
Nadie nunca supo que lloré con el primer libro que leí completo.
Nadie nunca supo que prefería pasar los recreos debajo de un árbol que con los otros niños.
Nadie nunca supo que escribí mi primer poema a los 9 años.
Nadie nunca supo que me pasaba las horas libres en la biblioteca.
Nadie nunca supo que mi mejor amigo en la secundaria era el director.
Nadie nunca supo que me desmayé varias veces en los ensayos de mis concursos.
Nadie nunca supo que me quisieron golpear varias veces camino a casa.
Nadie nunca supo que di mi primer beso a los 15 años.
Nadie nunca supo que caminaba sola de noche desde el centro a mi casa.
Nadie nunca supo que fue gracias a eso y a pesar de todo eso que... sobreviví.

De los olvidos...

Pobre bicicleta abandonada. A veces me preguntó a dónde habrás parado.
La última vez que te vi estabas vieja y oxidada, te faltaban varias piezas.
Que injusto que no sepa dónde estás, después de tantos momentos, de tantas historias.
Recuerdo que eras roja, que no tenías pedales, que frenabas hacia atrás.
Sabrás tú que te recuerdo. Sabrás todo lo que aprendí contigo.
Quién sabe si todos los recuerdos que tengo sean reales, a estas alturas no lo creo.
Sólo sé que estuviste ahí cuando quise escapar, alejarme.
Que me ayudaste a sentirme grande enseñando a otros a usarte.
Que podía manejarte con un pie, o parada o sin manos,
Recuerdo abrir mis brazos y cerrar mis ojos,
Dejar que el olor a tierra mojada me regara.
Recuerdo aprender a ponerte la cadena cuando se aflojaba.
Recuerdo que te fuiste rompiendo y despedazando.
Yo misma tomé partes de ti, te las arranqué sin pensar en lo que hacía.
Recuerdo arrancar tus calcomanías, los plásticos de tus manubrios,
Recuerdo romper tu asiento con tantas caídas.
Recuerdo que te golpeé contra la tierra y el pavimento.
Recuerdo que te dejé bajo la lluvia, en el sol, en verano y en invierno.
Recuerdo que un día tuve bicicleta nueva porque tu me quedabas pequeña
Y me olvidé de ti.


jueves, 17 de septiembre de 2015

De los músculos que se atrofian...

Ayer por la noche, preferí quedarme ha hablar con un amigo que irme a mi casa a descansar. Valió el esfuerzo. Le dije muchas cosas, pero recuerdo que le dije algo como lo siguiente:

"El querer es como un músculo. Si no lo usas, se atrofia. Mientras uno más quiere más fácil es".

Tuve unos años en los que me negaba a decir "te quiero" o "te amo", esperando esos momentos mágicos, a las personas "indicadas", hasta que me di cuenta que cualquier momento puede valer un te quiero y que los te amo van más allá de la familia o la pareja. Y también le comentaba:

"Querer es un acto de egoísmo. Mientras más queremos más sentimos, más damos y disfrutamos, y también, más recibimos. Y lo mejor de todo es que lo compartimos con los otros. Sí, cualquiera puede venir a lastimarte, sí, cualquiera así como llega se va, pero ah! que bonito se siente cuando se siente bonito".

Y de pronto llega otro amigo y me dice una de las mejores frases que he escuchado cuando le dije "me alegra el día verte", me dijo:

"Verme es como necesitar 5 pesos para el camión y encontrártelos tirados en la calle".

Así, llega lo que necesitamos cuando nos atrevernos a darnos, a compartirnos, a entregarnos y sobre todo, cuando nos atrevemos a querer.

Amar es un acto de egoísmo. Amar a los otros, es amarse a uno mismo.


De las flores de papel...

- Después de 10 años de ser amigos, ¿Cómo te sientes?
- Agradecido, ¿y tu?
- Y ¿por qué paniqueaste ayer?
- Porque ya no somos tan jóvenes y aún queda mucho por hacer. Exigencias del ego. ¿Tu cómo te sientes?
- Me siento como si fueran 10 minutos y no 10 años.
- Exacto, eso da miedo.
- Así es el tiempo de relativo. Eres el único que me dijo "así tenga que mandarle flores cada día..."
- Y sólo tuve que hacer una con una servilleta. Me la rifo.
- Me debes flores.
- No tengo con qué pagarte. Aparte, quería que fueras mi novia. Ahora estas lejos.
- Que triste es crecer y que ya no se puedan mandar flores de servilletas.
- No es triste.
- Sí lo es.
- Ahora se pueden hacer viajes en aviones. Antes no.
- Yo guardé esa flor por años. Hasta que se metieron a robar a la casa de mi mamá y ella limpiando el desorden, me tiró muchas cosas por error.
- Yo aún tengo las bolas chinas. En mi casa no han robado. Esas bolas chinas han tenido 5 hogares y un viaje al hospital.
- Que bonitos somos. Deberían hacernos una historia.
- Ya la tenemos, hay que dejar que siga.
- Bueno, sabes a lo que me refiero. Hay cosas que son dignas de una historia.
- Sakurandra. Ojos de caricatura japonesa. Cadera hipersensible.
- Me gusta Sakurandra. Es un lindo alterego.
- Sí, yo batallé mucho para construirme un alterego. Todo para abandonarlo. Me da gusto que lo conserves porque así siempre podré encontrarte en cualquier red social que inventen.
- Yo abandonaré a Sakurandra el día que se vuelva más grande que yo, y termine en el psiquiátrico. Ahí también podrás encontrarme.
- Hoy pasé por tu casa. Me gusta tu casa de la Tabasco. No sé por qué es tan linda.
- No eres el único que piensa así. Si pudiera repetir algo contigo, sería que me enseñes las constelaciones. He sido mala alumna, así puedo repetir el curso.
- Sí, yo repetiría el curso de abrazos. Fuiste mi maestra en ese rubro.
- Aprendiste bien.
- Será como releer un clásico. En código braile.
- Que bonitos 10 años. Salud!
- Salud. Podemos elegir cómo seguir, cómo contar la historia.
- ¿Cómo se te ocurre?
- Un viaje sería un gran capítulo.
- Un viaje sería épico.

(Tengo los mejores amigos, tengo a la mejor de la gente, tengo las más lindas de las conversaciones).

martes, 15 de septiembre de 2015

Del incendio y del desastre...

Hoy leí "hay gente que sólo quiere ver el mundo arder" y recordé ese poema de Oliverio que dice "Desatar el incendio. Aplaudir el desastre." y comprendí de golpe que a veces así me siento cuando asomo la cabeza al mundo... Pero sólo a veces, como hoy.

HAZAÑA

Todo,
todo,
en el aire,

en el agua,
en la tierra
desarraigado y ácido,
descompuesto,
perdido.
El agua hecha caballo antes que nube y lluvia.
Los toros transformados en sumisas poleas.
El engaño sin malla,
sin "tutu",
sin pezones.

La impúdica mentira exhibiendo el trasero
en todas las posturas,
en todas las esquinas.
Las polillas voraces de expediente cocido,
disfrazadas de hiena,
de tapir con mochila.
Las techumbres que emigran en oscuras bandadas.
Las ventanas que escupen dentaduras de piano,
cacerolas,
espejos,
piernas carbonizadas.

Porque mirad
sin musgo,
mi corazón de yesca,
qué hicimos,
qué hemos hecho
con nuestras pobres manos,
con nuestros esqueletos de invierno y de verano.

Desatar el incendio.
Aplaudir el desastre.
Trasladar,
sobre caucho,
apetitos de pústula.
Prostituir los crepúsculos.
Adorar los bulones
y los secos cerebros de nuez reblandecida...
Como si no existiera más que el sudor y el asco;
como si sólo ansiáramos nutrir con nuestra sangre
las raíces del odio;
como si ya no fuese bastante deprimente
saber que sólo somos un pálido excremento
del amor,
de la muerte.



Oliverio Girondo.

Del vuelo...

Me encontré cual hoja pendiendo del árbol a punto de rendirme ante la ventolera.

El clamor de las hojas que me acompañan produce la melodía de la resignación.

Habremos de soltarnos, habremos de volarnos, habremos de perdernos unos de otros.

Creyendo que morimos al soltarnos, tememos.

Sintiendo temor nos aferramos.

Nada puedo hacer, me venzo.

Emprendo el vuelo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Del cumpleaños del maestro...

Lunes 12 de agosto

Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía apoyada mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos tristes: eso era lo que estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo : "Te quiero". Entonces me di cuenta que era la primera vez que me lo decía, más aún; que era la primera vez que lo decía a alguien. Isabel me lo hubiera repetido veinte veces por noche. Para Isabel, repetirlo era como otro beso, era un simple resorte del juego amoroso. Avellaneda, en cambio, lo había dicho una vez, la necesaria. Quizá ya no precisa decirlo más, porque no es un juego: es una esencia. Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún órgano físico, pero que era casi asfixiante, insoportable. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo. "Hasta ahora no te lo había dicho ", murmuró, "no porque no te quisiera, si no porque ignoraba por qué te quería. Ahora lo sé" . Pude respirar, me pareció que la bocanada de aire llenaba mi estómago. Siempre puedo respirar cuando alguien explica las cosas. El deleite frente al misterio, el goce frente a lo inesperado, son sensaciones que a veces mis módicas fuerzas no soportan. Menos mal que alguien explica siempre las cosas. "Ahora lo sé. No te quiero por tu cara, ni por tus años, ni por tus palabras, ni por tus intenciones. Te quiero porque estás hecho de buena madera." Nadie me había dedicado jamás un juicio tan conmovedor, tan sencillo, tan vivificante. Quiero creer que es cierto, quiero creer que estoy hecho de buena madera. Quizá ese momento haya sido excepcional, pero de todos modos me sentí vivir. Esa opresión en el pecho significa vivir.

"La Tregua", Mario Benedetti

¡FELIZ CUMPLEAÑOS MAESTRO!
Gracias por tanto..!

viernes, 11 de septiembre de 2015

De las 300 entradas que me llevaron a ti...

Y pues llegué a mis 300 entradas en el blog, después de quién sabe cuántas vivencias, alegrías, crisis, cambios. 300 ideas que de alguna forma significaron tanto como para darme el tiempo de plasmarlas aquí...

Disculpa mi insistencia en escribirte, nunca ha sido mi intención usarte, pero me es imposible dejar de aprovechar tu recuerdo como fuente de inspiración o espiración, o quizá expiración y un poco de expiación.
El punto es que me salivan las neuronas cuando te pienso y he decidido escribirte una vez más con alevosía:

"Gracias, pero no gracias a ti. Mis gracias van más allá.

Intento hacerlas llegar hasta las personas que te dieron la vida, hacia las que te criaron, hacia las que te dieron y no te dieron lo que pedías y repudiabas. Intento agradecerle a las personas que te han amado y a las que te han roto el corazón, a las que te hicieron fuerte y frágil y vulnerable. A todas esas personas que se cruzaron por tu camino y definieron algo a base de caricias o de trancazos.
A las que te nutrieron, a las que te engañaron, a las que le dieron forma a tu marco de referencia para ver el mundo; a ese olor a tortilla recién hecha, a esas canciones con las que te despertabas, a esos maestros que te alentaron y a los otros que te juzgaron. Agradezco a la sombra que te cobija y te permite tomar aliento, al calor de tu ciudad que no sólo te abrasa, sino que también te abraza. A esos ojos que te miraron tan adentro que se valieron un poema de tu inspiración, a la artista del color que estas formando, al camino de Santiago que recorres en compañía de magos y peregrinos.
A cada vez que decidiste doblar en una esquina y no en otra, a cada paso que has andado, a cada duda, a cada espera, a cada prisa, a cada dejo de melancolía que te hizo detener tu paso, a la fuerza que te impulsa, a las notas que te cimbran, a chavela, al claro de luna, al tequila.
Agradezco a las estrellas el día de tu nacimiento. A todo agradezco menos a ti. Porque tu eres una consecuencia, un resultado que ha venido a desembocar en ese momento en el que yo llegaba a la misma orilla.

No te asustes, no te azotes, quizás seas solo un pairo en mi deriva, pero aún así te amo, no para buscar en el periódico la sección de bienes raíces, ni para redactar mis votos matrimoniales. Te amo como el amor es, o creo que es. Sencillo.

Amarte es despertarme y pensarte y mandarte a través de las vibraciones cósmicas todo lo bueno que llevo dentro, amarte es desear que te encuentres bien y que tu día esté lleno de pequeños detalles que te cultiven el alma. Amarte es sentir como se hincha el pecho de solo saber que en el mundo hay alguien como tu, con su equipaje en una mano y en la otra el corazón. Amarte es saberme afortunada de tenerte. Es saborearte, es querer formar parte de tu vida en el lugar que quieras asignarme.

Te amo cuando te pienso mi amigo, y me lleno de orgullo por tus acciones. Te amo cuando percibo esa leve línea en el tiempo que marca el antes y el después de ti. Te amo cuando no necesito nada de ti porque todo me lo das sin que lo pida, y quizás sin que me de cuenta de que lo necesitaba. Te amo cuando pienso en tus desdichas y se me estremece el alma, cuando recuerdo tu risa y sonrío en consecuencia, cuando veo, leo o escucho algo y pienso de inmediato en compartirlo contigo, cuando me imagino tu voz y se me eriza la piel, cuando me sé mejor persona porque me transformas.

Así te amo, así de simple, sin clarines, sin fanfarrias, sin trompetas. Así con cada "buenos días", así con cada sugerencia, así con mis ganas de verte y de escucharte, así con el disfrutarte en la distancia. 

No hagas nada conmigo, hazlo contigo. No cuestiones cómo las piedras deben acomodarse en mi muralla, construye tu castillo y deja que nuestros linderos sean vecinos. Defínete tu, constrúyete tu, crece tan alto como puedas, florece y yo comeré de tus frutos, purifica tus aguas y yo abrevaré en tu maná. 

No te asustes, que mi amor no es más que la reafirmación de que la vida, vale la gloria de ser vivida.

Gracias".

De las desventajas...

Lo más parecido a lo que me pasó contigo es cuando me aventé en paracaídas. Quizás sea exactamente lo mismo.

Llegué al campo bastante segura y confiada pensando "no va a pasar nada" y de pronto, los turnos pasaban y me encontré parada al lado de donde todos los inconscientes aterrizaban, y comencé a sentir cosas extrañas en el cuerpo, pero seguía con la adrenalina y la confianza de que a mí no me pasaba.
En eso estaba, ignorando todas las señales de alerta que me mandaba mi cuerpo cuando me ponen un traje y me enseñan las diferentes "posiciones de seguridad". Todavía no pasaba nada.
Después de un rato, llegó un hombre muy atractivo y dijo mi nombre, era mi instructor, y yo pensé "esto se pone cada vez mejor" y caminé gustosa a su lado mientras atravesábamos la pista y subíamos a la avioneta.
Mi instructor, guapo y carismático, me hacía preguntas y me contaba cosas para mantenerme distraída. Ahí supe que se llamaba "Bruno Valente" y que tenía años dedicándose como hobbie a eso.
Sin más, la avioneta despegó y las señales corporales de alarma fueron tales que me fue imposible ignorarlas.
Bruno me preguntaba constantemente si estaba segura de querer tirarme, y mi respuesta inicial, un tajante "sí" fue en minuendo hasta convertirse en un discreto y casi inaudible "no, pero lo voy a hacer de todos modos".
En el punto de altura en donde era necesario que mi traje y el de Bruno se conectaran, me encontré sentada sobre su regazo, siendo sujetada al punto de no poderme mover si él no se movía. ¡Me encontraba a miles de pies de altura, sujeta a un hombre desconocido a punto de lanzarme al vacío!

Y ahí es donde pienso que conocerte fue exactamente lo mismo.

¿Cómo puedo sentirme en desventaja? No tiene sentido.

- Si solo llegaste sin aviso, te sentaste a mi lado con tu té y me ofreciste uno, atenuando mi desgarbo.
- Solo me fuiste envolviendo en una plática tan exquisita que me brotaron los versos, esos que estaban guardados desde mis 14 años.
- Solo me escuchaste con tanta profundidad que fui víctima auditiva del eco de mis palabras.
- Solo me alborotaste los esquemas.
- Solo arreciaste el caudal de mis ideas.
- Solo me llevas a escribirte casi diario.
- Solo modificas mi respiración y me dejas sin aliento.
- Solo me llevas ida y vuelta a la tierra de los mundos posibles con sus realidades alternas.
- Si solo eres la sístole de mi vida y de mis versos.

No debería sentirme en desventaja, solamente me encontraba parada al borde del abismo, atada sin saberlo a ti, sin conocerte, y me dejé caer al vacío de las posibilidades, viviendo con terror al principio y después con fascinación una de las mejores experiencias de mi vida.

De las formas de intimar...

Se me escurrían las palabras por los dedos, se me filtraban las letras por los poros, sudaba ideas, mis latidos acompasaban la revolución de mi pensamiento y todo comenzó a darme vueltas como me viene pasando desde que te conocí.

¿Cómo podía yo imaginar que quisieras leer lo que escribo... y no sólo eso, sino que lo leyeras en verdad?
Sentí vergüenza y mucho miedo, de que leyeras algo y te dieras cuenta de lo que pienso y que además, no te gustara.

Pero vamos, que ya no es momento de vestir las emociones, de retocar los escombros y de pulir los bordes ásperos de éste conjunto que soy. Te escribo directito a ti.

"Para mi la intimidad no es entregarte mi cuerpo, sino darte mis palabras, esas que salen de a poquito, despacito y que a veces van acompañadas de una que otra lágrima.
Para mi la intimidad no es que conozcas mis tatuajes y los desapruebes, sino que conozcas la historia detrás de ellos.
Para mi la intimidad no es compartir una cama, sino que sepas que cuando me doy la vuelta trato de seguir tocando con alguna parte de mi cuerpo el tuyo, para saber que sigues ahí respetando mi espacio.
Para mi la intimidad no es contarte de mis amores, sino que leas, detrás de cada palabra, que tu ya eres unos de ellos".

Intimar no es sencillo. Se trata de mostrarse como muchas veces no nos mostramos ni a nosotros mismos. Es dar la llave maestra que abre cada entrada y salida del laberinto que somos. Es saber, muy en el fondo, que el riesgo que corremos no es un riesgo, sino la certeza de que habremos de desquebrajarnos frente al otro mientras deseamos que nos ayude a reconstruirnos.

jueves, 10 de septiembre de 2015

De mi padre...

Mi historia no es más triste que la tuya... Y puede que tampoco sea más triste que ninguna.

Tuve el mejor papá del mundo. El que me enseñaba cosas nuevas cada día, el que me dejaba experimentar con el mundo, el que me pedía que pensara lo que iba a decir antes de decirlo, el que no me levantaba cuando me caía, el que jamás me puso una mano encima aún cuando me lo merecía, el que me dejó ser tan rara como quise, el que se tragó sus palabras para no herirme, el que me hacía sentir que era capaz de lograr cualquier cosa y que sólo me pedía algo a cambio: "se la mejor en todo lo que hagas".

Tuve el mejor papá del mundo, hasta que un día me di cuenta de que era humano. Fue entonces cuando el mejor papá del mundo desapareció y me dejó a cambio a un padre ausente, un padre que prefirió alejarse para no ser cuestionado, un padre que llegó tarde a todas mis ceremonias de premiación, un padre que mentía constantemente y que dejó de comunicarse conmigo.

Con los años tuve otro padre, uno con el que compartí un breve alcoholismo, uno con el que me iba de parranda, uno con el que cantaba en bares, uno con el que hacía bromas y tocaba la guitarra, uno que me utilizó sin darme cuenta para ganar una guerra de popularidad paterna.

Ahora, ahora tengo un padre tan golpeado y tan dolido que prefiere perderlo todo antes que su orgullo, uno que no contesta mis llamadas, uno que sigue mintiendo y manipulando para no reconocer que se equivoca, uno que prefirió suspender el trato cuando no quise tomar su "bando". Ahora tengo un padre que me duele en la distancia, al que le he dicho que lo quiero y le he pedido que me lo diga de vuelta, en serio.

Ya no quiero ni un padre bueno ni uno malo, ni uno ausente o presente, ahora sólo quiero tener un padre feliz. Uno que haga las paces con la vida y que aproveche a su familia, que sea la mitad de buen abuelo como lo fue de padre conmigo, uno que pueda sentarse a la mesa en navidad sin sentirse extraño, uno que entienda que yo sé que hizo lo mejor que pudo con lo que tenía, uno que sepa que gracias a él soy lo que soy y que con nada podré pagárselo, uno que al dormir se lleve una sonrisa a la cama sabiendo que, a pesar de todo, es un gran padre.

domingo, 6 de septiembre de 2015

De lo que perdí por miedo...

Me he esforzado por recordarte pero no lo logro y sé muy bien por qué...

No puedo recordarte porque cuando te tuve.. Tuve miedo..

No puedo recordar tus formas o lunares porque cerré mis ojos para no seguir viéndote y que me gustaras más todavía. Los cerré para no guardar en mi recuerdo tu presencia y tenerla inevitablemente con cada parpadear.

Tuve miedo de recorrer tu cuerpo palmo a palmo para no guardar la suavidad de tu piel y memorizar tus espacios. Contuve mis manos lo más que puede ante el impulso de tocarte.

No alboroté tu cabello para despertar su olor ni te abracé fuertemente para colocar mi cara en tu cuello o en tu pecho. Te di la espalda todo el tiempo para no encontrar un lugar en donde mis cóncavos encajaran en tus convexos.

No probé tu boca. No pude más que rozar tus labios con todo el temor que habita dentro de mí, sin dejar que tu sabor se mezclara con el mío, para no tener que cargar con la agonía de que todos los sabores se perdieran para siempre por quedarse ocultos detrás del tuyo.

Solo recuerdo mis dedos aferrándose a ti en ciertos momentos.. Mi piel rozando la tuya.. El calor de tu abrazo y mi pequeña batalla por no dejarme ir y que todo tú me quedaras más tatuado que esas letras en mi espalda.

No te recuerdo y me duelen los vacíos. No te recuerdo y me faltas. No te recuerdo.


sábado, 29 de agosto de 2015

De lo que debí decirte...

"Hola. No puedo negar que tu saludo después de tantos años me tomó por sorpresa, algo como un hielo recorriendo la espalda. No supe qué decir al principio pero creo que después de unos días lo logré.

No te deseo mal. En serio. Lo deseé por muchos años, esperaba tener noticias de que la vida había sido dura contigo y de que de alguna forma habías pagado el dolor que me causaste. Con el tiempo el enojo fue pasando y logré reconstruir pieza por pieza lo que tu en un momento habías derrumbado. Me costó trabajo pero creo que lo construido quedó muy bien y me siento orgullosa de ello. Ahora me cuentas que eres feliz, que eres papá y que descubriste una forma de amar de verdad, y yo sólo pienso que me alegro, me alegro porque espero que con eso que descubriste no vuelvas a lastimar a nadie más como lo hiciste conmigo. Deseo que ahora seas esa persona que yo alguna vez creí que eras y que me hizo sentir alegría hasta los huesos. Esa persona que con una guitarra me enseñó de música, que me dejó leer poemas por la ventana mientras llovía y que se acostó en el suelo mientras yo cantaba y cantaba para sacar mi tristeza. Deseo que seas ahora todo lo positivo que sé hay en tu interior y no vuelvas jamás a tomar de nadie lo que no te ofrecen.

Además de eso, deseo que no vuelvas a hablarme ni a preguntarme cómo me va en la vida, deseo que no sientas el deseo de saber de mi nunca más y que nuestras vidas sigan avanzando y creciendo y encontrando paz de manera paralela sin tocarse jamás.
No es que si nos encontráramos por casualidad no quisiera saludarte o desearte buen día o buena vida, es sólo que eso se lo dejo a la vida, como algo accidentado y no premeditado.

Si algo puedo hacer por ti, y eso no interrumpe mi bienestar, lo haré. Pero me respeto y necesito ser clara conmigo y contigo: agradezco lo que aprendí contigo, agradezco que me enseñaras a tocar la guitarra y a cantar, agradezco que me acompañaras a mi casa por las noches, que llenaras mis tardes de música y alegría, agradezco todo eso y también lo que aprendí gracias al dolor de haberte conocido y haber confiado en ti. Pero no deseo tenerte en mi vida. Tu ya fuiste, eres agua pasada, me diste lecciones y me dejaste recuerdos. Mantenerte en mi vida después de eso sería un error.

Vivamos felices. Seamos felices. Tu en tu mundo y yo en el mío. En el mundo en el que intento volver a confiar, en el que ya no quiero tener miedo ni sentir que debo defenderme porque en cualquier momento pueden lastimarme. Quiero ese mundo, siento que estoy lista para eso y que además de que lo merezco, me lo he ganado.

Espero esto sea suficiente como para no volver a encontrarnos, que sea un buen cierre y poder por fin poner punto final a nuestra historia."

martes, 25 de agosto de 2015

De lo que no te pido para ser feliz...

Entrada pendiente de publicación desde hace algunos días...


De unos años para acá, no suelo pedirle a la gente que "haga algo" para hacerme feliz.. suelo pedirles en cambio que no hagan cosas..

Una de esas cosas es que no me digan lo que esperan de mi...

Cada vez que me piden algo o me dicen que "esperan" algo de mi a un nivel personal... veo venir el tsunami de la desilusión...

Y yo me siento incómoda.. sujeta.. atada.. condicionada.. observada.. evaluada.. insuficiente..

Hay cosas básicas.. principios de la convivencia.. "Espero que no me hagas daño con intención" (sabiendo que el daño es inherente a la convivencia humana).. "espero que no me mientas" (o que me digas lo que debo de saber de una forma honesta).. "espero que te quedes conmigo mientras seamos felices los dos" (porque es ganar-ganar).. "espero que me des un lugar en tu vida" (el que quieras y cómo puedas, pero un lugar)...

Pero cuando son cosas como "esperaba que me llamaras".. "esperaba que me dieras tu apoyo".. "esperaba que me defendieras".. "esperaba que estuvieras de acuerdo"..

Ahí simplemente.. no puedo, porque no puedo adivinar lo que el otro espera.. y no quiero dudar de hacer o decir algo pensando "qué querría el otro que hiciera o dijera".

Cuando uno espera que el otro haga, o diga o sea.. se nos pasan los momentos esperando y no los vivimos como son ni disfrutamos lo que el otro es... O por lo menos eso creo... Nadie vivimos para cumplir lo que los demás quieren y somos más que suficientes para que los otros disfruten lo que hay.




domingo, 23 de agosto de 2015

Del pasado que alcanza...

¡¿Qué chingados te pasa universo?!
¿De qué se trata todo esto?
¿Por qué ahora.. Por qué?

Después de 15 años de no saber de él... De no verlo.. Después de años y años de terapia para tratar de entender que no había sido mi culpa.. Después de seguir adelante y construirme y reconstruirme.. Por qué ahora?

Necesito entender este timing torcido que traes... Por qué tantas cosas al mismo tiempo.. Por qué cuando decidí bajar la guardia... ¡¿Por qué chingados?!

No es cierto eso que dicen las mamás de que si tienes algún problema o tristeza lo saques limpiando.. Después de trapear toda la casa 8 veces.. Lavar las sábanas y la ropa.. Lavar los patios y los pasillos con cloro.. Lavar los baños y limpiar la cocina.. Después de bañar a la perra y hervirme en agua caliente.. Después de todo eso sigo haciéndome las mismas preguntas... Y ahora sí neceisto respuestas.

"Después de todo somos más que conocidos" dijo él.. Y claro que yo pensé "por supuesto que somos más que conocidos"... Tu eres la persona que me enseñó que hay gente mala en el mundo.. Que te pueden mentir y engañar y lastimar sólo porque sí.. Fuiste tu quien me enseñó a tener miedo y a dudar de mi... Y ahora me buscas.. ¿Porque quieres saber de mi?

El pasado nos alcanza.. Repetimos las pruebas que no superamos.. Así de compleja es la vida.. Por más que limpies y órdenes tu casa.. El pasado siempre alcanza..

Ya no quiero movimiento ... Ni personas viejas o nuevas... Ya no quiero limpiar hasta ampollarme las manos... Ya no quiero preguntarme nada...

Hoy cierro de nuevo.. No por inventario.. Sino por cansancio.

(Nota al pie de página: chinga tu madre universo!)

lunes, 17 de agosto de 2015

Del aferrarse a la vida...

Fueron años de esfuerzo para poder darme permiso de sentir... Sentir todo, sin culpa ni pena. Mostrarme vulnerable y hacer de mi sensibilidad mi fortaleza.

Pero creo que lo hice demasiado bien porque, ahora... tengo ciertos gatillos que disparan mis reacciones emocionales... Una canción, una imagen, una historia... y sin más, ahí estoy yo soltando el llanto...

Hoy me pasó de nuevo.

Iba manejando cuando de pronto veo un perro tirado a media calle y pensando que estaba muerto siento tristeza por él. Sigo avanzando y veo que mueve su cabeza y en automático freno, a media calle, sin importarme más. Estaba a punto de bajarme cuando veo que alguien ya se estaba acercando. y es ahí cuando se me vienen a la cabeza las imágenes de cuando sostuve la cabeza de mi perro mientras el veterinario lo dormía y de cuando recogía a mi perra de la calle por haber sido atropellada.

Sigo avanzando lentamente en el coche con las lágrimas rodando por mi rostro pensando en esto que dice mi hermana de que hago a mis mascotas inmortales, recordando a esos perros con discapacidad o callejeros que se aferraban a la vida y yo me aferraba por años junto con ellos.

No sé si los hago inmortales o no, sólo sé que seguiré adoptando animales mientras pueda, y que necesito secar mis lágrimas antes de llegar al trabajo.

viernes, 14 de agosto de 2015

De la enfermedad que me dejaste...

Cierro los ojos y no sé si es mi memoria o la fiebre... Pero veo tu imagen...
Mi cuerpo agotado se resiste a soltarte mientras de ti se defiende...
Mi garganta duele por todas las palabras que habitaron...
Mis ojos me arden de llorarte o de no verte...
Me queman las sábanas en tu ausencia...
Te sudo... Te toso... Te estornudo...
Los sentidos se agudizan...
Me sales por la piel..
Te me escurres...
Me despedazo...
Huyo de ti...
De mi...

jueves, 13 de agosto de 2015

De las dedicatorias...

Me gustan los libros...
Me gusta que me regalen libros...
Me gusta que me regalen libros y me los dediquen...
Me gusta que me regalen libros y me los dediquen con poesía...
Me gusta que me regalen libros y me los dediquen con poesía sin decirlo ni pedirlo...

Resumiendo... Fue perfecto, muchas gracias!

(Nota al pie de página: aún recuerdo cuando me hablaste de cómo te gustaría recorrer el camino de Santiago... Ahora entiendo por qué).

martes, 11 de agosto de 2015

De esos 2269 días y contando...

Mi primera entrada... Get Busy living or get busy dying...

Han pasado 6 años, 2 meses, y 14 días desde ese primer día...

Y leyendo lo que escribí hace 2269 días me doy cuenta por qué la gente al dejarme de ver un tiempo, años quizá, pone cara "extraña" al volver a platicar conmigo y después me dice "tu nunca cambias".

Me gusta eso, porque leo a esa Sakurandra de hace años y me reconforta saber que, aún que las ideas sean las mismas, van tomando cada día más forma. Que la persona que construyo esta cimentada en ciertas ideas o valores, como buenas semillas, y que van dando frutos o sombra, acercándose cada vez más hacia el cielo, pero creciendo en la profundidad de sus raíces.

Sigo siendo aquella niña que se perdía en la contemplación de una rama, que jugaba a crear con papel o plastilina, sigo siendo aquella joven que descubrió que no era el amor lo que dolía, la ilusa que pensó que el mundo era un todo y que había que ser valiente para vivirlo.

Sigo siendo yo, con menos dudas y menos respuestas, y así quiero irme despidiendo de la vida, hasta que todas las preguntas se vuelvan una y todas las respuestas una sola sean.

domingo, 9 de agosto de 2015

De lo afortunada que soy...

Soy lo que soy por la gente linda que me rodea...

Me desperté con dos mensajes de dos amigos deseándome buen día...
Desayuné con el mejor conversador...
Dos de mis ejemplos de vida se alegraron por mi corazón abierto sin pedirme explicación...
A media tarde recibí un vídeo de un amigo tocando una de mis canciones favoritas en la guitarra.. Lo recibí como regalo con la explicación: "Porque te quiero... Por nuestra antológica amistad"... Lo recibí de la nada en el momento más indicado... Cuando sentirme "wonderwall" era justo lo que necesitaba...

¿Qué cosa tan buena habré hecho para tener esta clase de amigos?

viernes, 7 de agosto de 2015

De lo que no te digo por respeto (miedo)...

"Los científicos dicen que estamos hecho de átomos pero a mí un pajarito me dijo que estamos hechos de historias".
Eduardo Galeano.

Y yo me construyo en palabras, las mismas que se atoran entre mi corazón y mi garganta.

Quisiera que fuéramos tantas cosas.. Yo 5 años menos responsable y tu, y que tu fueras feliz. Y no es que crea que no lo eres, es sólo que quisiera asegurarme de que lo fueras siempre.

Es por eso que te contemplo mientras sucedes, con todos mis sentidos, incluso aquellos que no conozco, con los sentidos serios e intelectuales, con los sentidos sentimentales, con los sentidos que se sienten de adentro para afuera, con los sentidos que llenan, desbordan y se llevan lo que, por no poder sentir, estorba.

Te contemplo porque sucedes en tres momentos del tiempo. En pasado, cuando jugué a imaginarte, poniendo tantos requisitos y detalles que hicieran imposible encontrarte; en presente, cuando te encuentro y quiero contarte todo lo que he vivido de un sólo golpe, cuando no he ordenado todas las palabras que me gustan: "parsimonia", "embeleso", "incandescente", para decírtelas a cada momento; en futuro, cuando te encontraré en mí sonrisa al saber que existes en algún lado.

Sucedes con tu camisa planchada, con tu risa estridente, con tus opiniones a veces cerradas pero siempre fuertes. Sucedes con tus años, con tus ilusiones, con tu prudencia para no decirme con palabras, pero sí con tu mirada, que me equivoco.

Y sucede que sucedes, y nada puedo hacer para no interrumpir tu paso, tu vida, para no interrumpirme a mí mientras me miras y me veo en tus ojos, mientras intento "construir con palabras un puente indestructible", mientras me "domesticas", mientras "me siento jodida y radiante, quizás más lo primero que lo segundo y también viceversa", mientras te pienso y llegan a mi los mejores versos, mientras siento que encontré eso que Oliverio llamaba "la que vuela", aquello a lo que Benedetti pidió "no te salves", y por lo que Sabines describió "ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama".

Nada puedo hacer más que alegrarme, sentir felicidad con minúsculas, tomarte con palabras como tomé aquel té de limón, comerte como la fruta de temporada y guardarte con tu beso en mi mejilla, para después decirte adiós.

Perdona todo ésto que no te digo, porque si hubiera algo que pudiera decirte, te diría "Hagamos un trato"...